Visitación y Magnificat

En nuestros días, el 31 de mayo es la fiesta de la Visitación de la Virgen, que antaño tenía lugar cada 2 de julio. Como se sabe, la fiesta conmemora un pasaje del Evangelio según San Lucas, en el cual la Virgen María, después de la Anunciación, visita a su prima, Santa Isabel, madre de Juan el Bautista. Aunque no es el único himno de la fiesta, ni es un himno sólo para esta fiesta, el Magnificat está particularmente asociado a esta fecha, pues justamente se trata del cántico que la propia Virgen interpreta luego del saludo que le dirige su prima. Canto doblemente mesiánico, de alabanza a Dios por la elección de la Virgen, pero también por el anuncio de la llegada del Mesías, con todo lo que ello significa de transformación del mundo. Por ello no fue siempre bien estimado por las élites. Se dice por ejemplo que en el siglo XIX, el rey francés Luis Felipe I, siendo cuestionado por el arzobispo de París sobre los motivos por los cuales no apoyaba que se mantuviera una educación católica y en manos del clero, habría respondido señalándole una frase del Magnificat: “Deposuit potentes de sede”, literalmente “Desposeyó a los poderosos de su trono”. La misma frase era, allá en la Edad Media, una de las más citadas en la “fiesta de los locos”, la fiesta en que una parte del clero invertía las jerarquías del culto, de ahí que se llamara también “Festum deposuit”. Desde luego, es un himno de uso común en el oficio divino, especialmente en las Vísperas, donde hasta hoy se canta mientras el sacerdote inciensa el altar.

Presento aquí una versión del siglo XVII, del maestro de capilla de la Catedral de México Francisco López Capillas, interpretada por el Coro de la misma Catedral.

Magnificat por davidclopez

 

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