Versos a un ensayador devoto de la Virgen de San Juan

Virgen de San JuanPara retomar las actividades de este espacio, que mejor que comenzar evocando a la Virgen, en este caso a Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, imagen particularmente querida de la región desde donde se escribirán la mayoría de los artículos de este blog. El padre Francisco de Florencia, jesuita, escribió en el siglo XVII una historia de ella y de su santuario, que a su vez sirvió para que un clérigo de Guadalajara redactara luego una novena, parece ser que ya a principios del siglo XVIII. Ésta, se vio beneficiada con las indulgencias concedidas por un obispo religioso, un dominico, misionero en el Extremo Oriente, de hecho vicario apostólico de Fo-Kien en China, fray Francisco Pallas. La novena tuvo varias reimpresiones a lo largo de los siglos XVIII y XIX, casi sin variación alguna, salvo esta excepción: en la reimpresión de 1756, encargada por el capitán Manuel de León, se incluyeron unos breves y sencillos versos dedicados no tanto a la Virgen cuanto al devoto ensayador de la Casa de Moneda que pagaba la publicación. Sin duda el haber invertido en la publicidad de la devoción era buen motivo para que se conservara su memoria, mas no deja de haber en ello cierta “vanidad” como hubieran dicho los clérigos reformadores del propio siglo XVIII. Lamentablemente no conocemos las reacciones, si es que las hubo, de los fieles y clérigos ante esta inclusión algo atrevida y que no por nada se dejó por completo de lado en reimpresiones posteriores. Cabe decir, no fue el único ensayador que se destacó por su religiosidad, ya en 2010 el doctor Felipe Castro recordaba en su blog Peregrinaciones en el pasado a otro que era notable por su cercanía con los carmelitas y por bienhechor de los jesuitas, Melchor de Cuéllar. Aquí pues este testimonio de que en Real Casa de Moneda había intereses y devociones “de oro y plata”.

Novena en honra de la milagrosísima imagen de María Santísima, Nuestra Señora de San Juan, sita en el valle de la villa de los Lagos, del obispado de Guadalajara, Nuevo Reino de Galicia, dispuesta por un sacerdote, capellán mayor de señoras religiosas carmelitas descalzas de dicha ciudad de Guadalajara, reimpresa a devoción del capitán D. Manuel de León, primer ensayador de la Real Casa de Moneda de esta Corte.
En México, en la Imprenta nueva de la Biblioteca Nueva, 1756.

De un amigo del bienhechor, que reimprime esta novena.
León, ya cordero, te exploro,
y en tu ensaye hoy se dilata
la devoción, como de plata,
y tu fervor, como de oro.
Cuyos quilates no ignoro
son de toda ley, no vagos,
que acrisolas, sin estragos
pues rindes (y con razón)
a María tu corazón,
y tus afectos a Lagos.
Yo te digo en la ocasión,
que Dios (viendo tu piedad)
te pague la caridad,
y aumente la devoción.
¡Oh dichosa protección!
La que nos das de tu cuenta,
con la que se experimenta
que tu fervor hace rayas,
por eso lo que tu ensayas
a María se representa.

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