Unas honras de gala por el conquistador

DSCF4156El ceremonial católico no era un asunto privado en el Antiguo Régimen, sino también el ceremonial por excelencia de la monarquía católica. Por ello servía también para honrar, de manera “oficial” digamos, la memoria de los reyes, la familia real y los que eran considerados los grandes hombres que habían servido a la Corona y a la causa del público. No existían, como en nuestros días, ceremonias civiles fúnebres, como las que hoy vemos celebrar a las fuerzas armadas en honor de sus caídos, o las que el mundo de la cultura rinde a los suyos en escenarios como el Palacio de Bellas Artes. De ahí que no sea extraño que el 8 de noviembre de 1794 el Cabildo Catedral Metropolitano de México celebrara unas honras fúnebres, con misa y sermón al menos, por el alma de Hernán Cortés, el conquistador de México, motivadas ante todo por haber sido “virrey de este reino”.

Nacionalismo de por medio, para algunos puede sonar escandaloso recordar siquiera una ceremonia semejante; conservadurismo de por medio, puede en cambio sonar a una idea que debiera rescatarse. No es esa la intención aquí, sino servirnos de la nota que el secretario del Cabildo Catedral asentó en el libro de actas para recordar que, paradójicamente, esas ocasiones solemnes por la memoria de un difunto, podían servirle a esa corporación clerical para lucir su jerarquía. Justo por ello, porque era una celebración que podía repetirse después y podía suscitarse alguna contestación de las otras corporaciones de la ciudad, y no porque quisiera dejar a la posteridad un recuerdo erudito, el secretario detalló los elementos que formaron el ritual.

DSC_0034Las campanas de la Catedral doblaron desde la víspera, por el conquistador, cierto, pero también recordando en su ejercicio mismo que no era algo que hicieran por cualquiera: como mucho y a regañadientes, por los oidores de la Real Audiencia y sus esposas, ni siquiera por el clero del Sagrario Metropolitano. Se llevaron al hospital de Jesús las sillas de los canónigos, símbolo fundamental de su autoridad, así como algunos de sus ornamentos más preciosos, lo que es un detalle menor, en una sociedad en que la apariencia era decisiva para la identidad de las personas y su jerarquía. Mas había que dejar constancia también de aquello que los canónigos no hicieron y que luego hubiera podido exigírseles, en este caso, el sermón, que predicó un dominico, el padre Mier. Última paradoja para nosotros, que sabemos la trayectoria posterior de dicho fraile, pero eso es motivo de otro artículo.

Muy brevemente ya, aquí la nota tal cual aparece en las actas capitulares.

 

Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México, Actas de Cabildo, libro 58, fs. 147-147v.

Consecuente a lo resuelto en Cabildo de 7 del próximo pasado octubre sobre que este verable Cabildo se ofreciera a celebrar las honras del excelentísimo señor conquistador D. Fernando Cortés en la iglesia del hospital de Jesús Nazareno, la cual oferta fue aceptada gustosa y agradecidamente por el señor gobernador del Estado y Marquesado del Valle, las cuales honras de facto se celebraron el día ocho del corriente mes de noviembre, para lo cual se dobló de Cabildo en esta Santa Iglesia la víspera a las doce y a la oración, y el día a las cinco y media y durante la misa y el responso. La víspera se llevaron las sillas de este Venerable Cabildo, que se pusieron en el presbiterio y se llevó el ornamento rico hecho en Toledo para la misa, con los demás utensilios necesarios al sacrificio. El día se entró en coro a las ocho y media y finalizada la misa y la sexta se fueron los señores capitulares en lo privado y particular a Jesús Nazareno, en donde se vistieron en la sacristía de roquetes, capas y capuces de duelo, y así salieron a ocupar sus sillas al presbiterio durante la misa, sermón y reponso. Cantó la misa y el responso el señor tesorero Dr. D. José Ruiz de Conejares, fueron ministros los señores Madrid y Guevara, y predicó el padre lector Mier del orden de Santo Domingo. Asistió a esta función el excelentísimo señor virrey Marqués de Branciforte, la Real Audiencia y tribunales; ofició la capilla de esta Santa Iglesia con música muy particular; no se ganó el coro con la asistencia a las honras. Y por que conste, de mandato del señor deán, asiento esta razón que firmó S.S. por ante mí en el mismo día ocho de noviembre de mil setecientos noventa y cuatro.

El Deán

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