Una reforma de cofradías episcopal

En los años 1776 y 1777, cuando los magistrados de la Corona intentaron organizar una reforma general de las cofradías novohispanas, comenzaron por recabar información de todos los rincones del reino en la materia. Aunque la información se levantó a través de corregidores y alcaldes mayores, éstos tuvieron que recurrir a los párrocos para recuperar los datos necesarios. En sus respuestas, conservadas hoy sólo las de Oaxaca en el Archivo General de la Nación, algunos de ellos dieron cuenta de intentos episcopales anteriores para la reforma. Aquí vemos un caso bien concreto: la reforma intentada apenas unos años antes en su visita pastoral por el Dr. Buenaventura Blanco, obispo de Oaxaca entre 1754 y 1764. Como puede advertirse del testimonio del cura de Talixtaca que presentamos a continuación, el obispo trató de reducir el número de cofradías para poner equilibrio entre sus gastos y sus bienes. Reforma bienintencionada, que incluso hoy nos pareceria racional, y que incluso debía haber beneficiado a los fieles, en particular a los mayordomos, libres ya de tener que endeudarse para apoyar a las devociones de la parroquia. Pero las resistencias de unos y la lentitud de otros llevan curiosamente a la situación opuesta: para 1776, no sólo la reducción no se ha realizado, sino que los bienes han desaparecido, y entonces más que antes son los bolsillos de los mayordomos los que deben cargar con el peso de las cofradías. Veamos pues los detalles, a escala muy local, de este tropiezo en los proyectos del obispo.

AGN, Historia, vol. 312, fs. 189-190

El Lic. D. Miguel Francisco de Ferra, abogado de la Real Audiencia de esta Nueva España, cura presentado por S.M. de la doctrina y beneficio curado de San Miguel Talixtaca de la jurisdicción real del corregimiento de la ciudad de Antequera en el obispado de Oaxaca. En cumplimiento de lo prevenido por la superioridad del excelentísimo señor virrey de esta Nueva España en decreto de 29 de agosto del año que rige, para que se le informe y dé noticia de las cofradías o hermandades que hubiese en las iglesias o capillas de los respectivos territorios de cada curato, expresando los fondos con que se hallen, cuya resolución inserta en el ruego y encargo que motivó la cordillera librada por el señor corregidor de la ciudad de Antequera el día 5 del corriente octubre, que llegó a esta cabecera por lo relativo a ella el nueve del mismo, para instruir asuntos. Dice: Que dedicado el cura que informa al registro de los libros de cofradías o hermandades de esta cabecera y sus pueblos, halla que aunque de inmemorial tiempo a esta parte que no descubren los libros antiguos, por no hallárseles principio, tuvo esta cabecera distintas hermandades, protegidas y tituladas de diversidad de advocaciones de santos, de que unas se encuentran si no enteramente en la mayor parte perdidas, otras anihiladas [sic] y otras mandadas extinguir.
Que por el año pasado de 1756, en auto de visita del día 22 de su noviembre, que celebraba el ilustrísimo señor Dr. D. Buenaventura Blanco, obispo que fue de esta diócesis (de recomendable memoria), consta en el libro de la cofradía del Santísimo Sacramento, que habiéndole dado cuenta con él de otras treinta y seis o treinta y siete cofradías hermandades comprensivas de las que tenía este curato (incluidas las del pueblo de San Sebastián, pueblo de San Francisco y pueblo de Santa Cruz, que hoy están agregados al curato de Jalatlaco), su ilustrísima se sirvió, con atención a la cortedad de los principales y que no reportaban los gastos de las mismas cofradías o hermandades, de mandarlas extinguir, y efectivamente, en el citado auto de visita las extinguió.

Que de dichas treinta y seis o treinta y siete, las trece de esta cabecera de Talixtaca, que fueron: Santísimo Sacramento, Santísima Trinidad, Santísimo Cristo, Cinco Señores, Nuestra Señora de la Soledad, Rosario, Dedicación, Aparición de San Miguel, Santiago, San Nicolás, San Diego, San Agustín, Santa Rosa, se redujeran a solas dos bajo del títulod el Santísimo Sacramento.

Que de las siete que tenía el pueblo de Guayapa, sujeto a esta cabecera (que es de la jurisdicción del Marquesado del Valle), conviene a saber: Santísimo Rosario, Señor San Joseph, San Andrés, San Sebastián, San Nicolás y San Pedro, se hiciese una cofradía.

Que las cinco que tenía San Agustín y eran: su titular, Santísimo Cristo, Rosario, San Jacinto y Soledad, se redujesen a una.

Otra las cuatro cofradías que tenía Santo Domingo Tomaltepec, de la jurisdicción del Marquesado del Valle y eran Santísima Trinidad, Santísimo Cristo, Rosario y Santo [ilegible].

Otra las tres de Santa María del Tule que eran: Asunción, Santísimo Cristo y Santo Tomás.

Y últimamente que continuase la única que tenía el pueblo de Santa Catarina por término de dos años.

En el citado auto de visita mandó el nominado señor ilustrísimo que, recogiéndose por los mayordomos de todas la cofradías sus capitales, ocurriesen a su tribunal para erigirlas según su idea y reducirlas a constituciones, pero a esta providencia, que notorió el padre cura de esta doctrina Dr. D. Tadeo Puertas, antecesor del que informa, parece se resistieron los mayordomos, expresando que las sobredichas no eran cofradía, sino meros depósitos de sus principales, y que los gastos de misas solemnes y demás los hacían de sus bolsillos, sin gravar a otros individuos, queriendo mantenerse con sus antiguas costumbres, que sólo miraban al culto divino.

Con este motivo representó dicho doctor en la misma diligencia que consta en el libro a que refiere el que informa, que por lo relativo a fábrica de iglesia, sólo tenía de costos cada una de las fiestas tres pesos, con procesión y sermón, y siendo las misas con ministro cinco pesos y terminó pidiendo la misma extinción por serle gravosas las cofradías tanto en el registro de sus libros y gobierno, como en el gravamen de los sermones que o predicaba por un solo peso, o se gravaba más de su cuenta si los encomendaba.

Por el año pasado de 1760 y en 18 días del mes de agosto en que el mismo señor ilustrísimo, Dr. D. Buenaventura Blanco repitió, dada cuenta con las resultas expresadas de su anterior auto de visita, en otro que consta en el propio libro de la cofradía del Santísimo Sacramento, se sirvió confirmar sus providencias y prorrogar a su efecto el tiempo de cuatro meses para la colección de principales, con los apercibimientos de embargo y cárcel, y verificar la de los capitales, erigir las seis cofradías, cuyos bienes ya estaban convertidos de profanos en espirituales, y reducirla a constitución.

Las predichas providencias en cuanto a la recaudación de capitales no tuvieron efecto, por no haber podido dicho Dr. Puerta verificarla, hasta que por el provisorato, en 6 de marzo de 61 se mandó al susodicho formalizar las cuentas, asignando las dependencias y sus deudores, en cuya observancia parece que comenzó a dar cuenta de lo que había recabado o cobrado desde 22 de mayo de 61 hasta quince de abril de 71, en que asienta haber ocurrido a dicho provisorato.

Todo lo relacionado es lo que consta en el libro de la cofradía del Santísimo Sacramento, a donde refieren los otros de las demás erecciones, pero con motivo del fallecimiento de dicho Dr. Puertas y a reclamo del provisorato por los capitales de las mismas cofradías que habían entrado en su poder, se formó concurso de acreedores a bienes en el mismo juzgado, donde penden y pasan sin embargo de haberse reclamado. Por lo que el cura que informa pasa a hacerlo de los demás puntos.

En las especificadas cofradías y hermandades ninguna hay que fuese erecta con licencia real, pero sí con formal erección que de todas hizo el ilustrísimo señor diocesano ordinario por el año pasado de 1711 y consta en el propio libro de la del Santísimo Sacramento, donde hay otras providencias, y realmente no son constituciones. Sus mayordomos se eligen entre los mismos naturales cada dos años, éstos toman (antes del concurso y de que los cobrase el Dr. Puertas), los principales y la cera después, que es la que deja el antecesor en el cargo, y con ella hacen sus fiestas de iglesia, que tienen de gasto cinco pesos cuando más solemne, contra la cera, y finalizados sus dos años, entregaba antes principal y cera, pero en el día, quitados los principales concursados, sólo lo hacen de algunas libras de dicha cera.

Los dichos mayordomos servían antes de tener en sí los principales cortos, y ahora sin ellos hacen los gastos de las fiestas con gusto de sus pobres facultades, sin cargarlo a las hermandades ni a sus sucesores, por ser especialmente afectos al culto divino en sus imágenes. Unos a los otros mayordomos se ayudan tanto en el aseo de los altares de sus hermandades como en ponerles y prestarse o alquilarse su cera con suma armonía. A la presente, como el Dr. Puertas hubiese colectado los capitales que se hallan concursados, no hay en los mayordomos más fondo que algunas libras de cera, que es la que entregan a sus sucesores, y a impulso de su devoción hacen sus fiestas. Que es cuanto puede decir el cura que informa satisfaciendo al superior encargo de su excelencia.

Talixtaca y octubre 19 de 1776

Lic. Miguel Francisco de Ferra.

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