Una cofradía útil: la de la Piedad de Acajete III (Fin)

LéperoTercera y última parte del documento que hemos venido presentando semanas atrás, el proyecto de fundación de una cofradía de La Piedad en la parroquia de Acajete. Iniciativa del párroco, José MIguel Guridi y Alcocer, en 1794, en estas últimas páginas se trata, con gran optimismo, de la organización concreta de la cofradía. En la primera parte había establecido su instituto, en la segunda había hablado de su utilidad, aquí se trata ya de puntos más específicos para llevarla a efecto, y de cálculos –muy alegres, pr cierto— de sus resultados.

Destaquémoslo, el padre Guridi utilizó el término cofradía, pero su definición no coincidía exactamente lo que incluso hoy pensamos bajo ese término. Más que de una reunión para el culto, se trataba de una auténtica caja de socorro y préstamo, una obra de caridad muy planificada. Sus integrantes, más que hermanos de una imagen, más que devotos en el sentido tradicional, parecían destinados a convertirse en eficientes recaudadores y administradores de un patrimonio destinado a solucionar la pobreza local.

Veamos pues, las últimas líneas de esta iniciativa tan características del Catolicismo ilustrado.

Archivo General de Indias, Audiencia de México, leg. 1312, “Testimonio del expediente formado a pedimento del cura y justicia del pueblo de Acajete sobre fundar una cofradía con el título de Piedad”, fs. 1v y ss.

¿Y dejaremos de plantear entre nosotros un manantial de tantos bienes, no habiendo dificultad que nos embarace? Me atrevo a decir que nos es muy fácil su erección no obstante abrazar tantos objetos que lo han sido para las naciones cultas las medidas sólo que han tomado para desterrar la mendicidad. En Inglaterra han sido en la mayor parte los arbitrios contribuciones echadas por prorrata a los vecinos. En Francia y Holanda los hospicios para los que se requieren crecidos caudales, en Italia fundaciones piadosas que han dejado los Pontífices y prelados y una colección de todo, con adición de otros arbitrios, es lo que proyectó para España el señor D. Bernardo Ward, del Real Consejo, contando con toda la autoridad de nuestro monarca. Pero nosotros podemos conseguir los fines que a tanta costa han logrado aquellas naciones y avanzarnos también a las utilidades del préstamo, con sólo fundar una cofradía. ¿Qué cosa más fácil entre nosotros, y en toda América, en que se entra con gusto en toda clase de congregaciones?

El jornal o contribuciones ha de ser únicamente un medio real cada mes que a nadie puede faltar ni serle gravoso, con esto solo tenemos un fondo considerable, porque constando la doctrina de tres mil y pico de almas, a quienes ya obliga el precepto anual de la confesión, aunque sólo se asienten mil, que es menos de la tercera parte, contribuirán anualmente setecientos y cincuenta pesos. A estos deben añadirse ciento y dieciséis anuales que dejó fundados para pobres mi antecesor el difunto canónigo penitenciario de Puebla Dr. D. Joaquín Ximénez de Bonilla, y setenta que sobran cada año de los ciento que él mismo fundó para la fiesta del señor San Joaquín, que deben invertirse en el propio fin que los anteriores, y todos se aplicarán a la cofradía. Yo por ahora daré veinte pesos mensuales, protestando extenderme a más, concluida la presente guerra.

Estas cantidades (sin contar las limosnas que se colectaren por un hermano los días festivos en la iglesia, y las que voluntariamente ofrecerán muchos, especialmente aquellos que habían de distribuir por sí no habiendo cofradía) componen la de mil y cerca de doscientos pesos. Los pobres de la feligresía, por el conocimiento que tengo de ellos y el cálculo que he formado, están mantenidos con cuatrocientos pesos, especialmente comprando el maíz por junto, al tiempo de cosecha en los valles vecinos de Huamantla y Valsequillo, en que tanto abunda. De esto es consecuencia que aunque me halla errado en cómputo y se necesiten para sustentar los pobres quinientos pesos y sólo sean mil los que se junten cada año quedan siempre quinientos para girar en los préstamos.

Los muchos [préstamos] que se pueden hacer con esta o menos cantidad se conoce si se reflexiona en que un peso solo está embromado un mes, pues en cuatro semanas de a dos reales queda pagado. Ni hay que embarazarse con que el que recibe, por ejemplo, diez pesos, paga el primero al mes y el décimo hasta los diez meses, efectivamente duerme todo este tiempo el décimo peso. Pero el primero, entre tanto, reemplaza en alguna manera esta falta multiplicándose como si fuera diez, porque cumplido el primer mes se presta a otro sujeto, al siguiente a otro, y así consecutivamente se viene a prestar diez veces, mientras duerme el décimo, el segundo peso no se paga hasta los dos meses, pero como el noveno no duerme diez meses sino nueve, se reemplaza por aquél. El tercer peso se paga a los tres meses, pero reemplaza al octavo que duerme menos que el décimo y el noveno y así de los demás, de suerte que en los diez meses el décimo peso se presta una ocasión, el noveno dos, el octavo tres y así se desciende hasta el primero que se presta diez ocasiones, y sumando éstas se encuentra que con solos diez pesos que se concedían embromados en un sujeto porque gastaba en pagarlos diez meses, se hacen en el mismo tiempo cincuenta y cinco préstamos de a peso.

De aquí se infiere que con quinientos pesos prestados en cantidades de a diez, quince, veinte y treinta, se hacen innumerables préstamos, que es remediar otras tantas necesidades. ¡Oh! ¡Qué mérito ante Dios, qué provecho para el prójimo y qué poco gravamen para la cofradía quedándole existente su fondo!

Ni debe temerse que él se pierda en poder de un mayordomo o administrador que quiebre. Lo segundo porque lo hagan droga aquellos a quienes se preste, lo tercero porque sea preciso disminuirlo con pagar a los cobradores. Nada de esto ha de suceder. No lo primero porque el dinero ha de guardarse en un arca de tres llaves que pararán en el rector y dos de los hermanos. No lo segundo, porque los que reciban han de dar fiador abonado, como lo hacen con el usurero, quien jamás pierde su caudal. Y no lo tercero, porque la cobranza tanto de los jornales como de las pagas ha de hacerse por los diputados, asignándole a cada uno para que no le sea gravosa, y en caso de ser pícaro no extravíe mucha cantidad, un pequeño terreno, como un barrio corto.

En fin, después de plantada la cofradía la experiencia nos irá dictando las precauciones que debemos tomar y que jamás se previenen por la más sublimada técnica. Como ahora se nos presenta el remedio de todas las necesidades, sin exceptuar aún las de los ricos, y el destierro de la holgazanería, la usura, el vicio y todo a costa de un medio real en cada mes que no puede ser menos.

No obstante, todo lo propongo como un pensamiento que sujeto enteramente a vuestro juicio. Si pareciere bien se procederá a las constituciones y a impetrar la aprobación de nuestro ilustrísimo prelado y, caso que no agrade, nada se ha perdido, y yo he logrado esta ocasión de manifestar los grandes deseos que tengo del alivio de mis feligreses, y el crecido amor que les profeso.

Concluido este discurso se fue tomando a cada uno su parecer que expresó en voz alta, y todos convinieron en que se fundase dicha cofradía, la que significaron con la mayor viveza les agradaba y que por tanto se procediese a dar los pasos conducentes a su erección, la que deseaban con la brevedad posible. Y por que todo conste lo firmé con dicho teniente del partido.

Doctor José Miguel Guridi Alcocer.- José de Arévalo.

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