Un testimonio del problema de la calvicie clerical

Haro y Peralta (2)Ya en otra ocasión he dedicado este espacio a tratar del tema de la imagen del clero del siglo XVIII. Había entonces aspectos que si hoy nos parecerían irrelevantes entonces eran fundamentales para garantizar el respeto de la autoridad de los “ministros de lo sagrado”, por parafrasear el título de la obra de William B. Taylor. A pesr del dicho en contrario, el “hábito hacía al monje”, la vestimenta, la “modestia”, e incluso la cabellera, eran importantes. Aquí un breve testimonio al respecto: el grave problema de calvicie de un capellán de coro de la Catedral Metropolitana de México. Casi una tragedia para el clero de la época, como hemos comentado en una ocasión anterior, el cumplido ministro y músico (luego sería maestro de capilla interino) trató de remediarlo, pero se encontró con las limitaciones que su propio estado clerical debía cumplir respecto de la vanidad. Felizmente el entonces recién llegado arzobispo Haro y Peralta, cuyo retrato vemos en la imagen, se mostró más comprensivo.

Archivo del Cabildo Catedral Metropolitano de México, Actas de Cabildo, libro 51, f. 259v. Acta de Cabildo de 1o de octubre de 1772.

“De D. Martín Bernardez de Rivera, capellán de coro, en que dice, que el señor gobernador [del arzobispado] mandó despojarlo del peluquín que se había echado por necesidad; que para esto se había quitado el poco pelo que tenía y se halla irrisible [sic]; por lo que pide, que mientras le crece, se le dispense la asistencia al coro y no le pare perjuicio.- Y se resolvió, que como lo pide, pero sin ganar su renta, por el tiempo que fuere necesario, y que el presente secretario le reprenda gravemente por haberse advertido que inclina a demasiada presunción, aunque es cierto que por lo demás no desmerece en nada su conducta.”

Al margen: “El Ilustrísimo señor Arzobispo le concedió licencia en forma con fecha de 10 de octubre para peluquín”.

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