Un paseo por el París de los devotos II

Ya que hemos atravesado los jardines de Luxemburgo, avancemos por la rue de Vaugirard para llegar al Instituto Católico de Paris, “la Catho” como le dicen los franceses, prestigioso centro de formación de la que han salido buen número de teólogos de Europa y América.

El ICP se encuentra instalado en lo que fuera el antiguo Saint Joseph des Carmesconvento de carmelitas de París, del que subsiste su iglesia, la de San José de los Carmelitas. Esta iglesia barroca del siglo XVII, construida con el apoyo de la reina María de Médicis, es célebre no tanto por su arquitectura, sino por haber sido el teatro de una de las más célebres masacres de la Revolución Francesa, la del 2 de septiembre de 1792, durante la cual un grupo de poco más de un centenar de clérigos (sacerdotes y obispos) fueron asesinados por la multitud. Hoy en día, las reliquias de estos “mártires de septiembre”, elevados a los altares por el papa Juan Pablo II, se veneran en la cripta de la iglesia, donde se encuentran también las de otro de los grandes protagonistas de la historia religiosa francesa, pero del siglo XIX, Frédéric Ozanam, fundador de las conferencias de Saint-Vincent-de-Paul. Sin olvidar todo ello, la cito precisamente por su origen: sede de una orden reformada, los carmelitas descalzos, llegada a Francia como parte de los esfuerzos de la Reforma católica para reanimar la vida religiosa en un sentido más estricto. No fue casualidad que los religiosos se instalaran ahí, pues el barrio en su conjunto se convirtió en el siglo XVII en uno de los puntos más activos de los devotos católicos.

Saint Vincent de PaulAsí, si avanzamos un poco por la rue d’Assas y luego por la rue de Sèvres hacia el poniente, encontraremos algunos de esos históricos establecimientos, por ejemplo el antiguo hospital de los Incurables, llamado más tarde hospital de Laennec, enfrente del cual se encuentra la capilla a la que se trasladaron en el siglo XIX los padres lazaristas, llevando consigo las reliquias de su fundador san Vincent de Paul, mismas que vemos en la imagen. De este ilustre santo varón de la Reforma católica hay mucho que decir. Figura tal vez la más importante de la caridad de la época, se distinguió por su trabajo con los presos condenados a galeras, fundó en 1625 la congregación de la Misión, los lazaristas, por habérseles concedido la administración del gran leprosario de París, el de Saint-Lazare (terrenos de la actual estación de tren de ese nombre). Impartió conocidas conferencias de caridad y reforma de las costumbres que atrajeron a los notables de la época, incluyendo al rey Luis XIII (a quien asistió en sus últimos momentos), organizó un seminario de sacerdotes misioneros, además de la congregación de las Hijas de la Caridad.

Interior Capilla Misiones ExtranjerasPero si de misioneros franceses del siglo XVII se trata, hay que avanzar hacia el norte por la rue du Bac para visitar el seminario de las Misiones extranjeras de París, organizado por los jesuitas en 1663. De este histórico lugar salieron los evangelizadores del Extremo Oriente: Indochina (es decir los actuales Vietnam, Laos y Camboya), Tailandia, China y la India fueron sus principales lugares de destino. Con el tiempo, en los siglos XVIII y XIX, tendrían también un lugar destacado en la evangelización de Corea y de Japón, y hasta la fecha sigue siendo un importante centro de colaboración entre el catolicismo francés y el asiático. La congregación y su capilla, la de la Epifanía, contaron también con el apoyo de los grandes nombres del catolicismo francés: Bossuet, el gran obispo de Meaux, fue quien pronunció el primer sermón, obteniendo también el respaldo de Luis XIV.

Nave centralEstando en la rue du Bac no estaría mal hacer una parada en la capilla de la Medalla Milagrosa, pero ello nos adentraría mucho más en el siglo XIX, por lo que conviene mejor seguir nuestro camino hacia el centro de este barrio: la gran iglesia parroquial de Saint-Sulpice. Respaldada por la reina Ana de Austria y el príncipe de Condé, la iglesia fue construida a partir de la década de 1640, y aunque consagrada poco después, su fachada se terminó hasta 1745 y el edificio en su conjunto hasta finales del siglo XIX. Iglesia monumental, pensada para una capacidad de 10 mil personas, punto central de la nueva Roma que debía ser este barrio parisino, cuenta hoy con numerosas obras de artes, destacándose las tumbas de los curas Languet de Cergy y del abad de Bernay. Mas Saint-Sulpice se hizo además célebre por su párroco Jean-Jacques Ollier, un ilustre devoto, director de conciencia, maestro guía de las oraciones de sus penitentes y parroquianos, pero sobre todo fundador del seminario del mismo nombre de la parroquia donde se formaron casi dos mil clérigos del siglo XVII francés, párrocos sobre todo, pero entre ellos también hombres de letras como Fénelon. Además el seminario construirá una importante red por todo el reino que dará origen a toda una escuela de sacerdotes “sulpicianos”, conocidos por su rigorismo y su formación espiritual.

Tumbas de Dom Mabillon, DescartesPara terminar el recorrido por el 6o. distrito, apenas un par de calles al norte de Saint-Sulpice, se encuentra la iglesia de la antigua abadía benedictina de Saint-Germain-des-Près. Al principio guardaban entre sí una relación semejante a la de la abadía de Sainte-Geneviève y la parroquia de Saint-Étienne-du-Mont, pero luego Saint-Sulpice se emancipó. Abadía antigua, data de los primerios reyes merovingios, quienes la destinaron a albergar prestigiosas reliquias de tiempos de las persecuciones, en concreto la túnica de San Vicente de Zaragoza. En el siglo XVII la abadía conoció un renacimiento intelectual especialmente notable, siendo cabecera principal de la congregación de Saint-Maur, a la que he hice alusión en la entrada anterior. En efecto, los mauristas se destacaron por su erudición, especialmente en materia de fuentes históricas, destinadas desde luego a validar o negar muchas de las viejas tradiciones del catolicismo. Es decir, fueron ellos pusieron las bases de la diplomática y de la crítica documental, para determinar por ejemplo la autencidad o falsedad de un documento. Su biblioteca y sus propios trabajos fueron muy importantes en su día, destacándose en particular dom Jean Mabillon, hombre de controversias eruditas que dieron origen a obras como De re diplomatica, un tratado sobre la autentificación y datación de documentos en respuesta a la obra de un jesuita holandés, Papenbroeck. Mabillon fue también autor de un Traité des études monastiques, sobre la posición que este tipo de trabajo debía tener en la vida monástica. Dom Mabillon fue desde luego enterrado en la iglesia de la abadía, donde también descansa otro de los sabios teólogos del siglo XVII francés: René Descartes. En la imagen, de la que pido mil disculpas por su mala calidad, aparecen los epitafios de ambos y el de dom Bernard de Montfaucon, también monje erudito, traductor y editor de obras de los Padres de la Iglesia.

La iglesia de Saint-Germain-des-Près, a pesar de la austeridad de su fachada, es en su interior un templo amplio que conjunta diversos estilos, desde el gótico al barroco, y bellas obras de arte, entre las cuales se destaca la magnífica tumba del rey de Polonia Juan Casimiro Vasa. Mas dejemos ya el 5o. distrito, para una visita más, un tanto alejada de esta zona de la ciudad, pero que es cuando menos obligatoria para terminar de conocer el París de los devotos.

FachadaCierto, los establecimientos de caridad y de beneficencia, los seminarios, las abadías y las parroquias que hemos recorrido son todas importantes, pero faltan los testimonios de una orden que está especialmente asociada a la Reforma católica: la Compañía de Jesús. Para ello debemos avanzar hacia el norte, tomando sin duda el metro, línea 4 y luego línea 1, hasta el Marais, barrio que debe su nombre al hecho de ser una antigua zona pantanosa que, debidamente desecada, se convirtió en el barrio de la nobleza, y en particular de la nobleza devota, en el siglo XVII. Ahí, con el respaldo del rey Luis XIII en persona, los jesuitas comenzaron la construcción de su casa profesa en 1627, levantando esta magnífica iglesia, imitando su casa matriz, la iglesia del Gésu de Roma, dedicada por supuesto a San Luis Rey. Cuando se concluyó en 1641, asistió a su consagración la corte en su conjunto: a pesar de su enemistad con los jesuitas, el cardenal Richelieu fue quien ofició la primera misa, que contó también con la participación del Bossuet, obispo de Meaux, y con la asistencia del rey y la reina, el príncipe de Condé y los más altos dignatarios del reino. Contó por entonces también entre las asiduas de la iglesia a la marquesa de Sévigné, una de las damas más conocidas del París de la época, sobre todo por la edición de su correspondencia.

Alegoría la fe y la idolatríaEl interior del templo, muestra claramente que se trata de una iglesia jesuita: como la orden no tiene obligación de celebrar el oficio divino, a diferencia de la mayor parte de las iglesias parisinas, ésta no tiene coro. Desde el momento en que se accede, se tiene a la vista el altar mayor, muy bien iluminado a través de los ventanales de la cúpula, que se encuentra justo sobre el transepto. Si bien hoy en día no tiene el mismo esplendor que en el XVII, el visitante puede sin duda interesarse en el “Cristo en agonía en el monte de los Olivos” de Delacroix, y las alegorías de la fe y de la idolatría que se encuentran en los extremos del transepto. El visitante idenficará sin duda, en las garras de la idolatría a una mujer con un tocado de plumas, representación de América, pues los devotos de la época patrocinaban también la evangelización más allá del Atlántico, en este caso en particular, en el Canadá francés.

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