Un párroco ante unas elecciones

El tema de las elecciones en las primeras décadas de la vida republicana de México en el siglo XIX ha sido ya tratado por varios especialistas. Sin duda es una buena fecha para recordarlas. Como se sabe, eran elecciones sin partidos políticos, ni candidatos, temidos porque podían poner en riesgo la deseada unidad de la república. Herencia de la Constitución de la Monarquía española de 1812, la de Cádiz, las elecciones estaban pensadas fundamentalmente para renovar a los representantes de la nación, pero no para servir de escenario para la competencia política. Por ello eran cuidadosamente reguladas, indirectas en varios niveles, rodeadas al principio de ceremonias religiosas (misas de Espíritu Santo y Te Deum retomados de la tradición electoral del Antiguo Régimen), que debían evitar todo género de enfrentamientos. Y sin embargo, prácticamente desde sus inicios, las elecciones fueron motivo de debates, de contestaciones, y claro está, vieron la introducción de prácticas no previstas que ponían en cuestión su carácter “apolítico”, con lo que algunas “facciones” (como se les decía en la época) lograron manipularlas para hacerse del poder.

Entre esas elecciones discutidas se contaron, por sólo citar un ejemplo, las que debían renovar el Congreso del Estado de Veracruz celebradas en julio de 1828. Sabemos del asunto por el amplio expediente que se formó en el propio Congreso del Estado, y que terminó con la anulación del proceso, a consecuencia de diversas solicitudes, provenientes sobre todo de la villa de Orizaba. Veremos aquí tan sólo uno de los documentos de ese expediente: la mirada del cura párroco, el doctor Francisco García Cantarines. No fue, cabe aclarar, una opinión del todo desinteresada: antaño él mismo había sido diputado constituyente de Veracruz en 1825, y se le identificaba como un hombre cercano a uno de los grupos que se disputaban el poder, los liberales moderados. El párroco da cuenta de las prácticas que se utilizaron para hacer a ganar a una “facción” radical: el voto del ejército, la impresión y distribución de listas de candidatos, la presión a los ciudadanos. Hombre de iglesia, se preocupa además de señalar que los triunfadores de la jornada no habían dudado en poner en cuestión su autoridad. Veamos pues este documento que nos muestra cómo la lucha de facciones política tenía un potencial de desplazamiento de las jerarquías religiosas que evidentemente parecía intolerable incluso a este clérigo liberal.

Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado, Colección Lafragua no. 454.
Expediente instruido a consecuencia de las representaciones que se hicieron al Congreso del Estado pidiendo la nulidad de las elecciones para diputados. Xalapa, Imprenta del Gobierno, 1828, 88 pp., pp. 34-36.

Esa brevedad posible que V. me pide en la contestacion de su oficio de ayer, me estrecha en los límites que voy a poner a un asunto que por su naturaleza y circunstancias merece mas extensión. Así pues para no faltar a la sustancia y brevedad encargada, declaro lo que me consta en los puntos siguientes.

Me acuerdo de Catón cuando me acuerdo del benemérito síndico D. Manuel Callejas. Este patriota no vulgar me confió su exposición, que la aprobé por mil motivos, previniéndole sin embargo los peligros a que se esponía, y él conocía si la mandaba al gobierno; pero como sin la fortaleza se arrinconan todas las virtudes, la suya se sobrepuso a los obstáculos, remitió sus quejas, llenó el destino de síndico, y resultó que la faccion desoladora le postró en una cama herido mortalmente, sacrificando su salud, su familia e intereses a la buena causa. Sus virtudes sociales no existen sin enemigos, ni tampoco sin premio, pues su exposición ahora triunfa y lo cubre de gloria.

Está tan arreglada a la verdad de los hechos, que se puede decir que nada se escribe allí que no sea público, visto y generalmente sabido. Si la sumaria se instruye, creo que sólo servirá para salvar la forma de la justicia y nada más. Que las elecciones primarias son nulas en todas sus partes, es una verdad innegable y evidente para los que tienen ojos y lógica.

Una facción sostenida por la fuerza militar combinada en las logias de York, y protegida del Ayuntamiento de este año, hechura del mismo lodo, atacó descaradamente a un pueblo apático y de más paciencia que de orgullo nacional. No puedo referir todas las intrigas, porque son infinitas. Lo que se vio es que el ciudadano Vicente Prieto, jefe de este Departamento, que estaba en México, se presentó de repente en el día de las elecciones sólo para presidirlas, y despues desapareció descubriendo en este hecho que venía como en comisión y de acuerdo con la gran logia de quien es privado y confidente.

Lo que se vio, repito, es que el regimiento número 3, dividido en gruesas hordas por los puntos cardinales de la población, con listas en las manos forzaban indios, patanes, rancheros y muchachos a que las recibieran y presentaran en las mesas de elecciones. Que los vecinos sensatos y granados se sumieron en sus casas teniendo por inútiles sus votos, y aun temiendo persecucion por no ser conformes a los de faccion, o tal vez exponiéndose al lance del ciudadano Francisco Angulo que al ver una lista atribuida a él la rompió públicamente, y se retiró huyendo del peligro. Que el ciudadano regidor Mariano Bezares, presidente de una de las mesas de elecciones, aseguró en público que ya no era sufrible el desorden y trampas de los refractarios y perjuros.

Lo que se vió, vuelvo a decir, es que en el escrutinio de las listas aparecieron muchas firmadas de ciudadanos conocidos en el pueblo, y otras fingidas y firmadas por vecinos principales que al dárselas a reconocer han declarado no ser suyas, como yo declaro no ser mía la lista ni firma que se me presentó, por ser descarada y visiblemente desemejante de la que uso. Finalmente, lo cierto es que yo mismo aunque párroco, ni fui citado para presenciar las elecciones, ni aunque lo hubiera sido hubiera asistido, intimidado de una furia ya prevenida contra mí en caso de que me atreviera a cumplir con la obligacion que me imponía la ley. La enmascarada comparsa entendió mi fuerte oposición a sus intrigas, y acaso por este motivo el alcalde Naredo, jefe de gavilla, hombre de frente serena, sin opinion, sin honor y sin vergüenza, que ha sacado tantas lágrimas a la moral pública; escoltado de un piquete de soldados se lanzó a la parroquia, quiso encarcelar a los sacristanes, insultó mi autoridad, y me usurpó el mando de las campanas con que celebró escandalosamente su triunfo sobre la muerte de las leyes.

Concluyo pues diciendo que Orizaba, conmovida a tan extraños procedimientos, falta ya de paciencia y no de fidelidad, se decidió por el pronunciamiento del 26 del inmediato octubre. Que clama a gritos por la nueva elección de la próxima legisltura del Estado, y que confía en la justificacion, carácter y firmeza del actual Congreso en cuya soberana presencia tiene el valor con respetuosa desesperación, que si las elecciones del año de 28 no se declaran nulas, si no se procede a la renovacion de diputados, irá a llorar a los montes que la rodean en las faldas del volcan la ruina de la patria, o a buscar sociedad donde haya hombres. Tal es la opinion y sentimientos del que suscribe.
Dios y libertad. Orizava, noviembre 7 de 1828.

Francisco García Cantarines.

Sr. Alcalde segundo de esta villa D. Manuel Galindo.

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