Un arzobispo de México reformando la capilla real de Madrid

Retrato del arzobispo Pedro José Fonte, tomado del sitio web de la Arquidiócesis primada de México.

Don Pedro José de Fonte y Hernández Miravete fue arzobispo de México, residente desde 1815, abandonó la arquidiócesis a principios de 1823 a consecuencia de la independencia, y pasó el resto de su vida en España. En otro momento le hemos dedicado espacio en este blog a las cartas en las que explicaba a la Corona y a la Santa Sede su salida de México. Aunque está más allá de mis alcances presentar aquí de manera detallada su vida en la Península, cabe destacar que, sobre todo al final de ella, estuvo lejos de permanecer inactivo. De hecho, tuvo una participación, si no protagónica, al menos importante en la España de la revolución liberal tras la muerte del rey Fernando VII, en el régimen liberal moderado de la regencia de María Cristina.

En principio, fue miembro e incluso presidente de la Real Junta Eclesiástica nombrada para la reforma del clero en 1834. Fue miembro también del Estamento de los Próceres, la Cámara alta de las Cortes formadas conforme al Estatuto Real de 1834. Desde ahí alzó su voz contra la desamortización del gobierno de Juan Álvarez Mendizával en 1836, como se sabe bien por la publicación, en México por cierto, del discurso que pronunció en abril de ese año. Éste, ilustra bien su aceptación de un régimen representativo y liberal, así como la necesidad de la reforma de la Iglesia y de las órdenes religiosas, pero también los límites que ponía al respecto: reforma no era supresión, el clero no dejaba de ser útil al Estado.

Al año siguiente fue nombrado pro-capellán y limosnero mayor de la reina, con título de Patriarca de Indias. Como el capellán titular, por tradición de la monarquía, era el Arzobispo de Santiago de Compostela, el pro-capellán Patriarca era el verdadero organizador de la Capilla Real. Fonte murió en ese cargo en junio de 1839, siendo todavía tratado en los documentos oficiales como “arzobispo de Méjico y Patriarca de las Indias”. Le tocó un período difícil también para España, en particular por una crónica escasez de recursos. La desamortización de bienes eclesiásticos se hizo justo bajo el principio de pagar a los acreedores del Estado. Como cabía esperar, tampoco había recursos para mantener el fasto del culto de la Capilla Real de Isabel II. También ahí debió mostrar su talento reformador, que es justo lo que nos interesa aquí. Enseguida encontrará el lector su informe dirigido al mayordomo mayor de la reina dando cuenta de sus ajustes al personal de capellanes y músicos, que confirma su aceptación de las circunstancias, pero siempre manteniendo ciertas prioridades.

Archivo General de Palacio, Administración general, Real Capilla, leg. 1133

Exmo. Señor

Luego que llegó a mis manos la real orden de 23 de enero de este año, por la cual se dignó S.M. mandar que a la posible brevedad se formasen nuevos reglamentos para la real casa, cámara, capilla, a fin de que la contaduría general pudiese ejercer con acierto la acción fiscal que le compete, dispuse que se reuniesen en cuantos antecedentes podían suministrar noticias, oyendo sin perjuicio al receptor de la real capilla, con el objeto de adquirir la suma de datos necesaria para dar cumplimiento a lo resuelto por S.M. en la parte que me competía como prelado de la real casa, presentando un trabajo completo en lo posible; porque desde luego me propuse no limitar mi obra a la formación de la simple planta de empleos y sueldos, y darle la debida extensión, marcando las facultades y obligaciones de cada empleado, y el modo de proceder en su ejercicio y desempeño, como cabalmente se me previno con posterioridad en real orden circular de 7 de febrero último. En su virtud, como resultado de mis trabajos, tengo el honor de remitir a V.E. para que se sirva presentar al examen y aprobación de S.M. el adjunto proyecto de reglamento, formado con presencia de las antiguas constituciones del año de 1757, de varios trabajos dados en distintas épocas que no llegaron a tener efecto, del último reglamento aprobado por el señor D. Fernando 7º en 16 de marzo de 1824, de las plantas del cuerpo de capellanes de honor y de la capilla música, decretada la 1ª en 26 de junio y aprobada la 2ª por S.M. en 26 de octubre de 1834, y de todas las reales órdenes posteriores que se han comunicado a esta patriarcal sobre las demás clases de la real capilla, y que de alguna manera han modificado lo resuelto con anterioridad.

El proyecto, en general, está conforme con las constituciones y órdenes posteriores en todo lo relativo a facultades y obligaciones de los ministros y empleados, y sólo se han hecho en este punto algunas variaciones de bien poca consideración, teniendo para ello presentes las distintas épocas y circunstancias, pero siempre con sujeción al espíritu de las reales disposiciones recientes. Las únicas alteraciones que he creído indispensable proponer, versan sobre el personal de capellanes de honor y sobre un corto aumento de sueldo a alguna plaza de la capilla de música. Nunca he perdido de vista la economía tan necesaria y precisa en las actuales circunstancias, y esta privilegiada consideración es ciertamente la que ha presidido en mis trabajos; pero era preciso tener presente otra de no menor importancia, era indispensable no sacrificar, por decirlo así, el decoro del culto, y mi objeto por lo tanto se ha dirigido a combinar ambas atenciones, en términos de que, sin recargar con una suma excesiva la dotación de la real capilla, se tribute en ella el culto divino, si no con el brillo y la magnificencia que permitían épocas más prósperas, al menos con el decoro debido a la casa de S.M. No sé si habré conseguido mi propósito, pero sí puedo asegurar a V.E. que las alteraciones que propongo y que paso a enumerar, producen muy poco gravamen, han sido inspiradas por los deseos más sinceros del acierto, y son el fruto de la meditación.

El sueldo anual de doce mil reales señalado a cada plaza de capellán de honor en la planta vigente de 1834 es en mi concepto muy escaso para que un ministro de esta categoría, adornado de los requisitos y cualidades que el reglamento exige, pueda sostenerse en la corte con la decencia propia de su rango. La obligación de predicar los sermones de tabla que recientemente se les ha impuesto y el aumento de trabajo que ha de resultarles con la supresión de dos plazas, son también motivos muy poderosos para que deba ser mayor la dotación; por ello propongo que ésta sea de veinte mil reales anuales, pero reduciendo a doce el número de individuos de la dicha clase, en vez de catorce de que debe componerse actualmente, sin hacer mérito por de contado de los cuatro restantes del banco de órdenes, sobre cuyos sueldos no se propone variación; debiéndose también tener presente que cinco de los capellanes que hoy existen en el banco de Castilla disfrutan los veinte mil reales y dos de ellos aún más por órdenes especiales de S.M. Iguales consideraciones me han movido a proponer la asignación de diez mil reales de sobresueldo anual a cada uno de los tres dignidades u oficios, a saber: receptor, juez y cura de palacio; siendo de notar que a pesar de ser mayor dicho sobresueldo que el que hoy les está señalado, sólo resulta en los tres la pequeña diferencia de cuatro mil reales, respecto del total que perciben por las nóminas actuales. El fiscal de la Real Capilla goza hoy dos mil reales de sobresueldo; pero los trabajos a que tiene que dedicarse por razón de su oficio exigen el aumento de dos mil reales más, según propongo; cuya suma guarda cierta proporción con la señalada al juez. He creído también preciso que haya un segundo maestro de ceremonias que sustituya al primero, con el módico sobresueldo de mil reales anuales, porque este cargo es muy importante en la capilla y conviene que haya más de un individuo instruido y ejercitado en el ceremonial para que nunca falte la buena dirección y orden en las funciones y demás actos religiosos.

La sección 6ª. del capítulo 3º del proyecto de reglamento trata de mozo encargado del alumbrado y limpieza de la capilla. Esta plaza, aunque actualmente no es de planta, ha existido siempre, sus gastos se han abonado en cuentas y han sido pagados por la receptoría; y puesto que los fondos de esta ingresan en el tesoro general de la real casa, no resulta gravamen alguno de que se comprenda en nómina en lo sucesivo.

Suprimido el colegio de niños cantores, quedaron reducidos a dos los tiples de la real capilla, disfrutando cada uno conforme a las últimas reales órdenes el sueldo anual de cuatro mil reales; pero la experiencia ha demostrado que es muy difícil hallar cantores en esta cuerda por tan bajo haber, y aun se ha visto que uno de los dos jóvenes que últimamente ha desempeñado dichas plazas, la ha renunciado para buscar mejor colocación, por lo mismo designo para cada una de ellas el sueldo de seis mil reales.

Al organista único le fueron señalados en la planta de 1834 diez y ocho mil reales de sueldo, y con posterioridad se sirvió S.M. reducirlo a catorce mil reales, que es el que en el día goza. Los conocimientos artísticos que se necesitan para el desempeño de esta plaza y el lugar que ocupa en la capilla de música, son circunstancias que merecen cierta consideración. La aptitud del que la desempeñe no debe limitarse a la mera ejecución de instrumentista, es preciso que conozca la composición para improvisar cantos y acompañamientos, y que al mismo tiempo esté ejercitado en la dirección de la orquesta para sustituir, como inmediato, al maestro de capilla; por ello me ha parecido arreglado proponer se le reponga en el sueldo de diez y ocho mil reales que le marcó la planta de 1834, teniendo también presente que el profesor que desempeña esta plaza, da actualmente el trabajo que presentaban antes al menos dos organistas de tres que existían, bien dotados, y que no sería justo que el que sustituye inmediatamente al maestro de capilla tuviese menos sueldo que el músico de voz más antiguo, que sólo puede dirigir la orquesta a falta del maestro cuando el organista se hallare ocupado en el órgano.

Éstas son las únicas alteraciones que la necesidad me ha hecho proponer. Ellas están justificadas con las razones que dejo expuestas, y puede desde luego asegurarse que el exceso que resulta en el presupuesto de la capilla es de bien poca consideración, incluyendo dos mil reales que debe continuar cobrando, además de sueldo el primer ayuda de oratorio, D. Pedro de la Cámara, según le está concedido por S.M. y los diez mil reales más que ha de costar por ahora el cuerpo de capellanes de honor, hasta que vaque una plaza del banco de Castilla, como se manifiesta en el artículo 239 del proyecto de reglamento, que en atención a las circunstancias lleva el carácter de provisional, según lo expresa su artículo 141, y podrá por ahora llenar su objeto, sin perjuicio de las reformas o alteraciones que S.M. crea oportunas en lo sucesivo.

Tales son los motivos que me han dirigido en el desempeño del encargo con que me honró S.M., no sé si habré acertado a llenar sus reales intenciones en un asunto de suyo espinoso y difícil, y en que han debido tenerse a la vista para hermanarlas, muchas y encontradas consideraciones. S.M. lo calificará con su rectitud y alta sabiduría y justa, como siempre, al mismo tiempo que mejore este trabajo, creerá en la lealtad y celo con que he procurado corresponder a su confianza.

Dios guarde a V.E. muchos años. Madrid, 30 de abril de 1838.

 

Pedro, arzobispo de Méjico, electo Patriarca de las Indias.

 

Señor mayordomo mayor de S.M

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