Tradición regalista y modernidad separatista en Portugal

Sérgio Ribeiro Pinto, Separação religiosa como modernidade. Decreto-lei de 20 de abril de 1911 e modelos alternativos, Lisboa, Centro de Estudos de Historia Religiosa-Universidade Católica Portuguesa, 2011, 253 pp.
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En estos días, Portugal conmemora el centenario de la separación de la Iglesia y el Estado; de hecho, ayer terminó el gran Congreso Internacional de Historia conmemorativo de dicho acontecimiento, organizado por el Centro de Estudios de Historia Religiosa de la Universidad Católica Portuguesa. Por ello, y para aprender un poco de lo que la historiografía lusitana tiene que enseñarnos, me pareció oportuno dedicar esta entrada a esta obra publicada hace unos escasos cuatro meses, producto de la tesis de maestría de su joven autor, presentada en 2008 en la Universidad Nova de Lisboa.
Investigación muy acotada, breve de hecho, de poco más de cien páginas de texto efectivo, hecha a partir de dos archivos, unas cuarenta fuentes impresas y una bibliografía breve también, de un centenar de títulos, portugueses en su gran mayoría. De hecho, son éstos los que llevan el peso fundamental en el análisis, pues aunque cuenta también algunos títulos franceses, son utilizados sobre todo como referencias marginales, y habría que hacer notar la ausencia de la obra clásica del anticlericalismo de René Rémond. Incluye además, y es sin duda una de sus virtudes, la legislación que analiza, lo que servirá sin duda al lector especializado, y como lector ajeno se agradece desde luego la inclusión sistemática de cortas reseñas biográficas en las notas a pie de página sobre los actores que intervienen en el proceso que estudia.

El lector mexicano que emprenda la lectura de esta interesante investigación, se encontrará al mismo tiempo ante la diferencia que representa el contexto político portugués y ante los caracteres comunes que unen a mexicanos, portugueses y otros muchos países del mundo católico en una misma problemática. En efecto, por parafrasear el título de otra obra reciente, la de Sol Serrano sobre Chile, este estudio se trata del problema de “¿qué hacer con Dios en la república?” Mas en este caso no en una república latinoamericana sino en la portuguesa de principios del siglo XX. El autor inscribe su trabajo en una historia cultural de lo político, mostrando no sólo la parte institucional del problema,, que lo hace y con maestría, pero va más allá para mostrarnos las implicaciones que tenía la separación en la construcción de un individuo nuevo. Obra atenta a la reflexión jurídica, cosa que no nos haría ningún daño de aprender en la historiografía mexicana, nos lleva del decreto de separación a su cuestionamiento al interior de los republicanos lusitanos.El primer capítulo, dedicado al análisis del decreto de separación, es buena prueba de que a ambos lados del Atlántico se desarrollaba una agenda legislativa común, marcada por unas mismas tradiciones políticas, unos mismos mitos (sobre los jesuitas y los religiosos, por ejemplo) y unas mismas corrientes ideológicas, e incluso unos mismos ideales (la educación para la libertad y la patria). El ritmo en cambio, es harto distinto. En el Portugal nuevamente republicano, se diría que ocurriera uno de esos entusiasmos legislativos, un “furor reformista” como decía el profesor Reynaldo Sordo respecto de los legisladores mexicanos de 1833, en que las medidas secularizadoras se suceden de manera acelerada. Así, una misma legislación destruye las viejas corporaciones religiosas y construye nuevas asociaciones religiosas.

Una originalidad interesante: el radicalismo portugués es muy ambiguo, con medidas sin duda revolucionarias pero tomadas con precauciones extremadamente detalladas para evitar la contestación popular. Ellas incluyen la gran novedad de confiar el culto a las “cultuais”, corporaciones o hermandades, con caracteres propios de la tradición lusitana, pero muy parecidas a las cofradías del mundo hispánico. Éste constituye tal vez el pasaje más apasionante del análisis de la ley,  pues se diría que los legisladores revolucionarios y republicanos hacen suyo el viejo sueño de los antiguos reformadores ilustrados, de reforzar el carácter religioso y la utilidad pública de las corporaciones de seglares.

Por ello el decreto de separación es al mismo tiempo más “avanzado” que la Reforma mexicana de mediados del siglo XIX (por tomar a México como punto de comparación), y también más “retrasada” que ésta, por conservar un cierto tejido corporativo, preocupándose incluso por el respeto a las disposiciones testamentarias. No menos interesante aún es la solución dada al tema de la vigilancia del clero, al mismo tiempo rompiendo con la tradición al renunciar al derecho de presentación; es decir, a intervenir en la provisión de beneficios, pero perfeccionando la funcionarización de una parte importante de los clérigos.

Los capítulos 2 y 3, nos muestran que, lejos de constituir un verdadero punto de llegada, una nueva ley de 1905 (en vigor hasta hoy), por comparar con el caso francés, o unas nuevas Leyes de Reforma (convertidas incluso en insignia partidaria por casi medio siglo) por comparar con México, el autor nos ilustra de manera muy clara que este decreto, con su equilibrio imposible entre tradición regalista y modernidad de la separación, fue de inmediato motivo de fuertes debates. De hecho, y acaso tal vez porque el autor inicia su análisis con la ley misma, se diría que ella fue el origen mismo de las discusiones públicas en esta materia. Éstas tienen lugar en el seno del propio bando republicano y muestran la diversidad de sus posturas en el complejo campo político portugués de la época. Los cuestionamientos apuntan no sólo a sus aspectos más prácticos, a su puesta en ejecución, sino incluso al modelo mismo, tan original lusitano. En los foros y en las obras de los publicistas se vislumbran otros modelos, algunos tal vez mucho más radicales en materia de separación (aunque el autor no lo ve así necesariamente), retomando a veces modelos exteriores (el mexicano brilla por su ausencia, cabe decir), desarrollándose a veces, fuera sobre todo de las tribunas parlamentarias, verdaderos desarrollos teóricos de la relación, no ya entre la Iglesia y el Estado, sino entre la religión y la política.

Además, y sería sin duda deseable una comparación más a fondo con el caso francés, el capítulo 3 muestra el peso de la Primera Guerra Mundial en las iniciativas para reorganizar el régimen de separación. Ello llevará a una primera “tregua” en los enfrentamientos con la Iglesia, y a la construcción de nuevo marco de confrontación, en el que la separación queda, sin embargo, sólidamente asentada. Todo lo cual, insiste el autor, no significaba una renuncia a la construcción de un individuo nuevo, el ciudadano de la modernidad.

La obra pues, como puede verse, trata temas fundamentales para la historia política portuguesa, abordados ya con maestría, pero que pueden sin duda profundizarse y tratarse bajo nuevas perspectivas, por lo que merece sin duda una amplia difusión, más allá de las fronteras de la lengua lusitana.

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