Tesis

Utilité du public ou cause publique. Les corporations religieuses et les changements politiques à Orizaba (Mexique), 1700-1834. Thèse pour obtenir le grade de Docteur en Histoire de l’Université Paris I Panthéon-Sorbonne presentée et soutenu par David CARBAJAL LÓPEZ, sous la direction de Mme. Annick LEMPÉRIÈRE, 2010, 461 p.

L’histoire des corporations religieuses d’Orizaba nous introduit dans le processus de sécularisation dans le monde hispanique des XVIIIe et XIXe siècles À l’époque, la catholicité constituait l’élément structurant de la culture politique. Cela était particulièrement visible à Orizaba où les corporations religieuses construisirent et dominèrent l’espace public tout au long du XVIIIe siècle. Elles étaient considérées comme étant « d’utilité du public », c’est-à-dire de l’ensemble des habitants de la ville. Dès la fin du siècle, des efforts importants furent entreprises pour réformer les corporations religieuses à partir de nouveaux critères d’utilité : ceux de la religion tels que définis par les évêques réformateurs, ceux de la fidélité monarchique. Le cas d’Orizaba nous montre la portée, et surtout les limites, de ces réformes faites dans le cadre juridique de l’Ancien Régime.
Les changements les plus radicaux se produisirent après l’indépendance (1821), avec la formation d’une « opinion publique » moderne, qui donna naissance à de nouvelles idées de réforme de l’Église, et avec la formation d’un État dont les acteurs politiques, au nomme de la « cause publique », considéraient les corporations religieuses comme étant inutiles, voire dangereuses. C’est ainsi qu’elles devinrent un motif de discussion et d’affrontement entre les groupes politiques locaux. Mais les corporations étaient aussi des instruments indispensables pour les projets de la souveraineté locale, celle du conseil municipal. Ainsi, elles perdirent le contrôle de l’espace public et furent placées sous la tutelle du conseil municipal.

Mots clés : Sécularisation, Réforme catholique, Corporation, Libéralisme, Utilité publique, Politique, Mexique, Orizaba.

 

   

 

De frailes y seglares. Los vínculos del Colegio Apostólico de San José de Gracia de Orizaba, 1793-1840, Tesis presentada para obtener el título de la VI Maestría en Historia Latinoamericana “Historia comparada del Mundo Ibérico, siglos XV al XX. Estructuras, redes e intercambios” de la Universidad Internacional de Andalucía-Sede Iberoamericana Santa María de La Rábida, dirigida por el Dr. Óscar Mazín Gómez y tutorizada por el Dr. Juan Ortiz Escamilla, 2006. 281 pp.

El Colegio Apostólico de San José de Gracia de Orizaba fue fundado por una real cédula de 1797. Nuestro objeto de estudio son sus vínculos y relaciones con los seglares, especialmente con la monarquía hispánica y las instituciones republicanas, entre la iniciativa de su fundación (1793) y la celebración de su sexto capítulo guardianal (1840). La historiografía reciente sobre las órdenes religiosas de esta época subraya la crisis causada por las reformas borbónicas, concluyendo que las órdenes se encontraban en crisis y aisladas de la sociedad. Empero, otros autores han matizado el carácter moderno y radical de dichas reformas, así como han analizado la continuidad de corporaciones y redes incluso tras el advenimiento del liberalismo. En ese contexto, nuestra hipótesis es que dicho instituto fue capaz de desarrollar dos estrategias: la cultura jurídica y, sobre todo, la formación de vínculos sociales para su fundación primero, y para su conservación después. El Colegio se instaló en la villa de Orizaba, donde el espacio y el tiempo estaban claramente marcados por los símbolos de la fe, reflejo de la importancia de las corporaciones religiosas. El de San José de Gracia era un convento de misioneros que predicaban entre fieles e infieles, llevándoles de forma espectacular la palabra divina, pero también un mensaje de lealtad a la monarquía. A partir de una misión llevada a cabo en Orizaba en 1793, se fue formando “un partido de religión”, que promovió la nueva fundación. Se hicieron presentes las nuevas prioridades de la monarquía, pero al final triunfó el buen conocimiento de la legislación y las relaciones construidas por los fundadores. El respaldo de los seglares a la nueva corporación siguió creciendo, tanto entre las élites (como en la colectación de dos misiones de frailes), como entre las “clases populares” (que trabajaron en la obra material del convento). Los frailes eran en su mayoría peninsulares y se disputaron el gobierno del instituto, divididos, muy posiblemente, de acuerdo a las provincias de que eran originarios. Tejieron vínculos estrechos con la sociedad gracias tanto a su labor en el púlpito y el confesionario como al propio paisanaje. Mas su respaldo más importante fue su Orden Tercera, misma que debieron disputar largamente a la parroquia orizabeña, y cuyos hermanos procedían de todos los sectores de la sociedad. Con la monarquía, los frailes mantuvieron su lealtad, incluso durante la guerra civil de 1810, lo que después usarían como argumento para una nueva colectación de misioneros y un intento de obtener conversiones vivas. Tras la independencia, los frailes cayeron bajo la sospecha de las autoridades, como el jefe político. En 1828, buena parte de los religiosos, españoles, fueron expulsados; sin embargo, conservaron e incluso ampliaron su red de vínculos con los seglares y lograron mantener el instituto con vida. La amenaza de la expulsión, e incluso de la exclaustración, estuvo presente hasta 1834, mas a partir de entonces se inició un proceso de renovación que culminó hacia 1840. Los frailes aumentaron, ganaron el litigio por la Orden Tercera, reiniciaron las misiones, consagraron el templo conventual. Nuevamente, los hermanos seglares estuvieron presentes, de hecho, los frailes, lejos de distanciarse de su feligresía, parecían cada vez más vinculados con ella.    

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