Te Deum

Cuenta la tradición que, al momento del bautismo de San Agustín de Hipona, él y su mentor San Ambrosio de Milán, inspirados por el Espíritu Santo comenzaron un diálogo cantado, es decir uno respondía al otro sucesivamente, hasta formar un himno de alabanza que pasó a la liturgia como el principal para las acciones de gracias: el Te Deum. Desde luego, el himno en realidad no es del siglo IV sino del VIII-IX, poco más o menos, y su uso principal es en el Oficio divino al final de los maitines, el oficio que se rezaba tradicionalmente a la medianoche, especialmente en ciertas fiestas, como la Pascua de Resurrección. Es un largo canto en el que la tierra, todos los órdenes del cielo (ángeles, potestades, querubines y serafines; apóstoles, profetas, mártires) y la Iglesia toda cantan al “Dios de los Ejércitos” (Deus Sabaoth), primero, y luego a las tres personas de la Trinidad, para luego invocar la obra salvadora de Cristo y concluir con una extensa oración pidiendo la protección del pueblo, citando varios pasajes de los salmos.

Por su contenido pero también por su origen tradicional, se le asoció pronto con el tema de la elección divina de un gran personaje, y pasó así a relacionarse con la majestad humana: en el año 800 se le utilizó para la recepción en Roma de Carlomagno, cuando iba a ser coronado por el Papa; se comenzó a utilizar también en las elecciones de los pontífices y en las coronaciones de los reyes, primero en aquellos momentos que representaban de manera ceremonial la elección del soberano por el pueblo, y más tarde en la entronización propiamente tal del nuevo soberano. Llegó incluso a independizarse de los oficios hacia el siglo XVI para convertirse en el elemento central de las liturgias monárquicas, era cantado con motivo de las victorias de los ejércitos reales y cualquier otro evento de la monarquía. Al respecto no puedo sino remitir, para Francia a la obra de Michèle Fogel, Les cérémonies de l’information (Fayard, 1989), y para el mundo hispánico por ejemplo a la de Jaime Valenzuela, Las liturgias del poder (Centro de Investigaciones Diego Barrios Arana, 2001).

Cabe decir, el Te Deum se siguió cantando alegremente para las ceremonias republicanas de las primeras décadas de vida independiente, e incluso hoy en día en varias repúblicas del mundo hispánico se sigue utilizando como liturgia oficial para las fiestas nacionales, con asistencia de las autoridades civiles. En México, desde 1821 y hasta la separación de la Iglesia y el Estado en 1859, prácticamente no hubo pronunciamiento, toma de posesión, o instalación de una legislatura que no se celebrara con el cántico de este himno, normalmente al final de una misa de acción de gracias.

Y como en este día tengo una muy buena razón para unirme a una acción de gracias, aquí una versión del Te Deum del siglo XVIII, de don Ignacio de Jerusalem y Stella, maestro de capilla de la Catedral Metropolitana de México, con una imagen alusiva a este Bicentenario de la independencia: la coronación de Agustín de Iturbide como emperador en 1822, ocasión para la cual tampoco pudo faltar el solemne Te Deum.


Te Deum por davidclopez

Desde luego, para no celebrar sólo a la majestad humana, aquí otra versión, mucho más reciente, en la Catedral de Notre-Dame de Paris, con motivo de la visita del Papa Benedicto XVI en septiembre de 2008, pues también para la recepción de obispos y soberanos pontífices se utiliza el Te Deum. Como es tradición en Notre-Dame, el coro alterna, no con un solista, sino con el gran órgano.

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