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Domingos, obispo y ratones

La historiografía mexicanista peca a veces de fundamentalmente política. Incluso cuando se trata de temas como el catolicismo, tiende a considerar como su objeto de estudio a una institución, es decir, se hace Historia de la Iglesia, pero no siempre historia religiosa. Sin embargo, no es que falten fuentes. Un buen ejemplo es la obra de Agustín Rivera, que contiene notas interesantes, cierto que dispersas, sobre la problemática de la “civilización de las costumbres”.

Así es, Rivera fue un observador relativamente constante de la vida cotidiana de las élites letradas del siglo XIX, además muy consciente de que esas costumbres tenían implicaciones más allá de lo anecdótico. Lo percibió incluso respecto de sí mismo, según consagraba su biógrafo Rafael Muñoz, pues desde su viaje a la Ciudad de México en 1853 advirtió que el “progreso”, el “liberalismo”, no eran sólo ideologías sino también implicaban maneras de comportarse. Por ello no es de extrañar que retrate de manera “civilizada” el comportamiento de los personajes cuya memoria respetaba, o cuyo trabajo quería vincular con el suyo. La frugalidad, la limpieza, la sobriedad, eran algunos de esos elementos, aunque tampoco dejaban de estar ausentes en sus observaciones la ternura y candidez casi propias de algún santo. Aquí recuperamos un ejemplo breve pero significativo: la vida cotidiana de Juan Cayetano Gómez de Portugal y Solís, obispo de Michoacán.

Portugal, “el grande Portugal” como diría la Dra. Marta Eugenia García Ugarte, fue sin duda uno de los obispos más importantes de la vida política de la primera mitad del siglo XIX mexicano. Hombre de Estado, fue varias veces diputado. Reformador eclesiástico, lo mismo de la renta decimal que de la educación clerical. Sus méritos hicieron de él el primer cardenal mexicano, aunque no llegó a recibir la noticia por su fallecimiento en 1850. Rivera había sido tutorado del hermano del obispo, Eusebio Gómez Portugal, quien impulsó sus primeros estudios en el Seminario de Morelia entre 1834 y 1836. Evocó con particular cariño esa etapa de su vida en su opúsculo La vocación de Simón Bar Jona de 1892, con una estima y delicadeza que contrastan con la imagen que dejó del Seminario de Guadalajara, pero eso es tema de otro artículo. Por ahora veamos como pintaba este clérigo y escritor público particularmente activo en tiempos de la República restaurada y del Porfiriato, esa cotidianidad en el palacio episcopal de un gran prelado de la primera mitad de esa centuria.

 

Agustín Rivera, La vocación de Simón Bar Jona, Lagos, Ausencio López Arce impresor, 1892, pp. 47-48.

En los, dos años que fui colegial moreliano, los más domingos pasaba el día en el palacio  episcopal, porque era la casa de mi tutor , Dicho palacio se componía de dos viviendas, que  aunque tenían un zaguán común, tenían diferentes escaleras y eran independientes. La primera era la del señor Obispo, quien no arrojaba sus miradas a la calle y vivía retirado del bullicio del mundo, pues aunque la capilla tenía balcones (o ventanas) para la plazuela del Carmen, las demás piezas teían balconcillos y ventanas para el interior, inclusive la sala de recibir, que tenía unos balconcillos para la huerta, la cual una tapia baja de adobes dividía de la huerta del convento del Carmen, por lo cual desde dichos balconcillos ví algunas veces a algunos padres carmelitas en su huerta. El señor Obispo tenía cocinero, comía solo, su mesa era frugal y humilde en las piezas del servicio, las sillas del comedor tenían asiento de tule. Un rasgo pintará el corazón de aquel hombre. Habia en el comedor unos ratoncillos blancos (que andarían por toda la casa), que el señor Portugal no quería se matasen, que estaban acostumbrados a que luego que Su Ilustrísima se sentaba a la mesa, salían de sus agujeros y comian en su derredor las migajas que el Prelado con su propia mano les esparcía. Una vez Da. Guadalupe Portugal, hija del Dr. D. Luis Portugal, hermano del señor obispo, Señorita que fue muy conocida en Morelia y en Guadalajara por sus virtudes, talento e instrucción, le dijo con cierto enfado al señor obispo: “¡Por Dios, tío, para qué les da de comer a esos ratones del comedor, ellos acabarán con sus libros y hasta con los papeles del archivo!” a lo qué contestó el señor Portugal con dulzura: “¡Eh, hija, esos animalitos ocuparon la mente divina!” Otra vez, que el señor Portugal se quitó de la mano una pulga, la restregó con los dedos y la arrojó al suelo, le dijo Da. Guadalupe: “¡Tio, ¿y las pulgas no ocuparon la mente divina?” Terrible argumento con el qué concluyó al sabio, quien contestó: “Sí, hija, pero dan mucha guerra.” El actual señor obispo de Sinaloa, hermano de Da. Guadalupe, debe de recordar estos hechos.

Las mas tardes el señor obispo en el patio principal montaba en su caballo rucio, con sotana y mantelete morados y sombrero acanalado con borlas verdes, y se iba a hacer ejercicio en las orillas de la ciudad, sin mas compañia que un criado que iba detrás. No llevaba turca ni sumbrero redondo con borlas verdes, como algunos pensarán, sino como he dicho. El señor obispo nunca tuvo coche propio, y cuando salia a visitar la diócesis o tenía necesidad de coche para otro negocio, usaba el que le prestaba su compadre e íntimo amigo D. Cayetano Gómez, uno de los ricos de Morelia, después suegro del mencionado Dr. Iturbide. Yo jugaba con otros niños de mi edad en los patios y en la huerta, y ¡cuántas veces tuve la dicha de besar la mano a aquel cariñoso Prelado cuando iba a montar a caballo!

La simonía en los pasados siglos de Agustín Rivera

Portada SimoníaEste año, justo el 6 de julio próximo, se cumple el centenario de la muerte de Agustín Rivera y Sanromán (1824-1916), clérigo de quien ya hemos hablado en otro momento en este blog. En el marco del proyecto Agustín Rivera y su tiempo: la cultura de Lagos en el siglo XIX, del cuerpo académico “Cultura y Sociedad” del Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara, hemos procurado identificar de manera más precisa todas las obras que publicó Rivera, y ahora podemos agregar una más a las 156 que hasta el momento habíamos retomado de la bibliografía que elaboró Juan B. Iguíniz y de los propios recuentos que hizo nuestro autor. Hemos encontrado este folleto titulado La simonía en los pasados siglos, que se encontraba en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, y presentamos aquí su transcripción. Ambas actividades, la localización y transcripción, las realizó un joven estudiante de la carrera de Humanidades, Sergio Paúl Carrillo Collazo.

Como el lector podrá advertir, se trata de una colección de citas sobre la materia que da título al opúsculo. No es raro, de hecho desde sus primeras obras fue una práctica frecuente de Rivera construir estos catálogos de citas, recordemos tan sólo sus Inscripciones colocadas en las paredes del Liceo de Lagos, impresa en 1869, o los “Encomios de los clásicos cristianos y de los clásicos paganos acondicionados” que incluyó en la novena adición de su Ensayo sobre la enseñanza de los idiomas latino y griego y de las bellas letras por los clásicos paganos, publicado en varias entregas en la década de 1880. La selección de autores citados es asimismo muy clásica de nuestro autor, con algunas de sus obras favoritas, como los comentarios de Cornelio Alápide, jesuita neerlandés del siglo XVII, o la del canonista piamontés del XVIII, Carlo Sebastiano Berardi, quien como el propio Rivera indica aquí, fue muy leído por el clero mexicano de la primera mitad del siglo XIX. Tampoco era raro su ejercicio de citar a los Santos Padres a partir de compilaciones de textos, en este caso de la Aurifodina. Todo ello, nos permite presentar al opúsculo como un clásico ejemplo de la erudición de Rivera.

Mas además de erudito, era un autor crítico, y así se muestra, de nuevo es algo muy común en él, en sus notas a pie de página. De hecho, lo notará el lector, en realidad es un opúsculo con dos series de notas, cuyas referencias se distinguen por utilizar números para las que sólo presentan la fuente citada, y letras para aquellas en que vierte una opinión. Lamentablemente a nuestro ejemplar le falta una hoja, es decir, dos páginas, por lo que no podemos conocer todas esas notas e incluso una la presentamos inconclusa. Como puede verse, Rivera aprovecha el texto erudito para criticar algunas prácticas de la Iglesia novohispana y mexicana, sobre todo de tiempos del sistema beneficial, que fue desapareciendo en la segunda mitad del siglo XIX.

Ya sin más preámbulo, dejamos al lector con nuestra mejor manera de conmemorar a Agustín Rivera y Sanromán en el centenario de su fallecimiento, promoviendo su lectura.

 

La simonía en los pasados siglos. Doctrinas de la Santa Escritura, de los Cánones de la Iglesia, de los Santos Padres y de los Doctores Católicos contra la simonía, recogidas y publicadas por Agustín Rivera. Lagos de Moreno, Imprenta de López Arce e Hijos, 1900, 11 pp.

Localizado en: Biblioteca Pública del Estado de Jalisco. Clasificación 291.2 RIV

 

ADVERTENCIA

Muy lejos ha estado en mi ánimo al escribir este folleto el zaherir al clero de la Arquidiócesis de Guadalajara, ni al de otra alguna diócesis, a todos los que respeto. Lo publico como publiqué mi Tratado Breve Teológico-Moral de los Sacramentos en general y otros opúsculos sobre materias eclesiásticas, a saber, porque me ha parecido que esta colección de sabias doctrinas sobre la simonía sería muy útil, especialmente para los jóvenes que se preparan para subir al altar.

Lagos de Moreno, 26, mayo, 1900.

Rivera.

 

Todo obedece al dinero.
Libro del Eclesiastés[1].

Habló el rico y todos callaron[a].
Libro del Eclesiástico[2].

Hay hombre que es honrado por sus riquezas.
Libro del Eclesiástico[3].

Nada hay tan alto y tan inaccesible que no se obtenga con las riquezas.
Cornelio Alápide[4].

Es cosa frecuente en la sociedad elegir para magistrados a los ricos, como más honorables y poderosos, para que dominen a los demás como inferiores y súbditos.
Alápide[5].

Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente.
Evangelio de San Mateo[6].

Todos los que están bajo la obediencia de la Compañía, acuérdense que deben dar gratuitamente lo que recibieron gratuitamente, no pidiendo ni recibiendo estipendio ni limosnas algunas, con las que parezca compensarse las misas, confesiones, sermones o cualquiera otro oficio de aquellos que la Compañía puede ejercer según nuestro instituto; para que así puedan proceder con mayor libertad en el servicio de Dios y en la edificación de los prójimos.
San Ignacio de Loyola[7].

Es verdadero aquello de Tulio en el libro II de los Oficios: “Los hombres se mueven con una grandísima admiración hacia aquel cuyo móvil no es el dinero.”
Alápide[8].

El operario es digno de su alimento.[b]
Evangelio de San Mateo[9].

¿Qué se entiende por precio en orden a cometer simonía? Comúnmente se llama don, o en idioma latino manus, el cual según Santo Tomás (2.2. q. 100, art. 5) y el C. sunt nonnulli 1. q. 5, se divide en munus a manu, munus a lingua y munus ab obsequio… Por munus a manu no se entiende únicamente el dinero, oro, plata, vestidos u otras cosas semejantes que suelen comprarse y venderse, ya sean muebles o inmuebles, sino también cualquier cosa temporal precioestimable… Munus á lingua denota cualquier alabanza, recomendación o intercesión que se interpone o se promete interponer, con pacto expreso o tácito de que se confiera alguna cosa espiritual… Entiéndase por munus ab obsequio cualquier servicio prestado o que deba prestarse a otro, bajo la obligación de que este confiera al que le sirvió, algún beneficio eclesiástico o cualquier otra cosa espiritual. Dice aquí Layman que no envuelve simonía el servir a alguno gratuitamente, con la esperanza de ser presentado o instituido para algún beneficio eclesiástico en remuneración de los servicios prestados, bien así como tampoco incurre en ella el Obispo o patrón, que en remuneración de dichos servicios o en vista del talento o disposición de un sujeto, le confiere algún derecho o un beneficio espiritual. Sin embargo, tratándose de una materia tan delicada y espinosa, creemos oportuno advertir aquí el gran cuidado que debe tenerse de que estas cosas no sean el motivo principal de dar el beneficio, pues de lo contrario se incurriría en simonía. Por tanto, para evitarla, debe el colador o patrono de un beneficio prescindir completamente de dichos servicios y atender únicamente a los méritos del sujeto.
Edmundo Voit[10].

Y Pedro le dijo [c]: “Tu dinero sea contigo en perdición.”
Hechos de los Apóstoles[11].

Según el derecho divino es simonía prometer, dar o recibir una cosa temporal precioestimable por la colación, elección, presentación o confirmación para un beneficio eclesiástico.
Scavini[12].

¿Cuáles son las causas que excusan de la mancha de simonía? … 5ª Cuando se da una cosa temporal por un trabajo extrínseco, que solamente por accidente se junte con una cosa sagrada[d].
Scavini[13].

A la verdad, en los cuatro primeros siglos de la Iglesia, los eclesiásticos no tuvieron muy frecuente ocasión de cometer dicho crimen, (la simonía), porque las Iglesias todavía no abundasen en bienes temporales. Mas cuando fue más amplia la liberalidad de los fieles, y se dio lugar entre los eclesiásticos al lujo y a la avaricia, principalmente en el siglo V y en el VI, el crimen de la simonía ocupó los ánimos de muchísimos, por lo que Gregorio el Grande muchas y muchísimas veces se vio obligado a reprender a los simoníacos, como consta claramente por varios cánones de aquel Pontífice presentados por Graciano, principalmente en la causa 1ª, cuestión 1ª. De una manera más detestable se propagó aquel vicio en el siglo X y en el siglo XI, pues cayeron entonces los hombres en los tiempos del oscurantismo y de hierro, en que la verdadera doctrina y la sincera piedad, la religión respeto de Dios y de las cosas divinas parecía a primera vista desterrada de entre los hombres. Los Sumos Pontífices, entre otros Gregorio VII, Nicolás II, Alejandro II, Inocencio II, y Calixto II, con frecuencia en sus Epístolas y Concilios procuraron proponer remedio a tantos perjuicios de las Iglesias, diligencia que imitaron muchos Obispos de las Iglesias, de manera que apenas aparezca algún Concilio celebrado en el siglo XI y en el XII, en que no se hayan expedido cánones para condenar y detestar la simonía.
Carlos Sebastián Berardi[14].

El cuerpo recibió la dignidad y el espíritu perdió el honor.
San Ambrosio[15].

El que compró un sacramento o una iglesia, o prebendas, o la entrada a las iglesias, o procuró esto en su favor por medio del poder civil, sepa que ya está condenado con Giezi y con Simón (el Mago).
San Agustín[16].

Los mismos oficios de la dignidad eclesiástica se han convertido en una torpe ganancia y en negocios de tinieblas[e].
San Bernardo[17].

Hoy los simoniacos, el pagar con amplitud a los empleados de una Curia (intercesores, recomendadores, agentes), lo reputan liberalidad.
San Buenaventura[18].

Si no hay ninguna prueba del acto, ninguna solicitud acerca de las costumbres (del beneficiado), ningún examen de su vida, sino que solamente se estime digno el que tuviere lo suficiente para dar el precio, esto es simoniaco.
San Gregorio el Grande[19].

El texto “Todo obedece al dinero” o sea a la plata, tiene uno de dos sentidos: o que los doctores, después que se han enriquecido, ejercen gobierno sobre los pueblos, o, ciertamente, que la plata es el símbolo del bien hablar[f].
San Jerónimo[20].

Para que haya simonía nada importa que no des dinero; pero en lugar de dinero adulas, seduces y maquinas muchas cosas.
San Juan Crisóstomo[21].

Veamos cómo estaba la simonía en México en el último tercio del siglo XVI. El Concilio III Mexicano, que se celebró en 1585, dice: “Aunque desde el mismo origen de la recién nacida Iglesia fue el vicio de la simonía abominable y execrable, y se ha prohibido por los Sagrados Cánones y castigado con graves penas, sin embargo, ha sido tal la malicia de los hombres, que procuran ocultar y paliar sus pactos simoniacos con diversas estratagemas y engaños. Cuyo contagio ha cundido tanto en este arzobispado y provincia, ya para conseguir las presentaciones que se hacen en estas partes, como para negociarlas en la Corte de Su Majestad, que está pidiendo conveniente y oportuno remedio. Y queriendo aplicarlo este sínodo, manda que ningún eclesiástico ni seglar, de cualquier dignidad y condición que sea, haga pactos ni condiciones, o prometa dinero u otra cosa con nombre de estrenas, guantes o gratificaciones si se logra la prebenda, o con pretexto de salario o derechos por su trabajo y diligencias, o para granjear el favor de los palaciegos, solicitadores, procuradores u otras personas allegadas a aquellos que deben conferir y presentar a los beneficios; ni dé escritos con nombres de deudas contraídas por otras causas, o haga que ellos los den, en los cuales prometa que guardará indemnes a los que se hayan obligado por razón de la cantidad que pagaren, ni de cualquier otro modo haga semejantes pactos por sí ni por tercera persona. Todos los cuales declara simoniacos el presente Sínodo.
Concilio Tercero Mexicano.

Veamos ahora como se hallaba México en materia de simonía en el siglo próximo pasado. El Concilio IV Mexicano dice “La simonía desde el principio de la Iglesia ha sido siempre abominable; mas es tanta la malicia humana, que se ha procurado encubrir y paliar con varios pretextos; y para cortarlos de raíz, manda este Concilio que ningún eclesiástico o secular pueda hacer pactos o tratos, prometer dinero o lo que llaman gala o  regalos, para obtener algún beneficio eclesiástico o alcanzar el favor de alguna persona de elevada dignidad[g].
Concilio IV Mexicano[22].

FALTAN DOS PÁGINAS

NOTAS

[a] Todos los súbditos agacharon la cabeza y ninguno se animó a levantar la voz en contra con energía. En los pasados siglos los vasallos hacían el papel de burros, porque aunque los señores hiciesen injusticias, aquellos no podían hablar ni una palabra.

[b] Este texto y la necesidad de sostener el culto justifica las contribuciones establecidas por la Iglesia.

[c] A Simón el Mago, de cuyo nombre viene la palabra Simonía.

[d] Verbigracia, los dineros que se dan en Roma por algunas dispensas para sueldos de algunos empleados de la Corte Romana, por el trabajo extrínseco que han tenido estudiando o escribiendo en el negocio de aquella dispensa.

[e] Porque estos negocios se trataban en las tinieblas del más cuidadoso secreto.

[f] El bien hablar, el hablar con arte, es como el dinero: el buen uso de la palabra produce muchos bienes, y el abuso, teniendo por fin el egoísmo, el interés individual, produce muchos males. Verbi gracia: en los pasados siglos un aspirante a beneficio eclesiástico trataba de conversar con frecuencia con aquellos de quienes esperaba y procuraba conseguir el beneficio. Hablaba como hombre de importancia, con gravedad en el semblante, con frases lacónicas y sentenciosas, con maneras insinuantes, decía que tal y tal caso muy difícil que se le había presentado, lo había resuelto con mucha facilidad, haciendo creer que tenía talento para los negocios de gobierno y que sería muy útil a la Iglesia. Las palomas, que no tenían nada de serpientes, lo escuchaban con admiración diciendo: “¡Qué talento de gobierno!” y le servían de escalera, sin prever los graves males que resultarían (entre ellos el escándalo) de colocar a aquel hombre en el candelero. Llamo palomas a los que aconsejaban y procuraban que se confiriese el beneficio y a los que lo conferían, porque de parte de los unos y de los otros no había simonía, sino candor y debilidad de carácter. Aquel hombre sagaz pronto llegaba a tener en sus manos las riendas del gobierno, el palo y el mando, y entonces se verificaba lo que dice el Apóstol San Pedro: que; importándole un bledo hospitales y enfermos, sólo procuraba enriquecer más y más turpis lucri gratia, y gobernar con despotismo a los clérigos: dominantes in cleris. A los que aborrecía, suspensos, los hacía morir en la miseria (hecho histórico), y a aquellos que por ser favorables a sus fines o por otro capítulo le eran gratos, les daba destinos buenos por los emolumentos, o por el clima o por el poco trabajo (son hechos).

Jóvenes estudiantes de teología el obispo Melchor Cano en su aureo libro “De los Lugares Teológicos”  os encarga que estudiéis la Historia, porque es una palabra inmortal que ella es la maestra de la vida. Abrid la historia de España, la de Francia o la de cualquier otra nación, y veréis que los rasgos que acabo de trazar son el resumen de la historia de todos los reyes débiles y de sus ministros astutos.

[g] Simón el Mago claramente y sin rodeos les ofreció dinero a los Apóstoles por que le concedieran la potestad de conferir sacramentos: obtulit eis pecuniam. Los simoniacos, viendo lo mal que le había ido a su patriarca, ya no ejecutaron la simonía de la manera tan tonta con la que había ejecutado Simón el Mago, esto es, comprando las cosas espirituales o anexas a ellas con pacto expreso, como quien compra una finca en almoneda pública, o compra otra cosa a dinero contante sobre el mostrador de una tienda, sino que inventaron los pactos tácitos, encubiertos so capa y color de cosas lícitas; verbi gracia, los aspirantes a beneficios eclesiásticos remitían vajillas de plata como regalos a los Reyes de España y a sus ministros [Faltan las páginas en que esta nota concluye].

[1] Pecuniae obediunt omnia. (Cap. X, v, 19).

[2] Dives locutus est, et omnes tacuerunt. (Cap XIII, v. 28)

[3] Est homo qui honorificatur propter substantiam suam. (Cap. X, v. 33).

[4] Nihil est tam sublime et inaccessum, quod non obtineant divitiae. (Álapide, llamado el principe de los comentadores de la Escritura, Comentario al Eclesiastés, cap. X, v. 19).

[5] Solent in republica divites eligi in magistratus, velut honoratiores et potentiores ut caeteris velut inferioribus et subjectis dominentur. (Comentario a los Proverbios, cap. XXII, v. 7).

[6] Gratis accepistis, gratis date. (Cap. X, v. 8).

[7] Omnes qui sub obedientia sunt Societatis meminerint se gratis dare debere quae gratis acceperunt, nec postulando, nec admitendo stipendium vel eleemosynas ullas, quibus Missae, vel confessiones, vel praedicationes, vel quodvis aliud officium, ex iis quae Societas, juxta nostrum institutum excercere potest, compensari videatur, ut sic majori cum libertate possint et proximorum aedificatione in divino servitio procedure. (Constituciones, regla 17).

[8] Verum est illud Tuilli, lib. II Offic: “Homines maxime admirantur eum qui pecunia non movetur”. (Comentario al Evangelio de San Mateo, cap. X, v8).

[9] Dignus est operarius cibo suo. (Cap. X, v. 10).

[10] De la Compañía de Jesús, Teología Moral, tratado III, cap. 1º. art 5.

[11] Petrus autem dixit ad eum: Pecunia tua tecum sit in penditionem (Cap. VIII, vv. 19 y 20).

[12] Simonia est juris divini promittere, dare vel accipere temporale aestimabile pro collatione, electione, praesentatione, confirmatione ad eclesiásticum beneficium. (Theologia Moralis Universa, lib. II, no. 181).

[13] Quaenam sunt causae a simoniae labe excursantes?5ª. Quando temporale datur pro labore extrínseco, qui per accidens tantum conjungatur cum re sacra. (Opus et lib. cits. no. 190).

[14] Canonista clásico, que apoya sus doctrinas en la legislación hebrea, en el derecho romano, en la Historia de la Iglesia, en la filosofía de la historia y en la crítica más delicada, por lo que durante cerca de medio siglo sirvió de texto en la cátedra de derecho canónico en el Seminario de Guadalajara. Otra de las pruebas del gran mérito de esta obra es que en 1851, habiendo escaseado los ejemplares de ella en la República Mexicana, el sabio Dr. Sollano (después Obispo de León) hizo una nueva edición en la capital de México. Equidem quatuor prioribus Ecclesiae saeculis non adeo frequens fuit ocassio viris ecclesiasticus, ex qua illud crimen admitterent, proptereaquod Ecclesiae necdum bonis temporalibus abundarent. Quando vero fidelium fuit amplior liberalitas, luxuique atque avaritiae locus datus est apud clericos, saeculo praesertim quinto et sexto, simoniae crimen plurimorum animos occupavit, unde Gregorius Magnus saepe ac saepius debuit simoniacos reprehendere, uti liquet ex variis illius Pontificis monumentis, relatis apud Gratianum, praesertim in causa 1a, quaest. 1a. Detestabilius grassatum fuit vitium illud saeculo decimo et undecimo; inciderunt enim homines tunc in obscura tempora et ferrea, quibus et germana doctrina, et sincera pietas, ac religio in Deum resque divinas, visa fuit ab hominibus exulare. Pontificis Maximi, inter caeteros Gregorius VII, Nicolaus II, Alexander II, Inocentius II et Calixtus II passim in suis Epistolis ac Concilius curaverunt, ut tantis Ecclesiarum incommodes remedium adhiberutur, quorum diligentiam sectati fuerunt plures Ecclesiarum Antistites, adeo ut saeculo undecimo et duodecimo vix celebratum Concilium adpareat, in quo canones editi non fuerint ad damnandam detestandamque simoniam (Comentaria in Jus Ecclesiasticum Universum, al Libro V de las Decretales, parte 1a., disertación 3a., cap. 2).

[15] Caro suscepit dignitatem, et anima perdidit honestatem. (Citado por el erudito y venerable Roberto de la Orden de los Capuchinos, en su obra intitulada Aurifodina, que quiere decir Mina de oro, artículo Simonía).

[16] Qui sacramentum emit, vel Ecclesiam, vel Praebendas, vel Ecclesiarum introitus, vel saeculari potentia hoc pro se procuravit, sciat cum Giezi Simone jam damnatus est. (Aurifodina, ibid).

[17] Ipsa ecclesiasticae dignitatis officia in turpem quaestum, et tenebrarum negotium transierunt. (Aurifodina, ibid.).

[18] Simoniaci hodie largitatem reputant magnam curialitotem. (Aurifodina, ibid).

[19] Si nulla de actua probatio, sollicitudo nulla de moribus, nulla sit de vita discussio; sed ille solum modo dignus qui dare pretium suffecerit aestimetur, simoniacum est. (Aurifodina, ibid).

[20] Quod autem sequitur: Pecuniae vel argento obediunt omia, dupliciter accipiendum: vel ipsos doctores, postquam adulatione ditati sunt, regnum in populos exercere; vel certe quia argentum pro sermone Semper accipiatur. (San Jerónimo, cit. por Alápide, Comentario al Eclesiastés, cap. X, v. 19)

[21] In simonía nihil refert si non das pecuniam: sed pecuniae loco adularis, subornas, multaque machinaris. (Aurifodina, ibid).

[22] Traducción del Dr. D. Basilio José Arrillaga.

[NOTAS DE LAS PÁGINAS QUE FALTAN EN EL TEXTO]

23 Impreso por primera vez en el orden y bajo la inspección del Ilmo. y Rmo. Sr. Dr. D. Rafael S. Camacho, actual Obispo de Querétaro. Este Concilio no fue aprobado en Roma, no porque no lo mereciera, sino porque las tempestuosas circunstancias de la época no dieron lugar a su traducción al idioma latino, ni a los difíciles y dilatados tramites en el Consejo de Indias y en la Corte Romana, necesarios para su aprobación. Por lo mismo el documento citado no tiene fuerza de decreto conciliar; pero sí tiene fuerza de documento histórico, tanto por el argumento de autoridad, en razón de haberlo declarado así León XIII, como por el argumento de razón, enseñándolo así las reglas de la crítica.

24 Quod si quis, pacto interveniente, spiritualia concedit, ut temporalia consequatur, vel e converso, temporalia accipit ut spiritualia conferat, tanc simoniam realem admissise dicetur. Quoniam vero in fraudem et divinae et ecclesiasticae legis ímprobos homines callidas artes avaritia docet, non solum realis simoniae reos apellavimus illos qui expresam temporalis lucri pactionem iniverint, sed etiam qui ex conjecturis tacite pactum inivisse deprehendatur. (Ibid).

25 Hanc sane pestiferam confidentialis simoniae labem recentioribus saeculis subortam, detestati fuerunt Pontifices Maximi, praecaeteris Pius V in Constitutione 85a. et quoniam ilius, veluti clanculum et inter amicos contractae difficilis esse solet probatio in judiciis, voluverunt ejusdem causa semiplenis etiam probationibus reum posse damnari. (ibid).

26 Neque a simoniae vitio erit immunis, qui collatoni rei sacrae promiserit se certas res daturum, vel Ecclesiae, vel pauperibus, quemadmodum aperte definitiv Alexander II in canone 9, caus 1ª, quaest 3ª, et Innocentius III in cap. 34 de Simonia.. (Ibid).

27 Bastus, La Sabiduría de las Naciones, serie 3ª. no. 26.

28 Agitur de simoniae vitio, quod speciosa pallia quaerere et inducere solet. (ibid)

29 Non igitur et in tali negotio quilibet catholicus est respuendus. (Cap. 3, X, De Simonia).

30 Tanta est labes hujus criminis, quod etiam servi adversus dominos, et quilibet criminosi admittuntur ad accusationem… Accusare potest etiam meretrix. (cap. 6, X, De Simonia)

31 Non requiritur ut probationes liquidaae omnio ac manifestae sint, sed sufficiunt certa signa, quae prudentis judicis animum moveré possint, cap. 3 et 6 de Simonia (Ibid).

32 Si in ecclesiasticis oficiis quemquam habeat locum pecunia, fit saeculare quod sacrum est. (Aurifodina, ibid).

33 Nemo ambiguat Jerusalem propter simoniam fuisse subversam (Aurifodina), ibid.)

34 Quis veneretur quod venditur, aut quis non vile putet esse quod emitur? (Aurifodina, ibid).

Una familia clerical en el siglo XIX: los Sanromán

Para iniciar bien el mes de mayo, esta semana vamos a presentar aquí la conferencia que impartió el Dr. Eduardo Camacho Mercado, profesor del Departamento de Humanidades, Artes y Culturas Extranjeras (Universidad de Guadalajara-Centro Universitario de los Lagos), el pasado 28 de abril en el marco del XIII Ciclo del Seminario de Historia Mexicana, titulada Beneficios eclesiásticos y actividades profanas: los sacerdotes Sanromán en el siglo XIX. El profesor Camacho nos presenta una investigación realizada en el marco del proyecto Agustín Rivera y su tiempo: la cultura de Lagos en el siglo XIX, del Cuerpo Académico “Cultura y Sociedad”. A partir, sobre todo mas no exclusivamente, de la correspondencia conservada en el archivo particular de la familia Sanromán, nos presenta no sólo las historias de vida de los tres sacerdotes de esa gran parentela de los Altos y Guadalajara, sino que en concreto se pregunta por las opciones que tenían los sacerdotes de élites medias en ese siglo, además de una carrera propiamente eclesiástica. Sin adelantar más, bástenos dejar la palabra al conferencista a través de este video.

 

Beneficios eclesiásticos y actividades profanas: los sacerdotes Sanromán en el siglo XIX from CULTURA Y SOCIEDAD-CULAGOS on Vimeo.

Agustín Rivera, a caballo entre la historia sagrada y la historia profana

En este Domingo de Pascua, una entrada breve, sólo para compartir con el público que tiene la gentileza de seguir este blog, una más de las conferencias del XIII ciclo del Seminario de Historia Mexicana, en colaboración con el Cuerpo Académico “Cultura y Sociedad”, en el marco del proyecto “Agustín Rivera y su tiempo: la cultura de Lagos en el siglo XIX”. En esta ocasión se trata de la conferencia impartida por el Dr. Juan Pío Martínez, destacado integrante del citado CA, quien expone con amplitud algunas de las características fundamentales de la obra del padre Agustín Rivera como historiador.

Agustín Rivera a caballo entre la historia sagrada y la historia profana from CULTURA Y SOCIEDAD-CULAGOS on Vimeo.

Agustín Rivera y Sanromán

agustin-rivera-webEl Dr. Agustín Rivera y Sanromán nació en Lagos el 29 de febrero de 1824, falleció en León el 6 de julio de 1916. Estamos pues justo en el 192 aniversario de su nacimiento y a unos meses del centenario de su fallecimiento. “Sacerdote, historiador, polígrafo y prolífico escritor” dice de él la ahora tan popular Wikipedia, que es la primera referencia que aparece en el sitio Google al introducir su nombre. Ahí mismo es posible encontrar listados algunas de sus obras y mencionada la dimensión de sus textos. Toda esa información es más o menos correcta, desde luego, pero en realidad nada nos dice por sí misma que justifique la memoria de Rivera. En efecto, la pregunta fundamental es ¿por qué habría que recordarlo? Esos datos sólo tendrían sentido para alguien que estimara la producción bibliográfica como una virtud por sí misma. Claro está, puede haberlos, tanto más cuanto que la obra de Rivera incluye lo mismo obras de historia, de gramática, de filosofía, de derecho, etcétera, aspectos específicos que podrían interesar a algún erudito. Cabe destacar en ese sentido el trabajo de Juan Hernández Luna (1959), que situaba a Rivera en la historia de la filosofía en México.

Desde luego, podría decirse que nuestro autor es valioso porque así lo consideraron ya sus contemporáneos. Recibió elogios de varios otros escritores e intelectuales, por ejemplo del obispo Emeterio Valverde Téllez, (1904), quien lo describía como de “sobresaliente ingenio; feliz, fácil y tenaz memoria, y constancia para cultivar sus raros talentos con laboriosidad infatigable y vastísima lectura”. Casi al mismo tiempo, recibía el reconocimiento de la élite laguense del Porfiriato, como da cuenta la biografía que le escribió Rafael Muñoz Moreno, no por nada dedicada al gobernador de Jalisco, Miguel Ahumada, quien habría tenido la iniciativa de levantarle un monumento en vida. Apenas fallecido, la Academia Mexicana de la Historia le dedicó también una biografía, a cargo de Alfonso Toro y Juan B. Iguíniz. Mas todo ello nos deja de nuevo el estudio del Rivera limitado al ámbito estricto de los estudios académicos sobre la cultura del Porfiriato, pues hoy en día la memoria de este período no ha dejado de ser, en el mejor de los casos controvertida, o directamente negativa.

En fin, más común, sin duda, es identificarse con él por el lugar de nacimiento: forma parte del panteón de ilustres hijos locales de Lagos de Moreno, donde se le rinden homenajes con cierta frecuencia, como ocurrió en 2014. Patriotismo local que es siempre una construcción interesada, a fin de cuentas la coincidencia del lugar de nacimiento es contingente y no tiene por sí misma un significado; es decir, no por “ser de Lagos”, hay obligación o necesidad de identificarse con o siquiera recordar a Rivera. Así pues, ni la sola curiosidad intelectual ni menos aún esas memorias locales, con frecuencia tan dadas a servir hoy de mero discurso para el lucimiento de las élites políticas, parecen realmente justificar el interés hoy en día por un hombre fallecido hace ya casi cien años.

Paradójicamente, para encontrar la importancia contemporánea a Rivera, más bien hay que darse la oportunidad de acercarse a su obra y, más aún, darse la oportunidad de pensarla históricamente. No es tan difícil hoy, gracias a que al menos un centenar de sus libros, folletos y sermones están disponibles en versiones electrónicas en la Colección Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León, la Colección de Impresos Mexicanos de CONACULTA, la Dirección General de Bibliotecas del mismo CONACULTA y la Biblioteca Digital Hispánica, como lo detallamos más abajo. Quien lo intente se encontrará con una obra extensa, de una erudición que hasta hoy parece notable, con pasajes que asimismo pueden parecer muy lúcidos en nuestros días. Mas sobre todo, si el lector se atreve a realizar esa aproximación, encontrará a un hombre que más allá de haberle dado a Lagos a su héroe local, Pedro Moreno, o de ser un productor incansable de textos impresos, se distinguía por entrar con entusiasmo en toda suerte de polémicas, con ideas originales y claras, mas no exentas de contradicciones.

En efecto, Rivera tuvo una larga vida, con pasajes harto azarosos, aunque también con períodos más tranquilos. Las circunstancias lo llevaron a asumir una posición que terminaría siendo minoritaria en la segunda mitad del siglo XIX, justo tras la Reforma juarista: la conciliación entre la modernidad y el catolicismo. Más allá de coincidir o no con ese esfuerzo –no del todo inactual, empero–, lo que admira es el entusiasmo que tuvo para lanzarse a la palestra, para hacerse oír a la menor provocación, no menos que el amplio bagaje de autores y obras que movilizaba a su favor. Así es, Rivera discutía con el respaldo de un extenso número de lecturas, que iban desde los clásicos de la Antigüedad grecolatina, como Cicerón, a autores contemporáneos suyos (como el historiador César Cantú), pasando por el Quijote de Cervantes y las obras del padre Fray Benito Jerónimo Feijoo. Esto es, no era un erudito que buscara sólo el conocimiento por el conocimiento mismo, sino un auténtico polemista que tendía a interpretar, o incluso a manipular a favor de sus argumentos los textos que citaba.

Todavía más, autor incansablemente conciliador, hoy mismo es difícil hacerlo entrar en las categorías clásicas que utilizamos para designar a clérigos e intelectuales. Por sólo citar un ejemplo: en buen clérigo católico era tan apegado a la autoridad del Romano Pontífice, que bien puede ser calificado de ultramontano en algunos momentos; mas al mismo tiempo podía defender tanto el “progreso lento” del Cristianismo, como el “progreso radical” de la Revolución Francesa. Hay reconocerle además que sabía adaptarse a los diversos contextos en que se desarrolló su obra: no es exactamente el mismo en sus folletos, donde abunda la ironía, que en sus piezas de oratoria, sobre todo en sus sermones, en los que no llegó a realizar críticas de la superstición, como acostumbraba en los primeros. Empero, también es de hacer notar que se abrió a posturas liberales algo más radicales conforme avanzó el tiempo. Es decir, es un buen ejemplo de que el conservadurismo no tiene que estar forzosamente relacionado con la vejez.

Esto es, más allá de su propia obra, Agustín Rivera y Sanromán puede además ser valioso para nuestros días por haber sido un hombre “de carne y hueso”, por decirlo con un cliché.  Pensándolo históricamente, podemos verlo como un autor situado explícitamente delante del tiempo, la condición fundamental del hombre como ser histórico. Tenía filias y fobias, afectos y emociones, construidas conforme a los contextos cambiantes en los que vivió. Es decir, su obra y extensos documentos son también testimonio de las maneras de vivir el siglo XIX, el siglo de las revoluciones liberales y de la secularización, que además las vivió “de frente”, es decir, asumiendo (un poco con voluntad y un poco por las circunstancias, como muchos hoy), esos cambios radicales, “domesticándolos” de alguna forma, pero también impulsándolos. Original pues y difícil de etiquetar, Rivera tampoco era un caso absolutamente único en el panorama cultural de su tiempo. Tal vez por ello es tanto más importante recuperarlo, al abrirnos a la puerta a la diversidad de la república de las letras de la segunda mitad del siglo XIX, nos ofrece también la posibilidad de pensar hacia el futuro nuevas combinaciones de posturas que hoy son aparentemente irreconciliables y contradictorias, pero que bien puede ser una manera de construir nuevas utopías en nuestra confusa actualidad.

Terminemos estas breves líneas con una invitación a leer a Rivera, al menos sus obras consultables en internet.

Título Año composición Vínculo
Disertación sobre la posesión 1847 http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/4/1749/10.pdf
Elementos de la Gramática Castellana 1850 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018518/1080018518_32.pdf (y sucesivos)
Sermón de la Natividad de María Santísima 1854 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_10.pdf
Tratado Breve de Delitos y Penas 1859 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018518/1080018518_19.pdf (y sucesivos)
Sermón de la Santísima Virgen de Guadalupe 1859 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000102350&page=1
Cuadro Sinóptico de los Hombres y hechos más célebres de la Historia Moderna 1864 http://dgb.conaculta.gob.mx/coleccion_sep/libro_pdf/50000007550.pdf
A la Virgen de Moya 1864 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016310/1080016310_02.pdf
Visita a Londres 1867 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020043410/1020043410.html
Compendio de Historia Antigua de Grecia 1869 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133398&page=1
Inscripciones en las paredes del Liceo de Varones del Padre Guerra 1869 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_05.pdf
Cartas sobre Roma 1870 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133396&page=1
Compendio de la Historia Romana 1870 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017008/1080017008.html
Compendio de Historia Antigua de México 1870 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/CJM/43749_1.pdf
Pensamientos de Horacio 1874 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1003094_1.pdf
Noticia histórica del exconvento de las Capuchinas de Lagos 1874 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_21.pdf (Y SIGUIENTE)
Viaje a las Ruinas del Fuertes del Sombrero 1875 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017815/1080017815.html
Documentos para servir a la Historia del Seminario Conciliar de Guadalajara (a partir de su segunda edición, en 1897, aparece ya como libro con el título Los hijos de Jalisco, o sea, Catálogo de los catedráticos de Filosofía en el Seminario Conciliar de Guadalajara desde 1791 hasta 1867. 1875 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020005449/1020005449.html
Viaje a las Ruinas de Chicomoztóc 1875 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000123159&page=1
Tratado Breve de los Sacramentos en general 1875 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387.html
Artículo sobre la utilidad del Método Escolástico 1875 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080026628/1080026628.html
Concordancia de la Razón y la Fe 1876 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133399&page=1
Sermón de Nuestra Señora de Guadalupe 1876 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000101793&page=1
La Angélica de San Agustín y el Himno Jam satis culpis 1877 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_20.pdf
Miscelánea Selecta 1880 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1020015788/1020015788.html
Tres Documentos sobre el tomo 1o del Compendio de Historia Antigua de México 1881 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/CJM/135331_1.pdf
Ensayo sobre la enseñanza de los Clásicos paganos 1881 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018716/1080018716.html
Los dos estudiosos a lo rancio 1882 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000093888&page=1
Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España tomo I 1884 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000152802&page=1
La Filosofía en la Nueva España 1885 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114182&page=1
Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España tomo II 1887 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017583_C/1080017583_C.html
Treinta sofismas y un buen argumento del Sr. Dr. D. Agustín de la Rosa 1887 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000143443&page=1
Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España III 1888 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017583_C/1080017583_C.html
Anales Mexicanos I 1889 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080012664/1080012664.html
Carta sobre una urna griega 1890 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016005/1080016005_16.pdf (Y SUCESIVOS)
La fundación de la imprenta en Puebla 1890 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_24.pdf
Valor de la Tradición oral en mi “Viaje a las ruinas del Fuerte del Sombrero” 1890 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_25.pdf
Juicio crítico de los sermones de fray Juan de San Miguel 1890 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016005/1080016005.html
Anales de la época de Reforma y la del Segundo Imperio 1890 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000147901&page=1
Contestación de Agustín Rivera a los Puntos Dudosos del Sr. C.G.M. sobre la muerte del héroe de la patria Pedro Moreno 1890 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_27.pdf
Tres Artículos sobre la Revolución Francesa 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_20.pdf
Diálogo sobre la enseñanza de los idiomas indios en los colegios de la República 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_14.pdf
San Ganelón 1891 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000115072&page=1
El Toro de San Marcos 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016005/1080016005_25.pdf (Y SIGUIENTE)
Reseña de los Reyes de España desde Isabel la Católica hasta Fernando VII 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_19.pdf
Notas al artículo de un exestudiante sobre la enseñanza de los idiomas indios 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016005/1080016005_19.pdf (Y SIGUIENTE)
Juicio crítico del opúsculo intitulado El liberalismo es pecado 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016005/1080016005_28.pdf (Y SIGUIENTES)
Descripción de una manta de Tlaxcala 1891 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018555/1080018555_25.pdf (Y SIGUIENTES)
El Cempazuchil 1891 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000047039&page=1
La vocación de Simón Bar-Jona 1892 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/90498_1.pdf
Cuatro Cosas. La filosofía, la historia, el teatro y la imprenta 1892 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133397&page=1
El joven teólogo Miguel Hidalgo y Costilla 1892 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_22.pdf
Estudios sobre la soberanía del pueblo en los libros de los teólogos católicos y sobre el derecho público en las Empresas Políticas de Saavedra Fajardo 1892 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018518/1080018518.html
Pensamientos muy filosóficos del orador jesuita Neuville sobre El Genio 1893 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018555/1080018555_22.pdf (y SIGUIENTES)
Oración del Arzobispo Alarcón en el Congreso de Higienistas 1893 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018555/1080018555_19.pdf (Y SIGUIENTES)
Lo que vale media hora para un sacerdote 1893 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080015538_V118/1080015538_22.pdf
¿De qué sirve la filosofía a la mujer, los comerciantes, los artesanos y los indios? 1893 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000124698&page=1
Paralelo entre el Contrato Social de Rousseau y un sermón del Illmo. Pérez, obispo de Puebla 1894 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000119240&page=1
Plática en la primera comunión de un niño 1894 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000115057&page=1
Carta sobre Fray Gregorio de la Concepción 1895 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_09.pdf
Discurso sobre los Hombres Ilustres de Lagos 1895 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080024848/1080024848.html
Proyecto sobre la enseñanza de los idiomas indios 1895 http://132.248.9.32/Folleteria/SigloXIX/486.pdf
Previsiones de los efectos de la Delegación Apostólica de Monseñor Nicolás Averardi en México 1896 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_23.pdf
El intérprete Juan González 1896 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_15.pdf (Y SIGUIENTE)
Espléndida inteligencia de un canon del Concilio de Trento por el Sr. Presbítero D. Gabino Chávez 1896 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016387/1080016387_10.pdf (Y SIGUIENTES)
Felicitación por el año nuevo 1896 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_26.pdf
El progreso lento y el radical en la destrucción de la esclavitud en las naciones cristianas 1897 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_28.pdf (Y SUCESIVOS)
Bodas de Oro de Agustín Rivera como escritor público 1897 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000143386&page=1
Felicitación por el Año Nuevo de 1898. “Las doctrinas modernas”. 1898 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_27.pdf
Pinturas que tiene Agustín Rivera colocadas en las paredes de su gabinete de estudio y de su alcoba 1898 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080013694/1080013694.html
El Plan del Hospicio y el Segundo Imperio 1898 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018555/1080018555_14.pdf (Y SIGUIENTES)
La imaginación de la mujer en la sociedad doméstica 1899 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_21.pdf
Pensamientos filosóficos sobre la educación de la mujer en México 1899 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080018555/1080018555.html
Los pensadores de España sobre las causas de la decadencia y desgracias de su patria en los últimos siglos hasta hoy. 1899 http://dgb.conaculta.gob.mx/coleccion_sep/libro_pdf/41000008464.pdf
Sermón que predicó el Dr. D. Agustín Rivera en la primera comunión eucarística de los niños Antonio Larios… 1899 http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_09.pdf
Despedida del Siglo XIX. Discurso compuesto por Agustín Rivera y leído por el Lic. D. Ángel Castellanos en la ciudad de Comitán en una velada artístico-literaria… 1900 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114721&page=1
Gracias 1900 http://dgb.conaculta.gob.mx/coleccion_sep/libro_pdf/50000006442.pdf
Sermón de la Purificación de María 1901 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133353&page=1
Guadalajara antes de Franklin 1901 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1004842_1.pdf
Arenga de Agustín Rivera el día de la fiesta en honra del héroe de la patria, Pedro Moreno, el 27 de octubre de 1902 1902 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1004846_1.pdf
Pensamientos de Agustín Rivera sobre el buen gusto literario y artístico 1902 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000121631&page=1
Despedida que Agustín Rivera da a Guadalajara el día 11 de febrero de 1902 1902 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114722&page=1
Carta de Agustín Rivera al Coronel Ingeniero Andrés L. Tapia sobre algunas consejas relativas al Evangelio y al libro III de los Reyes publicada por “La Libertad” 1903 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114726&page=1
Familia y parientes más notables de Jesucristo 1903 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1002682_1.pdf
Rasgos biográficos y algunas poesías inéditas de Esther Tapia de castellanos 1903 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1004845_1.pdf
Discurso que pronunció Agustín Rivera en la fiesta de la colocación de la primera piedra del Monumento a la memoria del héroe de la patria Pedro Moreno, en Lagos de Moreno, el día 15 de mayo de 1904 1904 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1002683_1.pdf
El representante del Papa en México ha elogiado el gobierno del Sr. Presidente Díaz 1905 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1002684_1.pdf
Mi estilo. Folleto escrito por Agustín Rivera, quien lo dedica al C. Coronel Miguel Ahumada 1905 http://dgb.conaculta.gob.mx/coleccion_sep/libro_pdf/11000100043.pdf
Discurso que pronunció Agustín Rivera en la Fiesta del 27 de octubre de 1906 en Lagos de Moreno 1906 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114727&page=1
Gracias al Sr. Canónigo Valverde Téllez 1906 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1002685_1.pdf
Sermón sobre la Eucaristía 1907 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000115055&page=1
Recuerdos de mi capellanía de las capuchinas en Lagos 1908 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000115054&page=1
Fray Melchor de Talamantes y D. Fray Bernardo del Espíritu Santo o sean las Ciencias en la época colonial y defensa que el autor de este folleto Dr. D. Agustín Rivera hace de sus escritos. 1909 http://dgb.conaculta.gob.mx/coleccion_sep/libro_pdf/11000025737.pdf
Discurso pronunciado por Agustín Rivera en el Palacio Nacional de la capital de México en la Apoteosis de los Héroes de la Independencia de México 1910 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/CJM/318547_1.pdf
Anales de la vida del Padre de la Patria Miguel Hidalgo y Costilla 1910 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1004723_1.pdf
Apreciaciones que hace Agustín Rivera de algunos conceptos de la alocución pronunciada por el Lic. Alfredo Muñoz Moreno 1911 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000115052&page=1
Dos doctrinas muy importantes del Papa León XIII en su epístola Plane quidem 1912 http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/83402_1.pdf
Postmortem. Carta de Agustín Rivera al Sr. Dr. D. Manuel Alvarado sobre la negativa de aquel a hacer la profesión de fe 1913 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000114725&page=1
Las Ruinas de Itálica 1915 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000133383&page=1
La poesía estudiada a los 91 años 9 meses o sea Discurso sobre la Poesía 1916 http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000088444&page=1
El cable submarino http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080016006/1080016006_21.pdf
Felicitación por el Año Nuevo http://impresosmexicanos.conaculta.gob.mx/libros/BDM/1002687_1.pdf

Agustín Rivera ultramontano

Esta semana continúo con la labor de difusión de lo que hacemos los historiadores de Lagos que formamos el Cuerpo Académico “Cultura y Sociedad”. En el marco del proyecto “Agustín Rivera y su tiempo: la cultura de Lagos en el siglo XIX” en la semana pasada tuvimos el gusto de recibir la visita del Dr. Pablo Mijangos y González, investigador del CIDE. Especialista en los estudios de la respuesta eclesiástica a la Reforma liberal, nos ha presentado una interesante conferencia analizando una de las obras de Rivera, Cartas sobre Roma visitada en la primavera de 1867. La conferencia ha sido harto interesante, en particular mas no exclusivamente para quienes participamos en este proyecto, en la medida en que nos muestra una lectura del prolífico clérigo laguense decimonónico situándolo en el contexto del final de la soberanía temporal de los Papas y el ascenso del catolicismo ultramontano. Ya lo verá el lector si tiene la oportunidad de seguir esta conferencia, Rivera, siempre identificado con el liberalismo, puede ser también interpretado como un ultramontano, cierto que sui generis, pero no menos fiel a la figura del Romano Pontífice. De paso, advirtamos que el análisis del profesor Mijangos nos muestra bien que la perspectiva política y eclesiástica del autor marca profundamente la manera, de ninguna manera neutra, en que se representa a Roma o al propio Pío IX.

Sin más preámbulo, escuchemos lo que nos expuso el profesor Mijangos la fría tarde del miércoles 27 de enero, en la Casa Universitaria del Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara.

El mundo clásico y la Roma de Pío IX en la mirada de Agustín Rivera from CULTURA Y SOCIEDAD-CULAGOS on Vimeo.

Papantzin 2

agustin-rivera-webAgustín Rivera fue profesor de Historia del Liceo de Varones de su natal Lagos de Moreno por dos años, 1869 y 1870. Fue en ese marco que, según su propia versión, reunió los materiales de los que resultarían tres de sus obras históricas: el Compendio de Historia antigua de Grecia (1869), el Compendio de Historia Romana (1872) y el que aquí nos interesa, el tomo I del Compendio de Historia Antigua de México, obra de 447 páginas impresa en 1878. Obra dividida entre los tiempos “antehistóricos” y los “históricos”, que separaba la fundación de Tenochtitlán, la segunda parte se dividía a su vez en dos libros, uno para la historia propiamente dicha y otro para la civilización bajo Moctezuma Xocoyotzin. Los relatos y descripciones se completaban además con capítulos dedicados a lo que el doctor Rivera llamaba “filosofía de la historia”, las reflexiones generales sobre su escritura. Es justo al cierre del libro primero de la seguna parte y en uno de esos capítulos que abordó la historia de Papantzin, con el significativo subtítulo de “Falta de crítica en España y México en los siglos XVI, XVII y XVIII”.

Entre Clavijero y Prescott, es decir, entre la historicidad o no del relato de la princesa, el doctor Rivera elegía la interpretación de este último: aceptaba la “expectación universal” de los aztecas y con ella la historicidad de la creencia en los presagios, pero negaba su veracidad y su carácter objetivo de “vaticinios de la venida de los españoles”. Contra la veracidad del relato reunió un total de doce observaciones. En ellas argumentaba a varios niveles; destaquemos en primer lugar, la crítica histórica: Rivera cuestionaba los argumentos que Torquemada y Clavijero habían usado como testimonios del milagro, a saber, una información jurídica “que no se sabe cómo se hizo ni en qué tiempo”, así como ciertas “pinturas”, más insistía en que estas últimas como escrituras jeroglíficas, lejos de ser un testimonio cierto se prestaban a confusión. Tan era así que ya en su historia de Grecia antigua había afirmado que los jeroglíficos habían sido una de las causas de las mitologías. Notaba además la ausencia del relato en otras crónicas del siglo XVI, a pesar de que Clavijero tenía el hecho por “público y estrepitoso”.

Compendio Historia Antigua MéxicoDe esta forma, en la observación séptima pudo construir un relato “probable” del incidente, fundado en la locura de Papantzin, dando por válido lo que en el relato de Torquemada había sido un elemento para alegar más bien la ceguera de Moctezuma. La princesa simplemente “se creyó muerta y se hizo colocar en una gruta de su jardín a guisa de sepulcro”.

Conviene subrayarlo, ésta no fue ni la primera ni la última vez que Rivera se ocupó de discutir milagros. Lector no sólo de Prescott, sino además autoproclamado seguidor del padre Feijoo, benedictino español del siglo XVIII, representante de la llamada “Ilustración católica” del mundo hispánico. Ya lo había citado y elogiado con cierta amplitud en su Compendio de historia antigua de Grecia, lo seguiría haciendo en varios de sus textos, en que abundaría en la crítica de las prácticas religiosas católicas, y contra lo que estimaba como “supersticiones” como las leyendas de almas que volvían del más allá. En un siglo que, según ha mostrado la obra de Guillaume Cuchet, el tema de las ánimas del Purgatorio seguía siendo fundamental para la Iglesia, Rivera se mostraba más bien escéptico.

Más todavía, en una interpretación semejante a la de otros autores liberales, no dejó de apuntar al uso político de los relatos de milagros. Papantzin, en su locura podía en efecto haber hablado “a su hermano de la caída de su monarquía”, pero estimaba que el tema del presagio de la Conquista no era sino un añadido posterior. Bien podía haber sido inventado por los indios, “para congraciarse” con los españoles “y aliviar de algunos modos el yugo de fierro que pesaba sobre su cuello”, afirmaba haciéndose eco de la visión negativa de la dominación española; o al contrario, sería obra de los españoles “para apoyar su conquista y dominación en una sanción divina”.

Sin embargo, esta crítica histórica de inspiración ilustrada y moderna, iba de la mano con una perspectiva antropológica, que si no ameritó entonces una reflexión más explícita, puede relacionarse con pasajes de otras de sus obras anteriores. Así, si algo aparece de forma constante es el tema de la desigualdad del progreso humano, en parte por razones como el origen geográfico: los indios, por ejemplo, “tienen una imaginación muy exaltada, que revela su origen oriental”, decía. Esta desigualdad la había explicado ya en el Compendio de historia antigua de Grecia: los pueblos “de la descendencia jafética”, los asiáticos, se habrían “civilizado más tarde” en virtud de su dedicación al nomadismo, mientras que semitas y camitas, al establecerse en territorios más favorables al sedentarismo, lo habrían hecho antes. La civilización, afirmaba Rivera, requería no sólo de “paz y progreso”, sino de “radicación en un lugar” al menos “en su infancia”. Esto tenía consecuencias permanentes, paradójicamente una “infancia” estable había garantizado el posterior dinamismo de los europeos, “inclinados al movimiento”. Por ello en su caso se podía conjugar en pasado la creencia “las relaciones de apariciones de muertos”.

Compendio de Historia Antigua de GreciaMas la naturaleza humana, no por progresar dejaba de ser imperfecta. La misma observación séptima de Rivera afirmaba con pesimismo: “Es muy fuerte la pasión por lo maravilloso que todos tenemos radicada en nuestra naturaleza”. Sobre sus debilidades y fortalezas había disertado ya un poco antes, en su breve tratado escolástico Concordancia de la razón y la fe, publicado en 1876. En él, defendía la idea de que la “razón natural” existía en todos los pueblos, incluso en los paganos, pues como tal era independiente de la revelación religiosa. Esto, empero, significaba también que esa razón natural tenía límites, “herida por el pecado original” decía en ese tratado, padecía una “ignorancia invencible” que le impedía el conocimiento del “conjunto de verdades que constituye la religión”. Esto nos lleva así a la problemática teológica del relato de la resurrección de Papantzin, que veremos en algunas semanas más.

Papantzin

agustin-rivera-webUno de los episodios proféticos más célebres de los relatos de la Conquista de México es el de la resurrección de Papantzin. No siendo propiamente especialista del tema de la Conquista, sino un mero interesado en la historia religiosa y política de los siglos XVIII y XIX, no pretendo aquí analizarlo en todos sus alcances. Me interesa tan sólo la versión de un autor en particular, el Dr. Agustín Rivera y Sanromán, longevo clérigo, prolífico publicista y erudito historiador (1824-1916), a quien vemos en la imagen y que representaba, en el último tercio del siglo XIX y los primeros años del XX, un característico esfuerzo por construir un discurso conciliador entre liberalismo y catolicismo. En efecto, Rivera recuperaba al mismo tiempo la crítica histórica moderna, con su cuestionamiento de creencias que se calificaban como “superstición” y “fanatismo”, pero también se consideraba representante de la teología católica más tradicional, fundada en Santo Tomás de Aquino. Polemista nato, la memoria de la Conquista de México, episodio fundador de la historia nacional mexicana cuya interpretación en lo político y en lo religioso no dejaba de ser tema de controversia en el siglo XIX, no podía serle ajena. Trató de él en varias de sus obras históricas, en particular en su Compendio de historia antigua de México de 1878, que motivaría una larga censura negativa de la mitra de Guadalajara, cuyo primer punto trató precisamente del relato que hizo de la resurrección de Papantzin. Por ahora, en este artículo vamos a limitarnos a un recorrido por la historia del relato justo hasta la época de nuestro autor.

Monarquía IndianaLa historia de una mujer que sale de su sepultura una noche tras cuatro días después de su muerte para advertir a Moctezuma el final de su “señorío” aparece ya en la Historia general de fray Bernardino de Sahagún, cuyo manuscrito data de mediados del siglo XVI. Sin embargo, hasta donde sabemos, el relato tomó su versión casi definitiva en la Monarquía indiana de fray Juan de Torquemada, obra publicada a principios del siglo XVII y cuya portada vemos en la imagen. A la luz de los trabajos recientes, casi sobra decir que estos cronistas escribían desde una perspectiva occidental cristiana, en que los grandes acontecimientos eran, como en los relatos bíblicos o de la Antigüedad grecolatina, necesariamente anunciados de manera sobrenatural. La caída de Tenochtitlán era la de una nueva Jerusalén. El padre Torquemada tomaba explícitamente como modelo la historia de Flavio Josefo, evocaba los propósitos divinos de esas advertencias para la enmienda de “los errores de su gentilidad y ceguedad de sus vicios” de los mesoamericanos. Aunque retomaba los incidentes que ya antes había expuesto el padre Sahagún, Torquemada se detuvo sobre todo en la historia que nos interesa, que presentaba como el más explícito de los presagios, pues los demás “no daban claridad de lo que significaban”, de ahí que le dedicara todo un capítulo.

A más de hermana de Moctezuma, el personaje central, que en esta crónica se llama simplemente “Papan”, era viuda del señor de Tlatelolco. En buena lógica occidental, por todo ello, era tratada “con mucho respeto y cuidado”. Enterrada en un jardín, resucita al amanecer del siguiente día apareciendo ante una niña. El relato está marcado por el miedo y el misterio, su “mayordoma” se desmaya al verla, y por poco ocurre lo mismo con otras dos “dueñas” llamadas en auxilio de la primera. Papan se oculta por un día entero, antes de llamar a “su mayordomo y ayo”, para hacer venir a Moctezuma a través de su tío Nezahualpilli, “rey” de Texcoco. “¿Eres tú hermana o el demonio en tu figura?” pregunta al verla finalmente su hermano, presentado aquí como “muy cobarde en cosas de agüeros”.

Por fin, Papan transPapantzinmite su mensaje: habría sido transportada a un valle surcado por un río, y al tratar de atravesarlo la detiene “un mancebo vestido de hábito largo, blanco como un cristal, relumbrante como el sol”, con la señal de la cruz en la frente y alas en la espalda. Recorre el valle de su mano, y le muestra “muchas cabezas y huesos de hombres muertos y otros muchos que se quejaban con gemidos muy dolorosos”, así como “personas negras con cuernos en la cabeza y los pies de hechura de los venados o ciervos”, y finalmente, la llegada de “unos navíos muy grandes” con los conquistadores, “hijos del sol”. El “mancebo” le explica que ellos “habían de ser señores de estos reinos” y los huesos pertenecían a “nuestros antepasados que no habían tenido lumbre de fe”. Ella estaba destinada a “gozar de la fe” que trajeran los conquistadores, e incluso tenía el encargo de “guiadora de las gentes” al bautismo. Moctezuma preso de la turbación, fue consolado con el argumento de que su hermana “estaba loca y que con el mal grave que tenía disvariaba”. En buen relato evangelizador, la profecía se cumple, y Papan, que en adelante habría seguido una vida de ayuno y “muy particular y recogida”, se bautizaría tras la conquista como María Papan, “haciendo vida de buena cristiana”.

ClavijeroEl relato del padre Torquemada llegó al siglo XIX fundamentalmente a través del padre Clavijero (cuyo retrato del Museo Nacional de Historia vemos en la imagen), quien lo retomaba de manera puntual en su Historia antigua de México, publicada en Cesena en 1780, aunque le da a su protagonista el nombre ya definitivo de Papantzin. Obra que se inscribe en el contexto de la respuesta a la negativa imagen americana de la Ilustración europea, aunque tenida por más “racional”, no dejaba de validar este tipo de presagios. “No es inverosímil que habiendo Dios anunciado con varios prodigios la pérdida de algunas ciudades […] quisiese también usar de la misma providencia con respecto al trastorno general de un mundo entero”, afirmó el padre jesuita.

La obra de Clavijero, traducida al español hacia la tercera década del siglo XIX, se convirtió en figura de autoridad que validaba la historicidad de la resurrección de Papantzin. Al menos lo fue para Carlos María de Bustamante, publicista liberal y católico quien lo citaba en su edición de la obra del padre Sahagún de 1829. En cambio, fue cuestionado por otros historiadores de la Conquista como William Prescott, quien se afirmaba sorprendido del crédito que le daba Bustamante a esa resurrección que el prefería no mencionar sino en nota a pie de página, aunque no dejó de encontrar “glimmerings of truth” en los presagios. Es decir, dudaba de los eventos pero no de la creencia generalizada en ellos, ni del ambiente de inquietud reinante en Tenochtitlan bajo Moctezuma. Algo semejante fue la visión de los historiadores liberales de la segunda mitad del siglo. Guillermo Prieto, en sus Lecciones de historia patria de 1886 la calificaba de “leyenda absurda” pero no dudaba de que “tuvo grande boga”, contribuyendo incluso a la imagen de “supersticioso al extremo” de aquel gobernante mexica. Los liberales asociaban la religión popular con la superstición y proyectaban esa imagen del presente hacia el pasado sin mayor dificultad.

Roa BárcenaEmpero, la resurrección de Papantzin tuvo todavía difusión en otros ámbitos. José María Roa Bárcena la incluyó en sus Leyendas mexicanas de 1862, poniendo en verso los presagios en conjunto y en particular la historia de la princesa. Casi dos décadas más tarde, los pintores Isidro Martínez y Juan Urruchi se ocuparían del tema aparentemente en trabajos para un concurso en la Academia de San Carlos. En la tercera imagen de esta entrada vemos justo el cuadro de Martínez de 1880, procedente del Museo de Bellas Artes de Toluca, tomado de un artículo de Stacie G. Widdifield publicado en el Art Journal en 1990. El personaje había pasado así de los relatos edificantes de las crónicas misioneras a los proyectos de cultura nacional del siglo XIX, que es donde lo encontró el doctor Rivera y Sanromán en la década de 1870. Cerremos pues este artículo con unos versos de Roa Bárcena sobre nuestra princesa resucitada:

De pueblos humildes y grandes naciones
Que llenan, mezclados, la faz de la tierra,
Y al yugo se inclinan o encienden la guerra,
Escrito en los cielos el término está.

Y cuando se acerca — la historia lo dice —
Anuncian su adverso destino futuro
Presagios, visiones, los signos del muro.
La tierra temblando, saliéndose el mar.

En medio de agüeros de gran desventura,
Dios quiso a la azteca gentil monarquía
Con raro portento mostrar cierto día,
si bien entre sombras, la luz de la fe.

Sacó del sepulcro discreta princesa
Que a reyes y plebe contó lo que ha visto;
Con ello el apóstol primero de Cristo
En estas regiones de América fue.

Objetos profanadores

Juan Cruz Ruiz Cabañas y CrespoEn las primeras décadas del siglo XIX comenzaron a circular por la Nueva España y continuarían llegando al México independiente cargamentos de objetos diversos que, por contener imágenes que o bien profanaban símbolos o personajes religiosos, o bien eran directamente “obscenas”, llegaron a preocupar seriamente al clero. Hasta donde sabemos, no ha habido un estudio que haga un seguimiento exhaustivo al respecto, por nuestra parte sólo podemos citar testimonios dispersos de la prensa veracruzana y de los edictos y circulares del obispado de Guadalajara. Lamentablemente la mayoría no contienen sino meras alusiones y no descripciones detalladas de esos objetos, tampoco sabemos su origen preciso, más allá de que se sobreentendía que no eran de producción local, lo cual no sería de sorprender en dos regiones con puertos importantes, como el de Veracruz y el de San Blas.

Los tres testimonios que contamos de Guadalajara son edictos que datan de 1812, 1822 y 1828. El primero, expedido por el obispo Juan Cruz Ruiz Cabañas y Crespo (a quien vemos en la imagen, retrato conservado en la sacristía de la Basílica de San Juan de los Lagos, foto de Simona Villalobos), tomaba medidas para detener la circulación “un considerable número de pañuelos de polvos” en los que estaban estampadas no sólo el más importante símbolo del cristianismo, la Cruz, sino incluso “insignias de la jurisdicción de la Iglesia, ornamentos, distintivos y hábitos de sus ministros”. El prelado, que siempre se distinguió por su preocupación por defender lo sagrado, decía con toda claridad: “no puede darse un tratamiento más indecoroso e irreverente” especialmente a la Santa Cruz, “que el de envolverla entre las inmundicias que recoge un pañuelo de narices”. Sabemos que se circuló por cordillera a toda la diócesis, de hecho el ejemplar que se conserva en el Archivo Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara (AHAG, Edictos y circulares, c. 6, exp. 55) corresponde a la que se envió a la recóndita región de Bolaños y Colotlán, por lo que podemos suponer que se conoció por buena parte de la extensa diócesis. En cambio, desconocemos sus resultados; de hecho, ya desde esta época es difícil decir si la autoridad eclesiástica lograba tener éxito en confiscar esos objetos profanadores.

Una década más tarde, el propio monseñor Cabañas debía dirigir un nuevo edicto desde la villa de Aguascalientes (AHAG, Edictos y circulares, c. 7, exp. 44), ante todo sobre el tema de los libros, pero que se extendía a tratar también de “pinturas, tejidos y otros artefactos”, entre ellos de nuevo pañuelos, pero también “relojes y medias”. Introducidos por vía de San Blas desde el extranjero, en ellos, el problema en principio era el mismo que en 1812: “contienen objetos de los más augustos de nuestra religión en cosas puramente profanas, destinadas a los usos más viles”, pero había también una novedad, podían presentar “personas y escenas en las actitudes más impuras”. Esto es, por lo que tocaba al menos a las pinturas, sin duda se trataba de estampas de contenido “obsceno”, o por decirlo en términos algo anacrónicos, la pornografía de la época. “Harto corrompida está nuestra naturaleza sin que necesite de estímulos tan degradantes e injuriosos al mismo infeliz que los posee” sentenciaba el obispo, ordenando su confiscación a través de los párrocos y su envío a la Secretaría de cámara y gobierno episcopal.

DSCF4288Este último documento sería recuperado por el doctor Diego Aranda y Carpinteiro en agosto 1828 (AHAG, Edictos y circulares, c. 8, exp. 2), actuando entonces como gobernador de la mitra tapatía, de la que sería titular más tarde. En un extenso edicto dirigido sobre todo a perseguir la introducción de ediciones protestantes de la Biblia, incluyó en la penúltima de sus indicaciones la prohibición de estos “artefactos”, empezando por esculturas y pinturas. Justo un par de años antes, en 1826, precisamente unas “pinturas obscenas” habían dado ya motivo para un intercambio en la prensa,  pero la del otro lado de la República, en los alrededores de la capital del Estado de Veracruz, concretamente en las páginas del periódico de los liberales moderados El Oriente.

El 11 de septiembre de 1826 se publicó en dicho diario un “remitido”, es decir, una carta de un lector, bajo el seudónimo “El ranchero”. Era un propietario de la región de Xalapa, de la municipalidad de Coatepec, quien se quejaba de que, en su ausencia, el alcalde de ese pueblo, por encargo del alcalde primero de Xalapa, Juan Francisco Caraza, había registrado exhaustivamente su casa (“hasta el extremo de introducirse en la pieza interior donde duermo” en busca de “cuatro cuadros […] por haber sido delatados de sumamente obscenos, indecorosos e indecentes”, que no fueron encontrados. El quejoso se extendía tanto en el incumplimiento de los procedimientos judiciales adecuados como en lamentar la falta de “caridad evangélica” de quien hubiera hecho la denuncia. De hecho, concluía irónicamente: “¡Lástima que no exista la santísima inquisición! Tendría el gusto de verme asadito”.

Unos días más tarde, el 17, otro “remitido” bajo el seudónimo de Quiquomdam, salió en defensa de Caraza, revelando que “El ranchero” debía ser don Joaquín Posadas, que la casa estaba en el rancho de La Orduña, y que el denunciante no era sino el párroco de Xalapa, Luis de Mendizával y Zubialdea. Clérigo ilustrado, antiguo diputado en Cortes, y hombre cercano a los liberales moderados (en 1830 lo harían ciudadano de Veracruz por “sus esclarecidas virtudes, acreditado patriotismo y mérito literario”), el párroco de Xalapa recibió de inmediato un breve elogio. “Su ciencia y virtudes ajenas de ridiculez, lo liberan de la nota de sospechoso; y como que se tiene por parte, el juez no tiene más que proceder”. Es decir, el procedimiento habría sido, aunque no del todo conforme a las leyes, al menos legítimo. Cabe reconocerlo, así como el obispo Cabañas, el párroco buscaba el apoyo de la autoridad secular, en el entendido de que ésta era una autoridad pública comprometida también en la protección de la religión.

DSCF3716Empero, de nuevo la efectividad del recurso a las autoridades civiles era más que dudoso. De hecho, el conjunto de los “remitidos” publicados en El Oriente, muestran que ya entonces el nuevo orden liberal, a pesar de haber establecido un compromiso muy claro con la religión católica, no compartía siquiera las preocupaciones del clero sobre la peligrosidad de estampas y esculturas, pañuelos o medias. Un último “remitido”, firmado por “El metelón” lo dejaba claro: “aunque sea [el párroco] más doctor que San Agustín”, el alcalde Caraza no debía sino sujetarse a la ley pues si “sólo procedió atenido a que el padre lo dice: ya paso ese oscuro tiempo”. La defensa del alcalde incluso resultaba irrisoria: “ha dado que reír con el paralelo que hace, de que es lo mismo ocultar ladrones, que cuadros obscenos”.

Rememorando un decreto de 1824

DSCF3401 - copiaDebió ser hacia el año 2001 cuando el Dr. Juan Ortiz Escamilla me sugirió que consultara la Colección de leyes y decretos de Veracruz para lo que luego sería mi tesis de licenciatura. Descubrí que la colección publicada en 1997 no incluía los años que más me interesaban entonces (1833-1834), pero justo eso me obligó a revisar los que correspondían a los años del primer federalismo desde 1824. Fue entonces que tomé conocimiento del decreto 19 del Congreso Constituyente, “Sobre la formación de aranceles parroquiales y prohibición de ofrendas, responsos nocturnos, etc.” de agosto de ese año. Como ese título indica, era una medida de los legisladores veracruzanos que, en su primera parte, establecía normas para el cobro de derechos por parte de los párrocos, pero que en sus últimos artículos prohibía además diversas prácticas religiosas, las más de ellas relacionadas con el dinero (la demanda de limosnas, “venta de rosarios, escapularios y estampas”) pero también otras que eran propias de las festividades populares (“danzas, fuegos artificiales, comilonas”).

Si bien ya entonces me di cuenta de su importancia, a la distancia veo que en realidad despaché en breves líneas un documento que se prestaba para un análisis más amplio. En la tesis, incluso en la versión publicada en 2006, y ya antes en un artículo que publiqué en la revista Ulúa, dí cuenta del decreto, de la reacción del episcopado, en particular la del obispo de Puebla, mas me interesó sobre todo señalar la moderación de ambas partes. No fue sino hasta los años en que estudié el doctorado, que reparé, en primer lugar, en la amplitud del debate. Es cierto, ya en la tesis de licenciatura citaba fragmentos de folletos que el Dr. Brian Connaughton mencionaba en su obra Ideología y sociedad en Guadalajara (CONACULTA, 1992). Mas sólo cuando la Dra. Annick Lempérière me señaló la importancia de una consulta más amplia de la prensa y folletería de la época fue que descubrí, por una parte, el periódico El Oriente de Xalapa, que claramente era el medio de expresión de los constituyentes veracruzanos (su editor era el diputado Sebastián Camacho). Por otro lado, pude entonces buscar la Contestación del obispo poblano en la Colección Lafragua de la Biblioteca Nacional de México.

El Oriente1Fue así que en dos artículos, publicados en 2010, sobre todo en el que traté el tema de la limosna, volví sobre este decreto, apuntando ya a la importancia de ese debate público por lo que tocaba a la relación entre prácticas religiosas y dinero. En la tesis doctoral pude exponer con cierta amplitud las “opiniones sobre la religión y [el] anticlericalismo” de los publicistas veracruzanos, incluyendo los de El Oriente. En el verano y el otoño de 1824, dicho periódico abundó en sus críticas contra la “superstición”, las “preocupaciones” (prejuicios, diríamos hoy) y el “fanatismo” de quienes criticaban al decreto 19. Se publicaron en particular “remitidos” (cartas) de autores anónimos pero que elegían elocuentes seudónimos (“El arriero despreocupado”, “El ermitaño Prevost”, “El Anti-Inquisidor”) y que respondían a las publicaciones de El Caduceo de Puebla (sobre todo al Católico poblano), que tomó la defensa del obispo. Prensa irónica e incluso satírica respecto de las prácticas religiosas de la época, no dudaba en calificar de “sacaliñas” a las reliquias, de “ociosos zaragates” a los cuestores de limosnas, de “mitotes” a las representaciones de Semana Santa, así como de “ridículos farsantes” a quienes participaban en ellas, por sólo citar algunos ejemplos. Empero, la crítica, siendo mordaz, no apuntaba sino a la protección de lo sagrado, caricaturizando las mezclas con lo profano (representado no sólo por el dinero, sino también por la violencia, la embriaguez y la sexualidad), reclamaban los publicistas de manera insistente la pureza de la religión, bien ilustrada en sus artículos incluso de temas litúrgicos oponiendo a los populares responsos, la solemnidad de la misa.

El Oriente, además, no desaprovechó la prohibición de libros que justo por entonces emprendiera el obispo poblano, para abundar también a favor de su libre circulación. A propósito del obispo Pérez y de su Contestación, en la tesis doctoral señalé el desfase entre su vocabulario del obispo y el de los diputados. Ahora creo que bien valdría la pena hacer mayor énfasis aún en su defensa de la jurisdicción eclesiástica y de aquellas prácticas, abundando en su legitimidad, reconociendo empero la posibilidad de hacer reformas. En un tenor semejante va un último material, de la colección de misceláneas de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, del que sólo ahora me he percatado su existencia. Se trata de un folleto más, el Dictamen de la comisión eclesiástica nombrada por el señor obispo de la Puebla sobre el decreto del honorable Congreso de Veracruz que trata de aranceles. Aunque, como cabía esperar, muy semejante a la respuesta episcopal, es interesante por su esfuerzo en citar autores que no fueran “sospechosos de parcialidad” como Van Espen, el célebre canonista anticurial del siglo XVIII.

Al paso del tiempo no es posible dejar de repetir que el tono de los intercambios es más bien moderado, trasluciendo la voluntad de mantener el pacto fundamental de una república en que el catolicismo era religión nacional. Empero, es cierto, al mismo tiempo el debate anticipaba ya los ejes sobre los que la discusión no haría sino polarizarse. Por una parte, el mantenimiento de la distinción entre jurisdicciones que cooperaban o la concepción de una soberanía estatal omnipotente; por otra, la distinción también entre disciplina externa modificable y dogma inalterable, o en cambio, la imposibilidad de reformar la primera sin caer en proposiciones “formalmente heréticas” o “cuando menos, vehementemente sospechosas”, según los términos de la comisión eclesiástica que dictaminó el decreto. El decreto y el debate que ocasionó, planteaban así la dificultad de establecer a quién había de corresponder el control y la reforma de la sociedad, si podía tratarse de una tarea compartida o completamente exclusiva; esto es, cuáles eran los verdaderos “supremos poderes” de la nueva nación. En ese sentido, aun siendo moderado, fue un aporte interesante, y además de impacto nacional según prueban las publicaciones de los documentos eclesiásticos en Guadalajara, en el proceso de secularización en México.