Sin rostro para la iglesia

DSCF4386Los documentos eclesiásticos constituyen una fuente rica para la historia de las sensibilidades. Y es que en el catolicismo las iglesias han sido escenario particularmente comprometido de la delimitación de categorías sensibles como lo bello y lo feo, lo decente y lo indecente, lo digno y lo indigno, lo grave y lo irreverente, por sólo citar algunas.

Esas categorías no podían sino ser tema frecuente en esta bitácora: lo hemos tratado lo mismo con el aceite que con la música, con las campanas como las voces de los sacerdotes. Desde luego, la presencia femenina en las iglesias, su ropa y su arreglo constituyen un aspecto interesante de ese tema. Pues bien, a reserva de volver sobre ello más adelante, destaquemos que incluso el rostro de una mujer, seguramente demandante de limosnas, podía generar la preocupación de la autoridad eclesiástica. Nos lo muestra la circular del Gobierno Eclesiástico de Guadalajara, cuyo sello vemos en la imagen y que transcribimos a continuación. Destaquemos además que este breve documento nos muestra bien la importancia que para los eclesiásticos mantenía el respeto y dignidad de los espacios sagrados, hasta el punto de recurrir para su protección a la autoridad civil.

 

Archivo Histórico del Arzobispado de Guadalajara, Edictos y circulares, c. 9, exp. 18.

“Señores curas y rectores de las iglesias de esta capital

[Al margen]: Sagrario, Soledad, Merced, Universidad, Santa Teresa, Jesús María, Carmen, S. Felipe, Jesús, Santa Mónica, San Diego, Santiago, Belén, Enseñanza, Tercera Orden de Santo Domingo, San Agustín, San Francisco, Mexicalcingo.

Circular.

No hace mucho tiempo se expidió una circular por este Gobierno eclesiástico, previniéndose no se permitiera en las puertas de las iglesias a una mujer bastante deforme de la cara, que con su aspecto aun retrae a los fieles del ingreso al Templo y como se ha vuelto a tener conocimiento que dicha mujer sigue concurriendo a ellas, por la presente se recuerda  el cumplimiento de la referida circular, valiéndose, si necesario fuere, aun del auxilio de la policía para impedírselo, de manera que no vuelva a pararse en ninguna iglesia dicha mujer.

Dios nuestro Señor guarde a VV. muchos años. Guadalajara, mayo veinteiuno de mil ochocientos sesenta.

Ignacio M. Guerra.”

 

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