Sala Capitular de la Catedral de Sevilla

En algún otro momento, siendo estudiante de doctorado, dediqué este espacio a recorrer, con la ayuda de fotos, algunos puntos muy concretos de la ciudad de París. Hoy aprovecho esa invención tan particular es el Google Street View para un ejercicio semejante, pero esta vez en otra ciudad europea. Abajo de estas líneas encontrará el lector una imagen dela Sala Capital de la Catedral de Sevilla. Construida en el siglo XVI, caracterizada por su forma elíptica, decorada con cuadros de Murillo que representan a dos santos de la monarquía hispánica, San Fernando y San Hermenegildo, dos santos obispos sevillanos, San Leandro y San Isidoro, y a las dos santas patronas de la ciudad, Santa Justa y Santa Rufina.

Durante siglos fue sin duda uno de los lugares más importantes de la ciudad. Es el espacio en que el cuerpo de clérigos que gobernaba esta iglesia, los canónigos de la Catedral, se reunían para deliberar. A decir verdad, conozco poco de ella como espacio, pero me resulta interesante a título personal porque los documentos que conozco de la Catedral son mayormente “Autos de cabildo pleno”. Esto es, las actas en que se asentaban sus discusiones y decisiones producto de las reuniones de los 11 dignidades, 40 canónigos (existía también el “cabildo de canónigos” por separado), 19 racioneros y 18 medios racioneros. Digo todo género de temas, porque lo mismo era el momento de atender las cuestiones relacionadas con los ingresos de la Catedral, que las reparaciones o las obras nuevas para mayor ornato del edificio; pero también, para regular el culto, siempre necesitado de alguna reforma, o para establecer medidas que reforzaran el carácter de espacio sagrado propio de la Catedral.

En esas reuniones, además, los canónigos recibían las noticias de la coyuntura política sevillana y de la monarquía hispánica, y participaban en ella con actos litúrgicos. Era en esta sala donde se decidían las numerosas rogativas, o que se agregaran las oraciones pertinentes en las misas para atender a una ciudad en que no faltaban las sequías o el exceso de lluvias, o cuyos campos se llegaban a ver amenazados por alguna plaga. Los canónigos cumplían así su deber para con el público, pero también con la monarquía, era ahí donde se decidía, asimismo, la forma en que la Catedral y, por tanto, la ciudad, participaba en los numerosos ceremoniales de la familia real, con motivo de fallecimientos, bautismos, embarazos o matrimonios que tenían lugar en su seno. Por supuesto, esta sala se vio frecuentada también por representantes de la corporación municipal sevillana, al menos en el siglo XVIII, que es el que menos desconozco. La sala era también el teatro de las cortesías entre esas solemnes corporaciones que cogobernaban a la capital hispalense del Antiguo Régimen.

Y no podía faltar, era la sala donde llegaban a plantearse discusiones, aun entre esos graves eclesiásticos del Antiguo Régimen, bien que de ello no nos han llegado testimonios abundantes. En cambio, sabemos que alguno de los capitulares llegó a tratar de evitar estas reuniones: el auto de 18 de julio de 1764 cita una denuncia en el sentido de que “uno de los señores” había estado en el callejón que daba a la sala durante el Cabildo y no en él. Esto es, a pesar de lo fastuoso de su decorado, propicio para hacer entender al espectador su carácter de asiento de un poder de origen divino y bien asentado sobre la tierra, no dejaba de ser a veces un espacio más de la complicada administración catedralicia.

El lector, cabe finalmente, aprovechará la visita para explorar por esta misma vía otros espacios de la Catedral de Sevilla, a alguno tal vez llegaremos a dedicarle atención en este mismo espacio.

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