Orando en Sevilla por personajes trasatlánticos

DSCF3991Los visitantes de la Catedral de Sevilla son testigos hasta nuestros días en ciertas fechas de una de las que fuera otrora una ocupación fundamental de su Cabildo Catedral, beneficiados, capellanes y clérigos: la oración por los difuntos. Quien recorre sus vastas naves lo comprenderá de inmediato poniendo un poco de atención: la Catedral es espacio de convivencia entre la Iglesia purgante y la Iglesia terrena (también con la Iglesia triunfante, claro está), como se nota en las numerosas tumbas que se hayan en varios puntos del pavimento de las naves, cerca de los altares de las capillas laterales y claro está, en la Capilla Real. Cada año se celebraban numerosas misas de aniversario, solemnes y comunes, algunos con vísperas y responsos. De hecho, según la Regla del coro y cabildo de 1760, los primeros aniversarios del año correspondían a los reyes medievales Alfonso X, Alfonso XI y Sancho el bravo y las reinas Berenguela y Beatriz, desde luego, en la Capilla Real. En diciembre, se recordaba ni más ni menos que a los Papas León X y Julio II en la capilla de las Escalas, y en julio se celebraba el aniversario por el Papa Urbano VIII “en agradecimiento a los beneficios” que de él había recibido el Cabildo Catedral.

DSCF3993A más de la memoria de reyes y sumos pontífices, la Catedral oraba de manera casi cotidiana por varios arzobispos de Sevilla, por obispos que habían salido de su coro, y claro está por dignidades, canónigos y racioneros de ella. Entre ese amplio contingente cada 27 de enero le tocaba, siempre según la misma regla, a don Juan Antonio de Vizarrón y Eguiarreta, quien había sido arcediano de Sevilla, dignidad de la Catedral, antes de ser promovido a arzobispo de México entre 1731 y 1747, habiendo sido también virrey y capitán general del reino de la Nueva España. Decía claramente la regla, no era, como en otros casos, una dotación particular del finado o su familia, sino una iniciativa de la propia corporación, “en atención a las generosas dádivas que remitió en vida a esta Santa Iglesia para el culto divino”.

Y en efecto, el visitante que llegue a la Catedral podrá ver todavía algunas de ellas. En el altar de plata, ya lo he mencionado en alguna ocasión en este blog, se encuentran los portacirios que donó, justamente de ese material y que se conocen también como los “vizarrones”, y exhibidas en el tesoro de la Catedral se cuentan un cáliz con patena, unas vinajeras con campanilla y platillo que vemos aquí en las imágenes, remitidas también por el metropolitano de México. Puede verse más sobre la relación de Vizarrón con el Cabildo Catedral de Sevilla en un artículo que publicara don Pedro Rubio Merino en las Actas de las I Jornadas Andalucía y América, disponible en la página web de la Biblioteca de la Universidad Internacional de Andalucía, Fondo Digital de La Rábida.

Volviendo a las oraciones, cabe decir que Vizarrón no era el único prelado de tierras americanas por quien se oraba en la Catedral hispalense. Se recordaba también, pero aquí sí por haber sido fundador y dotador de dos celebraciones, a don Gonzalo López de Ocampo, quinto arzobispo de Lima entre 1623 y 1627, antiguo arcediano de Niebla y canónigo sevillano, quien había ordenado la celebración de los maitines de la Inmaculada Concepción y la sexta solemne de la Ascensión.

Tumba de Colón con ofrendasEn fin, no está de más recordar también el responso de cada 12 de julio “que se canta sobre la sepultura de D. Hernando Colón que está en el trascoro”, hijo de Cristóbal Colón, cuya tumba se encuentra también en la Catedral, trasladado su cuerpo desde La Habana cuando España perdió la isla de Cuba. Y sí, es ante dicha tumba que en nuestros días, cada 12 de octubre, el Cabildo Catedral con las autoridades civiles y militares, acude a recuperar es antigua función suya de rezar por los difuntos, dedicando un responso al Almirante, seguido de un Te Deum en la Capilla de Nuestra Señora de la Antigua, que se encuentra justo al lado.

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