Obispos, cabildo catedral y libertad eclesiástica

Sergio Francisco Rosas Salas, Obispos, cabildo catedral y libertad eclesiástica. Puebla, 1847-1855, tesis para obtener el grado de maestro en Ciencias Humanas, El Colegio de Michoacán-Centro de Estudios sobre las Tradiciones, 2010.

Quienes estamos interesados en la historia de la Iglesia católica del siglo XIX, debemos sin duda congratularnos por la conclusión y defensa de esta interesante tesis. Es cierto, el tema de los cabildos catedrales no es nuevo, pues existen estudios de Frederick Schwaller, Óscar Mazín, David Brading, Luisa Zahíno Peñafort, entre otros, sobre los canónigos de México y de Michoacán, siendo la tesis del profesor Mazín (El cabildo catedral de Valladolid de Michoacán, El Colegio de Michoacán, 1996) la obra reciente más amplia sobre estas corporaciones. Además, la historiografía económica ha prestado atención a un tema que lleva a tratar, así sea de manera indirecta, con los cabildos catedrales: el diezmo, la contribución en especie que los productores agrícolas y ganaderos debían pagar, y cuya administración constituía una de las ocupaciones principales de los canónigos.

Mas faltaba en la bibliografía un estudio sobre los cabildos catedrales del siglo XIX y de la forma en que afrontaron los cambios que significó el final del Antiguo Régimen, y tal es lo que nos ofrece Sergio Rosas en su tesis de maestría, tratando el caso del Cabildo Catedral de Puebla, la segunda catedral en importancia tras la de México. El autor ha elegido además un período particularmente significativo para centrar su estudio: los años en que el cabildo gobernó la extensa diócesis tras la muerte del obispo Francisco Pablo Vázquez. Empero, la delimitación cronológica no le impidió hacer abundantes referencias a procesos previos (desde 1821 y 1830 al menos), indispensables para la comprensión de esta época.

Así delimitado el tema, Rosas lo analiza a partir de una amplia información recabada en seis archivos y cuatro bibliotecas de fondo antiguo, sobre todo de la ciudad de Puebla, destacándose en particular el archivo del Venerable Cabildo Catedral. La tesis se fundamenta además en una extensa bibliografía, muy completa (aunque se extraña un poco la ausencia de las obras sobre la carrera eclesiástica de Rodolfo Aguirre y sobre el debate de la tolerancia de cultos de Alberto del Castillo), que incluye unos ciento treinta libros, artículos y tesis, muy recientes los más de ellos.

Desde luego, la tesis nos aporta muchos conocimientos sobre la sociología de los miembros del Cabildo Catedral. Es extremadamente interesante su estudio de la formación, vínculos sociales y carrera eclesiástica y política de los canónigos poblanos del primer siglo XIX. Sus orígenes y sus carreras permiten al autor construir una pequeña geografía de la presencia del clero en la inmensa diócesis poblana. Además, nos encontramos en él que esta élite clerical, de formación tomista por herencia del obispo Fabián y Fuero y con carreras más bien tradicionales en el seminario, la universidad y las parroquias, incursionaba en ámbitos “modernos” como la industrialización y la medicina. A la inversa, Rosas nos muestra con claras evidencias la alianza de los industriales poblanos “modernos” con los intereses “tradicionales” del Cabildo Catedral y del clero en general, en el marco de la lucha contra el decreto de desamortización de bienes eclesiásticos para financiar la guerra contra Estados Unidos.

Tal alianza, expone Rosas de manera convincente, permitió la construcción de un fuerte consenso social en torno a un régimen intolerante en lo religioso, pero republicano y abierto a la modernización industrial. Un consenso, sin embargo no ajeno a los debates a propósito de los establecimientos de caridad bajo la tutela del Cabildo Catedral, que los canónigos supieron retener y modernizar gracias a la presencia de nuevas órdenes religiosas.

En segundo lugar, el tema central de la tesis lo constituyen los proyectos eclesiásticos y político-religiosos del Cabildo Catedral, asociados a la “Iglesia libre” (acaso habría que decir más bien “soberana”) que habían defendido los obispos Antonio Joaquín Pérez y Francisco Pablo Vázquez. Esto es, una Iglesia desligada del antiguo Patronato, con plenos poderes para organizarse a sí misma, respetando al Estado, pero sin sometérsele. Un proyecto lo suficientemente amplio como para tener sus matices en el caso del Cabildo Catedral poblano. Rosas nos deja ver la complejidad de la posición de los canónigos, sus inquietudes, la conciencia de la crítica que recibía su corporación de parte de los liberales (que la consideraban al menos “inútil”), sus diferencias con los obispos, sobre todo con José María Luciano Becerra, y al interior de la propia corporación, sin embargo muy sólida en su imagen pública, entre defensores de las tradiciones locales e impulsores de seguir literalmente el derecho canónico y la autoridad romana.

La expresión concreta de esos proyectos se aprecia, por una parte en el gobierno diocesano por parte del cabildo durante la sede vacante de Francisco Pablo Vázquez. Podemos ver en este período sus éxitos tanto para recuperar los decaídos ingresos del diezmo como para proveer en propiedad los curatos de la diócesis. No son temas menores, y sin duda será deseable una comparación más adelante con otras diócesis, pues sabemos que en algunos casos era una política conciente de los obispos nombrar curas interinos para evitar pasar por la intervención de los gobiernos civiles. En segundo lugar, Rosas nos permite seguir paso a paso el tema de las provisiones de las propias prebendas y canonjías, pero también de los obispos, prácticamente desde 1831 hasta 1855. Es de gran interés ver cómo se va construyendo una práctica por parte de los canónigos, que procura evitar lo más posible la intervención de las autoridades civiles, aunque acepta el ejercicio de la exclusiva por parte de éstas; y asimismo la búsqueda de contrapesos para promover a sus candidatos, o al menos para evitar que queden algunos no deseados.

Sólo cabe observar, en este punto, alguna confusión en cuanto a la definición de “patronato” y “exclusiva”, que no constituyen un detalle sin trascendencia, pues entre uno y otra se jugaba la legitimidad de las provisiones.

Ahora bien, si no es un tema esencial del trabajo, hay que destacar que, más allá de lo político, nos ofrece varios elementos para la historia religiosa. En principio, para el tema del sentimiento de seguridad, aborda con detalle la respuesta ritual dada a la guerra de 1847 y a la epidemia de cólera de 1850; para la historia de las devociones, sigue las disyuntivas que se plantearon sobre las que eran “públicas” y “privadas”, “nacionales” y “locales”. Para la historia de la devoción al Papa en particular, son por demás apasionantes el tema de la recepción del delegado apostólico, de las oraciones por Pío IX en 1848 (que cabría comparar con las reacciones ante las prisiones de Pío VI y Pío VII), y por supuesto, para la historia del ritual episcopal, su análisis de las recepciones de los obipos Becerra y Labastida. En fin, son también numerosas las informaciones que nos ofrece para el tema de las campanas, sus usos y debates, y sobre todo, son de gran interés los apuntes del epílogo a propósito de la celebración de la Inmaculada Concepción en 1854.

Con todo, Rosas nos deja pendiente el tema del oficio divino y el coro, que era también una tarea fundamental de los canónigos, no menos que un análisis más detallado de la presencia de las órdenes religiosas francesas que menciona (hermanas de la Caridad, congregación de la Misión).

Así pues, por todos los temas que aborda y por la calidad de la investigación, se trata de una tesis que merece bien una pronta publicación, y que es promesa de un interesante porvernir para su autor.

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