Obispados y Reforma liberal

LosobispadosJaime Olveda (coord.), Los obispados de México frente a la Reforma liberal, México, El Colegio de Jalisco/ Universidad Autónoma Metropolitana/ Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, 2007, 397 pp.

En el año 2006, con motivo del bicentenario del natalicio de Benito Juárez, el doctor Jaime Olveda, profesor de El Colegio de Jalisco, reunió un interesante coloquio para examinar la historia de cada uno de los obispados de México en tiempos de la Guerra de Reforma. El resultado ha sido esta obra de diez capítulos, correspondientes a nueve obispados y uno en ciernes, y de la quiero dar una breve noticia en esta entrada. Los diez capítulos corresponden a México, Michoacán, Guadalajara, Zacatecas, Puebla, San Luis Potosí, Oaxaca, Durango, Linares y Sonora. Evidentemente no están todos los obispados, faltan por ejemplo Chiapas y Yucatán, y está en cambio representada Zacatecas, que no era todavía una diócesis separada. Ello no obsta para que se trate ya de un esfuerzo muy bien logrado por construir una historia de este período que da cuenta de la diversidad regional del país. Además, como el doctor Olveda afirma en la introducción, se trata de una historia dirigida a “entender mejor la compleja relación que se dio entre la esfera civil y la eclesiástica”, buscando superar viejas ideas, pues “fuera de los círculos académicos, en la mente de los mexicanos aún prevalece casi la misma imagen que sobre el clero y los conservadores compartieron los liberales del siglo XIX” (p. 13).

En ese sentido, es cierto que la obra nos muestra al mismo tiempo los temas constantes y los diversos escenarios regionales. Es interesante constatar que en el norte, donde el tejido de las corporaciones religiosas era cuando menos endeble, el conflicto no alcanzó las mismas dimensiones que en el centro o el occidente del país. Ahí no había muchas propiedades eclesiásticas que desamortizar o nacionalizar, y en ciertas coyunturas los obispos pudieron beneficiarse incluso de una buena acogida de ciertos liberales, como Ignacio Pesqueira o Santiago Vidaurri, convencidos, según muestra en particular el trabajo de Dora Elvia Enríquez, de que el clero era también parte de los servicios que había que mantener para seguir construyendo la sociedad norteña.

El lector encontrará, un poco por doquier, apasionados debates entre obispos y magistrados a propósito de la soberanía eclesiástica y la soberanía del Estado, como también movilizaciones femeninas, incluyendo muchas veces a las esposas, hermanas y madres de los liberales, en contra de la legislación reformista o para proteger a los prelados mexicanos. Los estudios sobre Guadalajara, Sonora y Zacatecas nos muestran la presencia, o tal vez habría que decir, la sobrevivencia, de un clero liberal, muchas veces enfrentado al episcopado, favorable a la Reforma a partir de argumentos religiosos. Además, se revela también la imposibilidad de los gobernantes del momento de pasarse del ceremonial católico para reforzar su legitimidad, visible en los problemas que puso por todas partes el juramento de la Constitución de 1857, que debía celebrarse con Te Deum y repiques en las iglesias. Todo ello originó más de una “escandalosa” incursión en campanarios y sacristías para disputarle al clero el control de los instrumentos del ceremonial. Sobre todo, es interesante observar las diversas vías en que se plantearon y resolvieron los numerosos problemas conciencia causados por el conflicto. Los sacramentos devienen problema político, pues su acceso se condicionaba a la abjuración del juramento constitucional y a la devolución de los bienes eclesiásticos. Retractaciones y nuevos juramentos, imposiciones ante hechos consumados, ventas contestadas en testamentos y un amplio etcétera, forman un panorama que valdría sin duda la pena profundizar en estudios más específicos.

Ahora bien, aunque la obra ha querido separarse de la historiografía tradicional, hay que decir que la presencia de los obispos y sus biografías ocupa un lugar bastante amplio, y en algunos casos los capítulos se presentan casi como un análisis de la gestión del obispo. Es cierto, las personalidades de la Iglesia mexicana de la época justifican sin duda este tipo de elección. Vemos de cerca las pastorales, los exilios, las visitas pastorales obligadas, los momentos de moderación y de combate de toda una generación de prelados: el arzobispo Lázaro de la Garza y Ballesteros, los obispos Clemente de Jesús Munguía, Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, Pedro Barajas, José Antonio de Zubiría y Escalante, Francisco de Paula y Vera y Pedro Loza y Pardavé principalmente. Además de sus trayectorias, de la mayor cercanía de unos, y de la acción colectiva que emprendieron, aparece un detalle sugerente a propósito de los obispos que se exilian en Estados Unidos: el contraste entre la guerra civil en el país católico y la expasión de una Iglesia separada del Estado y en medio de la tolerancia de cultos.

En fin, todas estas aportaciones son valiosas también porque nos abren nuevos cuestionamientos. Es por ejemplo significativa la ausencia de ciertas categorías de la Iglesia del XIX, como “ultramontano” o “regalista”. De la misma forma, sería sin duda interesante comparar lo sucedido en México con lo que pasaba en otros países del mundo hispánico y del mundo católico en general, no menos que conocer de manera más amplia cómo se veía el conflicto desde Roma. También valdría la pena problematizar de manera más sistemática muchos temas esbozados en la obra: el anticlericalismo popular, el reforzamiento de la autoridad episcopal frente a las otras corporaciones religiosas, las relaciones entre los obispos y sus cabildos catedrales, los temas del culto y ceremonial religiosos, y un amplio etcétera.

De momento, cabe bien felicitarse por una obra que realiza muchos aportes y en la que, empero, no faltan exposiciones un tanto marcadas por las ideas clásicas de la historiografía liberal (el capítulo sobre Durango en particular), o por una visión de continuidad de dos siglos de una lucha entre “resistencia” eclesiástica y “absolutismo estatista” (el capítulo sobre Michoacán en particular).

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