O quam suavis

La liturgia de la Catedral Metropolitana de México de mediados del siglo XVIII y principios del siglo XIX comenzaba el año de forma mucho más animada que hoy en día, ni más ni menos que con un jubileo del Santísimo Sacramento. “En los cuatro días primeros del año” reza el Costumbrero de la Catedral de 1819, “por especial indulgencia concedida a esta Santa Iglesia Metropolitana, a beneficio de todos los fieles cristianos”, se realizaba la exposición de la Eucaristía, para pedir “los beneficios del mismo año, así espirituales como temporales”. Aunque no llegaba a los grandes espectáculos religiosos de las grandes solemnidades del calendario litúrgico, no era menos un inicio de año particularmente sonoro y visual.

En efecto, desde las vísperas del anterior, es decir, el 3 de enero, debía anunciarse con repique de campanas, que se repetía en las horas canónicas, al momento de descubrir y de depositar, sonándose la rogativa durante la procesión, en que se cantaba la letanía de los santos con sus preces y oraciones. Si las campanas hacían llegar la noticia a toda la ciudad, según el Diario manual de la Catedral de 1751, se trataba de un espectáculo al interior del templo: el cortejo eucarístico debía ir por las naves hasta el Altar del Perdón, donde hacía estación, para luego dirigirse al baldaquino del Altar mayor. Tratándose del Santísimo Sacramento, sin duda se entonaba al menos una estrofa del himno Pangue lingua, como en las otras exposiciones eucarísticas, y en la estación, según el Costumbrero, dos niños entonaban el versículo Panem de coelo, seguido de la antífona O quam suavis y de la oración Deus qui nobis, tomados todos de las vísperas de Corpus Christi.

Desde luego, no podemos recuperar las voces infantiles que entonaban esos versos, ni tenemos por ahora testimonios de la atención o la emoción de los asistentes al escucharlos, o al ver a los canónigos con sus capas llevando la hostia consagrada en la custodia, bajo los acordes del órgano y las campanas de fondo. Escuchemos, sin embargo, una versión contemporánea del verso con la oración citada, ya que no en voces infantiles dieciochescas, al menos con voces adultas y por intermediario del internet.

Podemos escuchar asimismo, de nuevo a título meramente ilustrativo, otra versión de la antífona O quam suavis, obra de Sebastián de Vivanco (1551-1622), interpretada en una iglesia de Budapest, Hungría, en 2012.

La exposición del Santísimo de enero quedaba inserta entre la fiesta de la Circuncisión del 1o. de enero y la de la Epifanía del 6, completando así una serie completa de festividades de inicio de año. La Catedral pues, comenzaba el nuevo ciclo anual recordándole bien a los fieles de la capital novohispana que desde estos primeros días de enero, no podían sino poner su confianza en la Presencia Real, majestuosamente presentada ante ellos utilizando  los espectaculares cultos de tiempos del barroco, capaces de una efectiva “manipulación estética”, como decía el profesor chileno Jaime Valenzuela.

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