Nuestra Señora del Rosario en Puebla en la prensa

El mes de octubre es un mes particularmente importante en festividades religiosas, en particular de las que datan o adquirieron relevancia en tiempos de la Reforma católica. El 4 de octubre es la fiesta de San Francisco de Asís, el 7 es la fiesta de la Virgen del Rosario, el 15 es la fiesta de Santa Teresa de Ávila, la gran reformadora de la orden carmelita, etcétera. Entre estas fiestas, la del Rosario estaba asociada a la Batalla de Lepanto gracias al Papa San Pío V, por lo que a veces también se le llamaba de la Batalla Naval, y se conmemoraba como tal, es decir, no sólo con misa, sermón y procesión, sino también representando un enfrentamiento entre moros y cristianos en barcos.

En los primeros años del siglo XIX no faltaron críticas a esas festividades tradicionales que se habían convertido en “excesos” para la perspectiva de la prensa y de los liberales de la época, quienes acusaban a los antiguos festejos de ser cuando menos profanos e incluso directamente actos de desacralización de las imágenes religiosas. El Oriente, el periódico de los liberales moderados de Veracruz, publicado en Xalapa en la década de 1820, nos ha dejado amplios testimonios de esas críticas, y aquí en particular me gustaría retomar dos, referidas a la fiesta de la Virgen del Rosario de la ciudad de Puebla, en concreto las fiestas de 1824 y de 1827. En estos dos fragmentos se aprecia bien la sensibilidad de los liberales por la protección de lo sagrado y su separación de las expresiones populares, que encontraban, como mínimo, impropias. En el primer pasaje se aprecia además el estilo irónico que subrayaba el cuestionamiento de esas prácticas religiosas, mientras que en el segundo aparece la ambigüedad característica de los liberales de la época: críticos de la tradición pero a veces incapaces de pasarse de ella. En medio ya de las primeras luchas entre facciones que caracterizaron el primer federalismo, los moderados acusaban a sus rivales de aprovechar la fiesta religiosa para hacer campaña política contra ellos. Así, la fiesta religiosa se convertía por entonces en motivo de debate y de enfrentamiento político

El Oriente, núm. 51, 21 de octubre de 1824, pp. 203-204, fragmento de la respuesta de El jalapeño

El católico poblano.

“Acaba de llegar un amigo mío de Puebla, y me cuenta que el día tres de este mes de octubre, en que se celebró la solemnidad de Ntra. Sra. del Rosario, vio el mismo que llegando al atrio del convento de Sto. Domingo la procesión en que aquella comunidad y el cabildo eclesiástico conducían la santa efigie de la madre de Dios, todos hicieron alto, presenciando el burlesco juguete con que entre la algazara, gritos y chiflidos de la plebe, figuraban un combate dos almotrotes de carrizos y papel que llaman navíos, animando unos a D. Juan de Austria, y otros a los Marroquinos, y no faltando quien se expresase con las más groseras desvergüenzas.

A la tarde, dice, que como víspera de N.P.S. Francisco, vio salir la comunidad de dominicos con la imagen de su santo fundador, y que llegando a la calle de Mesones divisó venir por la del Alguacil mayor, los religiosos franciscanos rodeados de otro carrizal navío en que traían a su dicho patriarca, y que encontrándose ambos santos (a lo que el pueblo llama el topetón) bajó Sr. S. Francisco del navío, hizo una gran cortesía a Sto. Domingo, a cuyo tiempo se besaron todos los estandartes, y llevándolo a la diestra fueron colocados ambos en la del alcázar, continuando la procesión entre los gritos y bulla del pueblo que sin respeto a aquel religioso acto se producía como acostumbra en todos sus regocijos.

Estos hechos, que según se me asegura son en el todo positivos, prueban bastantemente que semejantes mitotes en nada se oponen a nuestra santa religión, pues si tal fuera, hubieran impedido esos y otros que vemos con frecuencia, las autoridades principales, a cuya vista se hicieron…”

El Oriente, núm. 1156, 30 de octubre de 1827, pp. 4625-4626. Remitido de Puebla.

“¿Había visto la Puebla mayor irreligiosidad y abuso de los actos de devoción que servirse de ellos para sembrar el espíritu de partido y la sedición entre la gente sencilla? Vimos con dolor que agentes del partido yorkino en la procesión del domingo último, a espaldas de la Santísima Virgen del Rosario, a sombra de la Madre del Dios de paz, estuvieron sembrando papeletas para calumniar con el odioso nombre de escoceses a los hombres pacíficos y a los amigos del orden, de la buena armonía y de la felicidad en los pactos públicos, y para recomendar como virtuosos y amantes de la religión a los sacrílegos que así estaban fomentando la discordia. Ya se ve que no hablan de la religión cristiana, cuya base es la caridad, sino de la yorkina.”

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