Nuestra Señora de la Luz

DSC_0043 (Medium)(5)En estos días acaba pasar la festividad de Nuestra Señora de la Luz, muy querida en León, Guanajuato, donde es titular de la basílica-catedral. Es también venerada aquí en Sevilla, siendo titular de dos cofradías, las que se conocen popularmente como de San Esteban y la Carretería. Mas desde luego cabe siempre recordar que se trata de una imagen de origen italiano, introducida en Palermo a principios del siglo XVIII por el padre jesuita Giovanni Antonio Genovesi para el patrocinio de sus misiones en tierras americanas, a partir de las visiones de una “santa mujer”.  Podemos verla en esta imagen que está tomada del sitio Arte Sacro de Sevilla, a propósito de la exposición que tiene lugar justo en estos días, organizada en colaboración entre las cofradías sevillanas y las sicilianas. Cabe decir, su difusión fue tal vez uno de los más grandes éxitos de la Compañía: desde el propio siglo XVIII ganó numerosos devotos en buena parte del mundo católico.

Como puede advertirse se trata de una Virgen con el Niño, coronada por querubines, pero con un detalle muy particular: con su mano derecha está sacando un alma (muchas veces representada como un niño) de las fauces de un monstruo (un dragón a veces), que la tradición solía identificar con Leviatán, pero también con las fauces mismas del Infierno. Ello desde luego es teológicamente problemático, y por ello en el siglo XVIII la imagen causó alguna controversia, pues si había ya una tradición bien asentada sobre la intercesión de la Virgen para sacar almas del Purgatorio, el Infierno no era en absoluto el mismo caso. Así pues, hubo prelados que hicieron cuanto pudieron para modificar su iconografía. Fue el caso por ejemplo de don Antonio Alonso de Ortigosa, obispo de Oaxaca en la segunda mitad de esa centuria, y quien recorrió su diócesis en visita pastoral, literalmente mandando corregir la imagen por todas partes donde la encontró. Así fue en al menos en cinco parroquias: San Pedro Yolos, San Juan Chicomexóchitl, San Pedro Teococuilco, San Pablo Mitla y San Miguel Sola, mandando en todas que se borrara el dragón, o bien el niño (es decir, la representación del alma salvada), “por ser esta representación inductiva de confianza temeraria”. Cabe decir, no fue la única representación “contra rito” que tuvo que corregir: si a Nuestra Señora de la Luz había que quitarle el dragón, en la propia parroquia de San Miguel Sola  había que ponérselo a San Miguel Arcángel, pues el jefe de las milicias celestial en lugar del demonio estaba pisando unos serafines.

Ahora bien, monseñor Ortigosa corregía imágenes que se encontraban en parroquias rurales, pero ello no quiere decir, claro está, que Nuestra Señora de la Luz no encontrara devotos entre las élites urbanas. En la provincia de Veracruz de finales del siglo XVIII, por ejemplo, contó con dos muy destacados, uno en Orizaba y otro en el puerto. El primero fue el bachiller Antonio Joaquín Iznardo, uno de los presbíteros más renombrados de la villa de Orizaba, en tanto que el segundo fue don Pedro Telmo de Landero, hombre de larga carrera en el gobierno de la provincia, mucho tiempo asesor letrado de los intendentes gobernadores. Uno y otro dejaron en sus testamentos obras pías en honor de su patrona, es decir, la celebración de su fiesta, en el caso del padre Iznardo, y de una memoria completa de misas en el caso de Landero.

La fundación de la obra pía del bachiller Iznardo es, por cierto, un bonito ejemplo de todo lo que implicaba el culto a las imágenes: detalla no sólo el culto (víspera, misa de preste, diácono y subdiácono), sino también los sonidos (repiques con todas las campanas, música con la capilla completa de cantores y músicos), las luces (seis velas y seis hachas) y el acompañamiento (diez sobrepellices). Mas en la Nueva España del siglo XVIII no sólo se le tributó el culto con fastos barrocos, lo mismo en el campo que en la ciudad, sino que llegó a convertirse en una “imagen-reliquia”.

Así se confirmará en el siglo XIX, cuando su devoción adquiere nuevo vigor de la mano de un catolicismo ultramontano algo menos estricto respecto de las representaciones marianas. De entonces justamente, de 1860, data la publicación del Mes de María mexicano que vemos aquí, obra de don Lucio Marmolejo proclamando, como decíamos, que la imagen de la ciudad de León, es ni más ni menos que la original hecha por encargo del padre Genovesi.

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