No corregirás a tu prelado si desentona…

Las grandes “funciones de Iglesia” como la fiesta de Corpus que celebramos en días pasados, eran ocasiones en que la liturgia debía ser (y sigue siendo) particularmente solemne, hasta el punto de reflejar no sólo el esplendor del culto propio de la Majestad Divina, sino también el buen orden de la comunidad celebrante. Mas no en pocas ocasiones eran justamente estas celebridades el escenario de confrontaciones por “vanidades”, según diría más de un prelado del siglo XVIII. Las más conocidas son sin duda los tradicionales conflictos de precedencia sobre el lugar de una cofradía o una orden en las procesiones. Algo menos conocidos son los conflictos, que también había, relativos a un tema no menos esencial en la liturgia como es el canto. Entonar correctamente los himnos de la ocasión podía ser un asunto bastante grave en este tipo de celebraciones, en las que no sólo debían esforzarse los cantores propiamente tales, sino también los celebrantes, en general prelados de las respectivas iglesias, quienes podían sentir humillada en público su autoridad si se hacía notar que habían cometido un error. Ello lo constató dolorosamente fray Blas Vives, cantor del convento dominico de Zacatecas, quien como vemos en los documentos que siguen, aprendió duramente que no convenía corregir a su superior cuando éste desentó en la antífona del Magníficat al final de las vísperas solemnes de Corpus de 1795.

El incidente, que terminó con el pobre cantor arrestado y deseando salir no sólo de su celda sino de la orden dominica misma, ilustra bien hasta qué punto lo que sucedía en los altares y los coros, a la vista y oídos de un “numeroso concurso”, era relevante efectivamente un asunto público en el Antiguo Régimen.

AGI, Guadalajara, legajo 375
Carta de fray Blas Vives al rey

Señor,

Fray Blas Vives, religioso profeso y presbítero del Orden de Predicadores, cantor y conventual en el de Zacatecas de Nueva España, con el más profundo respeto hace presente: Que hallándose oprimido con persecuciones y malos tratamientos hasta el extremo haber sido arrojado al suelo, hollado y golpeado por el provincial de su orden en el acto de las vísperas solemnes de la festividad del Corpus del año pasado de mil setecientos noventa y cinco que se celebraban en la iglesia del referido convento, a presencia de un numeroso concurso que asistía a aquella función y en que S.M. Sacramentado estaba manifiesto, y cuyos oficios fue necesario suspender por el alboroto del pueblo escandalizado, que se conmovió a vista de un hecho tan inesperado por todos respetos, y sin otra causa que haber reformado y puesto en tono, como vicario de coro que era, una antífona entonada por dicho provincial fuera del que correspondía, procediendo después a penitenciarle y avergonzarle delante de toda la comunidad y aun dio orden para arrestarle de lo que desistió a ruegos y persuasión de otro padre ministro del mismo convento. De éste y otros trabajos que ha sufrido en el dilatado tiempo de su profesión y con el penoso oficio de cantor, que incesantemente ha sufrido en más de veinticinco años, se halla tan quebrantado de salud que no puede cumplir las obligaciones de su instituto, ni guardar los ayunos de éste, ni los de la Iglesia, como todo resulta de los documentos que exhibe señalados con los números 1, 2 y 3, y siendo su objeto el impetrar de Su Santidad la gracia de secularización.

A Vuestra Majestad encarecidamente suplica que habiendo por presentados los referidos documentos se sirva concederle la gracia y real permiso para hacer la referida solicitud y obtener de Su Santidad el breve de secularización correspondiente para seguridad de su conciencia y remedio de los trabajos que ha tolerado y sufre, en que recibirá especial gracia y merced. Madrid y julio a 2 de 1797.

En virtud de orden

Juan Gabriel Fernández Fernández.

Anexo No. 1

Certificamos ser verdad como el M.R.P.M. Prior provincial fray Domingo Gandarías, estando en el coro, con toda la comunidad delante de todo el concurso y el Santísimo Sacramento patente, reprendió dándole de porrazos, maltratándole con palabras injuriosas al R.P. cantor o vicario de coro fray Blas Vives, sin haber dado más motivo que el poner en su propio tono la antífona del Magníficat que el mismo padre prior provincial había entonado fuera de tono.

Por lo que después del dicho escándalo público se metió el referido padre provincial y sin acordar ni hacer mención del dicho ultraje, se revistió con las vestiduras sagradas y salió a concluir el oficio de este solemne día, y habiéndolo finalizado mandó de su orden tres religiosos para que metieran en la cárcel al mencionado padre cantor y viendo frustrados sus intentos, no dejó de poner a mil verguenzas al dicho padre cantor, en presencia de toda la comunidad, pues lo hizo postrar y le [ha] hecho un capítulo pero muy oficioso, como si propiamente fuera reo de algún delito.

Y por ser verdad todo lo que referido tenemos, lo firmamos y juramos tacto pectore et in verbo sacerdotis.

Fray Miguel Hidalgo
Fray Miguel Rodríguez.
Fray Pedro Zevallos
Fray Manuel Alcívar
Fray Mariano Ponce
Fray Mariano Lascano.

Anexo 2
El notario receptor de esta curia arzobispal de México Dr. José Mariano de Aguilera.
Certifico en cuanto puedo y debo haber asistido en las vísperas solemnes del día de Corpus Christi en la iglesia de N.P. Santo Domingo y en el Magnificat vi con mis ojos como el M.R.P. Prior Provincial Fray Domingo Gandarias le estaba dando de golpes, maltratándole de palabras al R.P. cantor fray Blas Vives, de lo que se armó un escándalo formidable, y asimismo vi como al dicho padre cantor se lo metieron dentro, y habiendo tenido la curiosidad de haber preguntado por qué había sido el referido lance, supe de un propio religioso que sólo había sido porque el padre cantor había puesto en tono regular la Antífona que el padre prior provincial había entonado fuera de su término. Y para que conste donde le convenga doy esta en México, a 31 de mayo de 96.
José Mariano Aguilera

Comentarios: