Música de la Teología de la Liberación: La Misa Panamericana

Como el amable lector de este blog habrá podido notar, uno de los temas que más me interesan últimamente de la historia de la Iglesia es la historia de la liturgia. Prácticamente todos los grandes movimientos religiosos que han pasado por su historia han dejado un legado siempre interesante de expresiones litúrgicas, sobre todo artísticas. La teología de la liberación no fue la excepción. De hecho, hoy que dicho movimiento ha pasado prácticamente a la historia, aunque se pretendía una teología con impacto social y político, sin duda uno de sus legados más importantes estuvo en el ámbito cultural, y en particular litúrgico. El lector interesado en la materia podrá encontrar algunas notas interesantes sobre la música que impulsó dicho movimiento en este artículo de la profesora Montserrat Galí publicado en el Anuario de Historia de la Iglesia de la Universidad de Navarra. Por mi parte, quiero sólo evocar aquí la Misa Panamericana, misa con mariachi compuesta por encargo de don Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, y uno de los prelados más comprometidos con los cambios litúrgicos de la segunda mitad del siglo XX. Cabe subrayar el éxito que tuvo esta misa por todo México, independientemente de la corriente que la vio nacer. A título personal, recuerdo que en mis años de estudiante, durante mis estancias en la ciudad de México me gustaba ir a la última misa dominical en la Catedral Metropolitana, la misa del deán, en la que se oficiaba justamente con este acompañamiento.

Aquí pues, la Misa Panamerica, con el mariachi Hermanos Macías.
Para la procesión de entrada, el Angelus

El Kyrie, o mejor dicho Señor ten piedad

El Gloria

El Aleluya

El Credo

El Sanctus, o Santo

El Agnus Dei, o Cordero de Dios

Para la comunión, “Por la calzada de Emaús”

Para la procesión de salida, un segundo Aleluya

No puedo terminar la entrada sin aprovechar para manifestar que sería muy bueno que algún día el mariachi que toca el 12 de diciembre en la Catedral de Notre-Dame de París pudiera acompañar toda la misa con esta música, y no sólo limitarse a cantar las Mañanitas y la Guadalupana.

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