Misiones teatrales, reacciones dramáticas: dos ejemplos, Lagos y Orizaba.

Han termiSermón de Doctrina en el Patio  de los Naranjosnado la Cuaresma y la Semana Santa, que entre los siglos del XVI al XIX incluso, eran las temporadas fuertes de la predicación, obra sobre todo de misioneros, no sólo entre infieles sino también entre fieles. Las misiones cuaresmales, e incluso fuera de la Cuaresma, ya lo hemos mencionado en este mismo espacio, eran en esos tiempos, verdaderos grandes espectáculos barrocos, en que jesuitas, franciscanos, oratorenses y otros lucían no sólo sus dotes oratorias, sino verdaderamente teatrales con múltiples recursos (música, canto, juegos de luces, estampas, calaveras, etcétera).

En ocasiones, cuando la misión tenía éxito, el público llegaba a reaccionar de forma no menos teatral y dramática. Vamos a ver brevemente dos ejemplos, ambos de las primeras décadas del siglo XIX, pero de regiones distantes del México independiente: la villa de Córdoba y la villa de Lagos. Uno y otro se distinguen, por cierto, por ser reacciones fundamentalmente de mujeres. Sobra decir que no creemos que haya sido una reacción “natural”, sino producto de la formación del género en aquellos años. Conviene apuntarlo también, no son reacciones específicamente mexicanas: los fieles podían tener comportamientos semejantes del otro lado del Atlántico o en otras latitudes. Por ello aquí una imagen de un sermón de doctrina predicada en el Patio de los Naranjos de la Catedral de Sevilla a principios del siglo XX, tomado de una exposición callejera que organizó la corporación municipal en 2013.

Primer ejemplo: Córdoba, 1824

Los misioneros franciscanos del Colegio Apostólico de San José de Gracia de Orizaba predicaron en la cercana villa de Córdoba, aquí un fragmento del informe del superior del colegio al obispo de Puebla sobre la reacción de los cordobeses. Si los frailes lucieron sus viejos recursos dramáticos, los fieles respondieron con una verdadera “hoguera de vanidades”, que alarmó a los liberales de la villa, quienes denunciaron la misión al gobierno federal.

AGN, Justicia Eclesiástica, vol. 30, fs. 373-375.

“el haberse quemado unas guitarras y otros instrumentos que espontáneamente ofrecieron sus dueños con este objeto, pues arrepentidos de los excesos que habían cometido, como regularmente se cometen en los bailes, quisieron dar por este medio alguna satisfacción de su arrepentimiento verdadero, antecediendo un Discurso sobree la materia. En cuyo acto, algunas mujeres, llevadas de aquellos trasportes arrebatados que comunica la gracia, y que no está en manos del Misionero evitar, arrojaron algunos de sus trajes o trapos a las llamas, los que quizá habian surtido en otro tiempo a sus pasiones…”

Segundo ejemplo: Lagos, ca. 1835

El Dr. Agustín Rivera y Sanromán, clérigo erudito, pero al mismo tiempo o justo por ello, crítico de la cultura religiosa “popular”, autor de más de 150 obras de variado género, aprovechaba las notas a pie de sus trabajos para contar las más diversas anécdotas. Aquí una justo de una predicación, franciscana también seguramente, y acaso de alguno de los colegiso apostólicos cercanos (Guadalupe de Zacatecas, Santa Cruz de Querétaro o Nuestra Señora de Zapopan). Los sermones literalmente hacen caer a las feligresas.

Agustín Rivera, La pobre humanidad a través de la púrpura, el libro, el laurel y el crucifijo…, Lagos, Imprenta de Ausencio López Arce, 1893, p. 2.

“Cuando yo era niño de escuela hubo en el templo parroquial de esta ciudad de Lagos una tanda de sermones dada por unos padres misioneros, i en cada sermón había, no solamente atroces gritos, sino algunas mujeres que se echaban al suelo por desmayadas, i después se decía: “Hoy se desmayaron Da. Fulana, Da. Zutana, Sra. Mengana, etc.” Una pobre mujer que tenía en sus brazos a un hijo pequeño, le dijo a una comadre suya: “Téngame tantito mi criatura para poderme desmayar”.

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