Miradas en torno a la Iglesia en tiempos de la independencia

ReligiónBrian Connaughton (coord.), Religión, política e identidad en la independencia de México, México, Universidad Autónoma Metropolitana/ Benemérita Universidad Autónoma de Puebla-Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, 2010, 594 pp.

Obra colectiva que reúne los trabajos de trece estudiosos, algunos ya consagrados y otros más jóvenes, mexicanos y del mundo angloamericano, Religión, política e identidad, viene a sumarse a la lista ya amplia de publicaciones de este tipo sobre la Iglesia católica novohispana y mexicana. Publicada el año pasado, en el marco de la conmemoración del Bicentenario, no se limita por ello al tema de la guerra, aunque está bien presente en varias de las colaboraciones, sino que aborda de manera amplia lo que significó la transición del siglo XVIII al XIX para las corporaciones religiosas novohispanas.

De hecho, hay que señalar sobre todo que se trata de una obra que nos muestra las diversas formas de abordar esta historia. Existen así trabajos más bien clásicos de historia económico-social, los de Juvenal Jaramillo Magaña y Francisco Javier Cervantes Bello, quienes nos ilustran las dificultades vividas a raíz del conflicto armado, a veces siguiendo con detalle e idenficándose incluso con los actores de las rentas eclesiásticas. Sin embargo, se trata sobre todo de trabajos que nos muestran las extensas redes seglares del alto clero para la administración lo mismo de los diezmos que de los capitales piadosos. Redes formadas sobre todo por las élites locales, con las cuales se construía, y lo muestran bien ambos trabajos, relaciones muy estrechas que benefician (no siempre de manera equitativa) a ambos lados de ellas, contribuyendo al fortalecimiento de varios de los que serían los grandes actores económicos del siglo XIX.

Contamos también con interesantes contribuciones a la historia cultural, centrados en la mayoría de los casos en los problemas generados por la introducción de la nueva opinión pública a través de la prensa y de la difusión de obras “heterodoxas” por así decir. En general nos muestran hasta qué punto ciertos actores de la sociedad podían adaptar las nuevas ideas, sin por ello abandonar su identidad católica, ni dejar de ser miembros, a veces prominentes, del clero. Entre ellos los hubo, como en Chiapas según el artículo de Michael A. Polushin, que desarrollaron posiciones harto originales entre la modernidad y la tradición, o bien que aceptaron el desplazamiento de la teología revelada en beneficio de la teología natural, como se ve en el artículo del profesor Carlos Herrejón Peredo sobre El despertador americano, periódico insurgente de Guadalajara. Al igual que en este último caso,  no faltaron clérigos que participaron de lleno en los debates, editando ellos mismos periódicos y difundiendo obras extranjeras incluso sobre la constitución misma de la Iglesia, según ejemplifica el artículo de la doctora Alicia Tecuanhuey sobre los hermanos Troncoso en Puebla. Ella misma y también el artículo de Gabriel Torres Puga sobre las supresiones de la Inquisición, dan cuenta que era un debate en que la tradición podía también tomar la pluma y difundirse por la imprenta para defenderse, en este caso afrontando la introducción en México de la leyenda negra sobre el Santo Oficio. Mas se diría que su mejor lugar era el púlpito, como podemos verlo en el artículo del coordinador de la obra, quien sigue paso a paso las preocupaciones de los sermones del clero realista durante la década de 1810 a 1820.

Un tercer grupo de artículos se ocupa de la historia política del clero, y entre ellos tenemos a quienes más directamente trabajan el tema de la guerra. En efecto, Rodolfo Aguirre Salvador, Andrew B. Fisher y Matthew O’Hara, en particular los dos primeros, nos cuentan la difícil historia de los párrocos en medio de insurgentes y realistas. Uno y otro exploran los diversos modelos de comportamiento, tratando de ir más allá del mero esquema de “insurgentes/ realistas/ ambigüos”, mostrándonos con casos muy concretos las más diversas formas de su actuación: lo mismo se encuentran con espías que pasaban información al bando realista que pacificadores que reencontraban su vocación sacerdotal, o incluso los decepcionados que preferían retirarse de problemas políticos, que terminaban estimando como impropios de su ministerio. Fisher y O’Hara además, al introducirse en las primeras décadas de la república, dan cuenta del problema significó para los párrocos la aparición de unos “feligreses ciudadanos”, que llevaban en ocasiones a su relación con ellos el vocabulario liberal, a veces hasta disputarles el control del “capital espiritual” según O’Hara.

En fin, hay algunos trabajos dedicados a la historia religiosa propiamente dicha, menos centrada en el clero que las anteriores. Es sobre todo el caso de los trabajos de la profesora Margaret Chowning y del profesor William B. Taylor. La primera aborda el tema de la feminización de las congregaciones seglares a lo largo del siglo XIX, sobre todo en regiones que, y es sin duda sugerente el señalamiento, se convertirán más tarde en el respaldo de la movilización cristera en el siglo XX. Taylor, por su parte, nos muestra las trayectorias de diversos santuarios, antiguos y nuevos, unos en ascenso y otros con el riesgo de caer en el olvido, algunos convertidos incluso en símbolos nacionales otros con marcado acento local.

Así pues, en esta diversidad de ángulos para tratar el tema, trascienden algunas preocupaciones comunes, en particular la prioridad dada a la política, como bien dice el título de la obra. De la misma forma existe cierta tendencia en tratar de ir más allá de los cortes cronológicos tradicionales, los que separan la época virreinal de la independiente, como también el aprovechamiento de fuentes cada vez más diversas, en particular archivos eclesiásticos. Obra valiosa, no por ello está libre de algún pecado venial, como ciertos problemas de traducción en los artículos en inglés, sobre todo en los términos eclesiásticos hispánicos; o bien cierta falta de definición en conceptos como “secularización”, “modernidad” y algunos otros términos introducidos al debate, se constituye en un aporte valioso a la historiografía en el Bicentario.

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