Limosnas, campanas, nublados y relaciones sociales

Las campanas se utilizaron para ahuyentar las tempestades durante varios siglos de la historia del catolicismo. El lector podrá encontrar otros ejemplos en este mismo espacio. En nuestra sociedad capitalista e industrial, en que el pronóstico del tiempo es cosa cotidiana y el Estado brinda apoyos más o menos efectivos para salir de las complicaciones que ocasionan los fenómenos climáticos, esto puede sonarnos extraño. Sin embargo, no era un asunto menor en una civilización campesina, que no disponía de otros medios para protegerse de las amenazas climáticas.

Así pues, resulta lógico que, justo por su importancia, se estimara como un auténtico servicio público que alguien estuviera al pendiente de subir al campanario incluso “a horas incómodas de media noche” como dice el documento que presentamos ahora, y que recibiera una contribución por ello, una limosna. Ésta, a su vez, no es tampoco exactamente una contribución pequeña y voluntaria como lo pensamos hoy, sino una obligación moral que sostenía muchas de las grandes instituciones de aquella sociedad, empezando por las órdenes religiosas, la construcción de iglesias, etcétera. Mas a lo largo del siglo XVIII, también lo hemos presentado aquí en varias ocasiones, empezó a surgir la crítica sistemática tanto contra el sonido de las campanas como contra los limosneros. Con fundamentos en la ciencia de la época, que ya comenzaba a interesarse por el tema de la transmisión de la electricidad (el rayo), y/o en una nueva sensibilidad que valoraba el silencio y el trabajo, incluso hubo autoridades civiles y eclesiásticas que trataron al menos de reducir la presencia del sonido de las campanas y de la recolección de limosnas.

Mal momento pues para un sacristán como el que veremos en el documento, que dependía precisamente de la limosna que su pueblo, ubicado en el corazón de la Península Ibérica, en la provincia de Cuencia, le pagaba por “tocar las campanas a nublado”. Sin embargo, y es una experiencia que hoy mismo, cuando hablamos del aterrizaje a nivel local de grandes reformas y otras medidas políticas, el sacristán no veía en el intento de prohibirle la colecta sino las relaciones sociales de nivel local. El breve documento transcribimos, que es el memorial que a nombre suyo se presentó ante el Consejo de Castilla en 1799, en lo que abunda es en las rivalidades pueblerinas, que desde luego, también podían tener un papel en la manera en que curas párrocos y jueces locales aplicaban las órdenes que les llegaban de los Consejos y Obispados.

Mínima venta hacia los cambios de gran escala que sucedían en el mundo occidental entonces, que se iba “desencantando” progresivamente, pero también hacia la ambigüedad con que se aplicaban esos cambios. Al final, el Consejo de Castilla parcialmente al modesto sacristán, bien que el documento no nos permite saber cómo fue el final de esa historia a nivel del pueblo. Sirva aquí en todo caso como una página más de historia campanera en el mundo hispánico.

 

Archivo Histórico Nacional de España, Consejos, leg. 31116, exp. 21, fs. 4-5

Muy Poderoso Señor

Rafael Martínez de Ariza, en nombre y virtud del correspondiente poder que presento, de Félix Angulo López, vecino y sacristán de la iglesia parroquial de Tresjuncos, obispado de Cuenca, ante Vuestra Alteza como más haya lugar en derecho digo: Que parte de la dotación de la sacristía que obtiene Angulo consiste en la porción de granos con que le contribuyen los labradores por el trabajo de tocar las campanas a nublado en tiempo de tempestades, aunque sean horas incómodas de media noche. Esta limosna, o remuneración por una costumbre inmemorial se ha pedido o cobrado por los antecesores de Angulo, y por este mismo en las heras, siguiendo en esto sin duda el ejemplo de todos los demás pueblos del obispado, cuyos labradores han suministrado dicha contribución en las mismas. Así que esperaba mi parte no habría persona que intentase privarle de la expresada limosna y despojarle injusta y violentamente de la posesión en que está y han estado sus antecesores de cobrarla, pero el suceso no ha correspondido a su justa esperanza. En efecto, señor, habiendo acudido D. Félix Ramírez, presbítero en dicha villa (enemigo declarado de mi parte) asociado de otro vecino de la misma, al alcalde ordinario de ella D. Manuel Ruiz, a quien gobierna y dirige el mencionado presbítero, como primo hermano que es de la mujer de dicho alcalde, con la solicitud de que se prohibiese a mi parte pedir la referida limosna, o más bien estipendio debido a su trabajo, y deseando complacer ciegamente el alcalde a su amigo y pariente el presbítero Ramírez, valiéndose de una ocasión tan oportuna de manifestar en la persona de mi parte el encono y enemiga que dicho alcalde profesa al otro alcalde, su compañero y suegro de mi parte, de resultas de varios pleitos que se han suscitado en dicha villa, accedió a la referida pretensión por auto proveído sin acuerdo de asesor y notificado a mi parte en 4 de julio próximo pasado, por el cual se le conmina con la multa de 20 ducados si sale a pedir la indicada acostumbrada limosna, no sólo por las heras, sino aun por las casas. La superior penetración del Consejo comprende perfectamente que la pretensión del presbítero Ramírez y la providencia del alcalde Ruiz no han tenido otro objeto que el de explicar su enemiga y desahogar las desavenencias que respectivamente tienen con mi parte y con su padre político, respecto lo cual, que por la expresada providencia queda mi parte indotado y enteramente arruinado, pues depende su subsistencia y la de su familia de la mencionada contribución, porque los demás emolumentos que rinde la sacristía son de corta consideración, y que ante todas cosas debe ser restituido en la posesión en que han estado sus antecesores y mi parte de percibir dicho estipendio, y de la cual ha sido despojado injusta y violentamente, esto es sin haber sido oído ni vencido en un juicio formal, por tanto:

A Vuestra Señoría  suplico que habiendo por presentado el referido poder y teniendo en su alta consideración las que van hechas, se sirva mandar librar la real provisión correspondiente para que siendo cierto, como lo es, haber estado los antecesores de mi parte y mi parte mismo en la quieta y pacífica posesión de que ha sido este injustamente despojado, no se le impida el salir por las heras a recoger la contribución que siempre han pagado al sacristán por tocar a nublado, conminando al alcalde con las multas y apercibimientos que la circunspección del Consejo estime oportunas, como dicta la justicia que pido, imploro la protección del Consejo, juro lo necesario, etc.-

Rafael Martínez Ariza.

Lic. D. Cayetano Montes.

 

(f. 5v)

Sala de Justicia 1ª, Madrid, 5 de agosto de 1799: La justicia ordinaria de la villa de TresJuncos no impida a esta parte pueda pedir la limosna que voluntariamente le quieran dar los vecinos en sus casas, después de recogidos los frutos, por la razón que expresa.

 

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