Leyes de cofradías

A lo largo del año 2016, vamos a dedicar la publicación del tercer domingo de mes, al menos de aquí hasta septiembre, a un documento sobre el tema de la reforma de las cofradías novohispanas de tiempos de los Borbones. En esta ocasión vamos a presentar sólo su fundamento jurídico: la legislación recopilada, las Leyes de Castilla y las Leyes de Indias. Resultan de interés porque, como puede advertirse, las recopilaciones mismas y las leyes que aparecen en ellas son muy antiguas respecto de la reforma de cofradías del siglo XVIII, y por ello, en particular las de Castilla, consideran a las cofradías como reuniones, pero que podían tener fines distintos de los religiosos. Resultan así estas leyes un buen testimonio de que en el Antiguo Régimen no existía nuestro moderno derecho de reunión y asociación. Sólo los representantes de las majestades divina y humana, los obispos y magistrados reales, podían autorizar una reunión permanente para algún fin, religioso por definición en esa sociedad marcada por el catolicismo.

Mas debemos destacarlo: los reformadores borbónicos no pusieron en cuestión estas leyes, sino antes bien procuraron su cumplimiento.  De hecho, la reforma se planteó como una suerte de restauración del orden previsto por estas leyes, al “descubrir” que la mayoría de las cofradías de los reinos hispánicos no contaba con las licencias correspondientes. Es decir, como siempre cuando se trata de leyes, estos documentos son más el testimonio de unos ideales que de una realidad. Veamos pues los términos de partida de una de las reformas que sacudieron al mundo hispánico en la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Recopilación de Leyes de Castilla, libro VIII, título XIV, 1569*

Sello_de_Enrique_IV_de_CastillaLey III. Que no se hagan ligas en son de cabildos y cofradías

  1. Enrique IV en Santa María de Nieva, año 73.

Pe. 31, después de lo que pueyo en Toledo, año 62, peti. 36.

Confirma el emperador Carlos esta ley y manda se guarde en Madrid, año 1534, pe. 29.

Porque muchas personas de malos deseos, deseando hacer daño a sus vecinos, o por ejecutar la malquerencia que contra algunos tienen, juntan cofradías, y para colorar un mal propósito toman advocación y apellido de algún santo o santa, y llegan allí otras muchas personas conformes a ellos en los deseos, y hacen sus ligas y juramentos para así ayudar, y algunas veces hacen sus estatutos honestos para mostrar en público, diciendo que para la ejecución de aquellos hacen las tales cofradías, pero en sus hablas secretas y conciertos tiran a otras cosas que tienden en mal de sus prójimos, y escándalos de sus pueblos; y como quier[a] que los ayuntamientos ilícitos son reprobados y prohibidos por derecho, y por leyes de nuestros reinos, pero los inventores de estas novedades, buscan tales colores y causas fingidas, juntándolas con santo apellido, y con algunas ordenanzas honestas, que ponen en el comienzo de sus estatutos, por donde quieren mostrar que su dañado propósito se puede disculpar y llevar adelante, para esto reparten y echen entre sí cuantías de dineros para gastar en la prosecución de sus malos deseos, de lo cual suelen resultar grandes escándalos y bullicios, y otros males y daños en los pueblos y comarcas donde esto se hace, por lo cual queriendo remediar y proveer sobre ello, revocamos todas y cualquier cofradías y cabildos que desde el año de sesenta y cuatro acá se ha hecho, en cualquier ciudades y villas y lugares de nuestros reinos, salvo las que han sido hechas después acá se hubieren hecho, solamente para causas pías y espirituales, y precediendo nuestra licencia, y autoridad del prelado; y que de aquí adelante no se hagan otras salvo en la manera susodicha; so grandes penas. Y otro sí defendemos y mandamos que en las cofradías hechas hasta el año de sesenta y cuatro, no se habiendo hecho como dicho es por dichas causas pías y espirituales y con las dichas licencias, que no se junten ni alleguen los que se dicen cofrades de ellas, antes expresamente las deshagan y revoquen por ante el escribano públicamente, cada y cuando por la justicia ordinaria de la tal ciudad villa o lugar les fuera mandado, o fuere sobre ello requeridos por cualquier vecino dende; so pena que cualquier que lo contrario hiciere, muera por ello, y haya perdido el mismo hecho sus bienes, y sean confiscados para nuestra cámara y fisco; y que sobre esto las justicias puedan hacer pesquisa cada y cuando vieren que cumple, fin que preceda denunciación ni delación, ni otro mandamiento para ello.

Ley IV. Para que no haya ayuntamiento de cofradías oficiales, aunque estén confirmadas; y que las justicias hagan ordenanzas acerca del ejercicio de los oficios, y vean los que están hechas.

El emperador Carlos en Madrid, año de 1552. Pragmática, c. 16.

Otros si mandamos que las cofradías que hay en estos reinos de oficiales se deshagan, y no las haya de aquí en adelante, aunque estén por nos confirmadas, y que a título de las tales oficios no le puedan ayuntar ni hacer cabildo ni ayuntamiento; so pena de cada diez mil maravedís, y destierro de un año del reino. Y porque conviene que los dichos oficiales usen bien de sus oficios, y en ellos haya veedores, mandamos que la justicia y regidores de cada ciudad villa o lugar, vean las ordenanzas que para el uso y ejercicio de los tales oficios tuvieren, y platiquen con personas expertas, y hagan las que fueren necesarias para el uso de los dichos oficios, y dentro de sesenta días las envíen al nuestro consejo para que en el se vean y provea lo que convenga y entre tanto usen de ellas, y que cada año la justicia, y regidores nombren veedores hábiles y de confianza para los dichos oficios; y que la justicia ejecute las penas en ellas contenidas.

Recopilación de Leyes de Indias, libro I, titulo IV, 1680*

Felipe III a caballoLey XXV. Que no se funden cofradías sin licencia del Rey, ni se junten sin asistencia del Prelado de la Casa y Ministros Reales.

  1. Felipe III en Aranjuez a 15 de mayo de 1600.

Y D. Felipe IV en esta Recopilación.

Ordenamos y mandamos, que en todas nuestras Indias, Islas y Tierra firme del mar Océano, para fundar Cofradías, Juntas, Colegios o Cabildos de Españoles, Indios, Negros, Mulatos u otras personas de cualquier estado o calidad, aunque sea para cosas y fines píos y espirituales, preceda la licencia nuestra y autoridad del Prelado Eclesiástico, y habiendo hecho sus Ordenanzas y Estatutos, las presenten en nuestro Real Consejo de las Indias, para que en él se vean y provea lo que convenga, y entre tanto no puedan usar ni usen de ellas; y se confirmaren o aprobaren, no puedan juntar ni hacer Cabildo ni Ayuntamiento, sino es estando presente alguno de nuestros Ministros Reales, que por el Virrey, Presidente o Gobernador fuere nombrado, y el Prelado de la Casa [donde] se juntaren.

* Segunda parte de las leyes del reino [Recopilación de las leyes de estos reynos hecha por mandado del rey don Philippe Segundo] (1569), libro VIII, título XIV “De las ligas, monopolios y cofradías”, leyes 3 “Que no se hagan ligas en son de cabildos y cofradías” y ley 4 “Para que no haya ayuntamiento de cofradías de oficiales aunque estén confirmadas, y que los justicias hagan ordenanzas acerca del ejercicio de los oficios y vean las que están hechas”, versión digital, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2009-2010, http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/consulta/registro.cmd?id=16938 consultado el 31 de agosto de 2013

* Recopilación de Leyes de Indias, libro I, título IV “Hospitales y cofradías”, ley XXV, “Que no se funden cofradías sin licencia del rey, ni se junten sin asistencia del prelado de la casa y ministros reales”, http://www.congreso.gob.pe/ntley/LeyIndiaP.htm consultado el 31 de agosto de 2013

Comentarios: