Levasseur y la reforma de la Iglesia Mexicana I

Ahora que el tema de la correspondencia diplomática está de moda gracias a WikiLeaks, aquí una entrada sobre la diplomacia del siglo XIX, que es también un tema apasionante. Embajadores, ministros plenipotenciarios, enviados extraordinarios, o simples representantes oficiosos, su correspondencia con sus gobiernos da cuenta de una vasta gama de observaciones sobre los países en los que residían, además de una actividad muy importante, a veces más allá de lo que sus propios superiores hubieran esperado, en la promoción de los intereses que representaban y en la protección de algunos de sus compatriotas. El tema de la reforma religiosa, la de la Iglesia católica en particular, que tanto apasionó al siglo XIX, se contó también entre las preocupaciones de los diplomáticos.

Aquí un caso especialmente interesante, el de André Levasseur, enviado extraordinario y ministro pleniponenciario enviado por la II República francesa a México en 1848. No era un tarea fácil, pues las relaciones entre México y Francia estaban interrumpidas desde la salida de su predecesor, Alleye de Cyprey, último representante de la monarquía constitucional francesa. Según se muestra en su correspondencia al ministro de Asuntos Extranjeros, Levasseur era orgullosamente republicano y además un fiero defensor de la imagen y de los intereses de su país ante los mexicanos. Saliendo incluso de las líneas que le marcaba su ministerio, no dudó en acercarse a los políticos mexicanos e incluso al presidente, el general Mariano Arista, para impulsar proyectos muy concretos, en beneficio de México decía él, pero por supuesto y sobre todo en beneficio de los intereses galos. Uno de los temas en que el plenipotenciario no dudó en intervenir fue en el de la reforma de la Iglesia. Cabe decir que no era particularmente original, a pesar de sus afirmaciones en contrario. Básicamente proponía a los mexicanos el ejemplo de la Iglesia de Francia, desde dos perspectivas, una propiamente moral y religiosa, y otra directamente económica. Dejaremos la segunda para otra entrada, aunque digamos desde ahora que se trataba de sugerir la desamortización de los bienes eclesiásticos, hecho consumado por la Revolución en la década de 1790 y aceptado finalmente por la Iglesia galicana en el Concordato entre Napoleón y el Papa Pío VII firmado en 1801. Pero por lo toca a moral y religión, Levasseur insistía en presentar al clero galicano como ejemplo de la primera, ante la “hipocresía” de los sacerdotes mexicanos, y a los rituales franceses como más “ordenados” que los celebrado en México, que arriesgaban el “fetichismo”. Para mejor aportar el ejemplo francés a los mexicanos, Levasseur se empeñó en obtener la apertura de una iglesia, la de San Luis de los franceses, para sus connacionales, misma que se abrió con gran pompa en mayo de 1849. A continuación, su reporte de dicho evento a sus superiores, documento que me ha hecho favor de permitirme utilizar para este blog, junto con buena parte de la información que he citado hasta aquí, mi colega Irina Susana Valladares García, doctorante en Historia de la EHESS, y apasionada de las relaciones diplomáticas y comerciales entre México y Francia en el siglo XIX, tema al que dedica una interesante tesis. Sin más preámbulo pues, el informe del plenipotenciario en su idioma original.

Archives du Ministère des Affaires Étrangères, Correspondance politique-Mexique, vol. 37, f. 163, carta de André Levasseur, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario al ministro, México, 14 de mayo de 1849

« En vous énumérant, dans une dépêche du 1. avril, no. 18, les avantages que j’ai obtenus du gouvernement mexicain, en retour de la conservation provisoire de la Légation Française, je vous ai indiqué la cession que nous a été faite d’une église consacrée à l’usage des français résident à Mexico. Je suis heureux de pouvoir vous annoncer que depuis un mois nous sommes en possession de cette église et que, le 4 mai, les français résident à Mexico ont eu la satisfaction de célébrer sous ses voûtes pavoisés de drapeaux tricolores l’anniversaire de la proclamation de la république pour l’assemblée constituante.

Mes prévissions touchant les heureux résultats que nous pourrions recueillir de l’établissement d’une église catholique spécialement réservée aux pratiques religieuses de nos nationaux se sont déjà largement accomplis. L’ordre établis dans l’intérieur de notre temple, la dignité avec laquelle s’y célèbre notre culte, la conduite exemplaire et le zèle éclairé de notre curé forment un contraste trop grand avec le désordre qui règne dans les églises mexicains, le fétichisme qui s’y pratique et l’hypocrite intolérance ou l’immoralité et le cynisme de leurs prêtres pour que l’esprit public n’en ait pas été frappe. Aussi : puis-je affirmer que déjà un heureux changement s’est opéré dans les sentiments que le peuple du Mexique professe à notre égard en matière religieuse […]

D’un autre côté, les hommes éclairés, au nombre desquels je suis heureux de pouvoir compter quelques membres du haut clergé, ont accueilli l’ouverture de notre église avec une vive satisfaction parce qu’ils espèrent trouver bientôt dans les bons exemples qu’elle donnera un terme de comparaison qui fera comprendre à tout le monde la nécessité de réformer le désordre et l’immoralité de l’Église Mexicaine ».

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