Letanías

Ut frutus terrae dare et conservare digneris, te rogamus…

Aunque confieso no haber hecho una búsqueda exhustiva al respecto, tengo la impresión de que el de las letanías es posiblemente uno de los rituales más olvidados para la historiografía del catolicismo mexicano. Éstas, según la tradición, habrían sido instituidas por San Mamerto y tenían lugar precisamente en el tiempo litúrgico que vivimos en estos días, la Pascua, pero más bien cerca de su final, en la semana previa a la fiesta de la Ascención, cuarenta días después del domingo de Resurrección.

¿En qué consistían? No es  difícil averiguarlo. Veamos la indicación que el cura de Orizaba anotó al respecto en su directorio parroquial a mediados del siglo XVIII. Se trataba un ciclo de cuatro celebraciones, distribuidas entre tres días (lunes, martes y miércoles evidentemente) precedentes a la Ascensión. Con la asistencia de todas las cofradías de la villa, se organizaba una procesión que salía de la parroquia rumbo a cierto lugar sagrado de importancia, como la capilla del Calvario, o incluso recorría el propio templo parroquial pidiendo en todas a Dios buenos temporales y sucesos abundantes, cosechas y frutos, y que asimismo nos libre de hambres, epidemias, pestes, secas, diluvios, temblores, tempestades y muertes repentinas”. Así las letanías constituyen un ejemplo muy claro de un tema que ha sido estudiado por la historiografía europeas siguiendo lo hecho por Jean Delumeau: el sentimiento de seguridad. Aunque tenían su ubicación propia en el calendario litúrgico, las letanías podían rezarse en varios momentos del año: lo mismo en la colocación de la primera piedra de una iglesia que en la consagración de un obispo. Desde luego, se rezaban con motivo de cualquier “calamidad pública”, muchas veces a petición de las autoridades. Conviene decir que, si su origen se remonta casi a lo “inmemorial”, no han dejado de rezarse hasta nuestros días.

En el caso de la villa de Orizaba, que es el que menos desconozco, hay varios testimonios de ellas, curiosamente no tanto para el siglo XVIII sino para los primeros años del XIX. Motivos no faltaron: un fuerte temblor el 12 de marzo de 1819, un tormenta eléctrica en julio de 1822, la epidemia de cólera en el verano de 1833. En estos años, además, hubo numerosas rogativas con motivos políticos: la instalación de los congresos constituyentes nacionales y estatales, así como de las legislaturas ordinarias, y por supuesto, la celebración de las elecciones. En Orizaba las hubo además para evitar la expulsión de los religiosos españoles en diciembre de 1827.

¿Qué se rezaba en ellas? Si nos atenemos al Ritual Romano, se trataba sobre todo de la letanía de los Santos. Tal vez no esté de más decir que la letanía es una forma de oración a dos voces en la que una de ellas repite constantemente un mismo estribillo, normalmente una petición, y que se inspira de los salmos, particularmente del 135, en el que a la alabanza de las bondades divinas se responde una y otra vez con la frase “porque es eterno su amor”. En la letanía de los Santos se invoca literalmente a toda la Corte celestial, de forma jerárquicamente ordenada, desde la gracia de Dios padre y cada una de las personas de la Trinidad, hasta la intercesión de las santas vírgenes y mártires, pasando por la Virgen María, los patriarcas y profetas, apóstoles y evangelistas, discípulos, mártires, pontífices y doctores de la Iglesia, obispos y confesores, fundadores de órdenes y monjes y religiosos. En seguida, la letanía enumera las causas de las que la comunidad desea liberarse (ab omni malo, a morte perpetua) y concluye con una lista más concreta de peticiones (conservar la Iglesia, la paz entre los príncipes cristianos…) Aquí una versión en canto gregoriano: http://youtu.be/KiM9uJIN64g

Oración pues en que la Iglesia terrenal, muchas veces rodeada de la iglesia purgante, invoca a la Iglesia triunfante en su conjunto, era parte de un conjunto de rituales cuyo carácter, a veces muy dramático, es difícil reconstituir hoy en día, en que la idea de los desastres naturales como expresiones de la ira divina nos es hasta cierto punto ajena. A este respecto no puedo menos que terminar citando ampliamente la descripción que un vecino de Orizaba hizo de las rogativas con motivo del temblor que sufrió la villa en 1819:

“Irritada la Divina justicia contra los habitadores de esta villa por sus muchos pecados, es amenazada con temblores, peste, seca y hambre; determinó el vecindario hacer un novenario a la milagrosa imagen del Señor del Calvario y al patrón San Miguel, implorando la misericordia del Señor por medio de su Santísimo Hijo y del príncipe de la milicia celestial, Señor San Miguel, diciéndoles una misa solemne en cada iglesia, conduciendo a su Majestad en procesión, cantando la letanía de los santos.”

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