Las reliquias patentes en Todos Santos de 1728

DSCF4645En uno de sus primeros números, el doceavo para ser preciso, la Gazeta de México daba cuenta de manera resumida de uno de los eventos más importantes y característicos de la cultura católica del siglo XVIII: la exposición de reliquias en la fiesta de Todos Santos. Órgano de la publicidad tradicional, la de la religión sobre todo, la Gazeta no podía dejar un evento como éste. Las reliquias, muchas veces reservadas en los tesoros de las iglesias o al menos en capillas propias, como la que vemos en la imagen de la Catedral de Puebla, quedaban ese día a la vista de los fieles, que acudían a venerarlas. Aquí la lista, transcrita de la versión consultable en la Hemeroteca Nacional Digital de México.

El lector advertirá en ella que, se trataba de un catálogo resumido y puntual pero diverso, incluyendo cuerpos completos, cabezas, manos o al menos dedos, así como dientes. Los cráneos, sin embargo, son los más mencionados, lo que muestra posiblemente la importancia dada a esa reliquia mayor, de la que se originó la tradición de las calaveritas de azúcar. Ahora bien, si las iglesias de los franciscanos y de las jerónimas podían presumir de contar con alguna de un santo local (San Felipe de Jesús), todas las demás eran reliquias importadas de Europa, tráfico que valdría la pena rastrear a detalle alguna vez.

Gazeta de México, número 12, 1o de noviembre de 1728, pp. 1-2.

“Desde las primeras hasta las segundas vísperas de la festividad de Todos Santos, se pusieron patentes en toda slas iglesias las muchas y muy exquisitas reliquias que en ellas, con toda veneración, en ricas urnas y preciosos relicarios se veneran:

En la Santa Iglesia Metropolitana, el cuerpo de San Primitivo, el de Santa Hilaria, dos cabezas de las once mil vírgenes, de San Anastasio, de San Gelasio, de San Vito y otras.

En Santo Domingo, una muela del santo, el cuerpo de San HIpólito presbítero, birrete de San Francisco Xavier, zapato de San Pío V, un dedo y todo un libro de mano de San Luis Beltrán, la cabeza de Santa Sapiencia, una muela de Santa Catalina de Sena y otras.

En San Francisco, un hueso de San Antonio, otro de San Diego, una canilla de San Felipe de Jesús, dos cabezas de las once mil vírgenes, un diente de San Lorenzo y otras.

En San Diego, dos cabezas de las once mil vírgenes, una mano de San Pedro de Alcántara y otras muchas.

En San Agustín, una muela del santo, hueso de Santo Tomás de Villanueva, sangre de San Nicolás Tolentino, de Santa Iucunda y otras.

En la Profesa, el cuerpo de San Aproniano, entrañas de San Ignacio, su firma y otras.

En San Felipe Neri, muela del santo, sangre de San Francisco de Sales, huesos de San Bono, de Santa Liberata, de San Donato, y otros.

En San Gerónimo, hueso del santo, un dedo de San Felipe Jesús y la cabeza de Santa Cordula;

sin otras muchas que se guardan en las restantes iglesias, de que no se hace mención por excusar prolijidad.”

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