La simonía en los pasados siglos de Agustín Rivera

Portada SimoníaEste año, justo el 6 de julio próximo, se cumple el centenario de la muerte de Agustín Rivera y Sanromán (1824-1916), clérigo de quien ya hemos hablado en otro momento en este blog. En el marco del proyecto Agustín Rivera y su tiempo: la cultura de Lagos en el siglo XIX, del cuerpo académico “Cultura y Sociedad” del Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara, hemos procurado identificar de manera más precisa todas las obras que publicó Rivera, y ahora podemos agregar una más a las 156 que hasta el momento habíamos retomado de la bibliografía que elaboró Juan B. Iguíniz y de los propios recuentos que hizo nuestro autor. Hemos encontrado este folleto titulado La simonía en los pasados siglos, que se encontraba en la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco “Juan José Arreola”, y presentamos aquí su transcripción. Ambas actividades, la localización y transcripción, las realizó un joven estudiante de la carrera de Humanidades, Sergio Paúl Carrillo Collazo.

Como el lector podrá advertir, se trata de una colección de citas sobre la materia que da título al opúsculo. No es raro, de hecho desde sus primeras obras fue una práctica frecuente de Rivera construir estos catálogos de citas, recordemos tan sólo sus Inscripciones colocadas en las paredes del Liceo de Lagos, impresa en 1869, o los “Encomios de los clásicos cristianos y de los clásicos paganos acondicionados” que incluyó en la novena adición de su Ensayo sobre la enseñanza de los idiomas latino y griego y de las bellas letras por los clásicos paganos, publicado en varias entregas en la década de 1880. La selección de autores citados es asimismo muy clásica de nuestro autor, con algunas de sus obras favoritas, como los comentarios de Cornelio Alápide, jesuita neerlandés del siglo XVII, o la del canonista piamontés del XVIII, Carlo Sebastiano Berardi, quien como el propio Rivera indica aquí, fue muy leído por el clero mexicano de la primera mitad del siglo XIX. Tampoco era raro su ejercicio de citar a los Santos Padres a partir de compilaciones de textos, en este caso de la Aurifodina. Todo ello, nos permite presentar al opúsculo como un clásico ejemplo de la erudición de Rivera.

Mas además de erudito, era un autor crítico, y así se muestra, de nuevo es algo muy común en él, en sus notas a pie de página. De hecho, lo notará el lector, en realidad es un opúsculo con dos series de notas, cuyas referencias se distinguen por utilizar números para las que sólo presentan la fuente citada, y letras para aquellas en que vierte una opinión. Lamentablemente a nuestro ejemplar le falta una hoja, es decir, dos páginas, por lo que no podemos conocer todas esas notas e incluso una la presentamos inconclusa. Como puede verse, Rivera aprovecha el texto erudito para criticar algunas prácticas de la Iglesia novohispana y mexicana, sobre todo de tiempos del sistema beneficial, que fue desapareciendo en la segunda mitad del siglo XIX.

Ya sin más preámbulo, dejamos al lector con nuestra mejor manera de conmemorar a Agustín Rivera y Sanromán en el centenario de su fallecimiento, promoviendo su lectura.

 

La simonía en los pasados siglos. Doctrinas de la Santa Escritura, de los Cánones de la Iglesia, de los Santos Padres y de los Doctores Católicos contra la simonía, recogidas y publicadas por Agustín Rivera. Lagos de Moreno, Imprenta de López Arce e Hijos, 1900, 11 pp.

Localizado en: Biblioteca Pública del Estado de Jalisco. Clasificación 291.2 RIV

 

ADVERTENCIA

Muy lejos ha estado en mi ánimo al escribir este folleto el zaherir al clero de la Arquidiócesis de Guadalajara, ni al de otra alguna diócesis, a todos los que respeto. Lo publico como publiqué mi Tratado Breve Teológico-Moral de los Sacramentos en general y otros opúsculos sobre materias eclesiásticas, a saber, porque me ha parecido que esta colección de sabias doctrinas sobre la simonía sería muy útil, especialmente para los jóvenes que se preparan para subir al altar.

Lagos de Moreno, 26, mayo, 1900.

Rivera.

 

Todo obedece al dinero.
Libro del Eclesiastés[1].

Habló el rico y todos callaron[a].
Libro del Eclesiástico[2].

Hay hombre que es honrado por sus riquezas.
Libro del Eclesiástico[3].

Nada hay tan alto y tan inaccesible que no se obtenga con las riquezas.
Cornelio Alápide[4].

Es cosa frecuente en la sociedad elegir para magistrados a los ricos, como más honorables y poderosos, para que dominen a los demás como inferiores y súbditos.
Alápide[5].

Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente.
Evangelio de San Mateo[6].

Todos los que están bajo la obediencia de la Compañía, acuérdense que deben dar gratuitamente lo que recibieron gratuitamente, no pidiendo ni recibiendo estipendio ni limosnas algunas, con las que parezca compensarse las misas, confesiones, sermones o cualquiera otro oficio de aquellos que la Compañía puede ejercer según nuestro instituto; para que así puedan proceder con mayor libertad en el servicio de Dios y en la edificación de los prójimos.
San Ignacio de Loyola[7].

Es verdadero aquello de Tulio en el libro II de los Oficios: “Los hombres se mueven con una grandísima admiración hacia aquel cuyo móvil no es el dinero.”
Alápide[8].

El operario es digno de su alimento.[b]
Evangelio de San Mateo[9].

¿Qué se entiende por precio en orden a cometer simonía? Comúnmente se llama don, o en idioma latino manus, el cual según Santo Tomás (2.2. q. 100, art. 5) y el C. sunt nonnulli 1. q. 5, se divide en munus a manu, munus a lingua y munus ab obsequio… Por munus a manu no se entiende únicamente el dinero, oro, plata, vestidos u otras cosas semejantes que suelen comprarse y venderse, ya sean muebles o inmuebles, sino también cualquier cosa temporal precioestimable… Munus á lingua denota cualquier alabanza, recomendación o intercesión que se interpone o se promete interponer, con pacto expreso o tácito de que se confiera alguna cosa espiritual… Entiéndase por munus ab obsequio cualquier servicio prestado o que deba prestarse a otro, bajo la obligación de que este confiera al que le sirvió, algún beneficio eclesiástico o cualquier otra cosa espiritual. Dice aquí Layman que no envuelve simonía el servir a alguno gratuitamente, con la esperanza de ser presentado o instituido para algún beneficio eclesiástico en remuneración de los servicios prestados, bien así como tampoco incurre en ella el Obispo o patrón, que en remuneración de dichos servicios o en vista del talento o disposición de un sujeto, le confiere algún derecho o un beneficio espiritual. Sin embargo, tratándose de una materia tan delicada y espinosa, creemos oportuno advertir aquí el gran cuidado que debe tenerse de que estas cosas no sean el motivo principal de dar el beneficio, pues de lo contrario se incurriría en simonía. Por tanto, para evitarla, debe el colador o patrono de un beneficio prescindir completamente de dichos servicios y atender únicamente a los méritos del sujeto.
Edmundo Voit[10].

Y Pedro le dijo [c]: “Tu dinero sea contigo en perdición.”
Hechos de los Apóstoles[11].

Según el derecho divino es simonía prometer, dar o recibir una cosa temporal precioestimable por la colación, elección, presentación o confirmación para un beneficio eclesiástico.
Scavini[12].

¿Cuáles son las causas que excusan de la mancha de simonía? … 5ª Cuando se da una cosa temporal por un trabajo extrínseco, que solamente por accidente se junte con una cosa sagrada[d].
Scavini[13].

A la verdad, en los cuatro primeros siglos de la Iglesia, los eclesiásticos no tuvieron muy frecuente ocasión de cometer dicho crimen, (la simonía), porque las Iglesias todavía no abundasen en bienes temporales. Mas cuando fue más amplia la liberalidad de los fieles, y se dio lugar entre los eclesiásticos al lujo y a la avaricia, principalmente en el siglo V y en el VI, el crimen de la simonía ocupó los ánimos de muchísimos, por lo que Gregorio el Grande muchas y muchísimas veces se vio obligado a reprender a los simoníacos, como consta claramente por varios cánones de aquel Pontífice presentados por Graciano, principalmente en la causa 1ª, cuestión 1ª. De una manera más detestable se propagó aquel vicio en el siglo X y en el siglo XI, pues cayeron entonces los hombres en los tiempos del oscurantismo y de hierro, en que la verdadera doctrina y la sincera piedad, la religión respeto de Dios y de las cosas divinas parecía a primera vista desterrada de entre los hombres. Los Sumos Pontífices, entre otros Gregorio VII, Nicolás II, Alejandro II, Inocencio II, y Calixto II, con frecuencia en sus Epístolas y Concilios procuraron proponer remedio a tantos perjuicios de las Iglesias, diligencia que imitaron muchos Obispos de las Iglesias, de manera que apenas aparezca algún Concilio celebrado en el siglo XI y en el XII, en que no se hayan expedido cánones para condenar y detestar la simonía.
Carlos Sebastián Berardi[14].

El cuerpo recibió la dignidad y el espíritu perdió el honor.
San Ambrosio[15].

El que compró un sacramento o una iglesia, o prebendas, o la entrada a las iglesias, o procuró esto en su favor por medio del poder civil, sepa que ya está condenado con Giezi y con Simón (el Mago).
San Agustín[16].

Los mismos oficios de la dignidad eclesiástica se han convertido en una torpe ganancia y en negocios de tinieblas[e].
San Bernardo[17].

Hoy los simoniacos, el pagar con amplitud a los empleados de una Curia (intercesores, recomendadores, agentes), lo reputan liberalidad.
San Buenaventura[18].

Si no hay ninguna prueba del acto, ninguna solicitud acerca de las costumbres (del beneficiado), ningún examen de su vida, sino que solamente se estime digno el que tuviere lo suficiente para dar el precio, esto es simoniaco.
San Gregorio el Grande[19].

El texto “Todo obedece al dinero” o sea a la plata, tiene uno de dos sentidos: o que los doctores, después que se han enriquecido, ejercen gobierno sobre los pueblos, o, ciertamente, que la plata es el símbolo del bien hablar[f].
San Jerónimo[20].

Para que haya simonía nada importa que no des dinero; pero en lugar de dinero adulas, seduces y maquinas muchas cosas.
San Juan Crisóstomo[21].

Veamos cómo estaba la simonía en México en el último tercio del siglo XVI. El Concilio III Mexicano, que se celebró en 1585, dice: “Aunque desde el mismo origen de la recién nacida Iglesia fue el vicio de la simonía abominable y execrable, y se ha prohibido por los Sagrados Cánones y castigado con graves penas, sin embargo, ha sido tal la malicia de los hombres, que procuran ocultar y paliar sus pactos simoniacos con diversas estratagemas y engaños. Cuyo contagio ha cundido tanto en este arzobispado y provincia, ya para conseguir las presentaciones que se hacen en estas partes, como para negociarlas en la Corte de Su Majestad, que está pidiendo conveniente y oportuno remedio. Y queriendo aplicarlo este sínodo, manda que ningún eclesiástico ni seglar, de cualquier dignidad y condición que sea, haga pactos ni condiciones, o prometa dinero u otra cosa con nombre de estrenas, guantes o gratificaciones si se logra la prebenda, o con pretexto de salario o derechos por su trabajo y diligencias, o para granjear el favor de los palaciegos, solicitadores, procuradores u otras personas allegadas a aquellos que deben conferir y presentar a los beneficios; ni dé escritos con nombres de deudas contraídas por otras causas, o haga que ellos los den, en los cuales prometa que guardará indemnes a los que se hayan obligado por razón de la cantidad que pagaren, ni de cualquier otro modo haga semejantes pactos por sí ni por tercera persona. Todos los cuales declara simoniacos el presente Sínodo.
Concilio Tercero Mexicano.

Veamos ahora como se hallaba México en materia de simonía en el siglo próximo pasado. El Concilio IV Mexicano dice “La simonía desde el principio de la Iglesia ha sido siempre abominable; mas es tanta la malicia humana, que se ha procurado encubrir y paliar con varios pretextos; y para cortarlos de raíz, manda este Concilio que ningún eclesiástico o secular pueda hacer pactos o tratos, prometer dinero o lo que llaman gala o  regalos, para obtener algún beneficio eclesiástico o alcanzar el favor de alguna persona de elevada dignidad[g].
Concilio IV Mexicano[22].

FALTAN DOS PÁGINAS

NOTAS

[a] Todos los súbditos agacharon la cabeza y ninguno se animó a levantar la voz en contra con energía. En los pasados siglos los vasallos hacían el papel de burros, porque aunque los señores hiciesen injusticias, aquellos no podían hablar ni una palabra.

[b] Este texto y la necesidad de sostener el culto justifica las contribuciones establecidas por la Iglesia.

[c] A Simón el Mago, de cuyo nombre viene la palabra Simonía.

[d] Verbigracia, los dineros que se dan en Roma por algunas dispensas para sueldos de algunos empleados de la Corte Romana, por el trabajo extrínseco que han tenido estudiando o escribiendo en el negocio de aquella dispensa.

[e] Porque estos negocios se trataban en las tinieblas del más cuidadoso secreto.

[f] El bien hablar, el hablar con arte, es como el dinero: el buen uso de la palabra produce muchos bienes, y el abuso, teniendo por fin el egoísmo, el interés individual, produce muchos males. Verbi gracia: en los pasados siglos un aspirante a beneficio eclesiástico trataba de conversar con frecuencia con aquellos de quienes esperaba y procuraba conseguir el beneficio. Hablaba como hombre de importancia, con gravedad en el semblante, con frases lacónicas y sentenciosas, con maneras insinuantes, decía que tal y tal caso muy difícil que se le había presentado, lo había resuelto con mucha facilidad, haciendo creer que tenía talento para los negocios de gobierno y que sería muy útil a la Iglesia. Las palomas, que no tenían nada de serpientes, lo escuchaban con admiración diciendo: “¡Qué talento de gobierno!” y le servían de escalera, sin prever los graves males que resultarían (entre ellos el escándalo) de colocar a aquel hombre en el candelero. Llamo palomas a los que aconsejaban y procuraban que se confiriese el beneficio y a los que lo conferían, porque de parte de los unos y de los otros no había simonía, sino candor y debilidad de carácter. Aquel hombre sagaz pronto llegaba a tener en sus manos las riendas del gobierno, el palo y el mando, y entonces se verificaba lo que dice el Apóstol San Pedro: que; importándole un bledo hospitales y enfermos, sólo procuraba enriquecer más y más turpis lucri gratia, y gobernar con despotismo a los clérigos: dominantes in cleris. A los que aborrecía, suspensos, los hacía morir en la miseria (hecho histórico), y a aquellos que por ser favorables a sus fines o por otro capítulo le eran gratos, les daba destinos buenos por los emolumentos, o por el clima o por el poco trabajo (son hechos).

Jóvenes estudiantes de teología el obispo Melchor Cano en su aureo libro “De los Lugares Teológicos”  os encarga que estudiéis la Historia, porque es una palabra inmortal que ella es la maestra de la vida. Abrid la historia de España, la de Francia o la de cualquier otra nación, y veréis que los rasgos que acabo de trazar son el resumen de la historia de todos los reyes débiles y de sus ministros astutos.

[g] Simón el Mago claramente y sin rodeos les ofreció dinero a los Apóstoles por que le concedieran la potestad de conferir sacramentos: obtulit eis pecuniam. Los simoniacos, viendo lo mal que le había ido a su patriarca, ya no ejecutaron la simonía de la manera tan tonta con la que había ejecutado Simón el Mago, esto es, comprando las cosas espirituales o anexas a ellas con pacto expreso, como quien compra una finca en almoneda pública, o compra otra cosa a dinero contante sobre el mostrador de una tienda, sino que inventaron los pactos tácitos, encubiertos so capa y color de cosas lícitas; verbi gracia, los aspirantes a beneficios eclesiásticos remitían vajillas de plata como regalos a los Reyes de España y a sus ministros [Faltan las páginas en que esta nota concluye].

[1] Pecuniae obediunt omnia. (Cap. X, v, 19).

[2] Dives locutus est, et omnes tacuerunt. (Cap XIII, v. 28)

[3] Est homo qui honorificatur propter substantiam suam. (Cap. X, v. 33).

[4] Nihil est tam sublime et inaccessum, quod non obtineant divitiae. (Álapide, llamado el principe de los comentadores de la Escritura, Comentario al Eclesiastés, cap. X, v. 19).

[5] Solent in republica divites eligi in magistratus, velut honoratiores et potentiores ut caeteris velut inferioribus et subjectis dominentur. (Comentario a los Proverbios, cap. XXII, v. 7).

[6] Gratis accepistis, gratis date. (Cap. X, v. 8).

[7] Omnes qui sub obedientia sunt Societatis meminerint se gratis dare debere quae gratis acceperunt, nec postulando, nec admitendo stipendium vel eleemosynas ullas, quibus Missae, vel confessiones, vel praedicationes, vel quodvis aliud officium, ex iis quae Societas, juxta nostrum institutum excercere potest, compensari videatur, ut sic majori cum libertate possint et proximorum aedificatione in divino servitio procedure. (Constituciones, regla 17).

[8] Verum est illud Tuilli, lib. II Offic: “Homines maxime admirantur eum qui pecunia non movetur”. (Comentario al Evangelio de San Mateo, cap. X, v8).

[9] Dignus est operarius cibo suo. (Cap. X, v. 10).

[10] De la Compañía de Jesús, Teología Moral, tratado III, cap. 1º. art 5.

[11] Petrus autem dixit ad eum: Pecunia tua tecum sit in penditionem (Cap. VIII, vv. 19 y 20).

[12] Simonia est juris divini promittere, dare vel accipere temporale aestimabile pro collatione, electione, praesentatione, confirmatione ad eclesiásticum beneficium. (Theologia Moralis Universa, lib. II, no. 181).

[13] Quaenam sunt causae a simoniae labe excursantes?5ª. Quando temporale datur pro labore extrínseco, qui per accidens tantum conjungatur cum re sacra. (Opus et lib. cits. no. 190).

[14] Canonista clásico, que apoya sus doctrinas en la legislación hebrea, en el derecho romano, en la Historia de la Iglesia, en la filosofía de la historia y en la crítica más delicada, por lo que durante cerca de medio siglo sirvió de texto en la cátedra de derecho canónico en el Seminario de Guadalajara. Otra de las pruebas del gran mérito de esta obra es que en 1851, habiendo escaseado los ejemplares de ella en la República Mexicana, el sabio Dr. Sollano (después Obispo de León) hizo una nueva edición en la capital de México. Equidem quatuor prioribus Ecclesiae saeculis non adeo frequens fuit ocassio viris ecclesiasticus, ex qua illud crimen admitterent, proptereaquod Ecclesiae necdum bonis temporalibus abundarent. Quando vero fidelium fuit amplior liberalitas, luxuique atque avaritiae locus datus est apud clericos, saeculo praesertim quinto et sexto, simoniae crimen plurimorum animos occupavit, unde Gregorius Magnus saepe ac saepius debuit simoniacos reprehendere, uti liquet ex variis illius Pontificis monumentis, relatis apud Gratianum, praesertim in causa 1a, quaest. 1a. Detestabilius grassatum fuit vitium illud saeculo decimo et undecimo; inciderunt enim homines tunc in obscura tempora et ferrea, quibus et germana doctrina, et sincera pietas, ac religio in Deum resque divinas, visa fuit ab hominibus exulare. Pontificis Maximi, inter caeteros Gregorius VII, Nicolaus II, Alexander II, Inocentius II et Calixtus II passim in suis Epistolis ac Concilius curaverunt, ut tantis Ecclesiarum incommodes remedium adhiberutur, quorum diligentiam sectati fuerunt plures Ecclesiarum Antistites, adeo ut saeculo undecimo et duodecimo vix celebratum Concilium adpareat, in quo canones editi non fuerint ad damnandam detestandamque simoniam (Comentaria in Jus Ecclesiasticum Universum, al Libro V de las Decretales, parte 1a., disertación 3a., cap. 2).

[15] Caro suscepit dignitatem, et anima perdidit honestatem. (Citado por el erudito y venerable Roberto de la Orden de los Capuchinos, en su obra intitulada Aurifodina, que quiere decir Mina de oro, artículo Simonía).

[16] Qui sacramentum emit, vel Ecclesiam, vel Praebendas, vel Ecclesiarum introitus, vel saeculari potentia hoc pro se procuravit, sciat cum Giezi Simone jam damnatus est. (Aurifodina, ibid).

[17] Ipsa ecclesiasticae dignitatis officia in turpem quaestum, et tenebrarum negotium transierunt. (Aurifodina, ibid.).

[18] Simoniaci hodie largitatem reputant magnam curialitotem. (Aurifodina, ibid).

[19] Si nulla de actua probatio, sollicitudo nulla de moribus, nulla sit de vita discussio; sed ille solum modo dignus qui dare pretium suffecerit aestimetur, simoniacum est. (Aurifodina, ibid).

[20] Quod autem sequitur: Pecuniae vel argento obediunt omia, dupliciter accipiendum: vel ipsos doctores, postquam adulatione ditati sunt, regnum in populos exercere; vel certe quia argentum pro sermone Semper accipiatur. (San Jerónimo, cit. por Alápide, Comentario al Eclesiastés, cap. X, v. 19)

[21] In simonía nihil refert si non das pecuniam: sed pecuniae loco adularis, subornas, multaque machinaris. (Aurifodina, ibid).

[22] Traducción del Dr. D. Basilio José Arrillaga.

[NOTAS DE LAS PÁGINAS QUE FALTAN EN EL TEXTO]

23 Impreso por primera vez en el orden y bajo la inspección del Ilmo. y Rmo. Sr. Dr. D. Rafael S. Camacho, actual Obispo de Querétaro. Este Concilio no fue aprobado en Roma, no porque no lo mereciera, sino porque las tempestuosas circunstancias de la época no dieron lugar a su traducción al idioma latino, ni a los difíciles y dilatados tramites en el Consejo de Indias y en la Corte Romana, necesarios para su aprobación. Por lo mismo el documento citado no tiene fuerza de decreto conciliar; pero sí tiene fuerza de documento histórico, tanto por el argumento de autoridad, en razón de haberlo declarado así León XIII, como por el argumento de razón, enseñándolo así las reglas de la crítica.

24 Quod si quis, pacto interveniente, spiritualia concedit, ut temporalia consequatur, vel e converso, temporalia accipit ut spiritualia conferat, tanc simoniam realem admissise dicetur. Quoniam vero in fraudem et divinae et ecclesiasticae legis ímprobos homines callidas artes avaritia docet, non solum realis simoniae reos apellavimus illos qui expresam temporalis lucri pactionem iniverint, sed etiam qui ex conjecturis tacite pactum inivisse deprehendatur. (Ibid).

25 Hanc sane pestiferam confidentialis simoniae labem recentioribus saeculis subortam, detestati fuerunt Pontifices Maximi, praecaeteris Pius V in Constitutione 85a. et quoniam ilius, veluti clanculum et inter amicos contractae difficilis esse solet probatio in judiciis, voluverunt ejusdem causa semiplenis etiam probationibus reum posse damnari. (ibid).

26 Neque a simoniae vitio erit immunis, qui collatoni rei sacrae promiserit se certas res daturum, vel Ecclesiae, vel pauperibus, quemadmodum aperte definitiv Alexander II in canone 9, caus 1ª, quaest 3ª, et Innocentius III in cap. 34 de Simonia.. (Ibid).

27 Bastus, La Sabiduría de las Naciones, serie 3ª. no. 26.

28 Agitur de simoniae vitio, quod speciosa pallia quaerere et inducere solet. (ibid)

29 Non igitur et in tali negotio quilibet catholicus est respuendus. (Cap. 3, X, De Simonia).

30 Tanta est labes hujus criminis, quod etiam servi adversus dominos, et quilibet criminosi admittuntur ad accusationem… Accusare potest etiam meretrix. (cap. 6, X, De Simonia)

31 Non requiritur ut probationes liquidaae omnio ac manifestae sint, sed sufficiunt certa signa, quae prudentis judicis animum moveré possint, cap. 3 et 6 de Simonia (Ibid).

32 Si in ecclesiasticis oficiis quemquam habeat locum pecunia, fit saeculare quod sacrum est. (Aurifodina, ibid).

33 Nemo ambiguat Jerusalem propter simoniam fuisse subversam (Aurifodina), ibid.)

34 Quis veneretur quod venditur, aut quis non vile putet esse quod emitur? (Aurifodina, ibid).

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