La reforma general de cofradías novohispana

Por segunda vez dedicamos este espacio a un documento de la reforma de cofradías del siglo XVIII. Antes presentamos las leyes sobre el tema vigentes entonces y que servirían de referente a la reforma. Ahora entramos ya en materia con un dictamen de José Antonio Areche, entonces fiscal de la Real Audiencia de México, dirigido por supuesto al virrey Antonio María Bucareli, a quien vemos en la imagen detrás del rey Carlos III. Areche examinó la queja del contador de propios y arbitrios en el sentido de que los pueblos indios no contaban con recursos pues sólo tenían bienes las cofradías y que éstos se dilapidaban en fiestas. El fiscal responde, como vemos, manifestando su acuerdo en la mirada crítica de las cofradías por razones religiosas, económicas y desde luego políticas. Mas en lugar de recomendar una medida directa y radical al respecto, el lector notará que al final, Areche se limitó a pedir la formación de un expediente informativo. Tal fue el inicio del expediente general de cofradías de México, hoy en día mayormente distribuido entre los volúmenes 312, 313 y 314 del grupo documental Historia, y el volumen 18 del grupo documental Cofradías y archicofradías del Archivo General de la Nación. Un punto fundamental: la información fue requerida tanto a los magistrados reales locales, como a los obispos, que desde ese momento se esperaba fueran parte fundamental de la reforma.

Dictamen del fiscal José Antonio Areche, inicio del Expediente general de México, 1775*

DSCF6333Excelentísimo Señor

El objeto de esta consulta debiera ser mucho tiempo ha el único a que dirigieran todos su connatos los indios, como el más importante a sus intereses, pero sumergidos en el abandono de sí mismos, ya porque su educación los conduce a él, ya porque las malas sugestiones y ejemplos les persuade ser sólo asunto de su cuidado la solicitud del preciso diario alimento, sin reservar algún socoro para la epidemia, la esterilidad u otro infortunio, viven tan distantes de empeñarse en el arreglo de los bienes de su comunidad, y omitir los gastos de cofradías, que estiman esta grande empresa demasiado ofensiva a sus utilidades, por serlo en realidad a las falsas impresiones en que están nutridos desde muy tiernos.

Contentos con distribuir los caudales del público en sus fiestas, que es un culto nada agradable a Dios por la serie de abominaciones que le acompañan, no se persuaden, a que aun prescindiendo de los pecados que con el motivo de ellas se cometen sin el rubor que en otras circunstancias serviría de freno a la insolencia, no pueden graduarse como meritorias esas solemnidades ni las misas, retablos y semejantes actos por consumirse en ellos bienes ajenos, cuales son los de los pueblos, destinados por Su Majestad al apreciable fin de preparar socorros a los indios en sus urgencias.

Tan grave daño exige una providencia que en su raíz lo remedie, y liberte a estos miserables de los malos efectos que han experimentado, y para tomarla se ha de servir vuestra excelencia mandar se libre despacho a los corregidores y alcaldes mayores del distrito del virreinato para que de ruego y encargo notifiquen a los curas de las parroquias situadas en su jurisdicción les den noticia individual de todas las cofradías o hermandades que estuviesen fundadas en cualesquiera iglesias o capillas, y de sus fondos (sin contar con los que consisten en los bienes de comunidad, o en lo que de ellas se saca para gastos) especificando las que se hallen autorizadas con la licencia real, que requiere la ley 25, título 4º, libro 1º de la Recopilación de estos reinos, la que exhiban, y todo se remita al superior gobierno, pasándose también oficios a los ilustrísimos prelados, a cuyos territorios se extiende el mando de vuestra excelencia, para que auxiliando por su parte esta recomendable resolución, den las más oportunas providencias a que los párrocos entren con docilidad en su cumplimiento, tomen las demás que conspiren al de la ley e informen las cofradías o hermandades de indios que, sostenidas con suficientes bienes, que no sean de los que pertenecen a las comunidades, consideren dignas de conservarse en sus respectivas diócesis. México y agosto 10 de [17]75.

Areche.

* AGN, Historia, vol. 312, fs. 4v-5v.

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