La reforma de cofradías novohispanas por expedientes particulares

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Retrato de Ramón de Posada por Francisco de Goya. Legion of Honor, San Francisco.

Menos conocida que la reforma general y sus voluminosos expedientes, acaso porque se acopla menos a la idea autoritaria que tenemos de las reformas borbónicas, y sin embargo algo más efectiva y no menos importante. Entre 1773 y 1820 al menos 133 cofradías novohispanas se presentaron ante el Consejo de Indias para que se aprobaran sus constituciones. De ello resultó un número difícil de determinar de reales cédulas en que la mayoría obtuvo la aprobación del rey, aunque con reformas, y sólo algunas debieron fusionarse con otras, y muy pocas fueron directamente suprimidas. Hemos analizado esa reforma sobre todo en un artículo publicado en 2012 en la Revista Complutense de Historia de América. Aunque entonces cometí algunos errores en los nombres de los fiscales que realizaron esa labor, en una próxima publicación, un poco más amplia, he tratado de subsanarlos. Ahora quisiera sólo llamar la atención sobre uno de los resultados de esta reforma. A pesar de ser una reforma por “casos particulares”, como la llamó ya el fiscal Lorenzo Hernández de Alva, no sólo generó medidas de ese tipo, particulares, sino también generales, es decir, que debían de aplicarse para todas las cofradías novohispanas, e incluso para todas las cofradías de los reinos de Indias. Fue el caso sobre todo de las reales cédulas dadas en Cartagena el 27 de diciembre de 1802, en los expedientes de las cofradías de ánimas de Santiago Calimaya, ánimas de Malinalco y del Santísimo Sacramento y Soledad de Tlapacoyan.

Esos expedientes y otros tres más, los de la archicofradía del cordón franciscano de Querétaro, la cofradía sacramental y de ánimas de Toluca y la de san Homobono de México, habían sido vistos por don Ramón de Posada el 3 de septiembre de 1802, como ministro del Consejo de Indias, todavía despachando como fiscal. Según sus propios términos, trató de “llevar sistema”, es decir, de establecer en ellas trece reglas generales para la redacción de constituciones, incluyendo la obligación de que las demás de una misma parroquia con las ya aprobadas. Justo ésta fue rechazada por los demás miembros del Consejo, pero concediendo en cambio la aprobación de las demás. A continuación incluyo el texto de esas cédulas, tomado del Archivo General de Indias, sección Audiencia de México, legajo 2651. El lector notará la repetición sistemática de las últimas prevenciones en que se trata de la junta de gobierno de cada una de estas cofradías, los detalles de su estructura, elecciones, obligaciones, jurisdicción bajo la que debían quedar, etcétera. Estos breves puntos resumían bien lo que los reformadores borbónicos trataron de hacer con ellas, destaquemos sobre todo el esfuerzo de dedicarlas a “cosa útil al vecindario”, manteniendo empero el carácter de “congregaciones piadosas”.

Reales cédulas dadas en Cartagena, 27 de diciembre de 1802

[Minuta]

El rey

Por cuanto por real cédula de 26 de febrero de 1785 tuve a bien condescender con la instancia de D. Rafael y D. Manuel Cetina, vecinos del pueblo de Calimaya, jurisdicción de Tenango del Valle, en el arzobispado de México, para que se les permitiera fundar en aquella iglesia parroquial la cofradía de Ánimas bajo el nombre del Patrocinio de San José y Ánimas del Purgatorio y formar para su régimen y gobierno las convenientes constituciones que graduasen útiles y concluidas las exhibieran para su calificación y examen al muy reverendo arzobispo de México y a aquel superior gobierno, y evacuado uno y otro acudieran con ellas a mi Consejo a impetrar mi real confirmación. En su cumplimiento se ha presentado con fecha de 15 de julio de 1802 y a nombre del citado D. Rafael Cetina y D. Pedro Rivera, un testimonio en que se hallan insertas dichas constituciones formadas para el mencionado efecto, las cuales son del tenor siguiente

[Aquí las constituciones a la letra]

Visto en mi Consejo de las Indias con lo que en su inteligencia y de los antecedentes del asunto expuso mi fiscal, ha parecido aprobar, como por esta mi real cédula apruebo las expresadas constituciones, con las advertencias y adiciones siguientes.

Que en la 3ª se añada que la contribución que señala sea voluntaria; en la 9ª que en lugar de acudir con 25 pesos a cada hermano difunto para su entierro y con 4 pesos más al párroco para una misa con vigilia por su alma se modere esta cuota a la que según las circunstancias del difunto esté tasado por el arancel su entierro si no fuera cofrade, para precaver que por sola esta calidad sean más costosos sus funerales, y se refundan estas limosnas en provecho de los que tienen obligación de enterrarse sin derecho a los pobres y en perjuicio de estos destinos.

Que en la 11ª se suprima el gravamen que se impone a los mayordomos de otorgar fianza por no haber semejante práctica en las congregaciones piadosas.

Que ésta elija en sus juntas para mayordomos aquellos hermanos que merezcan su confianza por sus buenas cualidades, y los nombrados sirvan sin otro interés que el de contribuir por su parte el objeto de su instituto.

Que no se pueda trasladar la cofradía sin consentimiento del superior gobierno a otro templo, ni alterar sus constituciones sin impetrar para ello la correspondiente licencia.

Que para las elecciones de oficiales de la cofradía y autorizar sus acuerdos es suficiente el cofrade que se nombre por secretario de la congregación, el cual debe servir sin derechos ni emolumentos.

Que no se celebre junta alguna, sin que sea presidida por el ministro real que a este fin se nombre.

Que sus bienes no se entiendan espiritualizados en tiempo alguno, ni se dejen de satisfacer en sus casos los derechos reales ahora ni en adelante con ninguna causa, ni pretexto.

Que los diputados sean ocho y se elijan todos los años cuatro a fin de que haya siempre sujetos instruidos en los asuntos que ocurran.

Que el rector sea secular, dure dos años y no pueda reelegirse.

Que el cura de la parroquia asista como previene la ley en concepto de prelado de la casa en que está la cofradía.

Que haya tesorero que sirva dos años y dos más si pareciere relevarle, pero que no lo pueda ser por tercera vez sin haber pasado al intermedio de otros dos años.

Que el mayordomo debe presentar sus cuentas a la junta, y ésta nombrar dos sujetos de los más versados en la materia para que las reconozcan y con su informe las vuelvan a la junta para su aprobación o la providencia que haya lugar, de manera que en las juntas nada sea judicial ni contencioso, pues cuando el negocio deba serlo, entonces ha de ocurrir al juez real que corresponda para que proceda.

Que los funerales, gastos y funciones se reduzcan a lo justo y debido para que resulte sobrante e invierta en socorro de los pobres, presos o enfermos, o en otra cosa útil al vecindario con audiencia de la junta de la misma cofradía.

Que las llaves del arca se pongan en el rector, diputado más antiguos y tesorero y todos los meses se entre lo que se hubiere recaudado, y saque lo que fuere menester, sentándose en un libro, firmando las partidas todos tres.

Por tanto, por la presente mi real cédula ordeno y mando a mi virrey, gobernador y capitán general de las provincias de la Nueva España, al regente y oidores de mi Real Audiencia y a los demás ministros, jueces y justicias de aquellos dominios; y ruego y encargo al muy reverendo arzobispo de la diócesis de México, al venerable deán y cabildo en sede vacante de aquella iglesia y a otros cualesquiera prelados, jueces eclesiásticos a quienes correspondan, guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir puntual y efectivamente la expresada mi real determinación según y en la forma que va referido sin contravenir ni permitir que en manera alguna se contravenga a ella, por ser así mi voluntad.

Fecha en Cartagena, a veinte y siete de diciembre de mil ochocientos dos.

Segunda cédula: cofradía del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de la Soledad de Tlapacoyan.

El rey

Virrey, gobernador y capitán general de las provincias de la Nueva España y presidente de mi Real Audiencia de México.

En carta de 27 de enero de 1801 me hizo presente vuestro antecesor D. Félix Berenguer de Marquina que los indios del pueblo de Santa María Tlapacoya, jurisdicción de Xalacingo, con sola la aprobación del ordinario eclesiástico, tenían fundada en su parroquia una cofradía del Santísimo Sacramento y Nuestra Señora de la Soledad, sin el esencial requisito de mi real licencia, que sus fondos consistían en dos sitios y dos caballerías de tierra poblados de algún ganado vacuno, que para legalizar este establecimiento ocurrieron dichos indios presentando sus constituciones, reducidas a fomentar el culto divino en aquella iglesia con varias funciones y sufragios que debían hacerse en ella por los cofrades, y especialmente por los fundadores, a prescribir el modo con que deben recibirse los cofrades, y procederse en las elecciones de mayordomos y diputados, y arreglar la administración de las tierras que pertenecen a la cofradía. Que dichas constituciones necesitaban de alguna reforma o explicación sobre varios puntos acerca de la sujeción que debían tener a la jurisdicción real, declarando la eclesiástica que la contribución de doce reales que se asignaba por el asiento fuese voluntaria y no forzosa, a mejorar el método de la administración de los bienes de la cofradía y proporcionar su  mayor seguridad, añadiendo que las juntas se presidieran por el juez real y que los bienes no pudieran espiritualizarse ni eximirse de contribuir con los derechos reales, con cuyas adiciones, habiendo quedado regulares, mes las dirigían testimoniadas a fin de que me dignara aprobarlas o determinar lo que fuera de mi real agrado. Visto en mi Consejo de las Indias con lo que en su inteligencia ha expuesto mi fiscal, ha parecido ordenaros y mandaros tengáis presentes para el examen y arreglo de dicha cofradía y sus constituciones las advertencias siguientes:

Que el mayordomo o mayordomos que se nombraren no se les impongan el gravamen de otorgar fianza por no haber semejante práctica en las congregaciones piadosas.

Que ésta elija en sus juntas para mayordomo aquellos hermanos que merezcan su confianza por sus buenas cualidades, y los nombrados sirvan sin otro interés que el contribuir por su parte al objeto de su instituto.

Que no se pueda trasladar la cofradía sin consentimiento del superior gobierno a otro templo, ni alterar sus constituciones, sin impetrar para ello la correspondiente licencia.

Que para las elecciones de oficiales de la cofradía y autorizar sus acuerdos es suficiente el cofrade que se nombre por secretario de la congregación, el cual debe servir sin derecho ni emolumentos.

Que no se celebre junta alguna sin que sea presidida por el ministro real que a este fin se nombre.

Que sus bienes no se entiendan espiritualizados en tiempo alguno, ni se dejen de satisfacer en sus casos los derechos reales ahora ni en adelante con ninguna causa ni pretexto.

Que los diputados sean ocho y se elijan todos los años cuatro a fin de que haya siempre sujetos instruidos en los asuntos que ocurran.

Que el rector sea secular, dure dos años y no pueda reelegirse.

Que el cura de la parroquia asista como previene la ley en concepto de prelado de la casa en que está la cofradía.

Que haya tesorero que sirva dos años y dos más si pareciere relevarle, pero que no lo pueda ser por tercera vez sin haber pasado al intermedio de otros dos años.

Que el mayordomo debe presentar sus cuentas a la junta, y ésta nombrar dos sujetos de los más versados en la materia para que las reconozcan y con su informe las vuelvan a la junta para su aprobación o la providencia que haya lugar, de manera que en las juntas nada sea judicial ni contencioso, pues cuando el negocio deba serlo, entonces ha de ocurrir al juez real que corresponda para que proceda.

Que los funerales, gastos y funciones se reduzcan a lo justo y debido para que resulte sobrante e invierta en socorro de los pobres, presos o enfermos, o en otra cosa útil al vecindario con audiencia de la junta de la misma cofradía.

Que las llaves del arca se pongan en el rector, diputado más antiguos y tesorero y todos los meses se entre lo que se hubiere recaudado, y saque lo que fuere menester, sentándose en un libro, firmando las partidas todos tres.

Y en su consecuencia os encargo arregléis dichas constituciones, el gobierno y administración de dicha hacienda y demás puntos de que se quejan los indios de modo que no quede al arbitrio del cura, ni de otro, el aprovecharse de sus productos, los cuales (sea cual fuere su principio) son el afán incesante de los infelices indios, ocupados toda la vida en el cultivo de una finca de que parece ser dicho cura dueño absoluto, y también del trabajo de esos naturales, con el común pretexto de la cofradía, y practicado esto se exhiban al muy reverendo arzobispo para su calificación y examen, y evacuado las remitiréis al mencionado mi Consejo con cuanto se actúe sobre el asunto, a fin de obtener mi real confirmación, y hasta que esto se verifique no podrán usar de ellas con ningún pretexto ni motivo, todo lo cual os participo a fin de que tenga el más exacto y puntual cumplimiento esta mi real determinación, por ser así mi voluntad.

Fecha en Cartagena, a veinte y siete de diciembre de mil ochocientos dos.

Yo el rey.

Por mandado del rey nuestro señor.

Antonio Porcel

 

Tercera cédula: cofradía de las benditas ánimas de Malinalco.

El rey.

Por cuanto en carta de veinte y siete de octubre de mil ochocientos uno ha hecho presente D. Félix Berenguer de Marquina, siendo virrey de las provincias de la Nueva España, con noticia que tuvo el subdelegado del partido de Malinalco, que la cofradía de Ánimas de aquel pueblo había padecido extravío en sus intereses, y estaba fundada sin las licencias necesarias, interpuso queja en aquella Real Audiencia el año de mil setecientos noventa y siete, y también por la resistencia del párroco a exhibir los libros, cuentas y demás documentos que le tenía pedidos; que como dicho tribunal advirtió la falta de aprobación de la cofradía, cuyo punto de gobierno se estimó perjudicial, pasaron los autos a aquel virreinato, de que dada vista al fiscal de lo civil, se promovieron las conducentes diligencias a fin de que los individuos presentasen las constituciones que juzgaran oportunas para que examinadas se me diese cuenta con ellas; que así se ejecutó con las insertas en el testimonio que acompañó, precedida la vista del citado ministro y del asesor general, quien encontrándolas arreglas con las modificaciones pedidas por el primero, y conformado dicho virrey con su exposición, las remitió para que me dignara dispensar la real aprobación, las cuales son de tenor siguiente:

Primera. Establecemos e instituimos que la cofradía se quede con el título de las Benditas Ánimas del Purgatorio de esta parroquia de Malinalco.

Segunda. Que para que se extienda la cofradía y pueda contar con algunos fondos capaces de dar el lleno debido a las fiestas y retribuciones de que después se hablará, para que no venga a su ruina y siempre permanezca, y por último, porque estas hermandades, dirigidas principalmente al culto y bien espiritual de las almas, no debe haber excepción de personas, se reciba a cualquiera que solicita, hombre, mujer, español o de otra casta, a menos que no sea de más de cincuenta años, enfermo habitual o embarazada, u otra casta infecta, a menos que no sea de más de cincuenta años, enfermo habitual o embarazada, pues a éstos, averiguada la verdad, no les valdrá la patente, y sólo habrá que devolverles lo que hubieren contribuido.

Tercera. Que los mismos dos reales que es corriente en otras se den por el asiento los españoles, mestizos y otras castas, y un real los indios y el cornadillo de medio real cada semana, y dos reales en cada una de las fiestas del Santísimo Patriarca Señor San José y Señor San Nicolás Tolentino.

Cuarta. Que al hermano o hermana que no hubiere cumplido diez años de asentado y estuviere debiendo cuando pida los Santos Sacramentos la tercera parte de lo que corresponda a su tiempo no se le acuda con lo que ofrece la patente, pero si en dicho tiempo satisficiere la deuda o lo que hace por que quede en menos de dicha tercera parte, se le ministre todo.

Quinta. Que a los hermanos que se apuntan por devoción con expresa renuncia de lo que ofrece la patente, habiendo pagado el cornadillo se les costee una misa de réquiem, se les dé, caso que lo pidan, el paño, guión y cera para su entierro. Y entre estos se puedan recibir por hermanos a los de edad avanzada, enfermedad habitual, mujeres embarazadas, poniendo el mandatario la correspondiente nota de que se asientan por devoción.

Sexta. Que para que haya quien represente a la cofradía, gobierne y distribuya sus haberes en lo que sea de su instituto, hagan las elecciones y promuevan el cumplimiento de las constituciones, se componga su mesa de los vocales que ha tenido siempre, y son doce diputados y el mayordomo tesorero, a cuyo cargo estará todo, debiéndose advertir que unos y otros han de ser prácticos del lugar y de ninguna manera lo serán los que no lo fueren.

Séptima. Que éstos se elijan anualmente por Pascua de Resurrección, los mismos doce diputados y mayordomo tesorero, procurando que no haya reelección hasta pasados siquiera dos años, y que caso de que por falta de individuos no pueda evitarse, no duren en los empleos más de tres años y eso de ninguna manera a los que queden debiendo, que a estos se excluye para siempre.

Octava. Que el diputado mayor convoque las juntas, así para las elecciones, como por cualquiera otro motivo que las exija, dando el correspondiente político aviso a los jueces secular y eclesiástico.

Novena. Que en cumplimiento de lo que previene la ley veinticinco, título cuarto, libro primero de la Recopilación de Indias y la real cédula de su aprobación, y de lo resuelto por punto general en estos casos, dicho juez real presida las juntas y no pueda haber alguna sin su noticia o asistencia, o la de aquella persona a quien quiera dar sus veces.

Décima. Que en los lugares donde se extienda la cofradía, sin agravio de las que con consentimiento de los respectivos curas interesados en las misas que se rezan o cantan por sus feligreses, como debe hacerse de conformidad con lo resuelto por el superior gobierno en cuanto a este punto en otras cofradías, se nombren los síndicos y mandatarios que asienten a los cofrades o reciban las pensiones o cornadillos, con obligación de poner éstos cada semana o mes lo que cobraren en poder de aquéllos y de dar aviso al mayordomo de los cofrades para que los asiente en el libro general, quedando al arbitrio de la mesa removerlos, habiendo motivo justo.

Undécima. Que sin embargo de que conforme a la opinión mejor recibida de los canonistas para estos oficios no es regular la asignación de sueldos, como que todos son de piedad, se siga dando a los mandatarios un real en cada peso que cobren por razón de cornadillo, siendo el cobro dentro del pueblo de su residencia, y siendo fuera dos reales en cada peso, porque como estos siempre son pobres, ninguno puede condonar ni remitir el trabajo de que comen, y si se les quita como se ha pretendido con otras sería exponer a esta cofradía a que se quedase sin ellas con perjuicio suyo.

Duodécima. Que el mayordomo tesorero afiance a satisfacción de la mesa los bienes entraren en su poder.

Décima tercia. Que éste reciba y entregue por inventario formal, anotando lo que hubiere de nuevo y lo consumido.

Décima cuarta. Que el mayordomo tesorero tenga un libro para asentar los caudales que reciba de todos los mandatarios y síndicos, las pagas que haga y el sobrante que le quede, deducidos los gastos que tenga a su cargo, y otros tres para asentar los cofrades, otro para las cuentas, y otro para los recibos de las misas que deben servir de comprobantes.

Décima quinta. Que cada uno dé cuenta al mayordomo tesorero en debida forma, con individualidad de las que sean de la cofradía y de las de la obra pía que dejó D. Juan Gerardo de Acosta, pues unas y otras serán a cargo de dicho mayordomo tesorero, por dirigirse uno y otro fin al beneficio de las Benditas Ánimas, como consta de la dotación, y éstas, examinadas por la mesa en junta de cabildo para la elección, pasen al juez eclesiástico, precisamente para que vea y se cerciore de que estos caudales y limosnas se han invertido en su piadoso destino, y no con otro fin, que es lo que previene el Santo Concilio de Trento en los capítulos octavo y noveno de la sesión veintidós De reformatione, pues caso de que en el particular se ofrezcan algunas disputas judiciales deberá ocurrirse al juez secular, como que dichos bienes y caudales no son ni pueden reputarse por espirituales, con cuya calidad se han aprobado ésta y las demás cofradías, por ceder lo contrario en perjuicio de las regalías de la Corona.

Décima sexta. Que en lo demás que a su pagamento concurre la dicha obra pía fundada por D. Juan Gerardo de Acosta, y son la escuela, misa de los lunes y rosario en la noche de dicho día, que procesionalmente sale por las calles, asistido de un sacerdote, en todo se guarde y cumpla con lo dispuesto por dicho donante, como consta de la donación que a fojas 2 es del tenor siguiente: Que con el fruto o rédito de la hacienda nombrada Piaxtla y una casa en dicho pueblo, se conserve y permanezca el Rosario de Ánimas que en los lunes en la noche ha permanecido el tiempo de más de treinta años, los que ha costeado el otorgante, y ha sido a cargo de la cofradía, con independencia de los gravámenes que dicha cofradía tiene, y con los productos de dicha hacienda y casa, también se ha de costear un maestro de enseñar virtudes que gane doscientos pesos anuales, y que éste sea hombre bastante virtuoso y bien inclinado para el ejemplo y educación de los niños naturales y de razón, a los que enseñe la doctrina cristiana, a leer, escribir, contar, con el gravamen diariamente los días de escuela, sobre tarde, que en consorcio de los niños se rece una parte del Rosario aplicándolo por las Benditas Ánimas, encargándosele también por los señores de la mesa de dicha cofradía la asistencia, especialmente en los días lunes, al Rosario de Ánimas, y que haya de tener a lo menos veinte y cinco niños de cada clase, y reciba todos los que ocurrieren sin despreciar a ninguno. Y por cuanto los sobrantes de los productos de la hacienda de Piaxtla y casa de la plaza no deben entrar en arca alguna, pues la voluntad del donante es que se inviertan a beneficio de las Benditas Ánimas como consta al f. 13, cláusula 2ª que a la letra es del tenor siguiente: Ítem. Ha de ser obligada esta cofradía a hacer que de los productos de dichas fincas se cante una misa todos los lunes del año en el mismo altar de Ánimas de dicha parroquia, en sufragio de ellas, con doble de esquila, tumbilla y responso a que deberá asistir el maestro de escuela con sus discípulos; y juntamente a costear el rosario de los lunes en la noche, que procesionalmente sale por las calles, y si después de haber reparado las fincas (sobre que tendrá especial cuidado la mesa, como que esto mira a la conservación de ellas) resultare algún sobrante, bien lo podrá aplicar a las otras funciones que dicha cofradía celebra en sufragio de las Benditas Ánimas del Purgatorio, pedimos que en todo se guarde y cumpla según y como lo expresa el donante, y sólo se introduzcan en arcas los caudales que fueren legítimos de la cofradía que se está erigiendo, y asimismo suplicamos que esta misa de los lunes perteneciente su pagamento a la obra pía, para que se cumpla con la asistencia de los niños escolásticos, sea a las ocho de la mañana, hora en que sin embargo de ser muy pobres y vivan retirados podrán cumplir con lo dispuesto en la donación, por lo que se seguirán dando al párroco tres pesos.

Décima séptima. Que para que se guarden los muebles precisos de la cofradía, sus sobrantes, sus títulos y papeles y lo demás que no sea preciso esté a mano para el uso diario y consumo de gastos, se fabrique una arca de tres llaves, de las cuales una tenga el mayordomo tesorero, otra el diputado mayor y la otra el síndico.

Décima octava. Que en habiendo en arcas alguna cantidad de consideración sin destino legítimo, se imponga con acuerdo de la mesa e intervención de dicho juez secular en finca segura, procediendo en este caso con la mayor madurez para que no pierda sus fondos.

Décima nona. Que sea de cargo del mayordomo pagar todos los martes del año una misa cantada de un ministro con su responso y doble de esquila por las almas de los cofrades difuntos, por la que se le darán al párroco dos pesos.

Vigésima. Que concluido el novenario que hace esta parroquia, pasado el día de la conmemoración de los difuntos, se siga haciendo uno de una misa cantada con un ministro con doble de esquila, tumbilla con cuatro luces en ella, y responso en el altar de Ánimas aplicado por las almas de los cofrades, por las que se le darán al párroco veinte y seis pesos.

Veinte y una. Que en los días del Santísimo Patriarca Señor San José y Señor San Nicolás Tolentino se han de celebrar sus funciones con misa de tres ministros, procesión y sermón, por lo que se darán al párroco catorce pesos por cada una, y que dichas funciones se hagan en sus respectivos días, sin que se puedan transferir y en el altar de Ánimas, y que igualmente se apliquen dichas misas por las almas de los cofrades vivos y difuntos, y por los bienhechores.

Veinte y dos. Que los mayordomos no puedan hacer gasto alguno a más de los referidos sin acuerdo de la mesa y pasando de cincuenta pesos sea indispensable la licencia de los jueces eclesiástico y secular que autorizan las juntas, dándola o negándola en ella, sin derechos algunos, pues como que están presentes bien podrán instruirse de la necesidad o utilidad que haya.

Obligaciones de la cofradía para regraciar a los hermanos su devoción y desembolsos.

A más de la aplicación de los sufragios y misas de las fiestas según lo establecido en los anteriores artículos, siempre que algún cofrade haya de recibir el viático se franquearán veinte velas de cera y dos pesos en reales, a cuyo fin se prevenga en las patentes avisen con tiempo al tesorero o síndico respectivo, llevando certificación del médico o ministro que ordenó se dispusiese.

Ítem. Dará la cofradía a cada hermano cuando fallezca veinticinco pesos en reales o doce pesos y medio y una mortaja, siendo del arbitrio de los dolientes pedir lo que les acomode.

Ítem. Se le darán al hermano cofrade veinte y cinco luces, paño, féretro, almohadas con el guión para la compañía de su cadáver.

Ítem. El día siguiente del entierro del hermano cofrade se le cantará una misa con doble y responso en la respectiva parroquia donde se verifique su entierro, por la que se le darán al párroco tres pesos, cuya misa se aplicará por su alma.

Malinalco, y noviembre diez y nueve de mil setecientos noventa y ocho años.- José González, mayordomo.- Juan Antonio Araujo, diputado mayor.- Manuel Centeno.- Ignacio Segura.- Mariano Centeno.- Antonio Araujo.- Bartolomé Jurado.- Vicente Díaz.- Rafael Reyes.- Manuel Mendoza.- José Nieto.- José Escobar.

Visto en mi Consejo de las Indias con lo que en su inteligencia expuso mi fiscal, ha parecido aprobar, como por esta mi real cédula apruebo las expresadas constituciones en todo lo que no sea contrario a las adiciones y advertencias siguientes:

  1. Que el mayordomo o mayordomos que se nombren no se les imponga el gravamen de otorgar fianza por no haber semejante práctica en las congregaciones piadosas; que ésta elija en sus juntas para mayordomos aquellos hermanos que merezcan su confianza por sus buenas cualidades, y los nombrados sirvan sin otro interés que el de contribuir por su parte el objeto de su instituto.
  2. Que no se pueda trasladar la cofradía sin consentimiento del superior gobierno a otro templo, ni alterar sus constituciones sin impetrar para ello la correspondiente licencia.
  3. Que para las elecciones de oficiales de la cofradía y autorizar sus acuerdos es suficiente el cofrade que se nombre por secretario de la congregación, el cual debe servir sin derechos ni emolumentos.
  4. Que no se celebre junta alguna, sin que sea presidida por el ministro real que a este fin se nombre.
  5. Que sus bienes no se entiendan espiritualizados en tiempo alguno, ni se dejen de satisfacer en sus casos los derechos reales ahora ni en adelante con ninguna causa, ni pretexto.
  6. Que los diputados sean ocho y se elijan todos los años cuatro a fin de que haya siempre sujetos instruidos en los asuntos que ocurran.
  7. Que el rector sea secular, dure dos años y no pueda reelegirse.
  8. Que el cura de la parroquia asista como previene la ley en concepto de prelado de la casa en que está la cofradía.
  9. Que haya tesorero que sirva dos años y dos más si pareciere reelevarle, pero que no lo pueda ser por tecera vez sin haber pasado al intermedio de otros dos años.
  10. Que el mayordomo debe presentar sus cuentas a la junta, y ésta nombrar dos sujetos de los más versados en la materia para que las reconozcan y con su informe las vuelvan a la junta para su aprobación o la providencia que haya lugar, de manera que en las juntas nada sea judicial ni contencioso, pues cuando el negocio deba serlo, entonces ha de ocurrir al juez real que corresponda para que proceda.
  11. Que los funerales, gastos y funciones se reduzcan a lo justo y debido para que resulte sobrante e invierta en socorro de los pobres, presos o enfermos, o en otra cosa útil al vecindario con audiencia de la junta de la misma cofradía.
  12. Que las llaves del arca se pongan en el rector, diputado más antiguo y tesorero y todos los meses se entre lo que se hubiere recaudado, y saque lo que fuere menester, sentándose en un libro, firmando las partidas todos tres.

Por tanto, por la presente mi real cédula ordeno y mando a mi virrey, gobernador y capitán general de las provincias de Nueva España, al regente y oidores de mi Real Audiencia de México, y a los demás ministros, jueces y justicias de aquellos dominios, y ruego y encargo al muy reverendo arzobispo de México, al venerable deán y cabildo en sede vacante de aquella iglesia, y a otros cualesquiera prelados y jueces eclesiásticos a quienes corresponde guarden y cumplan y hagan guardar y cumplir puntual y efectivamente la expresada mi real determinación, según y en la forma que va referido, sin permitir en manera alguna se contravenga a ella, por ser así mi voluntad.

Fecha en Cartagena, a veinte y siete de diciembre de mil ochocientos dos.

Yo el rey.

Por mandado del rey nuestro señor.

Antonio Porcel

 

 

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