La misa de la Monarquía Hispánica

Lo ha mostrado bien la obra de Philippe Martin, Le théâtre divin. Une histoire de la messe, XVIe-XXe siècle (CNRS, 2010), una de las tendencias más caras de la historia del catolicismo desde el siglo XVI había sido la unificación de las ceremonias de la misa. Para el caso del mundo hispánico, se suele pensar que, por haberse adoptado casi de inmediato la reforma del Concilio de Trento y los libros litúrgicos que la Santa Sede fue autorizando en las décadas siguientes (el Misal Romano, el Ceremonial de los Obispos, el Pontifical Romano, etcétera), tal unificación puede darse por sentada. Empero, la cosa no es tan sencilla, y en materia de ceremonias, aun las modificaciones que hoy pueden parecernos simples detalles, son significativas.

Había un largo listado de casi una veintena de diferencias autorizado por la propia Sede Apostólica, especialmente por breves del Papa Gregorio XIII, que tocaban incluso al Canon, tal vez la parte más importante de toda la celebración, para incluir la mención del nombre del Rey de España. Asimismo, en la Confesión, podía seguirse la costumbre de incluirse la invocación a los santos patronos locales, lo cual no es un detalle menor, como tampoco la conservación del canto toledano en lugar del romano ahí donde estaba establecido. Además, frente a la lectura de la Epístola y el Evangelio en el altar establecida en las rúbricas del Misal Romano, podía también mantenerse la costumbre de leerlos en ambones o atriles, como se hacía, me consta al menos en el caso de las celebraciones de pontifical, en la Catedral de Guadalajara a principios del siglo XVIII. En fin, aparte de las modificaciones ceremoniales propiamente dichas, había también concesiones respecto del calendario, esto es, para poder celebrar con mayor solemnidad a los santos cuyas reliquias estuvieran en las iglesias del mundo hispánico.

Cierto, es difícil saber hasta qué punto los fieles apreciaban tales diferencias, que aparecen aquí en la lista dada por el padre Manuel Herrera Tordesillas en su Ceremonial romano general impreso en 1638. Mas es buen recordatorio de que la Reforma Católica, en materia de liturgia, y como buena reforma de Antiguo Régimen, respetó en buena medida la costumbre local, que constituía parte del orgullo de muchas iglesias, en particular las Catedrales y sus canónigos. Sirva además esta entrada para responder en parte una duda de un lector respecto del uso del ambón en el Mundo Hispánico.

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