La memoria religiosa de la Revolución en París

Para comenzar el año una entrada dedicada a un tema, creo que por primera vez, sin relación directa con México: los lugares de la memoria religiosa de la Revolución francesa. El tema lo he venido descubriendo con fascinación al asistir al seminario que coordinan los profesores Philippe Boutry y Dominique Julia en el Centro de Antropología Religiosa Europea de la EHESS. Desde luego, esta breve nota dista muchísimo del contenido y de la calidad de las intervenciones que se presentan en dicho seminario. Únicamente quiero mostrar tres de los lugares de esa memoria religiosa que se encuentran aquí en París: la capilla expiatoria, el cementerio de Picpus y la iglesia de San José de los Carmelitas.

Altar principalLa capilla expiatoria, que Chateaubriand calificara del monumento más bello de la ciudad, fue construida durante la Restauración para honrar a las dos víctimas más célebres de la Revolución: Luis XVI y María Antonieta. Entonces, los eventos revolucionarios constituían más bien una memoria incómoda, difícil de gestionar, por lo que el monumento, con todo y que es ciertamente muy elegante, no es sino una pequeña capilla funeraria que alberga un sobrio altar principal a cuyos costados erigen las estatuas de los reyes con sus respectivos “testamentos”. Lo pongo entre comillas porque mientras que el del rey es en efecto eso, un testamento dictado a sus abogados defensores, el de la reina es una célebre carta dirigida a su cuñada, Madame Elisabeth.

Marie Antoinette sostenida por la ReligiónDesde luego, es ya significativo que se haya elegido una capilla como monumento, y que las estatuas y los testamentos contengan sobre todo referencias religiosas. Mientras que a Luis XVI un ángel le muestra el cielo, la reina es confortada por una alegoría de la religión. En cuanto a los textos, ambos insisten en la fidelidad de los monarcas a la Iglesia, un hecho entonces controvertido por el apoyo inicial de la Corona a las reformas eclesiásticas revolucionarias (la Constitución civil del clero). María Antonieta aparece en la carta como una madre preocupada por sus hijos, que encarga amorosamente a su querida cuñada, ella sí por cierto modelo de devoción en la Corte, mucho más que la propia reina. No está de más recordarlo, aunque la Santa Sede cerraría pronto cualquier posibilidad al respecto, no faltaban quienes veían en los reyes auténticos mártires de la fe que había que canonizar.

Fosa 2Si la capilla expiatoria es el monumento de la realeza, el cementerio de Picpus lo es de las familias nobles de Francia. En la muy cercana plaza del Trono, o del Trono invertido durante el Terror, fueron ajusticiados un amplio número de nobles de las principales familias del Antiguo Régimen: La Rochefoucauld, Polignac, Montmorency, Montalambert, Noailles, La Fayette y un largo etcétera. Sus cuerpos, según descubrió posteriormente una de sus descendientes, fueron depositados en dos fosas comunes, convertidas en cementerio privado bajo la Restauración (hoy en día el único cementerio privado de París), construyéndose a un costado una capilla y un convento de religiosas para sacralizar el lugar y orar por los nobles difuntos.

La FayetteA lo largo de los siglos XIX y XX, los descendientes de aquellas familias nobles siguieron enterrándose en Picpus, al lado de sus antepasados, asimismo mártires, lo que ha convertido el lugar en un auténtico memorial nobiliario, donde es posible encontrarse reunidos lo mismo a los nobles del siglo XIX, comprometidos con el legitimismo, que a los que combatieron en el siglo XX durante la Segunda Guerra Mundial, del lado de la Resistencia. Sin embargo, la tumba más visitada es sin duda la del marqués de La Fayette, que ostenta los honores que le corresponden como héroe de la independencia de Estados Unidos, a pesar de la difícil memoria sobre su ambigüo papel en los primeros años de la Revolución.

Saint Joseph des CarmesEn fin, la actual iglesia del Instituto Católico de París, lugar de una memoria más eclesiástica. Aquí estuvieron prisioneros los llamados “mártires de septiembre de 1792”, víctimas del Terror desatado apenas caída la monarquía. Un poco más de un centenar de clérigos, incluyendo 3 obispos, que se negaron a jurar la Constitución civil o de religiosos “sospechosos” por diversos motivos (a comenzar por su estado clerical). A pesar de los diversos problemas que comprendía la situación de cada uno, fueron finalmente canonizados bajo Juan Pablo II y el día de su conmemoración suele ser una oportunidad para un evento importante para la vida religiosa de la ciudad. Lugar de referencia para el catolicismo del siglo XIX, no es casualidad que albergue también la tumba del beato Fredéric Ozanam, fundador de las conferencias de San Vicente de Paul, una de las grandes obras del catolicismo social francés.

No está de más recordarlo, la Revolución francesa fue un evento que impactó profundamente a los creyentes de la época, que tuvieron serias dificultades para encontrarle un sentido. Todos estos lugares son buena muestra de ello. Hubo esfuerzos, a veces muy tempranos, por convertirlos en memoriales de mártires y por tanto en depósitos de reliquias de santos, y de enlazarlos de alguna forma con el modelo de los mártires de los primeros siglos del cristianismo, a los que el propio siglo XIX tuvo especial fervor. Mas las ambigüedades de la actuación de muchos, producto precisamente de la complejidad de la Revolución misma, complicaron dicha tarea, empero no sin legarnos monumentos de gran interés para la historia religiosa francesa pero también para la construcción memorial en general dentro del mundo católico contemporáneo.

Comentarios: