La Iglesia en Nueva España

515En las últimas décadas, la historiografía mexicana sobre el tema de la Iglesia católica ha cobrado la forma, sobre todo aunque no exclusivamente, de obras colectivas, producto de reuniones científicas, ya sea seminarios o coloquios. Citemos tan sólo como ejemplos obras como Iglesia, Estado y sociedad en el siglo XIX, que coordinara el Dr. Álvaro Matute en 1992; Manifestaciones religiosas en el mundo colonial americano, que coordinaran los doctores Manuel Ramos y Clara García en 1997; La Iglesia católica en México, que en ese mismo año se publicó bajo la coordinación de la Dra. Nelly Sigaut; Historia de la Iglesia en el siglo XIX, que coordinó el Dr. Manuel Ramos en el 2000; más recientemente Poder civil y catolicismo en México, siglos XVI al XIX, coordinada por los doctores Francisco Javier Cervantes, Alicia Tecuanhuey y María del Pilar Martínez. A éstas y otras obras, se suma ahora en este 2010, La Iglesia en Nueva España. Problemas y perspectivas de investigación, preparada por el Seminario de Historia política y económica de la Iglesia en México, en el que participan diversos investigadores de la UNAM y de la BUAP en particular, quienes nos presentan esta compilación de artículos, todos muy interesantes y que pueden leerse de manera independiente unos de otros, bajo la coordinación de la Dra. María del Pilar Martínez López-Cano.

Una primera virtud que conviene destacar en esta obra es que, acorde a su título, cada uno de los capítulos nos presenta no sólo una problemática en particular de la historia de la Iglesia novohispana, sino también un balance de la bibliografía de las últimas décadas y, a partir de una lectura normalmente crítica de ella, las perspectivas de investigación, es decir, los temas pendientes o que han sido poco tratados en fecha reciente. En ese sentido, debemos valorar en particular la amplia bibliografía que ha sido incluida en cada uno de los capítulos, comprendiendo no sólo las obras directamente citadas en los textos, sino también obras sugeridas para quien quiera tomar el relevo y adentrarse en los distintos temas.

En segundo lugar, es muy importante que, tal vez por primera ocasión en la historiografía de la Iglesia católica, existe un esfuerzo sistemático por discutir no sólo con la historiografía mexicanista, sino también con la de otros países, especialmente la de España, e incluso con la que ha tratado sobre otros países latinoamericanos. Si bien prácticamente todos los autores hicieron un esfuerzo en ese sentido, los trabajos de los profesores Alicia Mayer y Brian Connaughton se destacan especialmente, la primera por su diálogo con la historiografía europea, alemana en particular, sobre los conceptos de “confesionalización” y “disciplinamiento”, y el segundo por plantear una perspectiva realmente imperial (es decir, del Imperio hispánico) como marco para la discusión de la historiografía reciente.

Además, desde luego, la obra resulta interesante por haber sido elegidos reconocidos especialistas en cada uno de los temas, quienes nos presentan textos muy convincentes, con posicionamientos muy claros de sus respectivas investigaciones. Lo mismo contamos con una exploración del uso de los conceptos de “confesionalización” y “disciplinamiento” para el caso novohispano (Alicia Mayer), con una crítica de la historiografía eclesiástica de las universidades hispanoamericanas (Enrique González), con un llamado a una historia judicial en perspectiva weberiana (Jorge E. Traslosheros), con un anális crítico de la historiografía que ha dejado al clero secular en el anonimato (Rodolfo Aguirre), por no citar más que algunos de los temas de cada capítulo.

En fin, no podemos concluir esta breve noticia sobre esta novedad editorial, sin hacer mención también de algunas omisiones que nos parecen importantes. Es muy característico, en principio, que si bien los capítulos abordan los temas más variados de la historiografía reciente, omiten uno de ellos, el de las cofradías y en general de las corporaciones de seglares. Es una omisión que creo importante por el lugar que estas corporaciones llegaron a tener en la Iglesia de la época, reconocido por otra parte en varias ocasiones en la misma obra, de forma que su tratamiento podría bien haber ameritado un capítulo en sí. De manera más general, la obra representa bien la situación actual de nuestra historiografía de la Iglesia en dos sentidos, por una parte por la falta de definición de algunos conceptos y por otra porque es básicamente eclesiástica. En efecto, tal vez hubiera sido conveniente un capítulo o una discusión más abundante entre los autores sobre conceptos como “secularización” o incluso “Estado”, que no siempre tienen el mismo sentido de un capítulo a otro. Así también, salvo el capítulo de la doctora Mayer y notas puntuales en algunos otros (por ejemplo el capítulo de Marcela Rocío García, que da bien cuenta de los fundamentos religiosos de las capellanías de misas), se trata de una historiografía de la Iglesia que no es una historiografía religiosa. De hecho, en algunos apartados se insiste precisamente en la distinción entre el ámbito eclesiástico y el religioso, algo que contrasta con la historiografía francesa por ejemplo, en la cual la historia del clero, por mucho que incluya una sociología de dicho estamento, pertenece de inmediato al campo de la historia religiosa. Tal vez esa sería la perspectiva de investigación que queda al pendiente en los años a venir, hacer una historiografía que logre articular el ámbito religioso con el político y económico de una sociedad que, contrario a nuestros días, estaba lejos de pensar la separación de dichos ámbitos.

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