La fundación del Convento de Capuchinas de Lagos

Portada fundación  A fines del año pasado salió de la imprenta el libro La fundación del Convento de Capuchinas de Lagos, 1751-1756. Estudios, lecturas y documentos, publicado por CULagos Ediciones. La obra tiene la particularidad de presentar un corpus de documentos –el expediente de fundación que corresponde a su título– leídos desde diversas perspectivas por cinco historiadores (incluyendo a una joven egresada de licenciatura), a más de dos estudios introductorios sobre la memoria y la historia del convento capuchino laguense. Ejercicio que no ha sido exactamente común en la historiografía mexicanista, por ello es una obra que es al mismo tiempo un ensayo científico pero también, en buena medida, un trabajo de divulgación. Desde luego, no haré aquí una reseña formal, sino una presentación muy personal del libro. No puede ser de otra forma siendo el que escribe el coordinador del mismo, que reconoce pecar aquí de utilizar este espacio con fines por entero publicitarios y de abandonar una segunda vez (pues ya ocurrió en 2013) toda objetividad de manera provisional.

Debo referir ante todo que éste es el segundo libro colectivo de un pequeño grupo de profesores del Departamento de Humanidades, Artes y Culturas Extranjeras del Centro Universitario de los Lagos de la Universidad de Guadalajara, que ahora estamos formalmente agrupados como Cuerpo Académico “Cultura y Sociedad”. Ya en 2013 publicamos el libro Catolicismo y sociedad, nueve miradas, siglos XVII-XXI, una colección de ensayos que, teniendo en común una perspectiva propia de la historia cultural, se presentaba más bien como un mosaico de objetos, escalas, cronologías y enfoques. En realidad ahora no hacemos sino un ejercicio, si bien más específico, semejante en sus pretensiones. En la obra anterior nos interesaba mostrar cómo la relación entre religión y sociedad podía verse desde un amplio número de perspectivas, ahora hacemos lo propio, apoyados por otros colegas, con un objeto muy concreto: un corpus de apenas 27 piezas documentales. Documentos de interés para la historia local, que incluso se habían ya publicado en su mayoría en obras actualmente agotadas, pero que nos proponemos difundir junto con maneras distintas de leerlas.

En efecto, al redactar nuestras colaboraciones hemos tratado de llevarle al lector, que pensamos podía ser un lector laguense (pero no exclusivamente) y de fuera del mundo universitario, un claro mensaje, muy querido de la ciencia histórica contemporánea: no creemos que haya sólo una manera de ver la historia sino muchas, de ahí que un mismo cuerpo de documentos pueda leerse de diversas formas, sin que necesariamente haya contradicción entre ellas. La historia hoy en día no busca verdades definitivas ni excluyentes, por ello pueden leerse estos documentos, lo mismo desde la historia de la alimentación (Juan Pío Martínez) que desde la historia de las mujeres (Rosa María Spinoso Arcocha), la historia de la vida cotidiana (Guadalupe Serrano Flores) y  la historia de lo político (Sergio Francisco Rosas Salas y el que esto escribe), incluyendo, desde luego, la historia de los conventos femeninos novohispanos, que corresponde a la introducción que nos hizo gentilmente la profesora Margaret Chowning. Además, para contribuir a su aspecto divulgativo,  hemos procurado que cada uno de los capítulos se detenga a explicarle brevemente al lector cuál es la importancia y las premisas fundamentales de cada una de esas formas de ver y de escribir la historia. En un sentido semejante, pero de forma más bien implícita, van los dos estudios iniciales que, si bien no se dedican a la lectura del expediente de fundación, constituyen otras dos miradas más a su historia, como ya decíamos, desde la historia de la familia (Lina Mercedes Cruz Lira) y de la memoria local (Irma Estela Guerra Márquez).

Ahora bien, el lector de fuera del mundo universitario, posiblemente se preguntará para qué leer este libro. Pues bien, cada uno desde su trinchera, todos los autores pretendemos explicar qué era un convento femenino en el siglo XVIII. Conviene insistir en ello, la historia como ciencia no se dedica hoy sólo a resaltar continuidades, sino también a explicar discontinuidades; es decir, a contarle a la gente, que las formas de vivir y de pensar, en todos sus aspectos, han cambiado y están cambiando constantemente a lo largo del tiempo, y a veces de manera muy radical.  Esto vale lo mismo para los ideales en las maneras de comer (como se constata en el capítulo “La providencia proveerá”), o los que guían las maneras de relacionarnos entre hombres y mujeres (capítulo “Los precipicios de las solteras”), o incluso, para las formas de organización política y sus valores (capítulos “La fundación de las capuchinas de Lagos” y “Gloria a Dios y honra a la villa”). El estudio de la historia, en ese sentido, lo que nos enseña es que las cosas han sido distintas a como son hoy, que no somos ningún punto de llegada definitivo ni predeterminado, y que por lo mismo las nuestras no son las maneras “naturales” ni “absolutamente correctas” de pensar y de vivir, sino que son igualmente pasajeras e históricas. Puede sonar paradójico, pero tal vez lo que más nos enseña el pasado es la posibilidad de imaginar futuros distintos.

Así pues, esperamos que con este libro el lector laguense no universitario algunas veces se sentirá extrañado y otras, desde luego, reconocerá algunas semejanzas, pero en general podrá relativizar al menos en alguna medida, su propia cultura, o al menos es la expectativa y la contribución que podemos ofrecer desde el Cuerpo Académico “Cultura y Sociedad”. En fin, he de aprovechar la oportunidad para agradecer el apoyo institucional del Dr. Aristarco Regalado, jefe de la División de Estudios de la Cultura Regional, y de la Dra. Rebeca Vanesa García Corzo, jefa del Departamento de Humanidades, Artes y Culturas Extrajeras.

 

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