Inmaculada Concepción en Sevilla

El dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 constituye sin duda uno de los temas más importantes de la historia del catolicismo moderno y contemporáneo. Importante, me parece, porque es muestra de los múltiples niveles que caracterizan al catolicismo, siendo al mismo tiempo símbolo de identidad y devoción local, extremadamente local, de muchas regiones, pero también símbolo imperial y finalmente universal y pontificio.

En su día fue sobre todo motivo de querella entre los teólogos, maculistas como los dominicos, contra inmaculistas como los franciscanos, querellas que tuvieron en Sevilla uno de sus teatros más destacados. Mas fue sobre todo símbolo de identidad de muchísimas localidades y corporaciones, entre las cuales no puedo evitar dejar de mencionar al Ilustre Ayuntamiento de Orizaba, representante del vecindario de españoles, uno de cuyos argumentos de antigüedad era la constante presencia de una imagen y cofradía de la Inmaculada en dicha población. Hasta hoy sin duda, su celebración en México tiene un carácter muy local, tan es así que sus imágenes son más conocidas por los pueblos donde se encuentran que por la advocación misma, baste citar a la Virgen de Juquila y la Virgen de San Juan de los Lagos.

De especial importancia en el mundo hispánico, la Corona misma desde el siglo XVII con Felipe IV y en el siglo XVIII con Carlos III, hizo votos por defender la Pura y Limpia, y promovió constantemente su culto y su fiesta, de forma que quedaron íntimamente ligados a la lealtad monárquica. En tiempos de las guerras independentistas, la Inmaculada fue una de las muchas advocaciones movilizadas para obtener la liberación de Fernando VII, el monarca cautivo, y a su liberación, no faltaron iniciativas para fundarle nuevos conventos y promover su proclamación definitiva. No dejó de ser, al mismo tiempo abogada protectora local de muchas ciudades y provincias de Europa y América, por ejemplo de Lyon, en Francia, que hasta hoy celebra con luminarias su fiesta, originalmente motivada por su invocación contra la epidemia de cólera de principios de la década de 1830.

Mas en el siglo XIX, la Inmaculada se convirtió sobre todo en una de las advocaciones más caras al catolicismo ultramontano. Su definición por la autoridad pontificia vino a dar argumentos precisamente a la devoción al Papa como norte que debía guiar a un catolicismo cada vez más opuesto a los Estados nacionales en consolidación. Las celebraciones de su proclamación dogmática, que tuvieron lugar con toda la pompa posible por todo el orbe católico, fueron acaso uno de los grandes momentos de la historia de consolidación de esa autoridad, que hasta entonces se había mantenido casi ausente de las celebraciones públicas locales.

Habrá sin duda oportunidad para tratar con algún detalle algunos de estos temas, pero por el momento quisiera simplemente dejar paso a algunas imágenes, no todas de buena calidad lo reconozco, de la celebración de este año de la Inmaculada Concepción en Sevilla, ciudad de tradición inmaculista como pocas en el mundo hispánico.


Inmaculada en Sevilla, 2010 por davidclopez

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