Haciendo historia religiosa en este blog

dscf3416El inicio de un año es momento oportuno para hacer balances. Desde luego, un historiador no puede más que estar consciente de que el año en realidad es un ciclo que, si bien tiene un referente natural en el movimiento de traslación de la Tierra, no es sino un arbitrario cultural. Empero, para el tema de este blog, tal vez es tanto más oportuno hacer balance en Año Nuevo, pues sirve para recordar que nuestra civilización occidental se mueve conforme a ciclos anuales al menos desde la Antigüedad clásica, y en particular conforme a un ciclo de orden religioso, litúrgico concretamente, desde la Edad Media. Y, si bien nuestra percepción del tiempo ha cambiado, seguimos usando el calendario cristiano, cuyos tiempos fuertes no han perdido del todo vigor, aun si han adquirido nuevos significados secularizados. De forma que, ya el hecho de que esta sea una temporada festiva, tiempo de reuniones familiares, de formular buenos propósitos y demás, es un recordatorio de la plena vigencia del tema de este blog y de los temas de investigación de su autor: la historia religiosa, en particular la del catolicismo.

Tal vez puede sonar atrevido o provocador, para algunos, o verdad de Pere Grullo para otros, mas la convicción fundamental que inspira este blog y los proyectos de su autor, es que resulta imposible entender a la cultura occidental sin la historia, sin la religión y sin el catolicismo. En parte, por una cuestión de orden genético: lo que hoy conocemos como asuntos de arte, de cultura, de política, e incluso de ciencia y tecnología, lo fueron antaño de orden religioso, porque era EL orden existente que pretendía abarcar y organizar a la vida humana en su conjunto, literalmente en cuerpo y alma. En segundo lugar, porque la cotidianidad y la actualidad siguen marcadas por cuestiones religiosas. México lo ha vivido de manera intensa este año, pero no menos (de otras formas, eso sí, sin duda) Europa occidental, y ya no digamos el Medio Oriente. Pero de manera más fundamental, la historia no sólo se dedica a explicar orígenes, ni a explicar nuestro presente, sino también a abrir nuestros horizontes hacia el futuro. La labor del historiador de lo religioso (aun del creyente) no puede ser de proselitismo, en la medida en que su propio trabajo muestra ya la diversidad de formas específicas en que ha declinado lo religioso, los límites o la amplitud que ha alcanzado, las modificaciones a veces radicales en las prácticas y las creencias (hasta el punto que las brujas de ayer pueden terminar santas, como mostrara la doncella de Orléans), la imposibilidad pues de universalizarlo o de considerarlo como algo inherente a una supuesta “naturaleza humana”. Antes bien, toda esa diversidad justo es invitación para pensar de manera nueva hacia el porvenir, para abrir la puerta a lo inesperado en este aspecto tan fundamental de la civilización occidental.

Imagen13En ese sentido, la historia religiosa también tiene su lado de vector de la secularización y de desacralizador de mensajes religiosos. Pero más todavía, no puede dejar de lado la importancia del modelo de las prácticas y creencias católicas en los demás campos fuera del propiamente religioso. Existen claramente sacralidades (y por tanto sacrilegios) políticas, económicas, culturales, artísticas e incluso deportivas, modeladas a partir de las que tan eficazmente construyó el catolicismo, y que asimismo pueden ser deconstruidas por la historia religiosa. Cabe decir, la cultura popular contemporánea, la de los medios audiovisuales (cine, televisión, comic, animación) incluso ha explotado originalmente los relatos cosmogónicos y hasta a las representaciones institucionales del catolicismo, tanto como otrora éste lo había hecho con las mitologías clásicas antiguas y de otras civilizaciones. En fin, el catolicismo también contiene un mensaje escatológico, profético, esperanzador, que no ha dejado de ser fuente de utopías, tanto más en tiempos en que las utopías de la modernidad decaen. Todo ello forma un vasto horizonte que debe afrontarse. El modesto y limitado esfuerzo desde este blog, que ha de tener esos adjetivos para mantenerse dentro de los usos del campo de la historia como ciencia, ha sido analizar algunos temas muy concretos: cofradías, reliquias, campanas, fiestas y rituales públicos. Últimamente, además, gracias a que la historia sigue teniendo su lado de participación en esa religión laica que es el patriotismo local, y a que el autor se estableció en Lagos de Moreno, pues ha habido espacio para la obra de Agustín Rivera y Sanromán. Y sí, en este año además, me atreví a publicar aquí una ponencia presentada en 2014 sobre las representaciones del cristianismo en la animación japonesa.

Aunque esos temas están muy delimitados, implican asuntos de más amplio alcance: hablar de las cofradías invita a pensar las formas de organización social de la civilización occidental, el tema de las reliquias de nuestra relación con la memoria de los muertos y sus motivaciones, las campanas de nuestra sensibilidad sonora, etcétera. Si bien es cierto que serán temas que en este blog se seguirán explorando en su especificidad, tal vez es tiempo de abrir más el espacio a hacer evidente sus consecuencias más generales, aquí esbozadas, desde luego sin renunciar a las características propias del discurso histórico, ciencia por definición de lo particular. Este blog se inició con el utópico sueño de difundir, con vocación misionera digamos, pero evidentemente ha tenido sobre todo lectores entre los ya convertidos. Al final, no podía ser de otra forma, dado que el autor tiene “todos los vicios propios de su estado” (como alguna vez escribió un publicista liberal decimonónico sobre un fraile), en este caso, de académico. Empero, con sus 47 entradas y poco más de 15 mil visitas a lo largo del año, tal vez vale la pena intentar además nuevas vías de hacerle publicidad, siempre con la idea de mostrar la importancia contemporánea de hacer historia religiosa del catolicismo.

Comentarios: