Edicto de Campanas del Arzobispado de México de 1823

Entre los documentos de la reforma de las campanas en el siglo XIX, se encuentra este decreto del gobierno arzobispal de México (en ausencia del arzobispo Pedro José Fonte, quien se exilió en España con la independencia), acordado con el gobierno republicano. Su autor, el gobernador Félix Flores Alatorre, no hacía en él sino repetir, como indica al principio, varias de las disposiciones del reglamento de 1791 del arzobispo Haro y Peralta, pero reduciendo más el número y tiempo de los repiques, y dejando de lado, como ha señalado ya la Dra. Marcela Dávalos en algunos artículos, todo género de alusión a la historia sagrada de las campanas, que en cambio figuraba bien en los del siglo XVIII. Empero, el edicto no deja de ser buena muestra de los múltiples usos de las campanas, de su permanente vigor en el paisaje sonoro de la capital, y de la vigencia también de la sensibilidad sonora que las respaldaba. El edicto es prueba de que entonces, toda celebración religiosa e incluso cualquier evento profano, motivaba el recurso a las campanas de manera prácticament automática. El tema del edicto, por ello, como había sido en el siglo XVIII, era restablecer las jerarquías, sobre todo las eclesiásticas (principalmente el predominio de la Catedral y de los obispos), pero venía ya acompañado de una preocupación clara por la identificación entre el sonidas de ellas como un mero ruido molesto, no menos que de concesiones bastante más amplias a las autoridades de la nueva república, quienes heredan los repiques de tiempos de la monarquía, sin mayor problema.
Veamos pues, este documento para la historia de las campanas en el México decimonónico.

AGN, Justicia Eclesiástica, vol. 26, fs. 265-268.
Decreto sobre el uso de las campanas de D. Félix Flores Alatorre, gobernador del arzobispado de México, 18 de agosto de 1823, según copia dirigida al Ministerio de Justicia y Negocios Eclesiásticos.

Siendo tan público y grave el abuso que se está haciendo de las campanas, a pesar de mis reclamos, y por lo mismo muy justas las quejas que sobre él se oyen continuamente a los vecinos de esta capital, a que se agrega la excitación que con la de 13 del presente he recibido del Supremo Poder Ejecutivo, para remediarlo, mando bajo precepto formal de obediencia y en virtud del Espíritu Santo, que se observen puntualmente y a la letra, sin interpretación alguna, las prevenciones que siguen, tomadas en la mayor parte del Edicto del Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Núñez de Haro, del 18 de octubre de 1791.

1ª. En todos los entierros de adultos, sean donde fueren y con cualquier solemnidad, se doble sólo dos veces, que serán cuando se dé la noticia en la iglesia y cuando se ponga el cadáver en el sepulcro, durando ambos dobles el tiempo de medio cuarto de hora, y cuando llegue la cruz de la parroquia y salga el cadáver del depósito, se haga sólo una señal.

2ª. Esto mismo se observe en las comunidades religiosas de ambos sexos con sus individuos difuntos, permitiendo que si fueren prelados locales en los de hombres, o preladas en los de mujeres, los dos dobles referidos sean por un cuarto de hora cada uno, y a más de estos otro de igual tiempo, si de los primeros fuere prelado superior o provincial, mas en sólo este último caso se doblará nomás una vez por medio cuarto, únicamente en aquellos conventos de hombres o mujeres que estuvieren sujetos al gobierno de su orden, fuera de cuyo caso, en ninguna iglesia se doblará por nadie sino es donde se hace el funeral y una sola vez por medio cuarto en su parroquia, si el difunto fuere secular. Si ocurriere algún funeral de circunstancias particulares, se pedirá licencia a la mitra para que sean más o por mayor tiempo los dobles indicados, la que (cuando se conceda) será por escrito y siempre sin derechos, siendo general esta prevención para cualquier repique extraordinario.

3ª. En los entierros de los párvulos se repicará sólo medio cuarto de hora al comenzar la procesión funeral o el oficio de sepultura.

4ª. Quitado todo doble al alba, cinco y media o seis de la mañana, aunque el cadáver esté en la iglesia para sepultarse, en los aniversarios, honrras, misas votivas o novenarios de difuntos se haga al anochecer del día antes señal con un solo clamor, que se repetirá al día siguiente al comenzar la vigilia o misa, callando inmediatamente hasta el responso, durante el cual se doblará sin pasar de medio cuarto; en las misas y procesiones de ánimas los lunes se dará un solo clamor al principio y otro al fin de todo; pero en el día de Difuntos se darán cuatro de cuarto de hora, uno al comenzar sus vísperas, otro a las ocho de la noche, otro al comenzar la vigilia o misa y el último a los responsos; mas en donde la tarde de este día hubiere algún sufragio, se doblará por medio cuarto y será igual tiempo el de la mañana al comenzar la vigilia; y si lo hubiese el día de la octava, durante él se darán tres clamores y nada más.

5ª. En las procesiones de Nuestra Señora y santos (que precisamente han de ser siempre de día, habiéndose concluido al toque de oraciones, sin que jamás estén en la calle a este tiempo, aunque sean de desagravios, Semana Santa o depósitos de cadáveres) se repique únicamente al tiempo de salir y entrar en la iglesia, y lo mismo se observará si hiciere estación en otra, nunca pasando de medio cuarto.

6ª. Cesando todo repique a la alba (aunque con licencia del gobierno político haya salva, víctor o cualquiera otra demostración del vecindario) cinco y media o seis de la mañana, sólo se dé uno sin pasar del medio cuarto por las fiestas titulares de las iglesias donde hubiere coro, al tiempo de la calenda, y durante ésta en la vigilia de Navidad, entendiéndose por fiesta titular la única principal que hay al año en cada iglesia.

7ª. En la misma fiesta única principal (y no en su octava) se repiquen las esquilas a vuelo medio cuarto a la calenda donde la hubiere, pues si no se cantare se omitirá; un cuarto al medio día de la víspera, otro antes de comenzar éstas y otro antes de la tercia o misa de la función, y a mano por medio cuarto después de maitines, si fuesen solemnes, y después de segundas vísperas, así como a las doce del día de la fiesta, con los que serán iguales los de la novena y octava si se celebraren ambas con solemnidad, pues estos serán sólo a las doce y al anochecer, y muy corto al tiempo de exponer y reservar al Santísimo, si estuviere manifiesto entonces o en cualquier otra vez. Si en alguna otra iglesia no hubiere maitines para la fiesta principal, se podrá repicar a vuelo, no siendo de noche, medio cuarto de hora al fin de las vísperas, también solemnes.

8ª. Si dicha fiesta única principal durare tres días, se repicará el primero en la forma prevenida y en los otros dos a mano, a excepción del último repique del último día, que podrá ser por un cuarto de hora a vuelo, si no fuere de noche; advirtiéndose por punto general que quedan revocadas cualesquier licencias generales (si hay algunas) concedidas por los ilustrísimos señores arzobispos para repicar a vuelo en alguna función, y que lo quedan igualmente por autoridad del Supremo Gobierno que nos rige cualquiera otras que por cédulas reales tienen algunas iglesias o corporaciones para ciertas festividades, quedando por lo mismo todas, a excepción de la Metropolitana sujetas sin distinción al texto literal de este reglamento. También se advierte que la fiesta única principal privilegiada es la de la iglesia y no la de alguna capilla o cofradía que haya en ellas, y que si casualmente concurriere la octava de aquella con fiesta en que en la Catedral se repique a vuelo, no por esto se repicará así en dicha octava o día dentro de ella, pero Miércoles y Jueves de Corpus (no en la octava) podrá repicarse en todas a las mismas horas que la Catedral, y lo mismo la víspera y día de la maravillosa aparición de Nuestra Señora de Guadalupe.

9ª. En los capítulos de religiosos puede repicarse sólo medio cuarto de hora cuando se publica la elección del prelado superior, y en las de religiosas igual tiempo cuando se publica la suya, siendo a mano y no más largo cuando el prelado secular o regular va al escrutinio previo y al día siguiente a presidirla; pero si quien la presidiere fuere el ilustrísimo señor arzobispo, será a vuelo este segundo repique.

10ª. En las elecciones de prelado regular superior sólo se repique a mano una vez por medio cuarto de hora en los conventos de hombres o mujeres sujetos a su jurisdicción; y en los que no lo estuvieren de ninguna manera, sea cual fuere el motivo que para ello haya habido, y cuando dichos prelados hicieren la visita de ceremonia a cualquier comunidad, se dará a mano un corto repique a la entrada y otro a la salida, obsequio que se hará a los ilustrísimos señores obispos en igual caso, distinguiendo a sus ilustrísimas con que ambos sean a vuelo. Todo lo dicho de prelados regulares superiores se entiende también para la elección y visita del rector de escuelas.

11ª. Por sucesos públicos políticos sólo se repique cuando se oyere el de la Catedral, pues habiendo la ventaja de ser interior la entrada de las torres, la violencia popular que de ordinario provoca esta demostración no es fácil que llegue a apoderarse de las campanas, pero si sus gritos, insultos y golpes a las puertas fueren excesivos, es prudencia ceder, y se puede dar aviso ocultamente (si hubiere cómoda proporción) al excelentísimo señor jefe político, para que se sirva acudir al remedio de la manera que mejor le pareciere.

12ª. En ninguna otra función, por solemne que se quiera hacer (como no fuere por disposición del Supremo Gobierno en clase de tal) se repique a vuelo, ni más de tres veces, que serán medio cuarto al mediodía y anochecer de la víspera, y uno antes de la tercia o misa.

13ª. En las entradas de religiosos y religiosas sólo se repique medio cuarto al comenzar la función y otro tanto al acabar, previniéndose que las segundas han de estar dentro de la clausura a la oración de la noche, pues si les cogiere fuera aunque sea en la iglesia, no pueden entrar ya entonces por revocar, como expresamente revoco por la presente, la licencia para su ingreso, que verificarán sin aparato alguno la mañana siguiente, reservándome tomar la providencia oportuna, si no se observare ésta en los conventos de religiosas sujetas a regulares; la que se extiende a mandar seriamente no haya abrazos en la portería aquella vez, ni aun de la novicia a sus padres, sino que inmediatamente entre, se cierre la puerta claustral y no se abra hasta el día siguiente. En las profesiones habrá los mismos repiques que en los hábitos.

14ª. Si concurriere a alguna función el Supremo Poder Ejecutivo, la diputación provincial, el Ayuntamiento, tribunales o alguna corporación distinguida, se repique a su entrada y salida, y si fuere a entierro, a la salida; también por medio cuarto de hora en las posesiones de curas propios o interinos, pero sólo en su parroquia, pues expresamente lo prohíbo en toda otra iglesia, aunque se alegue el motivo de hermandad, convite, gratitud, u otro sea el que fuere, extendiéndose esta prohibición a cualquier caso de repique o doble por persona, función o funeral, que no sean realmente de aquella iglesia.

15ª. Dado el repique o doble después de las oraciones de la noche, no se use de las campanas sino para repicar por maitines en la forma dicha, y por el Sagrado Viático a individuo enfermo de alguna comunidad religiosa, dándose un corto repique cuando se saca a Su Majestad del Sagrario y otro cuando se reserva; pero ninguno cuando sale o entra a la parroquia por algún secular aunque sea cofrade o cochero del Santísimo, que entonces se tocará como para toda estación, mas si el enfermo fuere el párroco, podrá repicarse como en los conventos.

16ª. Los de la noche de Navidad sean sólo tres en esta forma: uno de nueve a nueve y media, otro corto al comenzar la misa y el tercero también corto al acabarse; en la madrugada de Resurrección uno de cuarto de hora antes de comenzar el oficio, y otro mientras la procesión, sólo donde la hubiere.

17ª. En ninguna iglesia se comience el toque de oraciones a la mañana, al mediodía o a las tres de la tarde, a la noche y a las ocho por las ánimas, sin que haya comenzado la Santa Iglesia Catedral, la que declaro no comprendida en artículo alguno de esta circular, pues sus estatutos, reglamento particular que tiene de campanas y ningún abuso de ellas con consentimiento de sus individuos, piden de justicia esta consideración.

18ª. Que habiéndose querido introducir otro sobre procesiones del Santísimo, sacándola en alguna iglesia el último día de la indulgencia circular, y yendo en aumento el introducido anteriormente de reservar a Su Majestad en el expresado día a las seis, seis y media y aun siete de la tarde, prohibo eficazmente las indicadas procesiones (como todas las del Señor Sacramentado, a excepción de la del Corpus en las parroquias y conventos de religiosos donde siempre la ha habido) y que la reserva en los expresados días sea después de las cinco y media, por lo que deberá anticiparse oportunamente el nocturno que hay en algunas iglesias y comenzar a más tardar las letanías mayores, que deben haber en todas, en punto de las cinco.

Última. Que por circular impresa se comunique a todas las iglesias de esta capital este decreto, quedando dos ejemplares de ella, uno para el archivo y otro para tenerlo donde no se olvide, pues me prometo que esta sola diligencia bastará para el arreglo apetecido; pero si en alguna no fuere así por desgracia, a más de publicarlo entonces por edicto con grave rubor de las que hubieren faltado, emplearé, aunque con sentimiento, las penas espirituales de que puedo disponer, y las corporales y aun pecuniarias que fueren oportunas, pues estoy perfectamente de acuerdo con nuestros gobiernos supremo y político, y cuento con su auxilio para todo lo que conduzca a los dos únicos saludables fines que me he propuesto, y son el buen uso de las cosas santas, cuales son las campanas, y el orden público perturbado por su desarreglo.

Comuníquese también al provisorato para su gobierno, y para que por su parte cuide de su cumplimiento, así como por la suya lo hará esta secretaría arzobispal.

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