Conmemorar a los muertos

Aquí una entrada breve, para no variar. Todavía en el marco del mes de noviembre, mes de los muertos por excelencia, he querido dedicar esta entrada al servicio de remembranza que cada 11 de noviembre organiza la Royal British Legion en la Catedral de Notre-Dame de Paris, con motivo del aniversario del armisticio que puso fin a la Primera Gerra Mundial. En el video que aquí aparece, de una calidad que estoy seguro que el amable lector sabrá disculpar, aparecen algunos fragmentos de dicha celebración.


Remembranza del armisticio del 11 de noviembre por davidclopez

Secularizar la muerte es una tarea difícil, pero no imposible, muchos países lo han logrado y poseen sendos ceremoniales laicos para conmemorar a los muertos por la patria, por el arte o por la ciencia. Sin embargo, muchos países también mantienen rituales religiosos en honor de sus muertos nacionales, el Reino Unido es uno de ellos. Si eso parece normal en una monarquía confesional, cabe decir que también en la propia Francia, a pesar de tener a la laicidad entre sus orgullos nacionales, celebra a sus muertos con funerales de Estado que suelen realizarse, sea en la catedral del Ejército (Saint Louis, en los Invalides), sea en Notre-Dame de Paris. Así, es un tanto lógico que un evento tan importante en la memoria, francesa sobre todo, como la Primera Guerra Mundial (la “Grande Guerre”), se conmemore en esta catedral, que ha servido tantas veces de templo nacional. Más aún considerando que esa guerra fue tal vez la última vez en que el catolicismo tuvo un papel importante en la movilización nacional. Un amplio contingente de sacerdotes se enrolaron como capellanes, los púlpitos hicieron llamados a la conciencia nacional, se elevaron oraciones por la patria, etcétera. Como nos lo recuerda la campana mayor que se escucha al principio de este video, las campanas de toda Francia repicaron anunciando el fin de la guerra.

Sin embargo, se trata de una conmemoración más bien inglesa, en presencia del embajador de Su Majestad Británica y de todo el cuerpo diplomático de la Commonwealth. Y por ello, aunque uno de los canónigos de Notre-Dame también asiste, todo el ritual es anglicano. Ello permite una diferencia importante a comparación de los funerales católicos de hoy en día, pues permite elementos que no son estrictamente religiosos. De hecho me atrevería a decir que es un servicio entre sagrado y profano: sagrado por los himnos, las oraciones y el sermón de uno de los pastores; profano por la música militar, el mensaje del embajador, la ofrenda floral al pie del altar y sobre todo, aunque también con matices, el himno nacional inglés (God save de Queen).

En cualquier caso, es sin duda una buena muestra de la vigencia de la imbricación entre religión y nación.

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