Cofradías novohispanas del siglo XVIII en el ASV

DSCF3414Cuando se trata de cofradías novohispanas del siglo XVIII, la bibliografía reciente ha puesto énfasis en la forma en que fueron afectadas por las reformas borbónicas, es decir, por las medidas que los ministros de los reyes Carlos III y Carlos IV llevaron a cabo para fortalecer la autoridad de la Corona en todo el Imperio hispánico. En consecuencia, si bien los archivos eclesiásticos no han sido en manera alguna desdeñados, la investigación tiende a concentrarse en los archivos del antiguo “superior gobierno de México”, como se le llamaba, que era finalmente el que aplicaba las medidas reformistas en el reino de la Nueva España. Es así que los grupos documentales Historia y Cofradías y archicofradías del actual Archivo General de la Nación de México han sido especialmente consultados.

Es cierto que en esta época la Corona y sus ministros, como hemos visto en otras entradas de este blog, hicieron importantes esfuerzos por reformar a las cofradías, redefiniéndolas como “cuerpos profanos”, insistiendo en particular (para el caso novohispano) en la presencia de los jueces reales en sus juntas y en el carácter asimismo profano de sus bienes, es decir, bajo la jurisdicción real y no episcopal. Hubo además un intento serio de revisar sus constituciones, semejante, claro al emprendido en la propia Península, pero mucho más limitado.

En ese marco, y considerando además que las reformas borbónicas tendieron también a reforzar el papel mediador de la Corte de Madrid entre la Santa Sede y las iglesias de los reinos de Indias, uno no esperaría encontrar testimonios de las cofradías novohispanas en los archivos de las congregaciones romanas que forman el actual Archivo Secreto Vaticano (ASV). Y sin embargo, los hay, aun si escasos. De hecho, no faltaron las cofradías novohispanas que nunca enviaron sus constituciones para ser revisadas en Madrid por el Consejo de Indias, pero en cambio solicitaron su confirmación pontificia, según podemos confirmar en los documentos de la Secretaría de Breves y de la Secretaría de Memoriales.

Cabe citar como ejemplo el de la sacramental de la villa de Córdoba, cuyas preces fueron presentadas ante el Papa Clemente XIV en 1772 (véase ASV, Sec. Brev., Reg., vol.  3741, no. 327, fs. 158-160v), justo en plena época de las reformas en el mundo hispánico. Los cofrades alegaban un origen prestigioso: la corporación habría sido fundada por el obispo Palafox y Mendoza en 1643. El Sumo Pontífice confirmó desde luego la fundación y el título de “Archicofradía” que ya usaban desde tiempo atrás, además de algunas indulgencias.

Desde luego, las indulgencias eran de los motivos más comunes de las cofradías para recurrir a Roma. De nuevo, encontramos corporaciones que podían no haber acudido a Madrid por su licencia real, pero sí a Roma por una indulgencia plenaria. Fue el caso, ya en 1788 bajo el pontificado de Pío VI, de la cofradía de los Abandonados de Oaxaca (véase: ASV, Sec. Brev., Indulg. Perpetuae, vol. 93, f. 73), con sede en la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de esa ciudad episcopal. Ésta, obtuvo del Papa el 19 de septiembre del citado año, dos breves de indulgencias plenarias perpetuas, uno para los cofrades en su ingreso a la corporación (previa confesión y comunión, desde luego), y otro para quienes acudieran a dicha iglesia el Domingo de Pasión (quinto domingo de Cuaresma) y en otro día que designara el obispo de la ciudad.

De todos estos breves, cabe decir, no hemos encontrado registros del “pase” (el regio exequatur) que debía darles el Consejo de Indias. Es cierto en cambio que hubo cofradías que tuvieron el cumplimiento de ese requisito como un equivalente de la licencia real, como lo declaró explícitamente el hermano mayor de los lacayos del Santísimo Sacramento de Veracruz en 1785. Ellos habían obtenido un breve del Papa Clemente XIII fechado el 4 de septiembre de 1759 concediéndoles indulgencia plenaria el día de su fiesta principal en la iglesia parroquial de Veracruz. Como presentaron el breve ante el Consejo y el Comisario de Santa Cruzada en enero de 1760, no habían estimado necesario ningún otro procedimiento para obtener la aprobación del rey sino hasta unos 20 años más tarde cuando se los exigió el gobierno del virreinato.

En suma pues, las cofradías novohispanas podían a veces legitimarse sólo con documentos romanos, incluso en la época de las reformas borbónicas, o bien utilizarlos para evitar a estas últimas. Sólo una investigación más amplia y exhaustiva, en el ASV sobre todo, permitirá ponderar de manera clara cuántas cofradías acudieron a Roma para no acudir a Madrid.

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