Celebrad al Papa

Hoy, según he podido ver por los medios, los católicos mexicanos celebran la beatificación del Papa Juan Pablo II. Vigilias de oración, transmisiones en vivo de la misa celebrada en la plaza de San Pedro, flores en los monumentos que ya se le han construido en varias ciudades, imágenes en abundancia, incluyendo el concurso de fotografía que organiza la Arquidiócesis Primada de México, son algunas de dichos festejos. Es cierto, el pontificado del ahora bienaventurado tuvo sin duda una relevancia particular para México: lo mismo en temas políticos, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede; que en asuntos más estrictamente religiosos, como la canonización veintiocho nuevos santos; y desde luego pastorales, con sus cinco visitas que literalmente conmovieron a su paso a las ciudades y pueblos mexicanos. En el plano internacional, Juan Pablo II ha pasado ya a la historia como el Papa de la caída de los regímenes comunistas europeos, de un despliegue de actividad diplomática impresionante, y  viajes y presencia en los medios. Pontificado controvertido: si el tradicionalismo le reprocha hoy los encuentros ecuménicos de Asís, y las peticiones de perdón del jubileo del año 2000, del lado opuesto no se olvida el tema de la condena de la teología de la liberación, y últimamente su buena relación con el padre Marcial Maciel. Sobre todo ello, es sin duda recomendable el artículo publicado hoy por Sandro Magister  “Karol Wojtila beato. Contemplarán al que traspasaron“.

Ahora bien, más que hablar con detalle de ese pontificado, me limito aquí a hacer notar que los festejos de la beatificación del Papa son especialmente originales para México y los países latinoamericanos, si lo vemos en una perspectiva de larga duración. Y es que en el Antiguo Régimen, era más bien raro ver festejos o conmemoraciones del Papa en tierras americanas. Para prueba, la siguiente real cédula, que trascribo del tomo III del Cedulario americano del siglo XVIII editado por don Antonio Muro Orejón en 1977 y publicado por la Escuela de Estudios Hispano Americanos de Sevilla, esta real cédula de 1724, en la que el rey se vio obligado a intervenir para que en los reinos americanos se celebrase también al Papa:

“El Rey

Por cuanto me hallo enterado de que en mis dominios de la América no se celebran las exequias y honras funerales que se deben cuando mueren los sumos pontífices, ni las demostraciones de hacimiento de gracias cuando se elijen sucesores en la silla apostólica, como se practica y ha practicado siempre en mis reinos y dominios de España: Y siendo justo el reparo de que hallándome absoluto monarca de aquellos y singular patrono de todo el estado eclesiástico de ellos, se dejen de ejecutar las mismas demostraciones en uno y otro caso, con motivo de haber fallecido la Santidad de Inocencio Décimo Tercio, el día 7 de marzo de este año, y sido exaltado a la sagrada tiara pontificia el cardenal Pasino, el día 29 de mayo próximo pasado, con el nombre de Benedicto Décimo Tercio. He resuelto, sobre consulta de mi Consejo de las Indias de 16 del presente mes, se practiquen generalmente en los reinos de las Indias las expresadas funciones. Por tanto ruego y encargo a los arzobispos y obispos de las iglesias metropolitanas y catedrales del Perú y Nueva España, a los cabildos de ellas en sede vacante y a los provinciales de las religiones de ambos reinos, que luego que reciban este despacho, celebren y hagan celebrar en las iglesias de sus diócesis y provincias con la solemnidad que se requiere y corresponde, las exequias funerales y sufragios por el ánima del expresado pontífice Inocencio Décimo Tercio, y consiguientemente las demostraciones y hacimiento de gracias que son debidas a la Majestad Divina por la nueva exaltación al Pontificado de la Santidad del referido Benedicto Décimo Tercio, y que se ejecute lo mismo en los demás casos de muerte y elección de Pontífices que se ofrecieren en adelante por ser así mi voluntad, y que me den cuenta del recibo y cumplimiento de esta mi resolución en la primera ocasión que se ofreciere. Fecha en Buen Retiro a 26 de junio de 1724. Yo el Rey.”

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