Cardeña y los Couto

En estos días tengo el gusto de impartir una conferencia en el marco del ciclo que organiza el Seminario de Historia Mexicana en Lagos de Moreno. Para esta ocasión he elegido volver sobre la biografía del canónigo Ramón Cardeña y Gallardo, aprovechando los documentos que sobre él he encontrado en los archivos General de Indias, General de la Nación de México e Histórico de la Arquidiócesis de Guadalajara. Por ello creo oportuno dedicar este espacio para compartir cinco testimonios extraídos de esos expedientes.

Entre toda la documentación de Cardeña, particularmente interesante me ha parecido su correspondencia, que es probable le fue confiscada cuando su proceso por infidencia iniciado en 1812. Ésta, nos muestra sus relaciones con sus amigos, comerciantes sobre todo y ocasionalmente clérigos, que al igual que él atravesaban el Atlántico, pero por motivos comerciales y políticos. De la época en que estuvo en La Habana, desde finales de 1810 y casi todo 1811, le escribieron dos de los hermanos Couto, José María, clérigo y diputado suplente en las Cortes de Cádiz, y José Vicente, comerciante. Los nombres ya son elocuentes del nivel de relaciones que había ido tejiendo el canónigo, y que ayudan a explicar su capacidad para sobrevivir a sus numerosas desventuras. Además, su contenido nos ilustra la forma en que los hermanos Couto veían los eventos políticos del momento tanto en Nueva España como en Cádiz: hay observaciones interesantes tanto de las noticias de la guerra como de las actividades de las Cortes.

En fin, casi es obvio decirlo, las cartas ilustran las ambigüedades de la época. Estos personajes lo mismo tenían vínculos con la fidelidad al rey que con la insurgencia, reclaman el respeto a los nuevos derechos de los nacientes ciudadanos proclamados por las Cortes. Hijos de una familia devota orizabeña, no dudan empero en apoyar a este clérigo de vida profana, y José Vicente Couto se diría que incluso ironiza al dar noticias del arzobispo Lizana.

Leamos pues, brevemente, las inquietudes que intercambiaban estos hombres que iban y venían en medio de los conflictos trasatlánticos.

 

AGN, Indiferente Virreinal, caja 4891, exp. 3, fs. 43-44.

Veracruz y marzo 12 de 1811

¿Por qué es tanto silencio, mi querido Ramón, con tu invariable Couto? ¿Acaso has creído alguna decadencia en mi cariño? No lo pienses así, y primero consiento en que me reputes ladrón que semejante infamia, pero vamos a otra cosa.

Hoy se ha recibido noticia de haber muerto el arzobispo de México tu favorecedor. Yo siento decirte esta pesadumbre y aún pensé valerme de algún amigo para prevenirte este golpe, que hemos de hacer, esfuerza conformarse, y lo único que me atraviesa es cómo estará su primo.

El de Guadalajara está en México habiendo sufrido bastantes trabajos en su emigración dando la vuelta por Acapulco. Lo mismo le sucede al de Monterrey, que está en Tampico, sufriendo mil escaseces. Bastante han padecido también los canónigos, que muchos andan errantes sin saber qué han de hacer. Sin embargo, ya los insurgentes no tienen ejército considerable y ahora el daño que hacen es andar en partidas robando y talando. Pero por fin ya nos salimos del cuidado que nos ofrecía su reunión de Guadalajara y si acaso no hubieres leído el detal de esta acción pídeselo a los señores Cuestas a quien se los envío, para que leído que sea se lo dirijan a José María, entendido que a ti no te faltarán estos papeles en la casa donde estás.

Ya sabrás que Santa María está preso por no haber cumplido su destierro de inquisición por esta razón volverá bajo partida de registro a España. A esto se oponen los orgullosos, que satisfechos de su talento no adoptan los consejos oportunos que se les dan. Bastante se acuerdan ahora de lo que tú le dijiste.

Da la enhorabuena a nuestro amado Federico por el asenso de don Miguel Álava a quien vi en la Gaceta de España [sic] con especial complacencia.

Franco, aquel individuo que tanto favoreció el ministro Sierra, y por último le dio la asesoría de Puebla venía en el fragata Veloz pasajera y cinco días antes de llegar se tiró al agua consiguiendo su deseo de ahogarse, de modo que ni el cuerpo volvieron a ver los del buque.

Veré si consigo alguna papeleta interesante que poderte incluir y con esto concluye tu siempre apasionado e invariable.

José Vicente.

Pd. Creerás que nada escribe el flojón de José María Couto.

 

AGN, Indiferente Virreinal, caja 4891, exp. 3, fs. 39-40.

Cádiz, junio 5 de 1811

Mi siempre amadísimo Ramón: convencido de que ninguna de mis cartas llegaba a tus manos, resolví por último el no escribirte sino por mano de algún amigo que fuese de mi entera satisfacción. Te participé a su tiempo mi elección de diputado, los primeros acontecimientos de Cortes, las mociones contra la maldita Regencia pasada, la deposición de los sujetos que la componían, los debates contra el execrable Sierra que encontró un apoyo formidable en Puñonrrostro en Mejía y otros americanos sus agraciados, el triunfo de los que nos declaramos enemigos de este partido con la caída de su mecenas y en fin todo, todo cuanto podía contribuir así a satisfacer tu curiosidad como tus justísimos resentimientos.

Creía que no podía quedar en manera alguna comprometida contigo mi amistad y gratitud; pero me quedé sorprendido cuando a la llegada primero de [Guridi y] Alcocer, y después de Maniau entendí por tus cartas que las muchas que yo te tenía escritas no habían llegado a tus manos. Maldad execrable que me obligó a clamar (al paño y no a cara descubierta) contra el maldito abuso de abrir las cartas en el correo, abuso que continúa y continuará a pesar del decreto de las Cortes que habrás visto en El Conciso y otros periódicos.

Fui consultado por la Cámara para una prebenda de México, consultó la Regencia si podría conferírmela en vista del decreto de las Cortes que prohíbe a los diputados obtener algún empleo durante el tiempo de su diputación ni un año después. Me habilitaron las Cortes por haber sido hecha la consulta de la Cámara antes de la instalación, y después de todo el bribón de Sierra confirió a un canónigo de Córdoba esta misma prebenda. Clamé a las Cortes por esta notoria injusticia, no fui oído y me quedé sin nada. ¿Qué podría hacer por ti mi amadísimo Ramón, si no he podido lograr una miserable piltrafa para mi? Saca tú todas las consecuencias que se infieren de estos antecedentes, y aplaude la resolución que he tomado de no despegar mis labios en el Augusto Congreso Nacional. Veo, oigo y callo lleno de rabia y de dolor y lamentando la desgracia de nuestra miserable patria, víctima del despotismo intolerable de todos los gobiernos.

Entiéndeme, mi Ramón y perdona si no se explica cuanto quisiera tu desgraciado, impotente pero siempre fiel amigo.

José María.

AGN, Indiferente Virreinal, caja 3459, exp. 10, fs. 6-7

Cádiz, junio 16, 1811

Mi amadísimo Ramoncito: Creo que ya podré dirigirte mis cartas con más seguridad y sin temor de que sean interceptadas, como lo fueron las primeras que te escribí. No hay remedio, es preciso que el despotismo ministerial continúe haciendo sus víctimas miserables, porque el mal está en la masa de la sangre… Esta es la razón porque no me atrevo aún a decirte con libertad y franqueza mi modo de pensar en cuanto a los asuntos públicos. Los periódicos te informarán completamente y lo que ellos no digan tu talento lo inferirá de los antecedentes que involuntariamente establecen. Hablemos de lo tuyo.

Sierra, tu mortal enemigo, fue precipitado del alto asiento a que lo elevó la ignorancia y la intriga, pero su caída en nada pudo contribuir a mejorar tu desgraciada suerte. Se decretó primero por las Cortes la suspensión de todas las prebendas vacantes en España y América, por consecuencia ni palabra se podía hablar en la materia, por la odiosidad que en sí contenía, aun cuando sólo se tratase de traslación. Se levantó después la suspensión en cuanto a las de América, pero fue cuando ya estaba formado el reglamento del Poder Ejecutivo, con el que se le prohíbe la facultad de presentar y nombrar para ninguna dignidad, canonjía ni prebenda sin consulta de la Cámara. En esta domina Carvajal, tu enemigo y mío, y de todos los americanos. ¿Qué podía yo hacer a tu favor? Considéralo, mi amado Ramón, y no atribuyas a ingratitud lo que solo ha sido efecto de una absoluta imposibilidad.

Vera… Vera… señor, es como todos los Agustín, habla mucho, promete más y no hace maldita la cosa. Satué está lleno de los mejores deseos, pero son ineficaces por desgracia.

Maniau, [Guridi y] Alcocer yyo esperamos una calva ocasión de favorecerte, si es que podemos. ¿Por qué no te vienes, mi querido Ramón? Acaso tu presencia… pero no me atrevo a aconsejarte en este particular. Haz lo que te dicte tu corazón y cuenta siempre con la fina invariable amistad de tu

José María.

 

AGN, Indiferente Virreinal, caja 3459, exp. 10, fs. 4-5

Cádiz, julio 11 de 1811.

Mi queridísimo Ramón: Cansado de escribirte con el gran desconsuelo de que ninguna de mis cartas llegaba a tus manos, había resuelto no ponerte más una letra, a menos que no fuese por un conducto seguro y me prestase confianza de que no se extraviase. Las repetidas quejas que se han dado a las Cortes de la mala con [que] se trataba la correspondencia de los particulares en la Administración de Correos dio lugar a las providencias que habrás visto tomadas en los Diarios de Cortes. No me queda la menor duda de que al principio se interceptó nuestra correspondencia, y nos dejó incomunicados el gobierno. Te juro que te he escrito con frecuencia, y este testimonio íntimo de mi conciencia, unido a otros datos, me obligan a creer que esta excomunión duró hasta hace pocos días en que la han querido levantar.

Vamos a lo que nos importa. Ha sido imposible el hacer la menor gestión para trasladarte a otra Iglesia. Al principio se suspendió por las Cortes la provisión de prebendas vacantes, y entonces era un crimen hablar de estas materias. Después se permitió el proveer las de las Iglesias de América, pero fue cuando estaba ya dado el reglamento del Poder Ejecutivo, y por el que se previene que la Regencia no puede nombrar para ninguna prebenda eclesiástica sin consulta de la Cámara. En esta domina el bribón de Carvajal, tu enemigo nato y mío. ¿Qué podíamos hacer a tu favor tus amigos en estas desgraciadas circunstancias? Lo peor es, sí, te lo diré, lo peor es que por ahora no se me presenta un solo medio de poderte consolar. Todo esto anda a la diabla, y no ofrece esperanzas de mejorar. Ya entenderás lo que te quiero decir.

Por ahora lo que te conviene es mantenerte en esa ciudad a pretexto de los insurgentes que andan por tu obispado, mientras las cosas toman otro aspecto, que creo no será muy pronto.

Maniau me entregó ocho cajetas de guayaba a tu nombre. Las he disfrutado con tanto gusto como agradecimiento a tu fina memoria.

Dispénsame el que nada te hable de asuntos públicos, porque me he propuesto el no tratar de ellos ni en las Cortes. Guardo un profundo silencio que no interrumpiré porque así conviene y el tiempo justificará esta medida de prudencia y sabiduría.

Mi amado Ramón, es tuya y no se olvida jamás de ti tu invariable amigo.

José María.

 

AGN, Indiferente Virreinal, caja 4891, exp. 3, fs. 34-35.

Veracruz, septiembre 22, 1811

Mi amadísimo: ayer he recibido tu apreciable de 5 que me sorprendió bastante pues creí que ya estabas en España gozando tranquilamente el triunfo de tus malvados enemigos; pero a pesar de haber pensado esto no he dejado de escribir constantemente hasta ver que ninguna mía contestabas con lo que me persuadí eran realizadas mis conjeturas; y después de esta imaginaria satisfacción he de recibir el amargo tormento de saber que aún padeces como el primer día sin quererse aliviar el [cortado] tu enorme aflicción. Esto no se puede sufrir ya mi querido Ramón y a mí me parece que ya no debes aguardar más. Que reúnas todo el metálico que puedas y por la vía de Jamaica te dirijas a Gibraltar desde cuyo punto explores por medio de tus fieles amigos con reserva, cómo serás recibido, con todo lo demás que te parezca oportuno y luego que juzgues es tiempo de presentarte allí lo hagas manifestando al Congreso en lo verbal todos tus males con la energía que te es característica. Tienes justicia mi querido Ramón no temas salir mal, sobran amigos tuyos y de José María allí, que te sacarán libre de las uñas de tus antagonistas. Animo y resolución.

¿Venir aquí? ¡Qué locura! Deséchala como el más mal pensamiento entonces si podríamos decir que huyendo de las llamas caías en las brazas, yo no temo por nada y a pesar de eso voy a emigrar de mi natal suelo para siempre jamás dejando mi familia y demás personas que amo, porque ya aquí absolutamente [no] se puede vivir. Sí, mi tierno amigo, para principios de 812 pienso marcharme a Cádiz donde buscaré relaciones para Inglaterra a donde pienso radicarme con lo poco que tengo para buscar tasadamente un pedazo de pan sin aspirar a enriquecer y dejar al mundo que se transtorne como quiera que yo no pienso ni siquiera observarlo.

Se está haciendo a la vela este buque y no puedo continuar. Hazme el favor de mandar a José María la adjunta copia y decirle que el comercio de México se mantiene cerrado desde el día 3 hasta la fecha de resultas de una conspiración que sabrá por los papeles públicos. Se trata de la degradación de cuatro agustinos para llevarlos al suplicio, y las cárceles están llenas de gente de todas clases.

El tuyo de corazón José Vicente.

[P.D.] José Ignacio está preso (pero no por cosa de insurgencia)

3 pensamientos en “Cardeña y los Couto

  1. Guillermo Barba

    Estoy intentando encontrar una biografía de Ramón Cardeña y Gallardo. Veo que usted lo ha estudiado, ¿me podría ayudar?

    Mil gracias,
    Guillermo Barba

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    1. David Carbajal López Autor

      Me temo que no conozco ninguna biografía completa de Cardeña. Aunque hay varias obras con recuentos breves de su vida.

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  2. Guillermo Barba

    Muchas gracias por su respuesta, David, los datos que poseo de él son los siguientes (ojalá me pueda ayudar a responder mis dudas):

    En 1796 va a España, donde se hace íntimo de la familia real, el infante infante Francisco de Paula le llama “cura bonito”, mote que le perseguirá toda su vida.
    En España tiene problemas con Godoy, celoso porque la reina Ma. Luisa le ve con ojos “deseosos”. Regresa a la Nueva España, conoce a la Güera Rodríguez y reside en Guadalajara.
    En 1809 viaja a España… (¿por qué?) Entre sus documentos de viaje lleva un poder otorgado por la misma Güera, para que se presentara ante el monarca y obtuviese “dádivas y nombramientos” para ella y su hijo. Suceso extrañísimo, estando el rey prisionero de Napoleón (¿sabe usted algo de esto?)
    Regresa a Nueva España (¿cuándo y a dónde?). Para 1812 está en Jalapa presidiendo una logia masónica (¿o sería más bien una logia patriótica?) Es apresado después. Desconozco qué sucede tras su prisión y cómo muere, ¿podría informarme algo al respecto?

    Mil gracias por sus atenciones.
    Guillermo Barba

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