Cántico de Simeón

Una entrada breve, para variar, sólo para rememorar un tema litúrgico. El próximo 2 de febrero se celebra la que otrora se conocía como la fiesta de la Purificación, hoy día de la Presentación de Jesús en el Templo, pero más popularmente la Candelaria. Debe su nombre a la bendición solemne de las candelas, es decir, de los cirios y velas que se llevan en procesión antes de la misa del día. Instituida, según la tradición, por el papa San Gregorio en el siglo VII, rememora el pasaje del capítulo 2 del Evangelio de San Lucas en que Jesús, cuarenta días después de nacido, es llevado al templo de Jerusalén “para presentarle al Señor” según la ley judía. Ahí, la Sagrada Familia se encuentra con dos profetas, Simeón y Ana, que anuncian desde luego el porvenir del niño recién nacido. Simeón tomó a Jesús en brazos y entonó un cántico que la liturgia consagró como el de la de bendición de las candelas. En efecto, según el Ritual Romano, luego de recitar las cinco oraciones de la bendición, el celebrante asperjaba las candelas con agua bendita, las incensaba y comenzaba su distribución, siempre en el orden propio de las jerarquías de la época: primero los sacerdotes luego los laicos, primero los notables, desde el rey y sus representantes, luego los miembros de las más altas corporaciones, siendo ésta la ocasión de las infaltables querellas de precedencia propias del Antiguo Régimen. Mientras tanto, el coro entonaba el cántico de Simeón, el Lumen ad venerationem, que podemos escuchar aquí en una versión novohispana del siglo XVII.

Lumen ad revelationem por davidclopez
En futuras entradas trataré de aprovechar para difundir otros ejemplos de música sacra novohispana de los siglos XVII y XVIII, que me parece es bueno rescatar, sea por motivos éticos, puramente estéticos, o ambos.

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