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Cuatro representaciones de la Inquisición medieval en la animación japonesa contemporánea

Fragmento de la ponencia ¿Un nuevo “evemerismo”? Aproximación a la representación del catolicismo en la animación japonesa contemporánea: el caso de la Inquisición medieval, 1991-2016, presentada en el Seminario Mitos y representaciones de la Universidad Internacional de Verano 2017, organizada por la Universidad de Guadalajara-CULagos, 15 de junio de 2017.

¿Qué fue la Inquisición medieval? Largo sería hacer el recuento histórico detallado. Baste decir que fueron una serie de tribunales dedicados a perseguir la herejía y otros delitos contra la fe, surgidos en Europa occidental a partir del siglo XIII. Fueron preceden para los tribunales inquisitoriales más célebres, los de España, Portugal y Roma, que desaparecieron mayormente a principios del siglo XIX. Su imagen negativa, asociada a la crueldad por el uso de la tortura –que era un procedimiento judicial común del mundo occidental entonces, pues no se habían inventado aún los derechos humanos–, es producto mayormente de la propia secularización, del surgimiento de la esfera de la política, que rechazaba la intervención de lo religioso en ella. Diversos escritores, clásicos románticos que van desde españoles como Juan Antonio Llorente hasta norteamericanos como Edgar Allan Poe, contribuyeron a construir la imagen del inquisidor sanguinario, que la historiografía reciente ha tratado de cuestionar. En general los historiadores se han preocupado por explicar la Inquisición en su contexto, desde luego, sin llegar al extremo de justificarla.

Ahora bien, para desesperación acaso de los comprometidos en hacer llegar las representaciones que produce el conocimiento universitario a la sociedad, la animación japonesa ha retomado sin demasiada dificultad esa imagen sanguinaria y la ha utilizado para construir antagonistas que podríamos calificar de radicales. En efecto, la animación japonesa, el anime, es célebre por construir personajes matizados, ambiguos, complejos, por lo general ni del todo buenos ni del todo malos. Empero, cuando se trata de representar inquisidores, corresponden bien al estereotipo de sanguinarios, intransigentes e intolerantes. Dicho esto como punto de partida, he elegido a los inquisidores de la animación japonesa porque también es posible hacer comparaciones. Voy a presentar brevemente cuatro animaciones: la primera adaptación animada de la novela Arslan Senki, de 1991; Trinity Blood, serie animada de 2005; la segunda adaptación de Arslan Senki de 2015 y la serie Berserk de 2016.

Pues bien, Arslan Senki cuenta la historia de un reino politeísta, Pars, mayormente inspirado de la Persia medieval, derrotado por una monarquía, Lusitania, que sigue una religión monoteísta, claramente inspirada del cristianismo. Dos escenas son las que nos interesan de la primera película animada de 1991 (ver el video de arriba a partir del minuto 22.31): en la primera, el ejército lusitano rodea las murallas de la capital de Pars, y para intimidar a sus defensores, se presenta en una carreta el personaje que nos interesa, el inquisidor Bodin.

El Inquisidor de Arslan Senki, Animate Film, 1991

Es representado vistiendo una especie de casulla sobre una sotana y portando una especie de mitra y un báculo puntiagudo. Éste, lo utiliza para torturar a un general capturado en una batalla previa, que va encadenado y acostado en la carreta. Aunque la mayor parte de los golpes que le asesta son presentados sólo con sombras o de espaldas, amenaza con una tortura más refinada, hasta que, a petición del propio general, una flecha lanzada desde la muralla acaba con su vida. Una segunda escena, más breve, ya con la capital ocupada por los lusitanos, representa a Bodin encabezando una quema de libros. Tenemos pues, a un inquisidor sacerdotal, anciano, excepcionalmente sanguinario pues hasta los soldados que lo acompañan en la primera escena muestran gestos de rechazo.

El Departamento de Inquisición de Trinity Blood, Gonzo, 2005

Una Inquisición más organizada, menos personal y más institucional, apareció catorce años más tarde en Trinity Blood. Historia de enfrentamientos entre hombres y vampiros en un escenario tecnológicamente futurista, pero políticamente inspirado de la Edad Media: la monarquía de Albión, inspirada en Inglaterra es la principal potencia de los humanos, y el “Nuevo Imperio Humano”, inspirado del Imperio Bizantino, la potencia de los vampiros. La serie revive una corte pontificia con poder territorial y militar, con cardenales que llevan los apellidos de la nobleza renacentista y que se disputan entre sí sobre la manera de afrontar el conflicto. Dos organizaciones se destacan: los agentes especiales de la Secretaría de Estado, que son los protagonistas, y el Departamento de Inquisición. Ésta, es representada como una auténtica orden de caballería de cruzados, con sus integrantes vistiendo armadura y manto con la cruz al pecho, además de pesadas armas de inspiración medieval y tecnología futurista. En general son los intransigentes y radicales de esta historia, es decir, son los que procuran llevar el enfrentamiento hasta sus últimas consecuencias, bien que sí llegan a conocer un límite: la lealtad a un joven y compasivo Papa.

Armas del Departamento de Inquisición, Trinity Blood, Gonzo, 2005

Gracias a que Arslan Senki ha tenido una segunda adaptación animada, pero ahora como serie, podemos comparar directamente esta representación de la segunda década del siglo XXI con la que ya hemos citado. Hay varios puntos a señalar: dado que es un episodio de una serie de 26 episodios y no parte de una película, la escena de la presentación de Bodin es más larga, dura casi el doble de la primera versión.

El Inquisidor de Arslan Senki, Liden Films/Sanzigen, 2015

El inquisidor ya no es representado de manera sacerdotal, sino como un caballero cruzado; la modesta carreta se convierte en una gran plataforma donde el general aparece bañado en sangre y amarrado a un poste; en general la violencia es mucho más explícita. El inquisidor es representado con ojos desorbitados, movimientos de lengua y en general una gestualidad que lo hace ver mucho más sanguinario.

Mozgus, el inquisidor de Berserk, GEMBA/ Millepensee/ Liden Films, 2016

Sin embargo, al respecto es superado por Mozgus, el inquisidor de la primera temporada de la serie Berserk, emitida el año pasado. Representado con vestimenta sacerdotal y sombrero saturno, acompañado de seis personajes que lo asisten como torturadores, es el único del que vemos además una práctica ascética, intensa aunque muy característica, también es el único que representa realmente el papel de un juez investigador del delito de herejía. Por supuesto, es el más intransigente de los cuatro, el más orgulloso de su condición clerical, que defiende con energía desde su primera aparición.

Los torturadores que acompañan a Mozgus, Berserk, GEMBA/ Millepensee/ Liden Films, 2016

Sala de tortura del inquisidor Mozgus, Berserk, GEMBA/ Millepensee/ Liden Films, 2016

En suma pues, una representación de los inquisidores medievales que no tiene nada de histórica, sino que corresponde bien a los clichés más clásicos, y más aún, que se hace cada vez más explícitamente violenta y sanguinaria, conforme se cruza además con la representación de la cruzada. Paradójicamente, estos antagonistas cada vez más crueles pueden contribuir a hacer brillar más a los héroes de la historia. No podemos sino volver a la problemática planteada por Vanina Papalini (Animé, mundos tecnológicos, animación japonesa e imaginario social, 2006), en el sentido de que la animación japonesa debería parte su éxito a haber ofrecido nuevas figuras de héroes, menos perfectas que aquellas a las que nos había acostumbrado Hollywood. Esos héroes, complejos, tampoco faltos a veces de momentos de debilidad y de violencia, resultan beneficiados de ese contramodelo de intransigencia que ofrece la representación de los Inquisidores medievales, permite mostrar de manera más clara los valores que la animación japonesa promueve –punto que espero desarrollar en otro momento – y que constituyen un factor que posibilita su recepción, incluso religiosa.

Las cosas del querer

Este viernes, en el marco de la Universidad Internacional de Verano 2017 que organiza el Centro Universitario de los Lagos, se ha presentado el libro Las cosas del querer. Amor, familia y matrimonio en Iberoamérica, editado por esta misma institución. Casi sobra decirlo, la historia del matrimonio forma una parte no menor de la historia del catolicismo, que lo convirtió en sacramento en la Edad Media y aun combate por tenerlo en alguna medida bajo su jurisdicción. Por ello me ha parecido pertinente abrir este espacio esta semana para el texto que en ese marco presentó una de las comentaristas, Julia Alejandra Coss Barajas, estudiante de la carrera de Humanidades con orientación en Historia cultural. Al final, además, el lector encontrará el video de la conferencia de la Dra. Lina Mercedes Cruz Lira, “Buscando indicios de amor y desamor. Matrimonios de indios en la Ciudad de México, siglo XVIII”, que justo forma parte de sus investigaciones con vistas a la edición de este libro.

Las cosas del querer. Amor, familia y matrimonio en Iberoamérica.
Julia Alejandra Coss Barajas

Dos investigadoras, una radicando en México y la otra en Estados Unidos junto a un maestro en España fueron los encargados de darle vida a esta edición. La Dra. Lina Mercedes Cruz Lira tiene como alma mater la Universidad de Guadalajara. Actualmente es una miembro importante del cuerpo académico de este centro universitario, como profesora e investigadora, centrando sus estudios en historia de la familia. La mayoría de los estudiantes la conocemos por la apertura que muestra siempre, tanto en el sentido de compartir su experiencia como por interesarse, casi de manera personal, en el desarrollo académico que cada uno de nosotros vamos logrando. Guiomar Dueñas Vargas, comenzó su vida laboral intelectual en la Universidad Nacional de Colombia, país en el que centra la mayoría de sus investigaciones. Actualmente  es profesora e investigadora de la universidad de Memphis en Tennessee, Estados Unidos. Por otra parte, Antonio Fuentes Barragán es Maestro en Estudios Americanos por la Universidad de Sevilla, centrando sus investigaciones en la sociedad argentina.

Nuestros tres coordinadores, lograron reunir a otros 7 colegas a lo largo de América  y España para dar testimonio, mediante sus investigaciones, de que -citando a Dora Dávila Mendoza, colaboradora de este libro-,  “el amor constituye el motor vivo de un sentimiento vuelto acción y, por lo tanto, es un espejo que puede reflejar otras dinámicas sociales no menos complejas donde quedan involucrados, de modo consciente o no, las acciones de mujeres y hombres”  en este caso, la población de Iberoamérica durante el siglo XVIII Y XIX. Y aunque sus orígenes no son los mismos, a lo largo del desarrollo muy particular de cada autor en su respectivo capítulo, es muy notable la entrega que tienen hacia el estudio de las sociedades americanas mediante el uso de nuevas técnicas y fuentes como lo son los archivos parroquiales, archivos familiares particulares, la prensa de la época y hasta un diario personal mediante los cuales, tampoco temen abordar temas poco indagados y aún criticados sobre la historia familiar o  la historia de los afectos.

El libro consta de 10 capítulos, donde se presenta la investigación de cada uno de los organizadores y colaboradores. Para su mejor lectura yo recomiendo dividirlo en 3 partes, la primera es, precisamente, referente al capítulo 1, a cargo de la Dra. Guiomar Dueñas y se titula “¿Quién le teme a las emociones?” donde hace una excelente introducción que explica la importancia del estudio de la historia de los sentimientos y desmiente los temores  de dicho tema entre los enfoques y metodologías que aborda.

La siguiente parte abarca los capítulos 2 al 7, los cuales estudian diferentes casos en la segunda mitad del siglo XVIII. Desde los últimos matrimonios de indias caciques en la Ciudad de México, pasando por la constante corriente de comerciantes que circulaban por San Luís Potosí, la incomodidad de la sociedad portuguesa al relacionarse con las diversas estratificaciones sociales de Brasil, el impacto de las leyes de la corona al momento de cancelar o impedir un matrimonio en las últimas décadas de la colonia en Buenos Aires o la comparación entre los ideales entre estas reformas y las realidades de la sociedad del momento en Venezuela.

La tercera parte la conforman los últimos 4 apartados, acercándonos a las realidades emocionales ahora del siglo XIX. Iniciamos con una revisión a las jurisdicciones matrimoniales al mismo tiempo que se conformaban las instituciones públicas de Buenos Aires, siguiendo con el amor, el matrimonio y el divorcio en el México reformista y terminamos con la apasionante historia de amor romántico plasmada en un diario personal de dos amantes en Guadalajara.

Este libro, en palabras de sus autores, “es una invitación a explorar la intimidad de las familias iberoaméricanas”. Las y los investigadores nos demuestran cómo la historia de los afectos, no es netamente subjetiva, sino que –citando a Guiomar Dueñas- “se  debe explorar el contexto social y cultural donde las emociones se producen”. Como estudiante de la Licenciatura en Humanidades con especialidad en Historia cultural, veo en este libro una enorme muestra de lo que puede y debe llegar a ser nuestro trabajo como historiadores. Aquí me gustaría destacar el trabajo realizado entre investigadores de distintas universidades. Definitivamente pienso que la participación de colegas procedentes de zonas geográficas de escala mundial enriquece el logro de los objetivos en la obra, es decir, “repensar los temas que han sido centrales en los estudios de la organización familiar, de las etnias, la mezcla racial, la legislación sobre matrimonios de la corona Española y la sexualidad”.

En cuanto a la forma, como estudiante también, me gustaría señalar la facilidad con la que se puede leer cada uno de los trabajos sin que se pierda la formalidad y el contenido. Al mismo tiempo, el aparato crítico deja ver fácilmente las fuentes de cada autor las cuales son muy variadas, desde archivos personales, parroquiales, nacionales, bibliografía académica, manuales, registros, etc. Uno como estudiante agradece encontrar referencias fácilmente en caso de necesitarlo para futuras investigaciones.

Las cosas del querer invita a los lectores a repensar la población iberoamericana del siglo XVIII y XIX en el plano emocional, dejar de lado esa idea de sociedades obedientes muy bien estructuradas y reglamentadas. Cada uno de los estudios de los autores viene a demostrarnos que “el matrimonio ibérico no se aclimató de la manera esperada en las Indias porque se intentó imponer sobre comunidades étnico-racial y culturalmente diversas, dando lugar a modelos alternativos de la familia donde la iniciativa de la unión partía del deseo de los contrayentes y no de la imposición de los padres.” Nos recuerda que aún muchos siglos atrás de nuestra actualidad, las personas tenían pasiones, sentimientos e intereses emocionales pero, es en estos siglos cuando poco a poco los dejaron fluir yendo en contra de los ideales gubernamentales, a tal grado, que poco a poco estas tuvieron que ir modificando sus leyes aceptando las realidades de su población.

Aplaudo el trabajo de la doctora Lina, la doctora Guiomar, el maestro Antonio y sus demás colaboradores, así como a la editorial de CULagos por traer hasta nuestras manos el día de hoy Las cosas del querer. Amor, familia y matrimonio en Iberoamérica.

Buscando indicios de amor y desamor. Matrimonios de indios en la Ciudad de México, siglo XVIII from CULTURA Y SOCIEDAD-CULAGOS on Vimeo.

Un Corpus lluvioso, el de Sevilla de 1766

Reliquias en la procesión de Corpus Christi en Sevilla en el siglo XVIII.

El próximo jueves es Corpus Christi, la que durante mucho tiempo fue una de las grandes fiestas del catolicismo, celebrada con una procesión particularmente fastuosa. No era para menos, desde el siglo XVI, frente a los protestantes, el catolicismo insistió en la presencia real de Dios en la Eucaristía. La salida por las calles de la Eucaristía, Dios mismo procesionando por las calles de las ciudades católicas, no podía sino realizarse con particular esplendor: las calles se cubrían de alfombras y toldos para proteger su paso, se instalan altares para hacer estación durante el recorrido, las campanas se lanzan a vuelo, los santos patronos en imagen o en reliquia formaban su cortejo, llevadas por las cofradías, las parroquias y el clero. De alguna forma toda la sociedad era representada en la procesión, que en el mundo hispánico además era común que la abriera la representación del mal domesticado: la tarasca.

Ahora bien, el Corpus Christi es una fiesta móvil. Tiene lugar 60 días después del Domingo de Resurrección, lo cual implica que, según esta se adelante o se atrase, tiene lugar en mayo o en junio. Puede caer, por tanto, en una primavera del hemisferio norte todavía soleada o ya en temporada de lluvias. En Sevilla, ciudad donde las procesiones son, incluso hoy, celebradas con particular esplendor, no ha dejado de tener constantes incidentes con la lluvia. En nuestros días tal vez no hay mayor tragedia para la capital hispalense que una Semana Santa lluviosa. El jueves de Corpus Christi también ha padecido sus estragos, aquí presento brevemente el relato de uno de ellos: el de 1766.

Es interesante ver que, aun bajo la lluvia, los canónigos de la Catedral, que conducían la procesión, no perdían la compostura y se mantenían preocupados por las cortesías y ceremonias correspondientes. Desde luego, el problema fundamental era garantizar la seguridad de la hostia consagrada, pero también se nota la atención con las corporaciones principales que iban en la procesión y con sus inesperados anfitriones, los canónigos de la iglesia colegial del Salvador. En fin, sobre todo al final, el secretario no dejó de advertir también la preocupación por los caros ornamentos dedicados a la Eucaristía: la custodia estrenaba unos faldones bordados de mucho valor, que también había que cuidar.

Archivo de la Catedral de Sevilla, Secretaría, leg. 7180, Autos capitulares de 1766,fs. 92v-95

“Jueves 29 de mayo de 1766, cabildo extraordinario en la Iglesia de San Salvador, presidido por el señor chantre.

Iglesia Colegial del Salvador, estado actual

En este día, en que se celebró la festividad del Corpus, no obstante de haber sido vario el tiempo en los antecedentes, con la esperanza de que daría lugar a que se hiciese la procesión, comenzó ésta a su hora regular, lográndose por la actividad de los señores diputados para su gobierno que a las nueve y tres cuartos escasos de la mañana saliese del coro la custodia, y llegando el Cabildo a la puerta de San Miguel, se levantó un viento recio que no dejó vela encendida, siguiendo así la procesión hasta mediado [de la] calle Génova, donde tomando luz del altar de Nuestra Señora del Pópulo se volvieron a encender y se continuó con más serenidad hasta la calle de la cárcel, donde empezó a lloviznar cosa que no daba especial incomodidad, por la defensa de los toldos, pero engrosándose algo más el agua en la calle de la carpintería, arreciando notablemente luego que se dio vista a San Salvador, y a tiempo que la custodia estaba al medio de dicha calle, vinieron dos canónigos diputados de la Colegiata con recado de su Cabildo para el señor presidente del nuestro ofreciendo de su parte su iglesia y facultades en cualquier acontecimiento, a los que dicho señor manifestó en respuesta toda la correspondiente urbanidad y debida gratitud, y encaminándose la procesión

Retablo de la Virgen de las Aguas, Iglesia Colegial del Salvador, estado actual.

con toda aceleración a la puerta de dicha Iglesia, donde estaba la Virgen de las Aguas, para hacerse allí la estación que es estilo, continuando la fuerza del agua, la Ciudad, precipitadamente se retiró a la Colegiata entrándose por la puerta del Evangelio y dirigiéndose a la Sala Capitular de los canónigos, manteniéndose por entonces inmóvil la Inquisición con la mayor parte del Cabildo, y viendo el señor presidente, que era inexcusable el retiro de todos, temiendo prudentemente que la mucha agua, llevada del impetuoso viento podría penetrar dentro del viril y humedecer la forma, envió recado con un celador al presidente de la Colegial suplicándole mandase retirar adentro el paso de la Virgen, que ocupaba la puerta, para dar lugar a que pudiese entrar la custodia, cuya diligencia se retardó algún tiempo por ser preciso traer los tablones para que pudiese subir por las gradas e ínterin un veintenero de los que revestidos acompañaban el Santísimo, de orden del señor presidente pudo subir, aunque con dificultad, por lo que no se atrevió a hacerlo el señor diácono, al segundo cuerpo de la custodia, de donde tomó el viril y lo puso en manos del señor Arcediano de Niebla, que iba de preste, y con Su Majestad en las manos se dirigió al altar mayor, dispuesto ya y prevenido con las luces correspondientes, y acompañándole el Cabildo, la Inquisición se entró entonces  por la puerta del lado de la epístola, dirigiéndose al coro de los canónigos, los que facilitaron un cáliz de viril para colocar en el altar la Eucaristía, y exponerla a la general adoración, en el que por más que se hizo no pudo colocarse y fue preciso se mantuviera en las manos del preste, estando éste de rodillas, hasta que la custodia se pudo introducir en la iglesia, y puesta en la nave de en medio e inmediata al altar mayor, se colocó en ella el Santísimo, manteniéndose el paso de la Virgen delante también del mismo altar, y al lado de la Epístola, e inmediatamente la música cantó el Tantum Ergo, verso y oración con el Alabado, como es costumbre hacerse todos los años a la puerta de esta iglesia.

Y citando el señor presidente a Cabildo por medio del pertiguero para la sala de la hermandad del Santísimo, que franqueó para este efecto, se encaminaron allá los señores que pusieron, impidiéndolo a muchos el innumerable gentío que concurrió, llevado de la necesidad por lo mucho que llovía y traído de la curiosidad de saber la providencia que se tomaba en tan estrecha urgencia, hallándose dos canónigos de la Colegial a recibir a los señores que entraban en Cabildo, uno en lo bajo y otro en lo alto, disponiendo el señor presidente que mientras durase el Cabildo dos señores canónigos acompañasen a los señores preste y diáconos, y todos al Santísimo, cantando entonces los veinteneros himnos y salmos, alternando el órgano de la Colegial.

Y habiendo el señor presidente hecho presente al Cabildo con las voces lo que todos habían visto con los ojos, para que se acordase lo que debía hacerse en este caso, de conformidad se determinó que respecto a que las aguas en este tiempo por lo regular no suelen ser de duración, se aguardase allí a que se serenase pudiendo después seguir la procesión, por cuanto otra providencia traía consigo muy gravosas y molestas consecuencias, y que mediante a que la Ciudad e Inquisición esperaban en los sitios a donde se habían retirado, era razón participarles la determinación del Cabildo, nombrando para que lo hiciese presente a la Ciudad al señor canónigo D. Antonio Saavedra y Federigui y para la Inquisición al señor canónigo lectoral D. Francisco Luis Vilar, el cual acuerdo pasó ante el señor medio racionero D. Diego de Gálvez, que hizo para este cabildo de secretario en mi ausencia por no haber yo podido romper el concurso para asistir aél, el cual así me lo certificó. Y habiéndosele después ocurrido al señor chantre presidente, el habérsele pasado de la memoria hacer presente al Cabildo podía mandar se diesen las gracias al de la Colegial por sus esmeros y atenciones, siendo tan justa y regular esta demostración, el mismo señor chantre la practicó con los dos canónigos para que a su Cabildo hiciesen presente el agradecimiento del nuestro, y mandó al maestro de ceremonias y a los dos canónigos, como a particulares, diese las gracias por el cortejo y asistencia que habían hecho al entrar y salir de la sala donde se celebró este cabildo extraordinario.

Custodia de la Catedral de Sevilla, obra de Juan de Arfe, siglo XVI.

Y mientras esto pasaba en San Salvador, el resto de la procesión procuró llegar a la iglesia, de suerte que no quedó otra cosa de ella que el Cabildo, Ciudad e Inquisición que permanecían en dicha iglesia acompañando al santísimo y esperando abonanzase el tiempo para continuar, bien entendido que la mente del Cabildo era esperar, aunque fuese bien entrada la tarde, y que si bien por desgracia tardesen las aguas en cesar de manera que la procesión se acabase al tiempo de entrar en nona, se tendría paciencia, pues las circunstancias no permitían otra cosa, pero no quiso Dios que sucediese así, pues dentro de poco se serenó el tiempo y se volvió a ordenar la procesión dando aviso a la Ciudad e Inquisición, continuándose sin desgracia hasta la Iglesia, pues aunque se temía que con las aguas se hubiesen maltratado los nuevos faldones bordados que en este día se estrenaron en las pariguelas de la custodia, que habían costado cinco mil pesos, no sucedió así y sólo se manchó su forro un poco con el lodo y salpicadero de los pies de los mozos que la conducían.”

 

Un testimonio de un clérigo inquieto

“El ministerio de San José”, José de Alcíbar, detalle.

El presbítero Ignacio Lequerica y Gutiérrez, natural de Fresnillo y sacerdote de la diócesis de Guadalajara, fue un clérigo que se destacó por sus faltas al modelo clerical de su tiempo. Es decir, no era exactamente como se pintaba al clero entonces. No hubiera tenido lugar en este devoto cuadro de José de Alcíbar. Desobediente a su obispo, en lugar de la sedentaria vida que correspondía a su estado, fue prácticamente un vagabundo trasatlántico de los primeros años del siglo XIX. Conocedor de las complicaciones de un sistema en que existían varias jurisdicciones, muchas veces rivales, evadió la justicia episcopal, prefirió la de la Inquisición e incluso tuvo también un período de enfrentamiento con la justicia del rey, pues fue insurgente entre 1816 y 1818. Más todavía, ha sido conocido en la historiografía, hasta cierto punto, por haber sido de los últimos presos del Santo Oficio de México en 1820 y por haber recurrido a la naciente opinión pública para exponer su caso: en concreto al periodista Joaquín Fernández de Lizardi.

La vida del padre Lequerica nos ilustra así varios aspectos de la política y la religión de esos años revolucionarios. Dejó tras de sí, además de sus procesos judiciales, numerosas cartas defendiendo su causa, primero fundándose en su fuero tradicional y luego en sus derechos constitucionales, dando así prueba de aprendizaje del nuevo vocabulario político. Sin embargo,  en esta oportunidad me limito a presentar un documento que da cuenta de su movilidad trasatlántica y que cuenta algo de su vida hasta 1810. El lector tal vez encontrará interesante su trayectoria, y puede llegar a interesarse en un artículo del autor de este blog, titulado “Personas sagradas y trayectorias trasatlánticas: Vidas de tres clérigos de principios del siglo XIX en Nueva España”, Letras Históricas, núm. 11, otoño-invierno 2014. Remito a ese texto para mayores detalles. por ahora veamos un resumen de esos andares, relatado por el vicario capitular de la diócesis de Cádiz, en que además podemos identificar otra falta al modelo clerical: el sacerdote faltaba al voto de castidad relacionándose con varones jóvenes.

 

Archivo General de Indias, Guadalajara, leg. 409.

Excelentísimo señor

Entre los papeles del vicario capitular mi antecesor se han encontrado las causas formadas a D. Ignacio Lequerica y Gutiérrez, presbítero, natural de la villa de Fresnillo, en Nueva España, detenido últimamente en la real cárcel de esta plaza. De ellas se deduce que dicho eclesiástico, prófugo, o sin las correspondientes letras transistoriales del respectivo ordinario, embarcándose en Veracruz, pasó a La Habana y después de haberlo apresado los ingleses y conducido a Nueva York arribó a Lisboa y de allí se tranfirió en 1808 a Madrid, donde le procesó el teniente corregidor porque su traje ridículo y el andar solicitando muchachos le hicieron sospechoso. Que pasada la sumaria a aquel teniente vicario, y agregándola a una requisitoria que había recibido del obispo de Guadalajara para la captura de D. Ignacio, la decretó y estando en la cárcel añadió a sus excesos el de consagrar o aparentar que consagraba un pan, por lo que se le privó de este alimento y encerró por algún tiempo, dando cuenta al Santo Tribunal de la Inquisición, y que habiendo entrado los franceses en Madrid a 3 de diciembre del mismo año, lo pusieron en libertad, y por Sevilla se vino a esta ciudad, y se acogió en el hospicio de la Santa Caridad, donde por la vigilancia del barrio del Mundo Nuevo fue sorprendido y aprendido la noche del 25 de marzo de 1809, encerrado y acostado con un joven, que desde luego se destinó a las armas, remitiendo lo actuado al juez del crimen que, en 11 de mayo, lo trasladó a esta curia, donde no consta practicada diligencia judicial posterior.

No se han descubierto bienes, rentas ni subsidios que afiancen su decente subsistencia a dicho eclesiástico, y temiendo que si se le pone en libertad y tolera su residencia en estos reinos, se le expone a continuar vagando y cometiendo los deslices que han motivado sus repetidos arrestos u otros crímenes, con desdoro del carácter que le distingue y perjuicio del Estado, lo pongo todo en consideración de vuestra excelencia para que, elevándolo a la del Consejo Supremo de Regencia, y teniéndolo a bien, se digne proporcionar que en el primer buque que se presente para Veracruz se remita bajo de partida de registro al referido D. Ignacio a disposición de aquellas justicias; para que se transporte y ponga a la del diocesano de Guadalajara, que lo ha reclamado, a quien remitiré también para su debida substanciación las enunciadas causas, luego que merezca la contestación que espero de vuestra excelencia.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Cádiz y octubre 18 de 1810.

Excelentísimo señor

Mariano Martín Esperanza.

 

Excelentísimo señor, D. Nicolás María de Sierra.