Archivo por meses: abril 2016

Miguel de Palomares y el primigenio cabildo eclesiástico de México

El siguiente texto ha sido amablemente enviado a este sitio como colaboración por el Dr. José Gabino Castillo, posdoctorante del Instituto de Investigaciones sobre la Educación y la Universidad de la UNAM.

Ilustración 1

Ilustración 1

Hace unos días, arqueólogos del Programa de Arqueología Urbana (PAU), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dieron a conocer el descubrimiento de una lápida perteneciente a la sepultura del canónigo Miguel de Palomares (il. 1). El hallazgo ha sido por demás interesante; se trata del primer entierro descubierto de un clérigo del siglo XVI perteneciente a la primitiva catedral de México, aquella que existió algunos metros adelante de la actual que empezó a construirse en la segunda mitad del siglo XVI (il. 2. AGI, MP-México, 47.). Ahora bien, no se trata de cualquier clérigo sino de un canónigo perteneciente al primigenio cabildo eclesiástico de dicha catedral, el cual se conformó entre 1528-1540.

Ilustración 2. Plano de la ciudad de México de 1596 (detalle)

Ilustración 2. Plano de la ciudad de México de 1596 (detalle)

Miguel de Palomares fue uno de tantos clérigos que llegaron a la ciudad de México cuando ésta llevaba apenas una década de ser conquistada. Estos clérigos, provenientes de diversas diócesis españolas, sirvieron en los curatos recién fundados a lo largo del territorio novohispano. Palomares, por ejemplo, fue presentado en 1530 al de Veracruz, beneficio que, a su vez, sirvió el clérigo Manuel Flores, presentado como deán de la catedral de México ese mismo año. Otros personajes, como Diego Velázquez, quien también ocuparía una canonjía de México, incluso había acompañado a Cortés y González Dávila a Honduras sirviendo como capellán de sus ejércitos, más tarde sirvió en parroquias de Pánuco, Colima y la ciudad de México. Los servicios de estos clérigos fueron premiados por la Corona otorgándoles algunas de las primeras prebendas catedralicias. Esto ocurrió en prácticamente todos los obispados conforme se crearon sus catedrales y primeros cabildos. No obstante, esta práctica tuvo sus inconvenientes. En la década de 1540 el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga, se quejó agriamente ante la Corona por la poca experiencia que en el rito catedralicio tenían sus prebendados. No obstante, otros obispos, como Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, reconocieron lo difícil que era constituir cabildos con prebendados españoles que rara vez querían venir a Nueva España por “lo poco que valen estas prebendas”.

Ilustración 3. Firma de Miguel de Palomares

Ilustración 3. Firma de Miguel de Palomares

De manera que si bien Zumárraga tenía razón, también es cierto que estos primeros núcleos capitulares fueron los que pusieron las bases de las futuras corporaciones catedralicias. En el caso de México, un primer cabildo cobró forma entre 1528, año en que se empezaron a presentar diversos clérigos para las prebendas, y 1534, cuando se elaboraron los estatutos de Erección de la catedral. De los presentados en esos años sólo Juan Juárez, Juan Bravo, Diego Velázquez, Miguel de Palomares y Manuel Flores, servían sus prebendas cuando el cabildo inició sesiones formales en su catedral en marzo de 1536. Manuel Flores servía como deán y los demás como canónigos. Todos ellos tenían experiencia como curas y habían estado cerca de Zumárraga en estos primeros años. Manuel Flores, por ejemplo, sirvió como su provisor, Diego Velázquez como su secretario y Palomares, si hemos de creer a documentos posteriores, fue su confesor en algún momento. Al iniciar sesiones formales en su catedral, en marzo de 1536, se sumaron nuevos capitulares: el maestrescuela don Álvaro Temiño, el tesorero don Rafael de Cervantes y el canónigo Cristóbal Campaya, aunque éste último aún sin presentación real, la cual obtuvo en 1538. Temiño y Cervantes llegaron nombrados de la Península mientras que Campaya había servido ya como capellán y cura en la iglesia de México desde al menos 1532. Dos años más tarde, en 1538, fueron presentados los canónigos Francisco Rodríguez Santos y Rodrigo de Ávila, y el racionero Ruy García. En 1539 lo fueron el chantre Diego de Loaisa y el racionero (y más tarde canónigo) Juan González. Para 1540 se presentó al arcediano Juan Negrete y al racionero Pedro de Campoverde. Ya en 1541 fue presentado otro racionero: Alonso de Arévalo. Todos ellos tomaron posesión de sus prebendas entre 1539 y 1541, de manera que fueron los personajes con los que Palomares tuvo alguna relación en esta primera década de historia capitular. Como Palomares, casi todos los prebendados vivieron muy cerca de la catedral (de acuerdo con documentos de fines del XVI la casa de Palomares estaba “en la calle de Jesús María y dan vuelta a la Santísima Trinidad”, il 4). Manuel Flores y Diego Velázquez, por su parte, dijeron poseer casas que colindaban con las del marqués del Valle, es decir en el lado poniente de la plaza principal.

Ilustración 4. Posible ubicación donde estuvo la casa de Palomares. Hoy esquina de Jesús María y Emiliano Zapata.

Ilustración 4. Posible ubicación donde estuvo la casa de Palomares. Hoy esquina de Jesús María y Emiliano Zapata.

Las huellas que este primer núcleo capitular nos dejó son pocas. Sólo de algunos personajes contamos con datos más amplios gracias a su importante presencia en la catedral, ejerciendo oficios como el de procurador ante la Corte (es el caso de Campaya) o gracias a que elaboraron testamentos donde plasmaron parte de su vida (por ejemplo Negrete o Santos). En el caso de Palomares, su muerte parece haber sido repentina; murió intestado hacia mediados del mes de octubre de 1542. La última sesión capitular en la que participó fue la del 23 de junio. No obstante, no existen registros de otros cabildos sino hasta el 17 de noviembre, día en que el obispo nombró un canónigo sustituto que ocuparía la prebenda del ya difunto Palomares. El 24 de junio, Zumárraga y el cabildo se reunieron para hacer el inventario de los bienes del prebendado e instituir una capellanía de misas fundada por éste. Entonces se mencionó que tenía “poco más o menos” un mes y medio de fallecido y que había muerto ab intestato. Con el capital de sus bienes, particularmente sus casas y dos solares que poseía en la ciudad, se fundó una capellanía con mil pesos de principal y una renta de 30 pesos de minas de los cuales se dirían, cada año, 16 misas por el “ánima” del referido difunto” y “por las ánimas de sus padres”. La capellanía de Palomares se mantuvo vigente durante todo el periodo virreinal hasta que su capital fue depositado, en 1806, en la Real Caja de Consolidación, no sin antes haber servido a varios de sus capellanes para ordenarse como presbíteros.

De manera que el hallazgo de la tumba de Miguel de Palomares es un hecho que tiene, podríamos decirlo, una importancia colectiva en tanto nos remite a la historia de este primer cuerpo capitular de la década de 1530-1540. Nos recuerda la importancia de estos primeros clérigos que atravesaron el océano junto con muchos de los conquistadores y primeros pobladores que llegaron a la Nueva España poco después de consumada la conquista. La época de Palomares nos remite también a un periodo de agrios conflictos entre Zumárraga y la Audiencia. Es también una etapa muy difícil para el cabildo pues no existían diezmos necesarios para pagar las prebendas ni para comprar lo necesario para el ritual catedralicio. A Palomares y sus pares le tocó solicitar al rey el que los indios pagaran diezmos sobre productos de Castilla (diezmo de las tres cosas), lo cual se aprobó un año después de muerto Palomares. Por el pago de dichos diezmos el cabildo se enfrascó en un fuerte conflicto con las poderosas órdenes mendicantes, las cuales se amparaban entonces en diversos privilegios papales y reales. Sirva, de paso, mencionar que la tumba de Palomares nos recuerda también que si bien es a dichas órdenes religiosas a las que más atención se ha puesto cuando se habla de este periodo, no por ello la importancia de los clérigos seculares es menor. Muchos de ellos fungieron prácticamente como evangelizadores, ese fue el caso de Diego Velázquez y Juan González quienes, al mismo tiempo que servían sus prebendas, recibieron autorización para atender diversos pueblos de indios en el entonces obispado gracias a que conocían las lenguas de los naturales. Por su parte, Palomares, junto con otros clérigos, se habían abocado a atender a la importante y numerosa población española que iba creciendo en las diversas villas. La importancia de este primer cabildo radica, entonces, no sólo en ser el primero sino en ser los fundadores de la tradición capitular novohispana. Y eso de ser los primeros no es poca cosa, Palomares fue también el primer prebendado, de este cabildo primigenio de México, en morir en su catedral. La frase puesta en su lápida (palabras más, palabras menos, pues no he podido apreciarla bien en las fotos que circulan) no deja lugar a dudas del mensaje que nos mandaron sus hermanos de cabildo: aquí yace el canónigo, de los primeros en esta santa iglesia.

La reforma de cofradías en Sevilla: tres censuras fiscales

DSCF2648El mes pasado publicábamos en este espacio el dictamen del fiscal del Consejo de Castilla, el Conde de Campomanes, pidiendo la reforma de las cofradías de los reinos peninsulares en 1769. Así se inició el expediente general de Madrid, que culminó en 1783 con una real resolución en que efectivamente se dispuso:

a) La supresión de aquellas que no contaran con licencia ni del rey ni de los obispos, y de las cofradías gremiales.

b) La subsistencia de las cofradías sacramentales y de las que contaran con licencias del rey y de los obispos, y la revisión de aquellas que sólo contaran con licencia episcopal, para reformarlas o reunirlas con cofradías sacramentales.

c) La reforma de las constituciones de todas las que podían subsistir, para lo cual, las reglas, ordenanzas o constituciones debían ser recogidas por los tribunales reales.

Tal fue la reforma a nivel peninsular, pero en cada uno de los reinos y provincias peninsulares hubo también intentos de reforma general. Por ejemplo, en el reino de Sevilla. En la imagen vemos el estado actual del edificio que fue sede de la Real Audiencia de Sevilla, tribunal que se ocupó de esa reforma, y cuyos fiscales José García León Pizarro (en 1776) y Juan Francisco Cáceres (en 1787) dictaron las censuras que aparecen a continuación. El primero trató de realizar una verdadera reforma sevillana, prácticamente contemporánea del expediente general de Madrid. Al segundo, en cambio, le tocó aplicar la resolución que resultó del expediente general de Madrid. Los tres breves documentos nos ayudan a entender la especificidad de las reformas de cofradías en el mundo hispánico. Como se advierte, aquí ya se trata de medidas que realmente afectaban a las cofradías, en concreto la confiscación de sus documentos fundamentales para obligarlas a reformarse, ya no sólo es una petición de información como fue sobre todo en el caso de Nueva España.

Aquí pues, el intento de dos letrados del último cuarto del siglo XVIII en el sentido de “poner orden” en el denso mundo cofrade de la capital andaluza, que desde luego, hoy en día es testimonio de los límites de aquel esfuerzo ilustrado.

Censuras del fiscal José García León Pizarro, intento de reforma general en Sevilla, 1776*

El fiscal de Su Majestad dice: Que de resulta de varios pleitos, se han formado expedientes sobre el examen de las constituciones y licencias de la erección de varias hermandades y cofradías para cumplir las leyes del reino y novísimas reales resoluciones, y siendo algunas de ellas establecidas en el convento del patriarca San Francisco, Casa grande de esta ciudad, se le informa que hay otras en el mismo, por lo cual si fuere del agrado del Real Acuerdo, se servirá mandar se haga saber al padre guardián de dicho convento pase a este tribunal relación y noticia puntual de todas las hermandades y congregaciones situadas en él con la debida claridad y distinción, para que el fiscal de Su Majestad reconozca las que hubiere más de las examinadas, o que se están examinando con el mismo fin y de resulta decir lo que se le ofrezca. Sevilla, 13 de junio de 1776.

García Pizarro

 

El fiscal de Su Majestad, en progreso en promover el más exacto cumplimiento y observancia de la ley del reino y novísimas resoluciones reales y del Supremo Consejo de Castilla, en punto de cofradías y hermandades de legos, dice: Se ha instruido las hay fuera de otras muchas en las ermitas o capillas del recinto de esta ciudad y sus arrabales, a saber: San Hermenegildo junto a la puerta de Córdoba, San Blas, San José, Nuestra Señora del Mayor Dolor en la Laguna, Nuestra Señora de los Dolores junto a San Marcos, San Onofre, Santo Cristo de Zalamea, San Sebastián, Nuestra Señora de la Piedad, Nuestra Señora del Patrocinio, los Mártires, Nuestra Señora de la Concepción en la Macarena, Nuestra Señora del Rosario en la Resolana, Nuestra Señora de la Estrella, San Andrés, la Santa Cruz del Rodeo, Santo Cristo de las Necesidades, Nuestra Señora de los Ángeles, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora de la Encarnación y Nuestra Señora de la Soledad, que por ahora tiene noticia, sin las muchas que hay en retablos y casas puertas de las calles, de que se procurará hacer instruir e informar, y para que con estas por ahora se cumpla lo ya proveído con otras, se servirá el Acuerdo mandar se haga saber a sus hermanos mayores o cofrades que hagan de cabeza que en el término preciso que se les señale presenten sus ordenanzas, estatutos o documentos de su erección, que pasen al oficio fiscal para su examen y demás conveniente, y que fuere del agrado de vuestra señoría, acordando también que así por la mayor brevedad y comodidad de la ejecución, como porque el conocimiento de estos expedientes quede en la distribución igual posible, por lo que hace a los oficios de cámara, se repartan todos los que en el día hay de esta naturaleza y se fueren instruyendo bajo las reglas prescriptas, o que se sirviere determinar este Real Acuerdo con la justificación, sabiduría y prudencia que acostumbra. Sevilla, 16 de julio de 1776

García Pizarro

* Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Justicia, Hermandades y cofradías, leg. 9813, exp. 4, fs. 1 y 5-5v.

Censura del fiscal Juan Francisco Cáceres en aplicación de la Real resolución de 1783 en Sevilla, 1787*

El fiscal de Su Majestad: En vista de este expediente y real orden con que principia sobre reforma, extinción y respectivo arreglo de las hermandades y cofradías del reino, dice: Que pues a las muchas que hay en esta ciudad y pueblos del territorio de esta Real Audiencia, unas deben extinguirse absolutamente y otras necesitan la correspondiente aprobación para su subsistencia, todo bajo las reglas establecidas en las leyes del reino, y con arreglo a lo que ahora recomienda la citada resolución de Su Majestad a consulta del Consejo, es el fiscal de dictamen, que uniéndose dicho expediente al general de hermandades y cofradías de esta ciudad, se sirva mandar el Acuerdo, que respecto a ser muy pocas las que han obtenido la competente real aprobación y necesaria la supresión y reforma de muchas, se traigan y presenten para su inspección y demás que entonces convenga, las reglas, constituciones o documentos de la erección y gobierno de todas, en el preciso término que se las prescriba, a cuyo fin y para la mayor brevedad y comodidad de la ejecución, puede el Acuerdo encomendar a los tenientes de esta ciudad que inquiriendo cada uno e instruyéndose de las cofradías establecidas en sus respectivos cuarteles, procedan con la mayor actividad a recoger las ordenanzas de todas, haciéndole a los hermanos mayores, priostes o cofrades que hagan de cabeza de dichos cuerpos se las presenten y entreguen inmediatamente, ya tengan aprobación real, en cuyo caso se les habrán de devolver para que se arreglen a su tenor, siempre que revisadas por el fiscal y este Real acuerdo se encontraren estar conformes y deber subsistir con arreglo a lo nuevamente prevenido en la citada real determinación, o ya carezcan de dicha aprobación para los efectos convenientes ya indicados, pasándolas a este fin dichos tenientes a la presente escribanía del Acuerdo con las diligencias que hayan practicado en cumplimiento de lo referido, a costa de las insinuadas hermandades respectivamente, informando del mismo modo si no hubieren podido conseguir de alguna o algunas de ellas la citada presentación de sus ordenanzas, sobre la causa de no haberse verificado, diligencias para ello practicadas y noticias adquiridas en orden a cuál sea la parroquia, convento, iglesia, ermita o retablo en donde se hallen situadas y erigidas aquellas, el modo de su gobierno y personas que corran con él, haciéndolo igualmente con toda expresión y posible justificación acerca de los caudales que tengan todas, a excepción de las que manifiesten de pronto gozar de la real aprobación del Consejo, y por lo respectivo a los pueblos de la jurisdicción del tribunal, se servirá el Acuerdo mandar librar provisión o carta orden por vereda a sus justicias, para que en igual término evacúen las mismas diligencias de presentación y remisión de ordenanzas de hermandades que en ellos haya establecidas, a costa de éstas, e informe expresivo y circunstanciado que extenderán a manifestar si efectivamente se dirigen por las que tengan y la utilidad o ventajas que ocasionen al común de vecinos los expresados cuerpos, o si no les produzcan alguno, antes sí sirvan o sean fomento de dispendios de sus respectivos caudales y de otros desórdenes, con apercibimiento los enunciados tenientes y justicias que pasado dicho testimonio sin haber cumplido por su parte lo decretado, se procederá contra ellos como más haya lugar, y serán responsables de las resultas y a las costas que motiven su morosidad e inacción, hasta que se llegue a lograr lo que los hubiere mandado el Acuerdo. A cuyo efecto y que no se retarde como hasta aquí asunto de tanta entidad y recomendación, intentado y pedido mucho tiempo ha por el fiscal, habiendo entonces diferido a su solicitud el Acuerdo, determinará ahora este que el oficio cumplido que sea el plazo que se prescribiere, vuelva a pasar sin más dilación el expediente al fiscal, y lo demás que sobre todo contemplare su superior inteligencia más justo y acertado. Sevilla, 13 de febrero de 1787

Cáceres.

* Archivo General del Arzobispado de Sevilla, Justicia, Hermandades y cofradías, leg. 9813, exp. 4, fs. 14-17.

Alegres repiques

DSC_0034Las campanas eran un elemento fundamental de los festejos públicos de los siglos XVIII y XIX. Los eruditos de la época e incluso los mismos prelados reformadores aceptaban el papel festivo de las campanas. Antonio Lobera y Abió recordaba por ejemplo en su obra El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios que el toque de todas las campanas en las fiestas principales servía para «representar la mayor alegría de la Iglesia Militante, a emulación sagrada de la Triunfante».[1] Los obispos trataban de redirigir en un sentido devoto esas alegrías: en una carta pastoral del obispo de Málaga sobre el tema (1775) refería la función de solemnizar las fiestas como vía para inspirar en los pueblos el «espíritu de devoción que debe animarlos para santificar dignamente los días especialmente consagrados a Dios».[2] Los documentos de la época confirman de manera constante que los repiques eran parte indispensable de las celebraciones, de las solemnidades religiosas, pero también de las más estrictamente monárquicas. Sobre todo, nos muestran que, sin que mediaran necesariamente órdenes reales o episcopales, los habitantes de ambas orillas del Atlántico echaban a vuelo las campanas, o estimaban que así debía de hacerse, prácticamente a la menor provocación.

En efecto, recordemos tan sólo un incidente que agitó la Puebla de los Ángeles, en la Nueva España, en agosto de 1744. Por «unos rumores pueriles», como escribió el virrey en un informe posterior al Consejo de Indias, se extendió por la ciudad la noticia de que se había obtenido la beatificación del obispo Juan de Palafox y Mendoza. El suceso causó revuelo, sobre todo entre los jóvenes, según la averiguación que hiciera luego el oidor Domingo Valcárcel, quienes «queriendo subir a la torre a repicar», fueron detenidos por la caballería, reunida por órdenes del alcalde mayor, quien interpretó el alboroto como un tumulto.[3]

Desde luego, también la prensa del siglo XVIII abundó extensamente en reportes de festejos monárquicos, religiosos y de otros géneros en que se asociaba de nuevo la alegría de los diversos «cuerpos» de los reinos hispánicos con el repique de campanas. Citemos sólo algunos ejemplos puntuales de publicaciones madrileñas de la época. Pensemos en fiestas de la monarquía: «un repique general avivaba la común alegría» en Madrid, con motivo del nacimiento de los infantes en 1784;[4] en 1789, para la proclamación de Carlos IV en San Cristóbal de la Laguna, fueron «las campanas de todos los templos [las que] anunciaron los públicos regocijos con repiques al salir el sol»;[5] en Cuenca, el repique general vino a satisfacer «el impaciente deseo del pueblo» por la proclamación regia en 1790.[6] Con motivo del inicio del reinado, se celebró en Mahón la colocación en el salón del ayuntamiento del retrato de la reina, asimismo, con un repique «por los particulares motivos de gozo y regocijo» de la ocasión.[7]

Mencionemos en fin dos celebraciones universitarias. Para el doctorado de doña María Isidra Quintina de Guzmán y la Cerda en 1785, la ciudad de Alcalá «estaba llena de regocijo y alegría», que se manifestaban «alternando la orquesta y repique general de campanas».[8] En Oviedo, en 1789, el rector de la Universidad «hizo al punto anunciar al pueblo el gozo de que estaba poseído» por el ascenso a gobernador del Consejo de Castilla del conde de Campomanes, «hijo» de esa institución, «por medio de repique de campanas».[9]

El tono es el mismo en la Gazeta de México de esos mismos años: la licencia para fundar un colegio de niñas en la villa de Córdoba se celebra con repique en 1787, como parte de las «demostraciones que acreditaron el regocijo del vecindario»;[10] durante la proclamación de Carlos IV en la ciudad de Veracruz en 1790, «aumentó aquel público regocijo el general repique de campanas»;[11] ya a principios del siglo XIX, en 1802, la bendición de la casa de ejercicios de los oratorianos de México se anunciaba con «alegre repique».[12] En la retórica de los periódicos, las campanas eran una de las voces más importantes del regocijo público.

Gozos, regocijos, alegrías de vueltas de esquilas y repiques generales normalmente implicaban que los fieles subieran a las torres a ayudar a los campaneros a hacer sonar las campanas, cosa que preocupaba a las autoridades eclesiásticas. En los campanarios era constante la presencia de los jóvenes, a pesar de las prohibiciones al respecto de los obispos. En la capital novohispana es posible constatarlo, además, por incidentes que en su momento comenzaron ya a ser tenidos como «sensibles desgracias», como el que tuvo lugar en el verano de 1819, durante los funerales de la reina Isabel de Braganza: «un niño de diez o doce años», fue empujado por una de las esquilas de la iglesia de La Profesa «y estrellado en la calle», según decía el virrey Conde del Venadito a las autoridades religiosas de la ciudad.[13]

Tras la independencia mexicana, tan era claro que las campanas debían satisfacer demandas de los feligreses, que el gobernador de la mitra de México, en su reglamento de 1823, fue precavido y contempló un artículo para los reclamos de repiques, o en los términos del documento, ante la «violencia popular». «Si sus gritos, insultos y golpes a las puertas fueren excesivos», establecía el prelado, «es prudencia ceder».[14] En 1836, todavía se estimaban posibles nuevos incidentes, según se entiende de los artículos redactados ese año por los jueces hacedores para la Catedral, comprometiendo a los campaneros con el cuidado de las puertas de las torres. Asimismo, aunque permitía a los extraños colaborar en los «repiques generales», mandaba velar «que los que repiquen no pongan en riesgo su vida».[15]

Del lado peninsular, la prensa de la época siguió abundando en repiques generales, por lo común motivados por los eventos políticos: victorias militares, fiestas de la monarquía, juramentos constitucionales, etcétera. En esas latitudes también los hubo espontáneos, o al menos así fueron difundidos en la prensa: por ejemplo, en 1814, la Atalaya de la Mancha en Madrid, daba cuenta de que, apenas se supo en la capital la llegada de Fernando VII a Gerona, «hubo repique general de campanas sin mandarlo nadie».[16] Desde luego, es también de considerar que la prensa no sólo siguió estimando el repique asociado a la alegría popular, sino que ahora además los tomaba como prueba del respaldo a las tendencias políticas de cada publicación. Así, en 1813, el periódico antiliberal sevillano El tío Tremenda publicaba: «en los repiques de la clase del pasao [sic] […] da mucho gusto ver los de los patriotas rebozando aleluyas, fandangos y castañuelas»;[17] en un tono semejante pero desde una tendencia política opuesta, en 1820, El Universal daba cuenta de los repiques habidos Chipiona con motivo del juramento de la Constitución gaditana valorándolos como «testimonios con que aquellos sencillos habitantes han demostrado el gozo que les cabe en tan felices acontecimientos».[18]

En fin, tan se asociaba la campana al festejo, que ya a fines de la década de 1830, circuló impresa por la Península una «Canción de un sacristán», en que los repiques no tocaban sino un alegre son, que ya no era de regocijo público sino particular. En efecto, en este folleto la campana disimulaba un relato de la vida sexual de un sacristán agotado «de tirar tanto tirón» de las cuerdas de las campanas, por la exigencia de su esposa, la sacristana, quien decía insistente «mi cariño se acrecienta/ con tanta repetición».[19]

En suma, a pesar pues de que las campanas habían de convertirse en instrumento de los partidos de la época, continuaban siendo fundamentales en las celebraciones festivas. En el siglo XVIII, su sonido abundante era expresión de alegría, no sólo para los grupos populares sino también para canónigos y oficiales de milicias. Continuaron siéndolo en el siglo siguiente, hasta el punto de servir para inspirar versos de doble sentido.

NOTAS

[1] Antonio Lobera, El porqué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios. Cartilla de prelados y sacerdotes en forma de diálogo entre un vicario y un estudiante curioso, Barcelona, Imprenta de los consortes Sierra y Martí, 1791, p. 25.

[2] Manuel Ferrer, Carta pastoral que el Ilustrísimo señor Arzobispo Obispo de Málaga dirige a sus amados diocesanos sobre la bendición y uso de las campanas, Málaga, Impresor de la Dignidad Episcopal y de la Ciudad, 1775, p. 74.

[3] Archivo General de Indias (AGI, México, 1342, carta del virrey de Nueva España al rey, México, 24 de febrero de 1747.

[4] Mercurio de España, julio de 1784, p. 268.

[5] Ibidem, julio de 1789, p. 103.

[6] Ibidem, septiembre de 1790, pp. 443-444.

[7] Memorial literario, instructivo y curioso de la corte de Madrid, XVIII, 1789, pp. 6-7.

[8] Ibidem, junio 1785, p. 176.

[9] Ibidem, XIX, CIII, febrero 1790, p. 212.

[10] Gazeta de México, II, 28, 13 de febrero de 1787, p. 289.

[11] Ibidem, IV, 11, 1 de junio de 1790, pp. 93-94.

[12] Suplemento a la Gazeta de México, XI, 12, 9 de junio de 1802, p. 90.

[13] Archivo General de la Nación (AGN), Indiferente Virreinal, 5518, 13, 12-12v, minuta de la carta del virrey a las autoridades religiosas, México, 14 de julio de 1819.

[14] AGN, Justicia Eclesiástica, 26, 265-268, reglamento de campanas del gobernador del arzobispado de México, 1823, Este reglamento ha sido analizado por Anne Staples, « El abuso de las campanas en el siglo pasado », Historia Mexicana. XXVII, 2, México, 1977, pp. 183-185, también Marcela Dávalos, « El lenguaje de las campanas », Revista de Historia social y de las mentalidades, 5, Santiago de Chile, 2001, p. 195.

[15] Archivo Histórico del Arzobispado de México (AHAM), Fondo Siglo XIX, Jueces Hacedores, 110, 52, orden de los jueces hacedores de la Catedral Metropolitana de México a la campanera, México, 11 de mayo de 1836.

[16] Atalaya de la Mancha en Madrid, 13, 14 de abril de 1814, pp. 100-101.

[17] El tío Tremenda o los críticos del malecón, 21, 1813, p. 89.

[18] El Universal, 92, 11 de agosto de 1820, p. 337.

[14] Canción de un sacristán y trobos muy divertidos, Córdoba, Imprenta de Don Rafael García Rodríguez, 1837.

Apuntes sobre las representaciones del Cristianismo y sus instituciones en la animación japonesa contemporánea

En principio, debo confesar que esta participación es más bien paradójica considerando que no tengo ni una formación ni una trayectoria especializada en el tema de la religión contemporánea, y ni siquiera en el tema concreto que voy a abordar. En cambio, he dedicado ya varios años a estudiar la cultura católica de los siglos XVIII y XIX siempre en relación con la cultura política. En ese sentido, esta ponencia es más bien un atrevido intento de parte de un historiador del Cristianismo por examinar la forma en que se ha representado su objeto de estudio en un producto cultural contemporáneo.

A más de estas debilidades de partida, este trabajo peca también de un tratamiento más bien impresionista de la información, es decir, no incluye un verdadero recuento amplio de las representaciones del Cristianismo en la animación japonesa. Éstas, por cierto, no ha hecho más que aumentar, y además se han ido refinando, haciéndose cada vez más originales, pero también más directas, como prueba la película Saint Onisan, de la que sin embargo no vamos a tratar ahora mismo. Aquí nos interesa simplemente señalar tres puntos fundamentales de la representación del Cristianismo en los animés de 2000 a la fecha: el más visible sin duda, la demonología, que retoma atributos, nombres e incluso temas clásicos de la relación entre los hombres y dichos seres sobrenaturales, pero mezclándolas constantemente con la propia tradición nipona. En segundo lugar, la simbología e incluso algunos elementos del mito central del Cristianismo parecieran retomarse puntualmente para la construcción de historias originales, pero paradójicamente se diría que en ellas es imposible introducir cualquier forma de trascendencia. En fin, la animación japonesa es capaz de representaciones de las instituciones cristianas, es decir, de la Iglesia, a veces “realistas” que la muestran vinculada al mismo tiempo al poder y a la caridad; otras veces hay hasta cierto punto representaciones “historicistas”, en que se recupera su poder terrenal. Mas si las ropas ceremoniales abundan en estas representaciones, llama la atención que es casi imposible en cambio la representación misma del culto cristiano.

I. La demonología cristiana animada

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Cuervo. Kuroshitsuji (A-1 Pictures, 2008), primer episodio.

Largo sería enumerar todos los animes recientes en que aparecen ángeles y demonios. Hay dos, empero, que me interesa destacar: Kuroshitsuji (2008) y Ao no exorcist (2011), pues en ambos aparecen temas relativamente clásicos de la demonología cristiana: el primero gira casi por entero en torno a un pacto con un demonio, mientras el segundo tiene por protagonista al hijo de la relación entre una humana y un rey infernal, de modo que literalmente es la historia de un “engendro del demonio” si me permiten la expresión. Demonios de inspiración cristiana, tanto que en Kuroshitsuji aparece bien la zoología demoníaca más tradicional: en la primera temporada encontramos al menos al gato, al cuervo y al macho cabrío, y en la segunda se agregó especialmente la araña, animales todos de la demonología occidental como lo prueba el que tengan cada uno sus respectivas páginas en el clásico Diccionario infernal de Collin de Plancy.

Araña. Kuroshitsuji II (A-1 Pictures, 2010-2011) OVA 5.

Araña. Kuroshitsuji II (A-1 Pictures, 2010-2011) OVA 5.

En el mismo animé, la primera actividad de estos demonios, comer almas humanas, también es propio de  nuestra tradición cristiana, pues en los infiernos la tortura y el consumo han sido tradicionalmente sus deberes. De manera constante también se hace presente el tema de la tentación: los demonios están ahí para conducir a las almas al pecado, ofreciéndoles una manera fácil de cumplir sus deseos personales. Esa es justamente la historia que se nos presenta con un jovencito, tanto más propio de la tradición cristiana cuanto que en ella son en efecto las almas puras las que arriesgan el acecho del Enemigo.

Empero, lo más notorio es la mezcla de tradiciones, ambientada en la Inglaterra victoriana, Kuroshitsuji nos ofrece también una representación (de las muchas del animé) de los Shinigamis, los ya célebres dioses de la muerte del Shinto, encargados de llevarse las almas de los difuntos. Aquí también la representación los asocia a una imagen netamente cristiana: la parca, la muerte representada con guadaña para segar las vidas (la Faucheuse o el Grim Reaper según los idiomas), aun si modernizada bajo la forma de una sierra eléctrica.

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Shinigami versión Parca occidental. Kuroshitsuji (A-1 Pictures, 2008), episodio 24.

¿Una versión modernizada de la Parca? Kuroshitsuji (A-1 Pictures, 2008), episodio 24.

¿Una versión modernizada de la Parca? Kuroshitsuji (A-1 Pictures, 2008), episodio 24.

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Los demonios flotando en el aire. Ao no exorcist (A-1 Pictures, 2011), episodio 1.

Un sincretismo semejante puede encontrarse en Ao no exorcist, cuya cosmología está inspirada en la Biblia y en la Kabalah, y en sus representaciones incluye a las puertas infernales como fauces monstruosas, nombres demoníacos tomados de la tradición cristiana (Amaimon, Mefistófeles), demonios que vagan por el aire, como justamente se creía entre los siglos XIV al XVIII.

 

Mas junto a rituales que tienen lugar en escenarios cristianos, como el exorcismo en la Basílica Vaticana que abre la serie, existen exorcistas de tradición propiamente japonesa, que recitan mantras y utilizan instrumentos más bien propios del budismo o del sintoísmo, en una curiosa integración de tradiciones, que no lo es tanto en la medida en que se nota bien que lo que aprovecha el animé es la densidad de símbolos de la demonología cristiana, a veces sin que importe demasiado su significado.

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Exorcismo en el altar mayor de la Basílica Vaticana. Ao no exorcist (A-1 Pictures, 2011), episodio 1.

II. Símbolos y mitos sin trascendencia.

Tales of the Abyss, (Sunrise, 2009), episodio 1. La profecía dejada por la fundadora de la Orden de Lorelei.

Tales of the Abyss, (Sunrise, 2009), episodio 1. La profecía dejada por la fundadora de la Orden de Lorelei.

Tal vez por esto, y pasamos ya a la segunda parte de esta exposición, el mito central del Cristianismo, el sacrificio de un elegido que salva a la Humanidad dejando tras de sí un mensaje moral y la promesa de volver, parece más difícil de traducirse de manera explícita a la animación japonesa. Hay sin embargo algunos animés que lo adaptan sobre todo en un punto: el mesianismo. Un ejemplo muy completo es el de Tales of the Abyss (2009), adaptación de un RPG de 2005, que justo tiene por tema central un protagonista que salva al mundo a costa de su propio sacrificio, consciente y voluntario, aunque no del todo individual, y que culmina incluso en el retorno, más bien misterioso, del héroe. Paradójicamente si bien hay un elegido, no se trata aquí sólo del cumplimiento de una profecía, sino también de liberar al mundo de su permanente dependencia de las profecía, aquí representadas en formato musical, el score, la partitura.

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Tales of the Abyss, (Sunrise, 2009), episodio 22. El cumplimiento de las profecías: el sacrificio para salvar al mundo.

Citemos en segundo término Higashi no Eden (2009). En este caso no hay un mesías salvador del mundo, sino a un grupo completo de 12 individuos –ya el número no deja de ser interesante para nuestro tema–, dotados de abundantes recursos para salvar un país, Japón, desde luego, así sea a través de un teléfono celular. Mas sólo uno de ellos, Akira Takizawa, se convertirá en héroe que salva al país de sus contrincantes en una trayectoria que culmina en una secuencia en que es capaz de contrarrestar un ataque de misiles, tanto más mesiánica cuanto que cuenta con la música de fondo de un gospel, “Reveal the world”, una aclamación dirigida a Cristo obviamente, pero sin mencionar jamás su nombre, que lo celebra como un rey justiciero.

 

En fin, citemos también la enigmática serie de 2011, Mawaru Penguindrum. La trama es muy compleja como para presentarla aquí en pocas palabras pero digamos que el punto central es la historia de dos jóvenes que están dispuestos a sacrificar hasta sus vidas para salvar no sólo la vida sino incluso cambiar el destino de sus seres amados en particular su hermana. Y efectivamente lo cumplen, sacrifican realmente todo, perdiéndose de ellos hasta la memoria. Imagen9

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Mawaru Penguindrum (Brain’s Base, 2011), episodio 24. El sacrificio de dos hermanos

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Mawaru Penguindrum, (Brain’s Base, 2011), episodio 24. Demonio y ángel frente a frente.

En esta historia hay un enemigo fundamental que si bien es un fantasma, hace las veces de un auténtico demonio, tal vez mucho más que en las representaciones que hemos mencionado antes. Este personaje incluye la engañosa belleza, el conocimiento y el gusto por las trampas que distinguen al diablo moderno en el Cristianismo, aunque le falta el lado sanguinario. Contrastando con el vacío del enemigo, está la plenitud de una aliada. Los dos hermanos cuentan con un personaje semejante al menos a un ángel, no por nada representado como infantil, inocente, y sobre todo generosa, capaz de cambiar un destino fatídico por uno voluntariamente elegido y de salvar a otros sacrificando su propio bienestar. Pero no es un mesías protegido por la Providencia, pues antes bien es particularmente frágil. Nada garantiza su victoria, antes bien la primera batalla con el mal, si el enemigo no resulto indemne, ella fue la que más perdió: quedó únicamente su memoria; los fragmentos de su alma y su diario. Éste, ciertamente tiene algún paralelo con la Biblia, pues puede cambiar el destino de su lector si se lee correctamente, o al contrario, una lectura literal puede llevar a sendos desastres. Sin embargo, no tiene tantas lecturas posibles y no es tan sagrado ni tan fundamental como para que la analogía sea completa.

En cualquiera de estos casos, el animé retoma temas centrales del Cristianismo, símbolos ciertamente, pero también algunos de sus significados y algunos elementos de sus mitos centrales, pero la representación no suele incluir forma alguna de trascendencia. Nadie habla de un más allá, no hay una representación precisa de Dios, ni de su relación con el destino final de los hombres. La ova y la película Saint Oniisan, comedias que directamente plantean a un Jesús, acompañado de Buda, viviendo como jóvenes en el mundo actual de manera ordinaria; o incluso Sakamichi no Apollon, serie en que dos de los protagonistas son cristianos y uno llega a ser sacerdote, sin que esto resulte apenas una diferencia en la trama, son tal vez ejemplos radicales de este tipo. Esto es, pareciera que lo original del animé es la construcción de representaciones desacralizadas de símbolos y de sus significados, tanto más correctos para una sociedad secularizada.

 

III. La representación de las instituciones

Otro tanto puede decirse, y llegamos ya a la tercera parte de esta ponencia, de la representación de las instituciones del Cristianismo. Desde luego, abundan organizaciones públicas o secretas de exorcistas o de otro género de combatientes de esos seres, que se presentan a partir del modelo, o directamente como parte de las instituciones religiosas. Vamos a señalar algunas variantes de particular interés por su “realismo” o por su “historicismo” según decíamos antes. Entre las primeras, vale la pena destacar las que aparecen en E’s Otherwise (2003) y Cluster Edge (2005-2006).

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E’s Otherwise (Studio Pierrot, 2003), episodio 15. Arzobispo Giberini

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E’s Otherwise (Studio Pierrot, 2003), episodio 2. Martinus XIV

Una y otra historia ofrecen representaciones ante todo complejas y más o menos “contemporáneas” de las instituciones eclesiásticas. En la primera, la Iglesia tiene incluso su lado amable y caritativo, en las religiosas que gestionan un orfanato. Mas E’s nos ofrece sobre todo el contraste entre dos jerarcas eclesiásticos: monseñor Giberini (o Tiberini), arzobispo como mínimo (aunque uno diría más bien cardenal), que se cuenta entre los antagonistas de la historia, y el papa abdicatario Martinus XIV. El primero es la representación de un jerarca hipócrita, que detrás de su imagen pública de benefactor, oculta ambiciones tanto económicas como políticas, que lo relacionan con oscuros consorcios de armas que lo apoyan para hacerse con la máxima autoridad en la Iglesia, a cambio de experimentos con niños que casi parecen metáfora de otros pecados clericales contemporáneos. El segundo, en cambio, es un anciano amable, protector de un grupo de huérfanos, a los que ha tratado de ofrecerles una salida más libre que la de simples objetos de las ambiciones de las grandes corporaciones. Más aún, y esta imagen tal vez complacería a más de un teólogo liberacionista, es un Papa que se ha convertido en dirigente de una guerrilla, formada justamente por los niños que él ha educado. Martinus XIV resulta así una representación profética de la jerarquía eclesiástica.

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Cluster Edge (Sunrise, 2005-2006), episodio 23. Una Iglesia políticamente activa.

Cluster Edge, siendo en parte futurista, nos ambienta en el pasado, no sólo porque su referencia para los escenarios parece ser sobre todo el período entre las dos guerras mundiales, sino porque el orden político está claramente controlado por Estados con ambiciones imperialistas y una fuerte presencia militar. En ese mundo de antaño, encontramos a diversos actores eclesiásticos: lo mismo humildes religiosas que poderosos prelados. Como en E’s, la autoridad eclesiástica hace parte del complicado juego del poder, a veces de manera responsable, pero otras no tanto. A veces se confrontan con los militares, otras aparecen como sus aliados. Se les ve tratando de poner discreto remedio a un desastre por ellos causado, protegiendo en todo posible el secreto fundamental de toda la historia:

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Cluster Edge (Sunrise, 2005-2006), episodio 23. El secreto de la Iglesia de C.E.: La reproducción artificial de la vida divina.

el extraño arcano de la creación de la vida de manera artificial; de hecho, la Iglesia de Cluster Edge intenta sistemáticamente poner fin a la generación seres artificiales, y retomar el control de uno de ellos capaz de destruirlo todo. La representación apunta así a un tema particularmente caro al catolicismo contemporáneo, la dignidad de la vida humana y la confrontación con los medios artificiales para su generación.

Desde luego, para nosotros resultan más interesantes las representaciones que podemos calificar de “historicistas”. La más notable, me parece, es la que planteó Trinity Blood (2005): en una historia de vampiros y que retoma nombres de personajes bíblicos, se hace revivir en un futuro distante una parte del orden político medieval, con la Santa Sede como protagonista. Centrémonos tan sólo en la representación de la corte pontificia. Además de los escenarios romanos, la historia muestra una Corte del más puro estilo medieval, (aunque con la notable diferencia de la participación de la mujer en el sacerdocio) marcada por el nepotismo: una verdadera dinastía controla el solio pontificio y los principales puestos de la curia. Renace así una corte de cardenales nobles, con apellidos que evocan en efecto a varias familias italianas del Renacimiento, enfrentados entre sí, curiosamente representando una oposición que ha existido históricamente en algunos momentos: la Secretaría de Estado contra el Santo Oficio.

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Trinity Blood (Gonzo, 2005), episodio 9. La Santa Sede como corte de cardenales nobles: Caterina Sforza, Francesco di Medici y Alfonso de Este rodeando al Papa.

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07-Ghost (Studio Deen, 2009), opening. Clerecía masculina.

El Papado y el Imperio, también son los grandes protagonistas políticos de 07-Ghost (2009) tal vez una de las mejores representaciones de la Iglesia católica en el anime, una de las pocas por cierto, en que existe una separación clara de la función de hombres y mujeres; es decir, no hay sacerdotisas ni obispas. Si bien con términos originales, la jerarquía clerical del catolicismo queda íntegramente adaptada a la historia, incluyendo un Papa, arzobispos y obispos, mientras que el escenario de buena parte de la historia es un gigantesco monasterio que incluye residencias, jardines, biblioteca, y hasta una prisión, porque como buena comunidad religiosa inspirada de tiempos antiguos, tiene jurisdicción propia.

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07-Ghost (Studio Deen, 2009), espacios de la Iglesia de Barsbourg.

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Campana del episodio 9 de Trinity Blood.

Ahora bien, tanto en representaciones “realistas” como “historicistas”, si algo llama la atención es el uso constante de los personajes de trajes ceremoniales, sin que existan apenas ceremonias de culto en el animé. En efecto, la liturgia es tal vez el punto más débil de la representación de la Iglesia en la animación japonesa. En Trinity Blood, uno de los momentos más álgidos de la historia tiene lugar a propósito de las campanas para llamar a uno de los oficios de las horas canónicas, Completas, que sin embargo nunca llega a realizarse. En 07-Ghost la representación es algo más completa, al menos en sus paisajes: ha sido una de las series que mejor ha adaptado la sonoridad de las campanas y de los órganos y que representa de manera más completa los espacios litúrgicos, pero incluso en ella las ceremonias resultan en secuencias breves, aun si hay que reconocer su diversidad.

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Órgano del episodio 6 07-Ghost.

En suma pues, las representaciones de las instituciones, o basadas en las instituciones religiosas cristianas nos confirman que, paradójicamente, si cada vez es más fácil encontrar representaciones directas del Cristianismo e incluso de algunos de sus significados en la animación japonesa contemporánea, es de complicado a imposible incluir lo propiamente asociado a su espiritualidad y trascendencia, es decir, que va de la mano con la secularización.

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Bautismo estilo 07-Ghost, episodio 6.

La cofradía del Dulce Nombre de San Andrés Zautla y la memoria de un milagro

San Andrés Zautla, pueblo cabecera del municipio del mismo nombre, enclavado en el antiguo distrito de Etla, de la región de los valles centrales de Oaxaca, es una localidad célebre por una celebración que tiene lugar cada mes de enero, y que hoy incluso se le conoce popularmente como la “fiesta del caldo”, aunque en realidad se trata de la fiesta anual de la cofradía del Dulce Nombre de Jesús. Algunos de sus aspectos más característicos pueden verse en el siguiente video.

A decir verdad, desconozco si esta fiesta del tercer lunes de enero ha sido ya estudiada por antropólogos, sociólogos o historiadores; más todavía, por mi parte nunca he asistido a esa celebración, que sin embargo tiene mucho que ver con los artículos sobre cofradías publicados en este sitio, en más de un sentido. En principio, y esto hace de este artículo tal vez el más personal de este sitio web, porque es la primera cofradía de la que tuvo noticia el autor de estas líneas. En efecto, siendo mi familia oriunda de ese pueblo, y dada la movilidad y contacto constante de mis tías con las celebraciones del rico calendario festivo local, fue este caso concreto del que aprendí mis primeras lecciones de tradiciones cofrades, por así decir. Si bien no lo reflexioné sino hasta hace algunos años, nunca tuve necesidad de una lección formal de qué era una cofradía, o de qué se hacía en sus fiestas o cómo se organizaban, pues lo sabía dado que era algo común y constante en las conversaciones familiares. Desde que tengo memoria, he escuchado hablar de quiénes asumen como alcaldes y mayordomos, con la entrega solemne de las varas de los del año anterior; sobre la siembra de las tierras de la cofradía; y claro, sobre la celebración misma, con su convite, calenda, caldo y demás.

Acaso por esa experiencia, desde hace tiempo me extraña siempre que en la historiografía llegue en ocasiones a hablarse de las cofradías como algo completamente del pasado. Asimismo, tal vez dada la organización específica de la del Dulce Nombre, me fue posible entender con cierta facilidad la de las cofradías del siglo XVIII. Los reformadores de esa centuria, tanto civiles como eclesiásticos, acaso reconocerían en la de este siglo XX algunos elementos si pudieran verla, y lo harían tal vez lamentando los límites de su obra reformadora. Y es que si antaño los obispos y fiscales de la Corona lamentaron ya esos que calificaron como “gastos superfluos” y que podían hacer quebrar a los responsables de las cofradías, hogaño no por nada se sigue hablando de asumir el “gasto”, es decir, una fuerte inversión para la fiesta. Los reformadores en Nueva España, además, llegaron a lamentar la mezcla de bienes de cofradías y bienes de comunidad, mientras los obispos incluso hablaron de cofradías como si fueran ante todo unos bienes. Y la del Dulce Nombre, hasta hoy incluso, según entiendo, tiene bienes: tierras que se siembran cooperando entre toda la comunidad. En fin, los reformadores acaso también llegarían a lamentar el uso de un término como “alcalde”, nombre de un juez municipal, es decir, un término que denotaba jurisdicción, para quien es la cabeza de una cofradía.

Desde luego, no quiero decir que la del Dulce Nombre sea una cofradía que date de tiempos virreinales. No la he visto citada en los pocos documentos sobre Oaxaca que he estudiado sobre el tema, y hasta ahora dedicarle tiempo a su historia me ha quedado en apenas un buen deseo esporádico, por lo que sólo puedo decir que su estructura era la práctica común en muchas partes del reino de Nueva España en el siglo XVIII. En cambio, quisiera señalar finalmente que, nuestra perspectiva contemporánea, secularizada, puede caer presa de la apariencia profana de la festividad, confundiéndola justamente con cualquier celebración secular. Es cierto que hoy a la “fiesta del caldo” ya se le califica de mera “tradición”, y que sin duda algunos de sus asistentes contemporáneos pueden dejar de lado las celebraciones litúrgicas. Mas no debe olvidarse, no sólo que el banquete mismo ha sido la forma más clásica de celebración religiosa occidental, sino que hasta nuestros días existe una marcada relación de reciprocidad con la imagen del Dulce Nombre. Los responsables de la fiesta la asumen muchas veces como “manda”, pago de los favores recibidos por esa venerada y soberana imagen, e incluso existe en la memoria algún milagro. Caeré de nuevo en el testimonio muy personal, pues se trata del recuerdo de una de mis tías, bien que ya habiendo sido catequista y sacristana, alguna autoridad tiene en las materias del “culto”, que siguen siendo responsabilidad pública (en el sentido más tradicional del término) en San Andrés Zautla.

Relatemos brevemente pues, ya para cerrar, ese sencillo milagro. En tiempos de la Revolución, el tío (porque en los pueblos de la región todo mundo es “tío” o “tía”) Panuncio Martínez (nada que ver, que yo sepa, con el general zapatista), transitaba justamente por las tierras de la cofradía del Dulce Nombre, cuando desde cierta distancia un oficial de alguno de los ejércitos en conflicto dio orden de apuntarle y matarlo. Cabe recordar que la imagen titular representa al Jesús niño que se pierde en el Templo, y en aquellos principios del siglo XX se distinguía por su cabello largo. Habiendo invocado su protección, Martínez se habría salvado porque el soldado se negó a obedecer la orden porque en ese momento advirtió que le acompañaba alguien a quien confundió con una niña por su cabellera larga. Milagro que es memoria y no historia, vale siempre insistir en ello, podríamos agregar que se diría que el “santo”, es decir la imagen, acaso impidió un crimen defendiendo también la su dominio sobre esas tierras que son finalmente destinadas a su veneración.