Archivo por meses: julio 2011

La parroquia de los indios de Orizaba

Catedral y el padre Llano 2A lo largo del siglo XVIII, de la segunda mitad sobre todo, Orizaba fue testigo de una rivalidad particularmente fuerte entre sus dos “repúblicas”, en el sentido del Antiguo Régimen de comunidades autogobernadas, la de indios y la de españoles. Una y otra se disputaron constantemente no sólo el control de los recursos, no sólo la jurisdicción sobre personas y abastos, sino sobre todo el predominio en el primero de los espacios públicos de la época, la iglesia principal de Orizaba, la de San Miguel.

Elemento sin duda fundamental del paisaje parroquial, el espacio donde se vive cotidianamente la existencia cristiana, la iglesia se había ido construyendo a lo largo de las primeras décadas del siglo XVIII, completando poco a poco todo lo necesario para satisfacer correctamente esas necesidades. Y en cada uno de esos elementos, visibles y cotidianos insistimos, los indios de Orizaba veían la huella de su mayor antigüedad y de sus derechos sobre los españoles. Lo podemos ver claramente en una carta dirigida al rey por el cabildo en 4 de enero de 1774 (AGI, México, legajo 1766), así como en los anexos a la solicitud de licencia para la cofradía del santo patrono (AGI, México, legajo 2663), entre otros documentos de diversos archivos.

El edificio mismo era testimonio de sus argumentos, pues habían sido ellos, los indios, quienes habían construido la “suntuosa parroquia”, “desde que se abrieron sus cimientos hasta su total conclusión”. Lo era también su ornato interior y exterior: lo mismo su “famoso presbiterio”, espacio propio del clero, reservado para las celebraciones y costoso en más de 300 pesos (cantidad nada menor para la época); así como la “magnífica portada” de la puerta principal, con las armas del rey rodeadas de los siete arcángeles, uno y otra pagados por antiguos gobernadores de la república de indios. Lo hacían constar asimismo los elementos propios de la vida cristiana, desde su inicio hasta su final: “los indios hicieron con primor a su costa el baptisterio” declararía el antiguo párroco Melchor Álvarez Carvallo en 1773; así como otros dos gobernadores se habían ocupado del cementerio, guarnecido “con ángeles de mampostería”, y del osario, “de cal y canto con su bóveda”.

Por supuesto, aportaron también los elementos sonoros de ese paisaje parroquial: la torre, “muy primorosa” en la que estaba colocada “la campana nombrada San Pedro con que al presente se toca los domingos a la misa”, mandada fundir por los mismos indios. Y más aún, entrando ya al tema del culto, lo mismo habían aportado “un órgano muy decente”, que de manera cotidiana “seis u ocho cantores para oficiar los divinos oficios”.

Así era: el culto divino con las misas, las horas canónicas, las bendiciones, los sacramentos y hasta los sermones, eran otros tantos recordatorios de su predominio en el paisaje parroquial. Ello incluía los púlpitos desde donde se predicaba, no menos que los objetos ceremoniales con los que se celebraba, desde las opas y sobrepellices de los sacristanes y monaguillos, hasta el acetre del agua bendita, y hasta incluso el cajón de cedro donde se guardaban las alhajas y ornamentos, según decir del padre Álvarez Carvallo, habían sido pagados por el común o por los caciques. Más aún en las solemnidades, según confesaba el párroco Francisco Antonio Illueca en 1769, los indios pagaban la iluminación indispensable de esos días: las luces del monumento del Jueves Santo,  las del tenebrario para el oficio de tinieblas, las del Santísimo en Corpus Christi. En fin, los propios actores del ceremonial eran ellos: no sólo los cantores, sino siete sacristanes y dos monaguillos, el campanero y el fiscal, todos designados de entre el común de naturales.

Por ello sin duda, fue en la iglesia parroquial donde se escenificaron algunas de las más duras batallas ceremoniales entre indios y españoles, protestando constantemente los indios su derecho a recibir la paz, el agua bendita y la ceniza de manos de clérigos y como los españoles, no menos que a conservar su banco, el de la república de indios, sin que nadie se les pusiera enfrente. Y para mejor probar su jerarquía, desde 1782 llegaban a la parroquia bajo de mazas, y desde 1787 luciendo el mismo uniforme que los regidores españoles.

Simultáneamente pues, teatro constante de sus devociones y ceremonias, y símbolo de sus derechos, teatro incluso de sus combates con los españoles, la república de indios pasó buena parte del período reafirmando su propiedad sobre la iglesia parroquial, procurando su mantenimiento y exaltando su belleza. Lo repetían ya al final del siglo (AGN, Templos y conventos, vol 17, expediente 3), cuando pedían autorización al virrey para hacer una reparación completa de ella: era, ni más ni menos, que “una de las piezas mejor formadas que se hallan en el reino, de manera que por su capacidad, hermosura y arreglo a las dimensiones del arte de arquitectura es envidiada de todas las poblaciones”.

Nuestra Señora del Carmen

Hoy es, todavía, 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, tal vez una de las devociones más extendidas del mundo hispánico. Asociada, desde luego a la Orden del Carmen, de varones como de mujeres, especialmente a su reforma descalza, fundada por la célebre Santa Teresa de Ávila, la devoción a la Virgen del Carmen está también vinculada a la historia de su escapulario, auxilio de las Ánimas del Purgatorio según las visiones de San Simón Stock. Mas esta breve entrada no es tanto para hablar de sus indulgencias, de sus cofradías o de sus religiosos y religiosas, sino simplemente para recordar un poco cómo se le ha celebrado.

Fiesta veraniega, realizada a veces por la tarde-noche para evitar el calor del estío, no deja por ello de estar asociada a una lucida procesión, con música solemne, gran concurso y alegría. Ayudaban sin duda algunos de los ornamentos que sacaban las cofradías que la organizaban: a finales del siglo XVIII, la del Carmen de Guadalajara abría su procesión con ocho gigantes y dos enanos, la de Oaxaca llevaba música, pero además cohetes y fuegos artificiales, pagando además el “refresco” de la festividad.

Y para ejemplo de estas festividades, en principio un breve testimonio de la instalación de la primera cofradía del Escapulario del Carmen en la Ciudad de México en 1691, que tuvo lugar, es cierto, en 19 de marzo y no en 16 de julio, pero llevando más o menos el mismo ceremonial. Y más abajo, un video de tres procesiones sevillanas de Nuestra Señora del Carmen de este año y de 2009, todo ello para dar cuenta de los fastos de esta festividad.

AGI, México, 2651
“Dr. D. Francisco de Aguiar y Seijas, arzobispo de México, del Consejo de S.M., etc. mi señor: En la mejor forma que de derecho puedo y debo certifico y doy testimonio de verdad como hoy lunes diez y nueve de marzo de este año de la fecha, día del Gloriosísimo Patriarca San José, serían las cuatro horas de la tarde, poco más o menos, estando en la iglesia de San Sebastián de religiosos carmelitas descalzos de esta dicha ciudad, en presencia y con asistencia del excelentísimo señor conde de Galve, virrey de esta Nueva España, y del corregidor, justicia y regimiento de esta dicha ciudad, y del M.R. Padre Provincial de esta provincia de San Alberto y del R.P. Padre Prior y comunidad religiosa de este dicho convento, y del rector, diputados, mayordomo y secretario de la cofradía del Santo Escapulario de Nuestra Señora la Virgen María del convento y de muy numeroso concurso eclesiástico y seculares, hombres y mujeres que se hallaron presentes, subí al púlpito y en forma que en tales casos se acostumbra y en altas e inteligibles voces les leí y publiqué el despacho de las fojas antes de ésta, como en él se contiene y manda por el dicho señor ilustrísimo, y luego sucesivamente el R.P. Fray Francisco de Santa María, prior de la nueva fundación de San Joaquín del pueblo de Tacuba de dicha sagrada religión, predicó un sermón de las excelencias del Santo Escapulario, privilegios, gracias e indulgencias de su santa cofradía y acabado se hizo una muy devota y lucida procesión, en que se sacó la imagen de Nuestra Señora del Carmen por la puerta principal, y dando vuelta por dentro del convento, entró por la puerta del costado, a que asistió su excelencia, ciudad, religión, cofradía y demás concurso referido, cantando la letanía de Nuestra Señora con música solemne y varios instrumentos de regocijo y alegría, y llegada a la capilla mayor se dio fin a este solemnísimo acto cantando la Salve Regina con grande júbilo, alegría y devoción de todos los presentes. Y para que conste di el presente en México, dicho día diez y nueve de marzo de mil seiscientos y noventa y un años, siendo testigos el capitán D. Domingo de la Rea, caballero del orden de Santiago, Cosme de Mendieta, y el contador D. Alejo de Apilladis y Torres, vecinos de México, y en fe de ello lo firmé, José Rubio, secretario.”


Salidas procesionales de la Virgen del Carmen… por davidclopez

La Escala Santa

DSCF3584Entre las prácticas piadosas más importantes del catolicismo relacionadas con su capital, Roma, están sin duda la visita de los siete altares privilegiados de la Basílica de San Pedro, y de la Escala Santa, cuyo estado actual vemos en las imágenes laterales.

La Escala, es uno de los tesoros más importantes del catolicismo. Según la tradición, se trata de la escalera del pretorio de Jerusalén, por tanto, por sus peldaños habría pasado Jesucrismo mismo durante la Pasión. Habría sido llevada a Roma por Santa Helena, la madre del emperador Constantino, y colocada en la basílica de San Juan de Letrán, y desde el siglo XVI al menos en la Sancta Sanctorum, la capilla donde se encuentra el icono que se estima original de Cristo, la imagen de Él no pintada por mano humana.

DSCF3499Los peldaños de mármol, recubiertos de madera, constituyen hasta hoy uno de los recorridos principales de los peregrinos de Roma, siendo uno de los ejercicios devotos más importantes por las indulgencias que le están concedidas. Ateniéndome al Tratado de las indulgencias de fray Juan Calzada, que es del siglo XIX,  por subir de rodillas cada uno de los peldaños de la Escala Santa se obtenían 9 años de indulgencia, con lo cual los 28 escalones venían a valer un total de 252 años. Las concesiones datarían prácticamente del inicio mismo de la concesión de indulgencias, de los papas León IV y Pascual II, por bula de este último del año 1100.

Ahora bien, es cierto que la Escala Santa de Roma no está al alcance de todos, por lo que uno de los trámites más comunes en la Curia pontificia era en solicitud de un breve para obtener sus indulgencias en beneficio de alguna otra iglesia de la Cristiandad, por lo común de los conventos de monjas. Las de la Nueva España no fueron ninguna excepción: en audiencia del 21 de abril de 1774, el papa Clemente XIV concedió tales indulgencias para tres conventos novohispanos, presentados ante él en memoriales de los respectivos ordinarios, es decir, el arzobispo de México y el obispo de Puebla (ASV, Segr. Memoriali, vol. 149, fs. 271-276v). Los conventos fueron los de Santa Clara y de San Lorenzo de México, y el de Capuchinas de Puebla. Por supuesto, no fueron las únicas indulgencias solicitadas, obtuvieron también las de los siete altares privilegiados de la Basílica de San Pedro, y con motivo de la exposición del Santísimo Sacramento los viernes.

Es difícil conocer el impacto que este tipo de indulgencias tenía entre los fieles. Sin duda sería interesante algún estudio sobre estas solicitudes y su trámite que nos permitiera conocer más ampliamente y comparar incluso con otros casos, hasta qué punto las corporaciones novohispanas se interesaban en reproducir los lugares sagrados de la Ciudad Eterna. Mientras tanto, constatemos simplemente que, para la Nueva España del siglo XVIII, Roma era sobre todo eso, un tesoro de indulgencias para enriquecer también las prácticas piadosas novohispanas.

No corregirás a tu prelado si desentona…

Las grandes “funciones de Iglesia” como la fiesta de Corpus que celebramos en días pasados, eran ocasiones en que la liturgia debía ser (y sigue siendo) particularmente solemne, hasta el punto de reflejar no sólo el esplendor del culto propio de la Majestad Divina, sino también el buen orden de la comunidad celebrante. Mas no en pocas ocasiones eran justamente estas celebridades el escenario de confrontaciones por “vanidades”, según diría más de un prelado del siglo XVIII. Las más conocidas son sin duda los tradicionales conflictos de precedencia sobre el lugar de una cofradía o una orden en las procesiones. Algo menos conocidos son los conflictos, que también había, relativos a un tema no menos esencial en la liturgia como es el canto. Entonar correctamente los himnos de la ocasión podía ser un asunto bastante grave en este tipo de celebraciones, en las que no sólo debían esforzarse los cantores propiamente tales, sino también los celebrantes, en general prelados de las respectivas iglesias, quienes podían sentir humillada en público su autoridad si se hacía notar que habían cometido un error. Ello lo constató dolorosamente fray Blas Vives, cantor del convento dominico de Zacatecas, quien como vemos en los documentos que siguen, aprendió duramente que no convenía corregir a su superior cuando éste desentó en la antífona del Magníficat al final de las vísperas solemnes de Corpus de 1795.

El incidente, que terminó con el pobre cantor arrestado y deseando salir no sólo de su celda sino de la orden dominica misma, ilustra bien hasta qué punto lo que sucedía en los altares y los coros, a la vista y oídos de un “numeroso concurso”, era relevante efectivamente un asunto público en el Antiguo Régimen.

AGI, Guadalajara, legajo 375
Carta de fray Blas Vives al rey

Señor,

Fray Blas Vives, religioso profeso y presbítero del Orden de Predicadores, cantor y conventual en el de Zacatecas de Nueva España, con el más profundo respeto hace presente: Que hallándose oprimido con persecuciones y malos tratamientos hasta el extremo haber sido arrojado al suelo, hollado y golpeado por el provincial de su orden en el acto de las vísperas solemnes de la festividad del Corpus del año pasado de mil setecientos noventa y cinco que se celebraban en la iglesia del referido convento, a presencia de un numeroso concurso que asistía a aquella función y en que S.M. Sacramentado estaba manifiesto, y cuyos oficios fue necesario suspender por el alboroto del pueblo escandalizado, que se conmovió a vista de un hecho tan inesperado por todos respetos, y sin otra causa que haber reformado y puesto en tono, como vicario de coro que era, una antífona entonada por dicho provincial fuera del que correspondía, procediendo después a penitenciarle y avergonzarle delante de toda la comunidad y aun dio orden para arrestarle de lo que desistió a ruegos y persuasión de otro padre ministro del mismo convento. De éste y otros trabajos que ha sufrido en el dilatado tiempo de su profesión y con el penoso oficio de cantor, que incesantemente ha sufrido en más de veinticinco años, se halla tan quebrantado de salud que no puede cumplir las obligaciones de su instituto, ni guardar los ayunos de éste, ni los de la Iglesia, como todo resulta de los documentos que exhibe señalados con los números 1, 2 y 3, y siendo su objeto el impetrar de Su Santidad la gracia de secularización.

A Vuestra Majestad encarecidamente suplica que habiendo por presentados los referidos documentos se sirva concederle la gracia y real permiso para hacer la referida solicitud y obtener de Su Santidad el breve de secularización correspondiente para seguridad de su conciencia y remedio de los trabajos que ha tolerado y sufre, en que recibirá especial gracia y merced. Madrid y julio a 2 de 1797.

En virtud de orden

Juan Gabriel Fernández Fernández.

Anexo No. 1

Certificamos ser verdad como el M.R.P.M. Prior provincial fray Domingo Gandarías, estando en el coro, con toda la comunidad delante de todo el concurso y el Santísimo Sacramento patente, reprendió dándole de porrazos, maltratándole con palabras injuriosas al R.P. cantor o vicario de coro fray Blas Vives, sin haber dado más motivo que el poner en su propio tono la antífona del Magníficat que el mismo padre prior provincial había entonado fuera de tono.

Por lo que después del dicho escándalo público se metió el referido padre provincial y sin acordar ni hacer mención del dicho ultraje, se revistió con las vestiduras sagradas y salió a concluir el oficio de este solemne día, y habiéndolo finalizado mandó de su orden tres religiosos para que metieran en la cárcel al mencionado padre cantor y viendo frustrados sus intentos, no dejó de poner a mil verguenzas al dicho padre cantor, en presencia de toda la comunidad, pues lo hizo postrar y le [ha] hecho un capítulo pero muy oficioso, como si propiamente fuera reo de algún delito.

Y por ser verdad todo lo que referido tenemos, lo firmamos y juramos tacto pectore et in verbo sacerdotis.

Fray Miguel Hidalgo
Fray Miguel Rodríguez.
Fray Pedro Zevallos
Fray Manuel Alcívar
Fray Mariano Ponce
Fray Mariano Lascano.

Anexo 2
El notario receptor de esta curia arzobispal de México Dr. José Mariano de Aguilera.
Certifico en cuanto puedo y debo haber asistido en las vísperas solemnes del día de Corpus Christi en la iglesia de N.P. Santo Domingo y en el Magnificat vi con mis ojos como el M.R.P. Prior Provincial Fray Domingo Gandarias le estaba dando de golpes, maltratándole de palabras al R.P. cantor fray Blas Vives, de lo que se armó un escándalo formidable, y asimismo vi como al dicho padre cantor se lo metieron dentro, y habiendo tenido la curiosidad de haber preguntado por qué había sido el referido lance, supe de un propio religioso que sólo había sido porque el padre cantor había puesto en tono regular la Antífona que el padre prior provincial había entonado fuera de su término. Y para que conste donde le convenga doy esta en México, a 31 de mayo de 96.
José Mariano Aguilera