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Orizaba y Roma en el siglo XVIII

A lo largo del siglo XVIII, los fieles de la parroquia de San Miguel Orizaba, como la mayor parte sin duda de los católicos del mundo hispánico, tuvieron poco contacto con la Capital de la Cristiandad, con Roma. Conviene sin duda tenerlo presente, de manera general, la Santa Sede se relacionaba con los reinos americanos por intermediación del rey católico, en su calidad de Patrono de la Iglesia y otros títulos. Según las leyes, los documentos pontificios debían previamente obtener el permiso del Consejo de Indias para solicitarse a la Santa Sede, y una vez expedidos, obtener el pase del propio Consejo. Asimismo, contrario al rey, tan presente en las celebraciones litúrgicas hasta de las más pequeñas parroquias americanas, era más bien excepcional o propio de las grandes catedrales la celebración de los eventos de la Casa Pontificia. Así, en principio, Roma estaba ausente del ceremonial y muy mediatizada en sus documentos. Sin embargo, éstos existen: a lo largo del siglo XVIII al menos cuatro corporaciones religiosas orizabeñas obtuvieron diversos documentos romanos, tanto más significativos pues nos permiten ver qué se esperaba de la Ciudad Eterna en una villa novohispana de la época.

DSCF3456La primera ocasión de la que tenemos noticia de la llegada a Orizaba de un documento romano data de 1732, y es ya de hacerse notar que no se trata de un documento papal sino de una patente del ministro general de la Orden de Predicadores, es decir, de los dominicos, fechada en Roma desde el 26 de noviembre de 1727. En ella, fray Tomás Ripoll, concedía a los fieles orizabeños la licencia para fundar la cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Orizaba, con la participación de todas las indulgencias concedidas a dichas cofradías fundadas por los padres dominicos en todo el orbe católico. Cabe decir, la del rezo del Rosario es una devoción tradicionalmente atribuida a Santo Domingo de Guzmán, el fundador de la orden (a quien vemos aquí a la izquierda en la imagen de la capilla que le está dedicada en la Basílica de Santa María sopra Minerva de Roma), de ahí que se recurriera a la más alta autoridad de los religiosos para legitimar la fundación de esta nueva corporación. Devoción de especial relevancia en la Reforma católica, se destaca por varias razones: es una práctica de meditación, ahí donde ese movimiento religioso había impulsado precisamente prácticas espirituales e interiores; es también la difusión de una serie de imágenes y de una ornamentación de los espacios sagrados, pues en la capilla de la cofradía debían tenerse presentes las de los 15 misterios y la de Santo Domingo; es en fin, y lo recordaba bien el general dominicano, la integración en una celebración del mundo católico en su conjunto, la del 30 de octubre, en conmemoración de la victoria de Lepanto contra los turcos, obtenida según la tradición por intermediación de los rezos del Rosario.  Por supuesto, es también la integración en las indulgencias de los cofrades, esto es, en los diversos perdones generales y parciales de los pecados de los devotos. La patente así, es de alguna forma una evidencia clara de la legitimación en Roma de la construcción del espacio sagrado orizabeño que tiene lugar a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII y de la consolidación de sus corporaciones de seglares.

DSCF3719Mas no sólo los seglares obtuvieron su validación en Roma: las dos corporaciones de clérigos de la villa de Orizaba, la Congregación de San Pedro y el Oratorio de San Felipe Neri, recurrieron al Papa para obtener su confirmación. De hecho, en el primer caso, los sacerdotes congregantes obtuvieron el breve pontificio del 24 de septiembre de 1751 del Papa Benedicto XIV, pero nunca (hasta donde sabemos al menos) una real cédula que validara la fundación por parte de la Corona. El breve pontificio era en realidad su único documento fundacional, y no era sin duda un asunto menor: el clero local, el “cabildo eclesiástico de la villa” como se le denominó en alguna ocasión, entendía así que su legitimación le venía en principio de la Tiara y no tanto de la Corona.

Por su parte, los padres oratorenses, que sí que contaron con la licencia del rey para su fundación, obtuvieron asimismo un breve de confirmación del Papa Pío VI del 2 de junio de 1775. Es posible que actuaran entonces en comunicación con otros Oratorios novohispanos, pues los de México y Guanajuato obtienen también breves pontificios en 1776 y 1777. Acaso contarían allá también con la colaboración de la casa original de este tipo de congregaciones, la de la Iglesia Nueva de Roma (cuyo interior actual vemos en la imagen). Sea como fuere, los oratorenses obtienen también dos breves de indulgencias perpetuas para ellos, uno para su santuario, el de Nuestra Señora de Guadalupe, para los fieles que acudieran ante sus altares en sus fiestas.

DSCF3535Mas en ese sentido, la corporación que mayor número de breves pontificios obtuvo, ya casi al final del siglo, es nuevamente una corporación de seglares, la cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio y Santos Ángeles. Ésta, acude a Roma a solicitar del Papa Pío VI un amplio y diverso número de indulgencias. Muestra de que ese proceso de consolidación de corporaciones de seglares devotos continuaba, los cofrades obtienen al menos siete breves entre 1795 y 1796, de los que conocemos los cinco fechados en la Basílica de Santa María la Mayor (que vemos en la imagen) el 1o de septiembre de 1795. Ellos nos informan de las prácticas religiosas de los cofrades y fieles orizabeños en general: exposición del Santísimo Sacramento el día de San Camilo Lelis, patrono de los agonizantes; octava de los Fieles Difuntos; fiesta de los Ángeles Custodios, en todas las cuales los breves conceden indulgencias perpetuas para todos los fieles. Desde luego, hay beneficios pedidos exclusivamente para los hermanos: indulgencia plenaria para el día de la comunión general mensual, e indulgencia extendida para todos los hermanos ausentes y difuntos.

Cierto, la naturaleza misma de los documentos nos impide conocer a detalle si quienes los tramitaron buscaron acaso hacer un peregrinaje, para besar el pie del Papa, por ejemplo, cual era la costumbre en la época de los peregrinos en Roma, para adquirir reliquias suyas o de los mártires de las catacumbas (aunque si así fue, no llegaron a Orizaba que sepamos). En ese sentido, si nos atenemos a estos indicios, uno diría que, mas que una devoción al Papa, la idea de los fieles orizabeños tenían de Roma es ante todo la de una fuente de indulgencias y privilegios, legitimación al más alto nivel de las corporaciones locales que dominaban por entonces el espacio público de la villa.

Minerva

DSCF3452Tal vez el lugar de Roma más conocido por los cofrades novohispanos del siglo XVIII haya sido la Basílica de Santa María sopra Minerva, una de las dos iglesias principales de los frailes dominicos en la Ciudad Eterna, cuya fachada de estilo barroco vemos en esta imagen, que incluye el célebre pulcino, y cuyo interior actual vemos más abajo, restaurado al estilo neogótico en el siglo XIX. Mas no era la belleza de la iglesia la que la hacía célebre de aquel lado del Atlántico, sino el hecho de haber sido fundada en ella la primera archicofradía del Santísimo Sacramento de la historia en 1539, destinada en principio al acompañamiento de la procesión de Corpus Christi y del viático. El Papa Paulo III le concedió amplias indulgencias, de las que podrían participar los cofrades de las corporaciones que se fundaran en todo el orbe católico.

DSCF3454Y así era. Todo aquel que ha tratado con las cofradías novohispanas, no puede dejar de advertir en sus constituciones la mención constante de la agregación a las indulgencias de la original romana. La relación con ella podía ser más o menos distante o próxima. Algunas cofradías novohispanas habían acudido directamente a Roma a obtener la agregación por bulas pontificias originales. Ellas eran debidamente ostentadas en sus documentos, como fue la archicofradía del Santísimo Sacramento de la Ciudad de México, que tramitó la suya en tan temprana fecha como 1540. Para ello no era necesario estrictamente titular a la cofradía de sacramental, como prueba la bula obtenida a finales del siglo XVII para la cofradía de la Purísima Concepción del convento de la Merced de México. Tampoco tenía que hacerse de inmediato, las hubo que, a pesar del tiempo transcurrido desde su fundación, no renunciaban a obtener sus bulas. La prueba es la archicofradía de la villa de Córdoba, que fundada en 1643, por el obispo Palafox en persona, decían como para aumentar su prestigio, y que tramitó su agregación en Roma hasta más de un siglo después, en 1772.

DSCF3468Las corporaciones que no podían enviar comisionados hasta la Corte Pontifica, podían obtener la agregación por el intermedio de las ya fundadas. Allá por 1790, la sacramental de Tepotzotlán podía presumir de contar incluso con una copia de la bula de la que obtuvo la de la Ciudad de México, que le servía para justificar su propia agregación.

Desde luego, a la agregación correspondían ciertas responsabilidades, la más notoria era la procesión con el Santísimo del tercer domingo de mes, la llamada justamente “de Minerva”. Obligación repetida una y otra vez en las constituciones de las cofradías novohispanas, con detalles particulares: en Celaya, en Tepotzotlán y en la parroquia de Santa Ana de Querétaro se hacía al interior de la iglesia parroquial, en otras por el atrio como en la de San Sebastián de Querétaro, pero en cualquier caso era una procesión estrechamente asociada a la iglesia parroquial. En  Iztapaluca y en San Luis Potosí, le seguía una misa cantada, durante la cual seguía expuesto el Sacramento, y los cofrades, previamente confesados, comulgaban para obtener la indulgencia. Conllevaba también sus oraciones, las preces al Santísimo Sacramento, que en principio los cofrades debían poder acompañar. Procesión con velas o cirios, implicaba en fin un costo económico importante, no sólo en la limosna del celebrante sino sobre todo en la cera.

El prestigio romano y las indulgencias servían así para difundir por todos los rincones del mundo católico el dogma tal vez el más caro a la Reforma católica, el de la presencia real en la Eucaristía, lo mismo que unas prácticas cultuales (la procesión, la misa cantada, el alumbrado, las preces) y devocionales (la confesión sobre todo), e incluso la cercanía a la que debía ser la principal iglesia de cada pueblo, villa y ciudad, la parroquial. En efecto, las bulas pontificias establecían que sólo pudiera haber una archicofradía sacramental por parroquia, e incluso una sola en cada población, lo que no evitó sin embargo que otras, bajo diversos títulos, como las congregaciones de Cocheros y del Alumbrado que se fundaron a finales del siglo XVIII, reprodujeran varias de sus prácticas, profundizando así el impulso dado desde Roma a la cultura del catolicismo barroco.

Entrevista a Ana Carolina Ibarra

Aquí otro video disponible en internet, poco visto a pesar de su brevedad, de historiadores mexicanos especialistas en la Iglesia católica. Se trata de una entrevista a la Dra. Ana Carolina Ibarra, especialista de la participación del clero en la guerra de 1810, sobre todo en las región del sur, en particular la del Cabildo Catedral de Oaxaca. En unos cinco minutos, nos expone con una concisión sorprendente algunos de los temas más tratados en la historiografía sobre el tema: el número de participantes, el papel desempeñado, los bandos en que tuvo lugar dicha partición y sobre todo, tema especialmente resaltado en estos últimos años, los cambios habidos a lo largo de la guerra. No abundo más, pues ya en otras entradas he tratado el tema, por lo que sin mayor preámbulo aquí la entrevista de la Dra. Ibarra.

Moctezuma como argumento ante el Papa

Aquí una entrada breve, para un documento al mismo tiempo singular y ejemplar: el memorial del Conde de Moctezuma al Papa Clemente XIV en 1772 para pedir algunos privilegios para su oratorio particular y para su mesa, que efectivamente obtuvo por breve del 10 de marzo.
Cabe decir, no es un documento fuera de lo común, los memoriales y breves pontificios abundan en privilegios pedidos por la nobleza de todo el mundo católico, lo mismo para indultos matrimoniales, que para indulgencias u oratorios. Hijo de varios linajes de los más distinguidos de la época, el conde de Moctezuma no puede sino seguir acumulando privilegios para sus descendientes, presentando como argumentos la memoria de los méritos de sus antepasados. Los nobles lo hacen así ante la Corona, lo hacen también ante la Corte pontificia. Desde luego, los argumentos de los otros nobles de la época no son muy distintos: descendientes de cruzados, combatientes de los turcos, etcétera, los nobles se presentan ante el Solio Pontificio luciendo sus timbres de gloria como defensores de la fe, paradójicamente para obtener exenciones ante algunos mandamientos eclesiásticos.

Si por ese lado es sin duda un documento ejemplar, es tal vez singular en tanto nos permite conocer una memoria de Moctezuma que, me parece, está poco estudiada hasta ahora, la de sus descendientes, más allá del siglo XVI desde luego, y en general, la memoria religiosa de la nobleza del mundo hispánico. Aquí pues, una solicitud en que la conquista militar y religiosa de un vasto imperio sirve de argumento para exonerar de seis días de vigilia la mesa del noble.

ASV, Sec. Brev., Reg. vol. 3741, no. 301, fs. 30-30v

Beatísimo Padre,

D. Gerónimo María de Oca y Moctezuma, conde de Moctezuma y de Tultengo, Grande de España de primera clase, señor de la provincia de Tula en la Nueva España, del castillo y fortaleza de Celme, con sus cotos y jurisdicciones en el reino de Galicia, poseedor de los ilustres mayorazgos que fundaron los eminentísimos señores cardenales D. Fray Francisco Ximénez de Cisneros y D. Juan de Mella, con el patronato del Colegio Mayor Universidad de Alcalá de Henares, caballero profeso de Santiago, P.A.L.B.P. de Vuestra Santidad dice: Que su ascendencia paterna proviene más antigua que el glorioso San Hermenegildo, hijo del rey Leovigildo, y de Santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, mantendiendo el lustre de su linaje con muchos ricos hombres de esta Monarquía de España con iguales enlaces hasta el presente; que se halla poseedor por la línea materna de la Casa del Emperador Moctezuma, rey y señor que fue del Imperio Mexicano, en grado de sexto nieto, que puso bajo de la obediencia de esta Corona de España su persona y vastos dominios que habían poseído sus antecesores en tantos siglos por abrazar la religión católica; que estuvo casado con Da. María Josefa de Mendoza, hija de los marqueses de Villagarcía, de Monrroy y de Cusano, una de las casas muy ilustres de España y de Nápoles, Grande de España de primera clase; que su hijo primogénito el marqués de Tenebrón está casado con Da. María Josefa de Córdoba y Moncada, hija de los duques de Medinaceli. En esta atención, que reconoce a la Divina Misericordia:

Suplica con toda humildad a Vuestra Santidad que teniendo presente la pronta voluntad con que abrazó la religión católica el Emperador Moctezuma, sexto abuelo del conde suplicante, que ha dado tan crecido número de fieles a nuestra Santa Madre la Iglesia, aquel Nuevo Mundo, y la antigüedad que en tantos siglos ha mantenido su Casa por las dos líneas, se sirva Su Beatitud de conceder a los condes de Moctezuma presentes y a los sucesores en su casa que puedan hacer celebrar el Santo Sacrificio de la Misa en el oratorio de su casa todos los Sábados Santos después de los Divinos Oficios, y que puedan comer carne y no guardar ayuno seis días de vigilia cada año los que escogieren, así los que se sienten a su mesa como sus domiciliarios y personas que eligieren, gracia, honor y privilegio distintivo que humildemente impetra del alto paternal poder de Vuestra Santidad.

El conde de Moctezuma.

Celebrad al Papa

Hoy, según he podido ver por los medios, los católicos mexicanos celebran la beatificación del Papa Juan Pablo II. Vigilias de oración, transmisiones en vivo de la misa celebrada en la plaza de San Pedro, flores en los monumentos que ya se le han construido en varias ciudades, imágenes en abundancia, incluyendo el concurso de fotografía que organiza la Arquidiócesis Primada de México, son algunas de dichos festejos. Es cierto, el pontificado del ahora bienaventurado tuvo sin duda una relevancia particular para México: lo mismo en temas políticos, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Santa Sede; que en asuntos más estrictamente religiosos, como la canonización veintiocho nuevos santos; y desde luego pastorales, con sus cinco visitas que literalmente conmovieron a su paso a las ciudades y pueblos mexicanos. En el plano internacional, Juan Pablo II ha pasado ya a la historia como el Papa de la caída de los regímenes comunistas europeos, de un despliegue de actividad diplomática impresionante, y  viajes y presencia en los medios. Pontificado controvertido: si el tradicionalismo le reprocha hoy los encuentros ecuménicos de Asís, y las peticiones de perdón del jubileo del año 2000, del lado opuesto no se olvida el tema de la condena de la teología de la liberación, y últimamente su buena relación con el padre Marcial Maciel. Sobre todo ello, es sin duda recomendable el artículo publicado hoy por Sandro Magister  “Karol Wojtila beato. Contemplarán al que traspasaron“.

Ahora bien, más que hablar con detalle de ese pontificado, me limito aquí a hacer notar que los festejos de la beatificación del Papa son especialmente originales para México y los países latinoamericanos, si lo vemos en una perspectiva de larga duración. Y es que en el Antiguo Régimen, era más bien raro ver festejos o conmemoraciones del Papa en tierras americanas. Para prueba, la siguiente real cédula, que trascribo del tomo III del Cedulario americano del siglo XVIII editado por don Antonio Muro Orejón en 1977 y publicado por la Escuela de Estudios Hispano Americanos de Sevilla, esta real cédula de 1724, en la que el rey se vio obligado a intervenir para que en los reinos americanos se celebrase también al Papa:

“El Rey

Por cuanto me hallo enterado de que en mis dominios de la América no se celebran las exequias y honras funerales que se deben cuando mueren los sumos pontífices, ni las demostraciones de hacimiento de gracias cuando se elijen sucesores en la silla apostólica, como se practica y ha practicado siempre en mis reinos y dominios de España: Y siendo justo el reparo de que hallándome absoluto monarca de aquellos y singular patrono de todo el estado eclesiástico de ellos, se dejen de ejecutar las mismas demostraciones en uno y otro caso, con motivo de haber fallecido la Santidad de Inocencio Décimo Tercio, el día 7 de marzo de este año, y sido exaltado a la sagrada tiara pontificia el cardenal Pasino, el día 29 de mayo próximo pasado, con el nombre de Benedicto Décimo Tercio. He resuelto, sobre consulta de mi Consejo de las Indias de 16 del presente mes, se practiquen generalmente en los reinos de las Indias las expresadas funciones. Por tanto ruego y encargo a los arzobispos y obispos de las iglesias metropolitanas y catedrales del Perú y Nueva España, a los cabildos de ellas en sede vacante y a los provinciales de las religiones de ambos reinos, que luego que reciban este despacho, celebren y hagan celebrar en las iglesias de sus diócesis y provincias con la solemnidad que se requiere y corresponde, las exequias funerales y sufragios por el ánima del expresado pontífice Inocencio Décimo Tercio, y consiguientemente las demostraciones y hacimiento de gracias que son debidas a la Majestad Divina por la nueva exaltación al Pontificado de la Santidad del referido Benedicto Décimo Tercio, y que se ejecute lo mismo en los demás casos de muerte y elección de Pontífices que se ofrecieren en adelante por ser así mi voluntad, y que me den cuenta del recibo y cumplimiento de esta mi resolución en la primera ocasión que se ofreciere. Fecha en Buen Retiro a 26 de junio de 1724. Yo el Rey.”