Archivo por meses: octubre 2010

Fiesta de los Santos 1577

La fiesta de Todos Santos es sin duda relevante en cualquier punto del mundo católico, pero para la Nueva España tal vez nunca lo fue tanto como en 1577, cuando su capital, la Ciudad de México acababa de recibir sus primeras reliquias de santos, llevadas por los jesuitas de parte del Papa Gregorio XIII. Gil González Dávila en su Teatro eclesiástico de 1648, da cuenta detallada de las reliquias y menciona algunos de los festejos que se hicieron con motivo de su llegada. Entre ellos, debemos destacar sin duda la presentación de la Tragedia del triunfo de los santos, obra teatral en la que se explicaba de manera muy didáctica el origen de buena parte de estas reliquias: la persecución de tiempos del emperador Diocleciano, evento leído desde luego en perspectiva de la historia sagrada, como anuncio del triunfo de la Iglesia, una historia en la cual México entraba a participar, como lo dicen directamente los personajes de la obra. Aquí pues los fragmentos de la crónica de González Dávila, y la última escena de la tragedia en cuestión, una y otra consultables en línea gracias a Googlebooks y la Biblioteca Cervantes Virtual.



Tragedia del triunfo de los santos, acto quinto, escena segunda
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01482296323473772980035/index.htm

IGLESIA ¡Oh magno emperador, a quien fue dado 650
por la diestra de Dios omnipotente
restituir aquel antiguo estado
con tal aumento de su Iglesia y gente!
Gratificarlo el mundo es excusado,
que pago un bien tan alto no consiente;
sola la piedad y gloria inmensa
de Dios te puede dar la recompensa.
Y tú, pastor dichoso, que escogido
fuiste por medianero e instrumento
para que el pueblo santo perseguido 660
hallase ya reposo y dulce asiento,
alégrate, pues Dios te ha concedido
tan alto don y celestial contento
para que sea mayor nuestro consuelo
cuando nos apacientes en el cielo.
Amado pueblo mío mexicano,
en mis postrimerías concebido,
conoce el don tan rico y soberano
que en nombre de mi Dios te ha concedido.
Y pues tan liberal la excelsa mano 670
en darte tal favor contigo ha sido,
no seas encogido ni avariento
en darle el corazón por aposento.
FE Entiende y mira que el tesoro santo
de las reliquias santas que hoy te han dado,
el día que pondrá terrible espanto
al sol y luna y todo lo criado;
desde tu gremio, que es dichoso tanto,
ha de resucitar glorificado;
adorarle con ánimo cristiano 680
a pesar del engaño luterano.
ESPERANZA Las ciudades do han sido desechadas
estas reliquias santas y otras tales,
con justa causa han sido despojadas
de bienes y cercadas de los males;
mas donde han sido siempre veneradas,
alcanzan los favores celestiales.
No temas si las honras, pueblo pío,
de los dones del cielo estar vacío.
CARIDAD Amor hizo que tanto padeciesen 690
por su fe, por su Dios y por su gloria;
amor les dio valor con que venciesen;
amor les dio en las manos la victoria;
amor también les hizo que viniesen
y en México pusiesen su memoria;
amor piden por paga, y yo lo pido
y perdón por las faltas que haya habido.
VILLANCICO
CORO El saber divino
dio su paz y amor,
dando a Constantino, 700
magno emperador.
Hízolo instrumento
de su gran piedad,
quitando el tormento
de fiera Crueldad;
y a Gentilidad
dejó sin vigor,
dando a Constantino,
magno emperador.
Queda Idolatría 710
del todo asolada,
y por esta vía
la cruz ensalzada.
Tal traza fue dada
del sabio Señor,
que dio a Constantino,
magno emperador.
Los huesos sagrados
que eran abatidos,
ya son venerados 720
con honra y servidos.
Fueron recogidos,
dando su favor
el gran Constantino,
magno emperador.
FINIS

La Iglesia en Nueva España

515En las últimas décadas, la historiografía mexicana sobre el tema de la Iglesia católica ha cobrado la forma, sobre todo aunque no exclusivamente, de obras colectivas, producto de reuniones científicas, ya sea seminarios o coloquios. Citemos tan sólo como ejemplos obras como Iglesia, Estado y sociedad en el siglo XIX, que coordinara el Dr. Álvaro Matute en 1992; Manifestaciones religiosas en el mundo colonial americano, que coordinaran los doctores Manuel Ramos y Clara García en 1997; La Iglesia católica en México, que en ese mismo año se publicó bajo la coordinación de la Dra. Nelly Sigaut; Historia de la Iglesia en el siglo XIX, que coordinó el Dr. Manuel Ramos en el 2000; más recientemente Poder civil y catolicismo en México, siglos XVI al XIX, coordinada por los doctores Francisco Javier Cervantes, Alicia Tecuanhuey y María del Pilar Martínez. A éstas y otras obras, se suma ahora en este 2010, La Iglesia en Nueva España. Problemas y perspectivas de investigación, preparada por el Seminario de Historia política y económica de la Iglesia en México, en el que participan diversos investigadores de la UNAM y de la BUAP en particular, quienes nos presentan esta compilación de artículos, todos muy interesantes y que pueden leerse de manera independiente unos de otros, bajo la coordinación de la Dra. María del Pilar Martínez López-Cano.

Una primera virtud que conviene destacar en esta obra es que, acorde a su título, cada uno de los capítulos nos presenta no sólo una problemática en particular de la historia de la Iglesia novohispana, sino también un balance de la bibliografía de las últimas décadas y, a partir de una lectura normalmente crítica de ella, las perspectivas de investigación, es decir, los temas pendientes o que han sido poco tratados en fecha reciente. En ese sentido, debemos valorar en particular la amplia bibliografía que ha sido incluida en cada uno de los capítulos, comprendiendo no sólo las obras directamente citadas en los textos, sino también obras sugeridas para quien quiera tomar el relevo y adentrarse en los distintos temas.

En segundo lugar, es muy importante que, tal vez por primera ocasión en la historiografía de la Iglesia católica, existe un esfuerzo sistemático por discutir no sólo con la historiografía mexicanista, sino también con la de otros países, especialmente la de España, e incluso con la que ha tratado sobre otros países latinoamericanos. Si bien prácticamente todos los autores hicieron un esfuerzo en ese sentido, los trabajos de los profesores Alicia Mayer y Brian Connaughton se destacan especialmente, la primera por su diálogo con la historiografía europea, alemana en particular, sobre los conceptos de “confesionalización” y “disciplinamiento”, y el segundo por plantear una perspectiva realmente imperial (es decir, del Imperio hispánico) como marco para la discusión de la historiografía reciente.

Además, desde luego, la obra resulta interesante por haber sido elegidos reconocidos especialistas en cada uno de los temas, quienes nos presentan textos muy convincentes, con posicionamientos muy claros de sus respectivas investigaciones. Lo mismo contamos con una exploración del uso de los conceptos de “confesionalización” y “disciplinamiento” para el caso novohispano (Alicia Mayer), con una crítica de la historiografía eclesiástica de las universidades hispanoamericanas (Enrique González), con un llamado a una historia judicial en perspectiva weberiana (Jorge E. Traslosheros), con un anális crítico de la historiografía que ha dejado al clero secular en el anonimato (Rodolfo Aguirre), por no citar más que algunos de los temas de cada capítulo.

En fin, no podemos concluir esta breve noticia sobre esta novedad editorial, sin hacer mención también de algunas omisiones que nos parecen importantes. Es muy característico, en principio, que si bien los capítulos abordan los temas más variados de la historiografía reciente, omiten uno de ellos, el de las cofradías y en general de las corporaciones de seglares. Es una omisión que creo importante por el lugar que estas corporaciones llegaron a tener en la Iglesia de la época, reconocido por otra parte en varias ocasiones en la misma obra, de forma que su tratamiento podría bien haber ameritado un capítulo en sí. De manera más general, la obra representa bien la situación actual de nuestra historiografía de la Iglesia en dos sentidos, por una parte por la falta de definición de algunos conceptos y por otra porque es básicamente eclesiástica. En efecto, tal vez hubiera sido conveniente un capítulo o una discusión más abundante entre los autores sobre conceptos como “secularización” o incluso “Estado”, que no siempre tienen el mismo sentido de un capítulo a otro. Así también, salvo el capítulo de la doctora Mayer y notas puntuales en algunos otros (por ejemplo el capítulo de Marcela Rocío García, que da bien cuenta de los fundamentos religiosos de las capellanías de misas), se trata de una historiografía de la Iglesia que no es una historiografía religiosa. De hecho, en algunos apartados se insiste precisamente en la distinción entre el ámbito eclesiástico y el religioso, algo que contrasta con la historiografía francesa por ejemplo, en la cual la historia del clero, por mucho que incluya una sociología de dicho estamento, pertenece de inmediato al campo de la historia religiosa. Tal vez esa sería la perspectiva de investigación que queda al pendiente en los años a venir, hacer una historiografía que logre articular el ámbito religioso con el político y económico de una sociedad que, contrario a nuestros días, estaba lejos de pensar la separación de dichos ámbitos.

Conjuro contra la tempestad y el granizo

En una entrada anterior me tomé la libertad de transcribir un conjuro contra la langosta del Manual de los Santos Sacramentos de Sáenz de la Peña, publicado por orden del obispo Palafox y Mendoza en el siglo XVII. Pues bien, los campos novohispanos no sólo fueron protegidos con exorcismos contra las plagas, sino también contra otros desastres. Ello era común en todo el mundo católico: el Ritual Romano conservó las preces en caso de tempestad, que debían celebrarse normalmente bajo la forma de una procesión de rogativa en torno a la iglesia parroquial de cada lugar. Sin embargo, además de esas oraciones, los rituales novohispanos pueden presentar algunas variantes, sobre todo los más antiguos. En esta ocasión trascribo aquí el conjuro contra la tempestad y el granizo incluido por el bachiller Francisco de Lorra Baquío en su Manual mexicano para la administración de los santos sacramentos conforme al Manual Toledano, (México, imprenta de Diego Gutiérrez, 1634, fs. 118-122v).

Cabe advertir la diferencia con Sáenz de la Peña, cuyo manual era conforme al Romano. Así, no se trata aquí tanto de oraciones, sino efectivamente de un conjuro, que va acompañado de cuatro pasajes de cada uno de los evangelios, un poco a la manera del ritual que el Romano conservará pero de manera casi exclusiva para el exorcismo de personas poseídas por el demonio. Presento el texto tal cual, por lo que seguramente habrá diferencias en la escritura del latín que se estila hoy. Las cruces que aparecen en medio del texto son, casi es obvio decirlo, para indicar al sacerdote que en ese momento debía hacer la señal de la cruz. Sin más preámbulo, aquí este pequeño testimonio de la historia religiosa novohispana.

Conjuros para tempestad y granizo

O Nubes grando, conjurote praecipio tibi, per Domini Patrem + per Dominum Filium + per Dominum Spiritum Sanctum + Qui sunt in substantia unus Deus, per potentiam Patris, per sapientiam Filii per amorem Spiritus Sancti, procedentis ab utroque, per sacram obedientiam IESV Christi, per sacram humilitate Virginis MARIAE Dominae nostrae, per passiones terribiles martyrum Christi, per novem choros spirituum caelestium, per fidelem sacram vitam confessorum, per omnes sanctas mulieres famulas Dei, martyres Christi per omnes animas beatas coeli, per sacra obubratione quam fecit virtus altissimi, Beatissimae Virgini MARIAE Dominae nostrae. Per imperiale Verbum, quod fecit Christus Dominus ventis, ut cessarent, per divissionem mirabilem Maris Rubri, quam fecit potentia Divina Populo Iudaeorum per omnia ista supradicta. Conjurote & praecipio tibi, o nubes noçiva, seu grando tempestatis, quod insigno huius, Sanctae Crucis +, quam contra te facio +, indivisa repente reçedas a nobis, ab hoc loco, sine laesione alicuius hominis, sive loci sive navis, sive terrae, delearis per aerem.

Amen.

Levante la Cruz contra la tempestad y eche agua bendita hacia aquella parte y diga estos cuatro Evangelios.

Initium S. Evangelii secundu Ioanne.

In principio erat Verbum Verbum erat apud Deum, Deus erat Verbum hoc erat in principio apud Deum, Omnia per ipsum facta sunt, sine ipso factu est nihil. Quod factum est in ipso vita erat, vita erat lux, hominum lux intenebris lucet, tenebrae eam non compraehenderunt. Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Ioannes. Hic venit in testimonium, ut testimonium per hiberet de lumine, ut omnes crederent per illum: Non erat ille lux, sed ut testimoniu perhiberet de lumine erat lux vera, quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum. In mundo erat mundos per ipsum factus est, mundos eum non cognouit, in proria venit sui eum no receperunt. Quot autem receperunt eum, dedit eis potestatem filios Dei fieri, iis, qui credunt in nomine eius; qui non ex sanguinibus, neque ex voluntate carnis, neque ex voluntate viri, sed ex Deo nati sunt, Verbum Caro factum est, habitavit in nobis vidimus gloria et quasi unigeniti a Patre plenum gratiae veritatis.

Laus tibi Christe

Sequentia S. Evangelii secundum Lucam

In illo tempore. Missus est Angelus Gabriel a Deo in civitatem Galileae, cui nomen Naçareth, ad Virgem desponsatam viro, cui nomen erat IOSEPH de Domo David, nomen Virginis MARIA, ingressus Angel ad eam, dixit. Ave gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus. Que cum audisset turbata est in sermone eius cogitabat, qualis esset ista salutatio? Et ait Angelus et, ne timeas MARIA, invenisti enim gratiam apud Deum; ecce concipies in utero, paries filium, vocabis nomen eius IESVM. Hic erit magnus, filius Altisimi vocabitur, dabit illi Dominus sedem David Patris eius, Regnavit in domo IACOB in aeternum, Regni eius, non erit finis. Dixit autem MARIA ad Angelum Quomodo fiet istud, quoniam virum non cognosco?

Et respondens Angel’ dixit ei. Spiritus Sact’ superveniet inte, virtus altissimi obubravit tibi. Ideoque, quod nascetur exte sanctu, vocabitur filius Dei, ecce ELISABETH cognata tua, ipsa cocepit filium, in senectute sua, hic mesis sextus est ille quae vocatur sterilis; quia no’ erit impossibile apud Deum omne Verbum; dixit aute MARIA, Ecce ancilla Domini, fiat mihi secundum Verbum tuum.

Laus tibi Christe.

Sequentia S. Evangelii secundum Marcum

In illo tempore, Recumbentibus undecim Discipulis, aparuit illis IESVS, exprobauit incrudelitatem eorum, duritiam cordis, quia, iis, qui utderant eu resurrexisse, non crediderunt, dixit eis euntes in mundum universum, praedicate Evangelium omni creaturae. Qui crediderit, Baptizatus fuerit, saluus erit qui vero non crediderit condemnabitur. Signa autem eos, qui crediderint haec sequentur, in nomine meo, daemonia eiicient linguis loquetur nouis. Serpetes tollent si mortiferum quid biberint non eis nocebit. Super aegros manus imponent, bene habebunt, Dominus quidem IESVS post qua locutus est eis, assumptus est in coelum sedet a dextris Dei.

Illi autem profecti praedicauerint ubique, domino cooperante, sermone confirmante, sequentib’signis.

Laus tibi Christe.

Sequentia S. Evangeliis secundum Mattheu

In illo tempore.

Dixit IESVS discipulis suis, vos estis sal terrae. Quod si sal euanuerit in quo saliertur? Ad nihilum valet ultra, nisi ut mittatur foras, conculcetur ab hominibus. Vos estis lux mundi, non potest civitas abscondi, supra montem posita, neq; accendunt lucernam, ponut cam sub modio, sed super candelabrum, ut luceat omnibus, qui in domo sunt. Sic luceat lux vestra coram hominibus; ut videat opera vestra bona, glorificent Patrem vestrum, qui incelis est. Nolite putare quoniam veni solvere legem aut Profetas, non veni solvere, sed ad implere. Amen, quippe dico vobis, donec transeat coelum terra Iota unum, aut unus apex non praet praeteribit, alege, donec omnia fiant. Qui ergo solverit unum demadatis istis minimis, docuerit sic homines minim’ vocabitur in Regno coelorum, qui autem, fecerit, docuerit hic magnus vocabitur in Regno coelorum.

Laus tibi Christe.

Les corporations religieuses et les changements politiques à Orizaba, 1700-1834

Hace casi un mes, tuve el honor de presentar mi tesis de doctorado, y desde entonces me preguntaba si había una manera de difundir su contenido por este medio, sin atormentar al lector con una larga serie de entradas todas sobre el que fue mi objeto de estudio, la parroquia de Orizaba. Así, me decidí finalmente a publicar aquí la parte descriptiva de mi exposición ante el jurado de la tesis, que resume su contenido en pocas líneas, conservando el texto en francés para ser fiel estrictamente a lo que presenté, aunque claro está que si llegara a haber preguntas lo presentaré también en español. Pues bien, aquí el resumen de la tesis titulada Utilité du public ou cause publique. Les corporations religieuses et les changements politiques à Orizaba (Mexique), 1700-1834, que para obtener el grado de Doctor en Historia de la Universidad Paris I Panthéon-Sorbonne presenté el 14 de septiembre de 2010 en la sala 6 del Centro Panthéon, ante el jurado presidido por Philippe Boutry, director de la Unidad de Historia de dicha Universidad, y conformado también por Annick Lempérière, directora de la tesis y directora del Centro de Investigaciones en América Latina y el Mundo Ibérico de Paris I; Brian Connaughton, profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, y Pierre Ragon, profesor de la Universidad Paris X Ouest Nanterre La Défense.

La thèse que j’ai l’honneur de présenter constitue d’une certaine manière l’aboutissement d’un travail de plusieurs années, même si je l’ai commencée en septembre 2007, car elle reprend des informations et des préoccupations déjà présentes dans mes mémoires de licence et de master, mais maintenant analysées depuis une perspective différente, et de façon plus exhaustive. Elle porte sur l’histoire de Saint-Michel Orizaba, une modeste ville de l’est du Mexique. J’essaye à travers elle de m’approcher des changements du monde hispanique de la fin du XVIII siècle. Mon travail porte ainsi, à proprement parler, sur l’histoire de la sécularisation, non pas dans le sens de décadence ou de disparition progressive de la religion et de l’Église catholique, mais plutôt comme la fin de la prépondérance de la légitimité qui avait jusqu’alors donné son sens à la culture corporative qui avait organisé la construction de la ville et de tout l’Empire hispanique.

En effet, la culture corporative hispanique avait pour fondement une théologie catholique qui soutenait que les individus étaient incapables d’atteindre seuls le salut spirituel et même le bien-être matériel. Ainsi, ils avaient besoin de se rassembler pour former des corps de toute sorte, notamment religieux et politiques, qui constituaient la structure de la société, de l’Empire et de l’Église. Les corporations religieuses durent faire face à cette époque à des changements tels que les réformes bourboniennes depuis les années 1760, la crise monarchique de 1808, la guerre d’indépendance de 1810, l’introduction du libéralisme en 1812, l’indépendance en 1821, et les troubles politiques des premières décennies de la vie républicaine.

Mon travail de recherche s’interroge sur les conséquences de tous ces événements pour les corporations religieuses et sur la possibilité de penser leur histoire, non seulement comme une décadence constante, mais aussi à partir de leurs adaptations éventuelles, aussi bien sous la monarchie des Bourbons qu’à l’époque libérale. À cet effet, j’ai repris des idées venant de trois perspectives fondamentales : l’historiographie sur la construction institutionnelle de l’Église au XIX siècle, notamment les ouvrages récents de Sol Serrano et Roberto Di Stéfano, respectivement pour le Chili et Buenos Aires, mais aussi les études de l’historiographie française sur la Réforme catholique et les changements religieux des XVIII et XIX siècles, notamment celles sur la piété testamentaire, sur le paysage paroissial et sur la culture sensorielle. Bien entendu, j’ai aussi repris l’historiographie mexicaniste et espagnole, en particulier l’historiographie politique, qui rend compte des difficultés pour la réforme d’une monarchie hispanique fondamentalement corporative et juridictionnelle, et aussi des transformations et continuités de la société corporative après l’indépendance.

J’ai choisi Orizaba, parce qu’elle rassemblait presque tout l’éventail des corporations religieuses possibles, mais aussi parce qu’elle se caractérisait par la présence de plusieurs acteurs politiques d’Ancien Régime, tels que l’échevinage des Espagnols, la république des Indiens, la guilde des cultivateurs de tabac et la noblesse locale. Après l’indépendance, nous pouvons aussi trouver les nouveaux groupes politiques organisés surtout à partir des loges maçonniques. De plus, il est important de noter que la ville se distingua par son importance économique due à son emplacement sur la route commerciale la plus importante du royaume et par sa production de tabac, monopole royal à partir de 1765.

Un autre critère, non négligeable, qui joua un rôle important dans mon choix fut celui de l’abondance des sources qui concernent Orizaba. Je voudrais évoquer en particulier les archives paroissiales, qui conservent une documentation très vaste sur la gestion quotidienne des confréries et de la paroisse, ainsi que les sources notariales et municipales et les listes des cultivateurs de tabac, qui bien qu’incomplètes sont également riches. Ces dernières m’ont permis de connaître de façon presque exhaustive les membres de plusieurs corporations et leurs familles, en particulier celles de l’élite de la ville. J’ai pu aussi compter sur les dossiers préparés pour obtenir l’autorisation royale de certaines corporations civiles et religieuses, préservés dans les archives nationales mexicaines et dans les Archives des Indes de Séville.

Pour les premières décennies du XIX siècle, la correspondance des autorités fédérales, les ouvrages des chroniqueurs locaux, et surtout les brochures et les journaux disséminés dans les bibliothèques du Mexique et de l’Espagne, se sont avérés particulièrement intéressants pour ma recherche.

Pour analyser ces informations, j’ai choisi comme axe central le concept de l’utilité publique, qui permet de saisir d’une manière plus précise la façon dont les changements évoqués précédemment modifièrent les corporations religieuses. Dans le monde hispanique de l’Ancien Régime, l’utilité publique n’était que l’utilité de la république. Il est important de noter que république désigne ici la communauté organisée juridiquement pour répondre à des finalités matérielles mais aussi transcendantes, c’est-à-dire qu’elle se réfère à une corporation capable de garantir le bien commun. Dans le cas que j’ai analysé, il s’agissait notamment de la république urbaine, d’Espagnols ou d’Indiens, selon la distinction de l’époque. L’utilité publique était donc surtout celle des “vecinos”, c’est-à-dire les natifs ou les résidents anciens d’une ville ou d’un village. Dans ce contexte, les corporations religieuses avaient un rôle fondamental, reconnu par tous les acteurs, comme j’ai essayé de le montrer dans la première partie de mon travail, intitulée précisément « Le temps de l’unanimité ».

Les corporations avaient été les protagonistes de la construction de la ville au cours du XVIII siècle. En effet, à cette époque et jusqu’au début du XIX siècle, les Orizabeños  construisirent une quinzaine de bâtiments religieux. Dans ces temples, revêtus du décor de la Réforme catholique, s’installèrent de nouvelles corporations, non seulement de clercs ou de religieux, mais surtout plus de vingt-cinq corporations de laïcs. Toutes ces corporations possédaient des symboles religieux, des biens et des normes particulières, et construisaient des liens qui rassemblaient les habitants de la ville. Plus encore, autour des temples s’organisait la ville elle-même, avec ses places et ses fontaines, ses rues et ses quartiers. Les corporations laissaient leur empreinte dans le paysage sonore avec leurs cloches, et aussi dans le cérémonial festif local avec leurs innombrables processions et célébrations. Ainsi, grâce aux corporations religieuses, l’espace public d’Orizaba était sans aucun doute sacré.

Par ailleurs, tout au long du XVIIIe siècle, l’utilité des corporations religieuses avait été reconnue par l’ensemble des, d’une part, en raison de l’administration des sacrements indispensables pour le salut des âmes et, d’autre part, parce qu’elles en faisaient la promotion. En outre, elles organisaient les œuvres de miséricorde et contribuaient au maintien de l’ordre en prônant le bon exemple et en faisant usage des tribunaux ecclésiastiques. De plus, elles renforçaient la légitimité des corporations civiles : elles étaient le témoignage de leur histoire et c’était dans les fêtes religieuses que les corporations se confrontaient entre elles pour défendre leurs privilèges respectifs. Enfin, elles avaient contribué à la formation d’une élite dévote caractérisée par ses expressions de piété, notamment dans ses testaments et par son soutien à la formation du clergé.

Toutefois, pendant la seconde moitié du XVIIIe siècle, on voulut faire des corporations des entités au service de l’utilité de la religion et de l’utilité du roi, comme j’ai essayé de le montrer dans la deuxième partie de mon travail. En effet, les évêques réformateurs de la période insistaient sur le premier aspect. J’ai voulu présenter leurs projets en détail, dirigés vers le renforcement de l’autorité épiscopale sur toutes les corporations religieuses, et vers la consolidation de la frontière entre le sacré et le profane. À Orizaba, le clergé essaya de transformer le couvent-hôpital local en un lieu de catéchisation des pauvres sous son contrôle, de même qu’il voulut faire des missionnaires ses « coadjuteurs idéaux » du clergé, et mettre sous surveillance les dépenses festives des confréries. Outre ces projets de réforme, la vie religieuse locale se vit transformée par le détachement progressif de l’élite locale vis-à-vis de certaines pratiques : les confréries espagnoles furent abandonnées, la piété testamentaire fut complètement laissée de côté vers le début du XIXe siècle et certaines dévotions furent oubliées. Tout cela s’effectua en faveur de pratiques plus simplifiées et strictement plus religieuses, et en faveur de cadres corporatifs moins chargés de responsabilités, mais aussi plus sélectifs.

En ce qui concerne l’utilité du roi, j’ai examiné en détail une historiographie qui a beaucoup insisté sur la radicalité des réformes monarchiques, sans épargner les adjectifs. Les corporations d’Orizaba permettent de nuancer ses conclusions et de montrer que le roi, même à l’époque des réformes, soutenait très souvent les demandes des corporations religieuses sans intervenir systématiquement dans leur vie interne. Ainsi, les réformes les plus importantes subies par la ville d’Orizaba, comme la formation de milices et la création du monopole du tabac, n’eurent même pas de conséquences directes sur elles. En revanche, il est vrai qu’à cette époque la Couronne fit un usage politique explicite de la chaire paroissiale, mais ce fut seulement à partir de la crise 1808 que le roi se fit plus présent que jamais dans la ville, pour exiger leur participation dans la promotion de la loyauté et dans la mobilisation des sujets, jusqu’au point d’exproprier les cloches de la paroisse pour la célébration des victoires royalistes.

Ainsi, ce ne fut pas avant l’indépendance et l’établissement d’un régime fondé sur des principes libéraux que commencèrent les débats publics autour de l’utilité des corporations religieuses. J’ai analysé ces débats dans la troisième et dernière partie de mon travail, à commencer par la critique des corporations religieuses qui émergea alors dans l’opinion publique.Ces critiques portaient sur l’organisation ecclésiastique : les publicistes voulaient la remplacer par celle de l’Église primitive, évidemment idéalisée, et ils condamnaient les pratiques considérées comme « superstitieuses » ou « fanatiques ». À ces critiques s’ajoutèrent les premiers efforts de l’État pour étendre sa juridiction jusqu’aux temples, cimetières et biens corporatifs, et les suspicions à l’encontre de certaines corporations, devenues particulièrement « dangereuses » pour la « cause publique ».

Les critiques arrivèrent à son terme entre 1833 et 1834, lorsque les libéraux radicaux de Veracruz commencèrent toute une série de réformes visant à construire une nouvelle Église, plus institutionnalisée mais sous la tutelle de l’État, dépourvue des pratiques superstitieuses telles que les sonneries de défunts et des corporations « inutiles », dont les biens seraient destinés à financer un grand projet éducatif. Ces réformes furent contestées par l’épiscopat, qui s’efforçait aussi de réformer les corporations pour les soumettre définitivement à sa tutelle, et construire ainsi une « souveraineté ecclésiastique » face à la démonstration de force de la souveraineté de l’État.

Toutefois, cette dernière ne fut pas la seule à se construire à cette époque. La révolution libérale avait aussi ouvert la porte à la consolidation de la souveraineté locale, incarnée dans le Conseil municipal d’Orizaba, pour lequel les corporations religieuses continuaient d’être des outils indispensables pour l’utilité publique. C’était un Conseil constitué par des ilustrados, et qui utilisait constamment le cérémonial religieux pour sa légitimation. Sans se soucier beaucoup des règles spécifiques des corporations, ils discutaient constamment sur la manière de les utiliser à de nouvelles fins, telles que la bienfaisance et l’éducation. Protégées ainsi par les autorités locales, certaines corporations parvinrent à se renouveler, parfois jusqu’à retrouver un peu de la splendeur du siècle précédent, tandis que d’autres tombèrent définitivement sous le contrôle clérical, plus que jamais affirmé dans les modifications du décor du temple paroissial effectuées par le curé en 1834. On ne peut donc pas s’étonner de voir que les corporations mises en danger par les réformes de 1834 furent protégées, lors de l’émeute du 20 avril, par les autorités locales ainsi que par la plupart des vecinos, rassemblés au son des cloches de la paroisse de Saint-Michel. Cette rébellion locale réussit à renverser les pouvoirs de l’État de Veracruz deux mois plus tard.

En dépit des accusations de « fanatisme » et de l’occupation de l’espace public par les pratiques traditionnelles telles que les sonneries et les processions, il faut conclure que l’émeute consacra plutôt le lien très étroit entre les corporations et le conseil municipal, ainsi que la division d’opinions entre les « patriotes » et les « catholiques », ou les « yorkins » et les « fanatiques », selon le vocabulaire de l’époque. Ainsi, loin d’être une restauration, les événements de 1834 rendirent compte du déplacement des corporations religieuses d’Orizaba et de la catholicité elle-même, puisqu’elles n’occupaient plus la position prépondérante qu’elles avaient disposé auparavant dans la ville ; c’est ainsi qu’elles furent dès lors placées sous la puissance du Conseil municipal, l’Ilustre Ayuntamiento de Orizaba, devenu souverain sans dispute de l’espace public local.

Nuestra Señora del Rosario en Puebla en la prensa

El mes de octubre es un mes particularmente importante en festividades religiosas, en particular de las que datan o adquirieron relevancia en tiempos de la Reforma católica. El 4 de octubre es la fiesta de San Francisco de Asís, el 7 es la fiesta de la Virgen del Rosario, el 15 es la fiesta de Santa Teresa de Ávila, la gran reformadora de la orden carmelita, etcétera. Entre estas fiestas, la del Rosario estaba asociada a la Batalla de Lepanto gracias al Papa San Pío V, por lo que a veces también se le llamaba de la Batalla Naval, y se conmemoraba como tal, es decir, no sólo con misa, sermón y procesión, sino también representando un enfrentamiento entre moros y cristianos en barcos.

En los primeros años del siglo XIX no faltaron críticas a esas festividades tradicionales que se habían convertido en “excesos” para la perspectiva de la prensa y de los liberales de la época, quienes acusaban a los antiguos festejos de ser cuando menos profanos e incluso directamente actos de desacralización de las imágenes religiosas. El Oriente, el periódico de los liberales moderados de Veracruz, publicado en Xalapa en la década de 1820, nos ha dejado amplios testimonios de esas críticas, y aquí en particular me gustaría retomar dos, referidas a la fiesta de la Virgen del Rosario de la ciudad de Puebla, en concreto las fiestas de 1824 y de 1827. En estos dos fragmentos se aprecia bien la sensibilidad de los liberales por la protección de lo sagrado y su separación de las expresiones populares, que encontraban, como mínimo, impropias. En el primer pasaje se aprecia además el estilo irónico que subrayaba el cuestionamiento de esas prácticas religiosas, mientras que en el segundo aparece la ambigüedad característica de los liberales de la época: críticos de la tradición pero a veces incapaces de pasarse de ella. En medio ya de las primeras luchas entre facciones que caracterizaron el primer federalismo, los moderados acusaban a sus rivales de aprovechar la fiesta religiosa para hacer campaña política contra ellos. Así, la fiesta religiosa se convertía por entonces en motivo de debate y de enfrentamiento político

El Oriente, núm. 51, 21 de octubre de 1824, pp. 203-204, fragmento de la respuesta de El jalapeño

El católico poblano.

“Acaba de llegar un amigo mío de Puebla, y me cuenta que el día tres de este mes de octubre, en que se celebró la solemnidad de Ntra. Sra. del Rosario, vio el mismo que llegando al atrio del convento de Sto. Domingo la procesión en que aquella comunidad y el cabildo eclesiástico conducían la santa efigie de la madre de Dios, todos hicieron alto, presenciando el burlesco juguete con que entre la algazara, gritos y chiflidos de la plebe, figuraban un combate dos almotrotes de carrizos y papel que llaman navíos, animando unos a D. Juan de Austria, y otros a los Marroquinos, y no faltando quien se expresase con las más groseras desvergüenzas.

A la tarde, dice, que como víspera de N.P.S. Francisco, vio salir la comunidad de dominicos con la imagen de su santo fundador, y que llegando a la calle de Mesones divisó venir por la del Alguacil mayor, los religiosos franciscanos rodeados de otro carrizal navío en que traían a su dicho patriarca, y que encontrándose ambos santos (a lo que el pueblo llama el topetón) bajó Sr. S. Francisco del navío, hizo una gran cortesía a Sto. Domingo, a cuyo tiempo se besaron todos los estandartes, y llevándolo a la diestra fueron colocados ambos en la del alcázar, continuando la procesión entre los gritos y bulla del pueblo que sin respeto a aquel religioso acto se producía como acostumbra en todos sus regocijos.

Estos hechos, que según se me asegura son en el todo positivos, prueban bastantemente que semejantes mitotes en nada se oponen a nuestra santa religión, pues si tal fuera, hubieran impedido esos y otros que vemos con frecuencia, las autoridades principales, a cuya vista se hicieron…”

El Oriente, núm. 1156, 30 de octubre de 1827, pp. 4625-4626. Remitido de Puebla.

“¿Había visto la Puebla mayor irreligiosidad y abuso de los actos de devoción que servirse de ellos para sembrar el espíritu de partido y la sedición entre la gente sencilla? Vimos con dolor que agentes del partido yorkino en la procesión del domingo último, a espaldas de la Santísima Virgen del Rosario, a sombra de la Madre del Dios de paz, estuvieron sembrando papeletas para calumniar con el odioso nombre de escoceses a los hombres pacíficos y a los amigos del orden, de la buena armonía y de la felicidad en los pactos públicos, y para recomendar como virtuosos y amantes de la religión a los sacrílegos que así estaban fomentando la discordia. Ya se ve que no hablan de la religión cristiana, cuya base es la caridad, sino de la yorkina.”